Los dichos del candidato a senador por el efrainismo Bruno Defelippe, quien indicó que este medio debería ser cerrado y que las encuestas no tienen credibilidad, tampoco cayeron bien a Ati Snead, propietaria de la consultora que lleva su mismo nombre. Snead calificó de “radical” el pensamiento del esposo de Soledad Núñez, y apuntó contra este diciendo que es evidente que desconoce cómo fue vivir en dictadura.
“Tiene 38 años, se nota que no sabe lo que dice porque recién tenemos 33 años de democracia, no sabe lo que fue vivir en dictadura”, expresó la consultora en comunicación con la 1000 AM, quien manifestó su desacuerdo por estas declaraciones que no caen bien por sobre todo a aquellas personas que vivieron bajo el mandato de la dictadura, periodo en el que nadie podía expresar sus opiniones libremente y menos cuando estas eran críticas hacia el gobierno de Alfredo Stroessner.
“Es muy vidrioso el tema del ejercicio de la libertad y de la opinión y no estoy de acuerdo, encima meter a la misma bolsa a los hacemos esto”, señaló haciendo referencia al menosprecio que hizo Defelippe a quienes se dedican al rubro de las consultorías y las encuestas.
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Sobre este punto, Snead mencionó que desde el 2007 se dedica a las consultorías y durante todos estos años, los resultados que expuso en sus encuestas eran condescendientes con lo que arrojaron los procesos electorales, motivo por el que considera cuanto menos “desafortunada” la opinión de Defelippe.
“Lo tomé como una desafortunada opinión vinculada a una posición política, si uno analiza el comportamiento de los trabajos que uno realizó y los procesa en el tiempo, uno observa una coherencia en los trabajos”, expresó y a la vez señaló que entiende el hecho que los resultados de las encuestas puede no ser del agrado de ciertos candidatos o grupos de comunicación.
“Me parece muy radical, lo que sustenta que podamos vivir y sostener la democracia así como ejercer las profesiones es justamente poder manejar el disenso con la legalidad y legitimidad con que tienen las instituciones y la opinión pública es una institución muy fuerte en todos los países de occidente”, señaló la consultora quien reiteró durante la entrevista que la “solución” propuesta por Defelippe, está fuera del ámbito de la democracia.
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Titular de Parlasur promueve integración regional durante foro internacional en Canadá.
El diputado Rodrigo Gamarra, en su calidad de titular del Parlamento del Mercosur (Parlasur), compartió un resumen de algunas reuniones y conversaciones mantenidas en Ottawa, Canadá, en el marco de las actividades de la 22° Asamblea de ParlAmericas en la que participa. El legislador remarcó que se encuentra enfocado en fortalecer la integración regional, las instituciones democráticas y la cooperación internacional desde el Parlamento del Mercosur.
En comunicación con La Nación/Nación Media, informó que primeramente mantuvo una reunión con Juan Fernando Londoño, asesor vinculado a la CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. Durante el encuentro abordaron sobre la importancia de fortalecer e intensificar el convenio existente entre la CAF y el Parlamento del Mercosur.
“Destacamos que actualmente la CAF es uno de los pocos organismos multilaterales que brinda apoyo y acompañamiento a parlamentos regionales, tanto en materia de capacitación como de fortalecimiento institucional y cooperación técnica, y existe predisposición de seguir ampliando ese trabajo conjunto con el Parlasur”, explicó.
Indicó que posteriormente se reunió con Michelle Muschett, subsecretaria general de Naciones Unidas y directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe. Mencionó que con ella tuvo la oportunidad de conversar sobre temas relacionados a democracia, gobernabilidad, fortalecimiento institucional y desarrollo regional.
“Le extendimos una invitación para participar de algún foro o actividad a desarrollarse en Paraguay o en el ámbito del Parlasur antes de fin de año, quedando en avanzar próximamente en una agenda conjunta”, informó.
