Flexibilidad, autonomía y una nueva manera de administrar el tiempo están cambiando la relación de miles de personas con el trabajo. Un estudio sobre conductores de plataformas revela cómo esta modalidad empieza a convertirse en una opción económica cada vez más consolidada.
El trabajo ya no siempre empieza a una hora determinada ni termina cuando suena un reloj. Para una parte creciente de los paraguayos, la jornada puede comenzar desde una aplicación, adaptarse a la agenda personal y combinarse con estudios, otro empleo o responsabilidades familiares.
Esa transformación empieza a tomar forma concreta en Paraguay. Una investigación académica dirigida por el doctor Pastor Enmanuel Pérez-Estigarribia, investigador de la Universidad Nacional de Asunción, relevó a 537 prestadores independientes que utilizan Bolt y puso números a una realidad todavía poco estudiada en el país.
Uno de los datos más contundentes aparece en la relación entre antigüedad e ingresos. El 60 % de quienes llevan entre dos y cinco años en la plataforma supera el salario mínimo legal vigente, mientras que entre quienes tienen más de cinco años, la mitad se encuentra en el tramo de ingresos más alto considerado por el estudio.
Pero quizás el dato que mejor explica el fenómeno está en la palabra independencia. El 82,9 % de los encuestados registra un alto Índice de Afinidad a la Independencia y el 99 % asegura tener control sobre cuándo conectarse y cuánto tiempo dedicar a la actividad.
La flexibilidad, además, no significa necesariamente trabajar menos. Para muchos significa trabajar de otra manera. Entre quienes eligieron la flexibilidad como principal motivación, el 58,1 % la utiliza para sostener actividades paralelas como estudios, una segunda fuente de ingresos o tareas de cuidado. En los menores de 30 años, la autonomía sobre la agenda aparece como una motivación particularmente relevante.
La plataforma se convierte así en una pieza dentro de una economía personal más amplia. El 64 % combina esta actividad con estudios o con otra fuente de ingresos. Y para quienes financian su formación superior o técnica mediante este trabajo, el resultado también es significativo: 92 % considera positivo el impacto financiero.
El efecto alcanza incluso al hogar. El estudio señala que entre 78 % y 100 % de los prestadores, según el indicador analizado, reporta una mejora en la estabilidad financiera familiar después de incorporarse a la plataforma.
Más allá del debate global sobre la economía gig, estos números aportan evidencia local. En este escenario, Paraguay empieza a construir sus propios datos sobre una modalidad laboral que combina tecnología, algoritmos, movilidad y decisiones individuales. Y detrás de cada conductor existe una historia distinta: alguien que estudia, emprende, complementa ingresos, cuida a su familia o simplemente busca tener mayor control sobre su tiempo.
La economía de plataformas todavía plantea preguntas sobre regulación, protección y sostenibilidad del modelo. Pero también muestra una realidad difícil de ignorar y es que para miles de personas, la aplicación ya no es solamente una herramienta para conseguir un viaje, puede ser también una herramienta para organizar su vida económica.
El desafío hacia adelante será entender cómo esta nueva economía puede evolucionar y qué lugar ocupará dentro del mercado laboral paraguayo. Por eso, es importante comprender que el futuro del trabajo no necesariamente tendrá una sola manera. Para muchos, ya llegó en forma de una pantalla, una agenda flexible y la posibilidad de decidir cuándo salir a trabajar.