Mencionó que durante las conversaciones resaltamos la estabilidad y solidez democrática que hoy proyecta Paraguay ante la comunidad internacional, destacando que el país atraviesa un período de previsibilidad institucional y confianza exterior, fortalecido además por la presencia y liderazgo internacional del presidente Santiago Peña.
“Hemos podido intercambiar visiones sobre los desafíos que enfrentan hoy las democracias de la región, especialmente ante sectores corporativos y conglomerados económicos que muchas veces utilizan estructuras mediáticas como mecanismos de presión o condicionamiento sobre gobiernos e instituciones públicas en torno a intereses económicos y adjudicaciones estatales”, comentó.
Finalemnte, destacó que han sido reuniones muy fructíferas, que considera podrán redituar en mejores acuerdos futuros y relacionamiento entre el Mercosur, Canadá y ParlAméricas y el resto del mundo.
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Paraguay tiene un sistema electoral transparente, verificable y auditable, afirma diputado
El diputado colorado Rodrigo Gamarra salió al paso de los cuestionamientos que realiza la disidencia respecto a las máquinas de votación, exigiendo una nueva auditoría. Aseguró que Paraguay tiene una de las democracias más sólidas y uno de los sistemas electorales más transparentes, verificables y auditables de la región y del mundo.
El parlamentario señaló que esta afirmación lo hace con plena confianza, basado en la experiencia de haber participado como observador electoral internacional en numerosos procesos fuera del país. Por lo que enfatizó que en el Paraguay no existe una “máquina mágica” que manipula resultados, como algunos sectores irresponsablemente quieren instalar.
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“La máquina funciona básicamente como un mecanismo de impresión del voto que el elector elige y verifica físicamente. Después, el control se realiza boleta por boleta, voto por voto, delante de apoderados, veedores, miembros de mesa, candidatos y ciudadanos presentes”, explicó.
Escrutinio público
Asimismo, remarcó que el escrutinio es público y visible hasta el último minuto. Señaló que por lo que pudo observar en varios otros muchos países en los que le tocó ser observador, donde solamente participan los integrantes de mesa. Indicó que con la cantidad de personas involucradas en el control hace prácticamente imposible cualquier intento de adulteración sin detección inmediata.
“Algunos parecen imaginar una película de Hollywood, con hackers escondidos en un sótano manipulando elecciones desde una computadora secreta. Falta nomás que ahora, después de los archivos desclasificados sobre ovnis, digan también que los marcianos manipulan desde el espacio“, ironizó para señalar la incongruencia en las manifestaciones de ciertos sectores.
El parlamentario señaló que ante este tipo de declaraciones que están lanzando desde la discidencia, lo que demuestra es la desesperación de estos sectores políticos y mediáticos, que ante su incapacidad de convencer democráticamente a la ciudadanía, vuelvan a recurrir a la desinformación y al ataque sistemático contra instituciones que funcionan y gozan de credibilidad, sin una sola denuncia seria y real de fraude comprobado en los últimos 30 años.
“Intentar destruir la confianza en la democracia y alentar el caos mediante sospechas sin pruebas reales es altamente irresponsable y algo que Paraguay no puede normalizar”, concluyó.
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“La democracia requiere de memoria histórica consolidada”
- Fotos: Pánfilo Leguizamón
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos conversa con la socióloga argentina Florencia Prego, quien desarrolla una investigación sobre el Paraguay contemporáneo y las huellas institucionales del estronismo. Su trabajo se centra en figuras constitucionales como la prohibición de la reelección presidencial, el juicio político y el estado de excepción, mecanismos concebidos en la transición democrática para limitar el abuso de poder, pero que con el tiempo terminaron utilizándose en el marco de las disputas políticas.
–¿Cómo empezó tu relación con la historia del Paraguay?
–Yo integro un equipo de investigación que nos dedicamos a los estudios sociales latinoamericanos. Generalmente hacemos muchos estudios comparados. La riqueza, la perspectiva que tenemos justamente se centra en eso, en poder hacer esos análisis que trabajen dos a tres casos o más. Y mi directora, la doctora Lorena Soler, ella es una paraguayóloga, como le decimos, hace muchos años estudia Paraguay. Yo me empecé a interesar, a tener algunas preocupaciones o empecé a hacerme algunas preguntas que siempre giraron en torno a la dictadura y el autoritarismo. Encontré en Paraguay un caso muy singular, porque me parece que las características que tuvo el estronismo, con esas especificidades, con esas singularidades y particularidades, lo hacen un caso muy interesante para tratar de aplicar, o que me servían a mí para pensar los problemas que yo tenía en la cabeza.
–¿Qué encontrás de la dictadura de Stroessner que te parecen resaltantes?
–Lo que me resulta muy desafiante para pensar el estronismo es pensarlo más allá de una dictadura, es decir, efectivamente fue una dictadura, pero creo que tiene una vuelta más que nos permite complejizar, que es pensarlo como un régimen autoritario. El estronismo supo combinar, más allá de la coincidencia temporal que tuvo con las dictaduras del Cono Sur, que fueron tardías en relación al estronismo, ¿no? Se dan en otro contexto. Para mí, la singularidad que tiene el estronismo es la combinación entre lo que fue una dictadura, que tuvo un sistema represivo, que rigió el estado de sitio de forma permanente prácticamente, con lógicas y dinámicas de la democracia liberal. Es decir, había instituciones, había elecciones con proscripciones políticas, elecciones restringidas. Es decir, cómo se respetó esa fachada de la democracia liberal. Entonces, lo que me resultó siempre muy interesante del estronismo es que permitía poner sobre la mesa el debate de que puede existir la legalidad sin democracia. Y es también lo que a mí me permite explicar o empezar a problematizar lo que trabajo posteriormente, que es la transición y la reforma a la Constitución, y cómo se empiezan a pensar los mecanismos para tratar de controlar o evitar la repetición de un régimen como el Stroessner.
PACTO DEMOCRÁTICO
–¿La constituyente del 92 que fue en términos de dejar ostensible el borrón y cuenta nueva?
–Decir que fue el borrón y cuenta nueva puede ser y no ser al mismo tiempo. Porque la transición y la reforma a la Constitución no es que parte de una tabla rasa. La Constitución del 92 le viene a responder al estronismo. Es el pacto democrático por excelencia en Paraguay. Una constitución que, sin duda alguna, creo que tuvo elementos muy positivos y que era realmente necesaria para la transición a la democracia. No había democracia posible si no se reformaba esa Constitución en Paraguay. Podemos discutir que una cosa es la norma y otra cosa es la aplicación, ¿no?
–No recuerdo qué porcentaje, pero era una mayoría de hombres del Partido Colorado que pertenecían al estronismo sentados en una constituyente para cambiar los aires de la dictadura a la democracia, ¿no?
–Era una constituyente amplia, ¿no? Pero ahí hay dos cosas que me interesa resaltar. La transición en Paraguay se enmarca en un proceso de transición hacia la democracia en América Latina en general, ¿no? En el marco de lo que se dice esta tercera ola. Un poco más tarde y tiene una singularidad cuando se piensan las transiciones en América Latina. En Argentina fue la guerra de Malvinas detonó, en otras fueron transiciones más pactadas, el poder civil con los militares. En Paraguay la singularidad es que el Partido Colorado, que fue el partido por excelencia del estronismo, continúe es la marca distintiva de la transición para pensarlo en términos comparativos. Ahí creo que está un poco la clave, pensar esta continuidad, ¿no? En esta idea de transición algunos hablan de transición inverosímil.
CONCENTRACIÓN DE PODER
–¿Cuáles son te parece las instituciones más nítidas que hacían de cazafantasmas contra la dictadura que se instalan con la constituyente, a citar en primer lugar la no reelección?
–Yo creo que la constituyente del 92 viene a intentar resolver el problema de la concentración del poder en el Ejecutivo. Esta idea de tratar de construir mecanismos constitucionales o herramientas constitucionales que controlen o eviten las extralimitaciones por parte del Poder Ejecutivo, que resuelvan la concentración de poder, la descentralización de ese poder, etc. Y en este intento por resolver ese desequilibrio heredado de la Constitución del 67 se acabó generando, creo yo, un desequilibrio, en este caso a favor del Poder Legislativo, ¿no? Y ahí aparece una figura que analizo, la del juicio político, que expone un poco esta situación. La Constitución buscó crear mecanismos constitucionales para limitar al Poder Ejecutivo, pero después esos mecanismos, desde la transición en adelante, cuando empezaron a aplicarse, en realidad empezaron a ser utilizados por las élites político-partidarias para resolver los conflictos políticos como un elemento de competencia. Y el juicio político es tal vez el caso o el elemento más gráfico de todo eso.
–Hay un paquete de hechos que instala la constituyente y que terminan siendo herramientas de pelea política, ¿no?
–Una de las figuras que me parecen claves para pensar la transición y la posibilidad de consolidación de la democracia en Paraguay, y para entender los límites a la hora de pensar cómo se puede estabilizar o no un sistema político, es la reelección presidencial. Esta idea de prohibir la reelección presidencial pensando que esa era como la garantía para evitar la repetición de gobiernos autoritarios en un país donde la concentración y centralización del poder, el autoritarismo, las lógicas y las dinámicas autoritarias son de larga duración. Cuando uno ve los momentos en que se intentó reformar o poner en discusión mínimamente, eso generó crisis política, sobre todo en el 2017. Es una fibra muy sensible para la sociedad paraguaya la reelección presidencial.
–¿Cuáles son los ejes de tu investigación?
–Yo analizo en mi investigación tres mecanismos constitucionales. La prohibición de la reelección presidencial, el juicio político y el estado de excepción. ¿Por qué tomo estas tres figuras? Porque creo que vienen a responder y a reponer ese pasado estronista. La reelección presidencial, por todo lo que ya conversamos; el juicio político, que en la Constitución del 67 no podía aplicarse al presidente, y el estado de excepción, porque el estado de excepción viene a responder al estado de sitio estronista, ¿no? Y el estado de sitio estronista, como figura constitucional que podía aplicarlo principalmente o exclusivamente el Poder Ejecutivo, con el estado de excepción de la reforma y de la transición a la democracia también se introduce el mecanismo del control parlamentario, y eso me lleva nuevamente a pensar ese nuevo equilibrio o desequilibrio que propone la Constitución del 92.
RECORTE TEMPORAL
–El tema de seguridad fue el que menos estuvo en el ojo de la tormenta probablemente.
–Yo tomo por una cuestión de recorte temporal desde el 92 al 2017, es decir, desde la reforma hasta la crisis política por la enmienda. En ese período el estado de excepción se declaró en cuatro oportunidades, dos bajo el gobierno de (Luis Ángel) González Macchi y dos bajo el gobierno de Fernando Lugo. ¿Qué advierto ahí? Si uno ve el primer estado de excepción que se declara en el Paraguay democrático fue en el año 2000 ante esa intentona golpista que fue sofocada muy fácilmente en ese momento y repudiada también. Se declara en un momento podríamos decir para garantizar el orden. Mientras que tanto en 2010 como en 2011 en realidad ahí el estado de excepción empieza a funcionar más como una figura y si vemos cómo termina el caso de Fernando Lugo con su destitución, para resolver o intentar resolver conflictos sociales de otra envergadura. Estamos hablando sobre todo del año 2010 y 2011, donde el conflicto campesino era muy complejo, sobre todo en la zona norte del país. Y eso no se puede desligar de cómo terminó después Fernando Lugo. Es decir, yo creo que, en su caso, el estado de excepción sirvió para ir erosionando esa legitimidad del gobierno de Lugo o de su misma figura, ¿no?, tanto para afuera como para adentro de su propia base social.
–El tema de la prohibición de la reelección no refleja algún tipo de inseguridad al respecto de cómo podemos ser dueños de nuestro propio destino, digamos. Eso de decir que si tenemos esta institución podemos reelegir mal.
–Bueno, esas son dinámicas que nos exceden completamente. Cómo votan y quién gane después se verá. Para mí el desafío está en pensar la aplicación y los usos políticos de las cosas. Después los desenlaces son los desenlaces y los resultados son los resultados, que también hay que pensar las condiciones que posibilitaron o que llevan a esos resultados.
APOLITICIDAD
–¿Te parece que también hay un debilitamiento del debate político?
–Yo creo hay un decaimiento. Creo que también está muy vinculado, y acá me vuelvo un poco a mi patria chica, a una situación de hartazgo, cansancio, donde se empezó a poner de moda la idea de la apoliticidad. No hay nada más político que decir “soy apolítico”. Todos somos políticos y, en todo caso, no cumplimos la función del político, pero cualquier intervención es una intervención política. Decir “no soy político, pero estos son la casta”. Bueno, ahí hay un posicionamiento claro respecto a un debate político ideológico, sin duda alguna. Pero sí creo que hay como una cosa más generalizada donde la política está pensada en una dimensión peyorativa y está este distanciamiento.
–¿Estudiaste algo sobre las nuevas generaciones y la dictadura? Hay chicos que ya no tienen una memoria del dolor, ¿no?
–Claro, está cada vez más lejos. En Argentina se cumplieron 50 años de la última dictadura cívico-militar. El gran desafío es que la democracia necesariamente requiere de memoria histórica consolidada, porque la democracia existe como tal, como forma, porque va vamos y votamos, pero son democracias cada vez más débiles o con improntas cada vez más autoritarias.
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La (in)comprensión del funcionamiento colorado
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo
- Presidente de la ANEAES
Con gran interés pude leer dos artículos del politólogo Guzmán Ibarra publicados recientemente. Me refiero a “El horror al vacío: la física de la política colorada” y “El 2028 empezó ayer. Cambio de piel en el poder”, los cuales abordan cuestiones fundamentales para entender el funcionamiento de la democracia paraguaya, como la naturaleza institucional del coloradismo, el modo en que se procesa la rotación de élites, la relación entre liderazgo partidario y poder estatal, así como la persistente incapacidad de la oposición no colorada para constituirse en alternativa real.
El trabajo de Ibarra merece reconocimiento por abordar estas temáticas con marcos de ciencia política y sin reducirse a la denuncia moral, algo infrecuente en el debate público paraguayo.
Su descripción de la ANR como partido predominante en sentido sartoriano –que gana elecciones sucesivas donde la alternancia no es frecuente– resulta plausible, y su imagen del partido como “cementerio de movimientos” que trasciende a sus corrientes internas comprende lo que cabría llamar la carne de lo institucional: una materia organizada que muta de forma sin perder sustancia.
También captura con precisión la orfandad propositiva de una oposición que contempla desde la periferia un teatro político que ocurre intramuros.
Conviene precisar; no obstante, su afirmación de que la rotación de élites se procesa exclusivamente dentro del coloradismo: durante la democracia paraguaya sí han ocurrido alternancias a nivel subnacional y nacional, como el triunfo de Lugo en 2008, por lo que la predominancia colorada es real pero no equivale a un monopolio político.
El fenómeno no es la ausencia de otros actores, sino que la ANR se erige como la única arena de disputa más importante, con un arraigo, rituales y procedimientos claros .
Sin embargo, el problema predominante en el campo opositor no es propiamente electoral, dado que ha ganado elecciones y gobernado. Es más bien organizativo, en el sentido de no haber logrado construir un espacio político alternativo al coloradismo con la densidad institucional necesaria para sostenerse en el tiempo.
Los fracasos recurrentes dan muestra de dicha característica: la Alianza Patriótica que no sobrevivió a sus tensiones internas viéndose quebrada por dentro con la destitución de Fernando Lugo (2012) de mano de sus otrora aliados; las Concertaciones de 2013, 2018 y 2023 que se disolvieron tras los comicios sin el más mínimo intento de consolidarse como espacios políticos permanentes; el auge y declive del Frente Guasu que nunca alcanzó implantación territorial real y que decayó casi al nivel de extinción tras la enfermedad de Lugo, que lo obligó a apartarse definitivamente de la militancia política; las permanentes vacilaciones del Partido Liberal Radical Auténtico, que oscila entre el rol de socio menor en alianzas ajenas y un proyecto propio carente de densidad programática.
Esta dimensión organizativa bajo análisis permite además releer críticamente el diagnóstico fallido compartido por buena parte de la transitología paraguaya, desde Benjamín Arditi en Adiós a Stroessner, con su tesis del paso “del granito al archipiélago” hasta Carlos Martini con Víctor-Jacinto Flecha en Historia de la Transición, que leyó la fragmentación interna colorada como signo de su debilidad terminal. Fernando Martínez Escobar, más recientemente, propone una lectura alternativa esclarecedora, en la que afirma que dicha “correlación de debilidades” no representó una disolución, sino una reorganización funcional que actuó como vector de estabilidad para el sistema democrático paraguayo.
El recurso al horror vacui aristotélico para explicar la dinámica colorada presupone una totalidad cerrada donde el vacío es inadmisible, pero si el partido funciona, como afirma Ibarra, como un “cementerio de movimientos”, el vacío no es la anomalía sino el mecanismo regular de reorganización.
Paradigmas premodernos de centros fijos y órbitas estables resultan inadecuados para un partido cuya eficacia reside justamente en la disputa permanente por el centro mismo. Marcos como la termodinámica de Prigogine, donde los sistemas lejos del equilibrio saltan a nuevos estados de orden, o la descorporización del poder de Lefort, donde ningún ocupante llena el lugar vacío de modo definitivo, comprenden con mayor fidelidad lo que ocurre: cada agotamiento de un movimiento dominante y cada emergencia del siguiente reproducen, a escala faccional, una lógica donde el poder se administra sin un cierre último.
Mi distancia más sustantiva con Ibarra está en cómo interpretar los signos del momento Cartes-Peña. La interpretación que presenta –el presunto agotamiento de la narrativa del “gigante dormido”, la “economía de guerra”, los compromisos incumplidos con acreedores domésticos– merecen atención, pero la pregunta es si obligan a leer un fin de ciclo indefectible o si admiten otra lectura.
Por mi parte, considero que el momento actual se entiende mejor como un ensayo de articulación política cuya fuerza posible solo el tiempo determinará, antes que como un agotamiento consumado.
Lo que el movimiento Honor Colorado introduce no es la fusión partido-Estado al estilo PRI mexicano, sino una diferenciación funcional cercana a la que planteaba David Easton: el partido como canal de demandas sociales y el Estado como procesador de políticas públicas, sin que ninguno capture al otro.
La hegemonía colorada, por lo tanto, no se clausura sino que se regula, y esa regulación, que los artículos describen en términos de crisis y que aquí son leídas como funcionamiento, constituye la verdadera novedad del actual momento paraguayo, caracterizado por un sistema donde el vacío es un mecanismo concreto, donde la diferenciación entre partido y Estado opera como diferenciación funcional y no como tensión, y donde la oposición tiene por delante el desafío de aprender, finalmente, que la unidad puede ser resultado de la acción política en disputa y no su premisa previa.
Estas regularidades no son leyes de hierro de ningún tipo, sino que obedecen a una determinada estructura social que se encuentra en transformación, por lo que la incógnita está abierta a irrupciones que instauren nuevas coyunturas donde el sistema político mismo, con sus reglas formales e informales, pueda cambiar y poner a prueba la histórica adaptabilidad del coloradismo.