Paraguay sigue con atención los últimos acontecimientos ocurridos en la República de Colombia y lamenta la pérdida de vidas humanas y heridos. El gobierno paraguayo expresó sus condolencias y solidaridad con los familiares de las víctimas.
“Condenamos todo tipo de violencia y reafirmamos el derecho a la libre expresión y manifestación pacífica”, señala un comunicado emitido este miércoles por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Se añade además que acompañan al gobierno y al pueblo de Colombia, y confían en la fortaleza de sus instituciones democráticas. “Y que el Estado de Derecho sea el garante para que, mediante un proceso de diálogo, prospere el entendimiento mutuo”, culmina el breve manifiesto.
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¿Qué ocurre en Colombia?
Un proyecto de reforma fiscal en Colombia echó leña al descontento que explotó en las calles contra el presidente Iván Duque. Ampliar la base de contribuyentes, elevar impuestos, reducir exenciones y aumentar el IVA de algunos productos son iniciativas que se debaten con cierto escepticismo en el Congreso.
El gobierno aspira recaudar unos 6.300 millones de dólares entre 2022 y 2031 para aliviar el bolsillo de la cuarta economía Latinoamericana, golpeada por la pandemia. A poco más de un año de terminar su mandato y con la popularidad en rojo (33%), Duque enfrentó obstáculos para defender la iniciativa en un Legislativo sin mayorías claras.
Estudiantes, sindicatos, indígenas y otros sectores convocaron este miércoles a una nueva jornada de protestas que completa una semana de presión contra el presidente Duque con disturbios que dejan una veintena de muertos.
Los manifestantes se preparan para marchar en Bogotá, Medellín (noroeste), Cali (suroeste) y otras capitales del país bajo consignas variopintas: mejores condiciones en salud, educación, seguridad en las regiones, cese de las masacres, etc.
Las movilizaciones fueron en su mayoría pacíficas, pero en algunas ciudades se tornaron violentas. De acuerdo a cifras oficiales con corte al lunes, al menos 19 personas murieron, más de 800 quedaron lesionadas y 89 están desaparecidas. Oenegés aseguran que las víctimas fatales superan las 30 personas.
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Colombia: horas críticas para hallar sobrevivientes del sismo que registra 281 muertos
Las autoridades colombianas redoblan este viernes la búsqueda de los cientos de desaparecidos que dejó el potente terremoto del lunes, aunque se desvanecen las posibilidades de hallar sobrevivientes pasada la fase crítica de rescate. Las maquinarias pesadas empezaron a remover escombros en lugares donde se descarta que haya vida tras el sismo de magnitud 7,4, que afectó el oeste del país.
El balance de víctimas aumentó a 281 muertos y más de 3.900 heridos, indicó el presidente Abelardo de la Espriella. Además, se cuentan 379 desaparecidos bajo montañas de ruinas, latas y cables colgando. David Tamayo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), reconoció que “la probabilidad de encontrar sobrevivientes se va agotando”.
“Pero la consigna es no dejar de buscar (...) no descansar hasta que no demos un parte de encontrar esas personas, ojalá vivas, o recuperar sus cuerpos si están dentro de los escombros”, indicó en un video publicado por su agencia el jueves por la noche. El terremoto también destruyó más de 10.000 viviendas, lo que dejó a la intemperie a familias enteras que viven una nueva tragedia.
En Cali, una de las ciudades más afectadas, los parques y las calles se han transformado en campamentos a cielo a abierto.
María del Carmen Rodríguez, de 72 años, perdió el apartamento por el que ahorró toda su vida. Lo observa desde una cancha de fútbol donde ahora pasa las calurosas noches junto a su esposo de 76 años.
“Nos preguntamos a qué ayudas tenemos derecho, si nos van a reubicar en otra parte, porque esto va para largo”, dice con un café en la mano.
Ya se cumplieron las primeras 72 horas del terremoto, el plazo a partir del cual caen drásticamente las probabilidades de hallar sobrevivientes.
Pero voluntarios y socorristas expertos trabajan hasta con sus propias manos en busca de un milagro. En las zonas más afectadas ya se siente el olor a putrefacción.
La región cafetera del país es otra de las más golpeadas. En Pereira, un bombero observa de cerca cuando un grupo de voluntarios dice haber escuchado ruidos bajo los escombros. “No les voy a quitar la emoción ni el fervor porque los milagros sí existen, pero a estas alturas es poco probable encontrar gente viva”, dice a la AFP.
“Trauma colectivo”
La solidaridad ha aliviado las arduas jornadas de búsqueda y ha mitigado la escasez. Miles llegan con agua, comida y medicamentos a los barrios afectados. También se reparten abrazos, como apoyo emocional en medio de la zozobra.
“Estamos atravesando un trauma colectivo y creo que la mejor manera también en la que podía ayudar era pues regalando la energía que tengo y la vitalidad que me queda”, dijo Andrés Solomón, un músico caleño de 46 años con una pancarta que decía: “abrazos aquí”.
Muchos buscan a sus mascotas y los reencuentros reviven la ilusión.
Vickye Giraldo sonríe mientras sostiene a su gatito Polux, en los exteriores del edificio en ruinas donde solía vivir. Un grupo de voluntarios lo rescató.
“Es un sueño hecho realidad”, dice la abogada de 56 años.
Pero las réplicas y los daños estructurales complican las labores de rescate. Decenas sacan en maletas ropa y todo lo que pueden de sus viviendas maltrechas.
Javier Alzate recuperaba las pocas pertenencias que se salvaron de su casa en Pereira, con ayuda de un grupo de personas.
“Ya no hay más remedio, hay que sacarlas de ahí porque si llueve se acaba todo”, dice el psicólogo de 79 años.
El terremoto también sacudió cementerios. En un poblado cercano a Cali, los muertos salieron de sus tumbas.
De la Espriella, que asumió tres días antes del sismo, decretó la “emergencia económica”, una medida que lo faculta a crear impuestos y modificar el presupuesto.
También anunció la creación de un fondo con ayudas internacionales para atender a las víctimas y llamó a las empresas privadas a sumarse.
Críticas al gobierno
El terremoto tuvo epicentro cerca de San José del Palmar, en el Chocó, una de las regiones más pobres del país.
Allí ya terminó la fase de búsqueda y rescate, pero urgen las ayudas para los afectados.
Las autoridades han pedido a las guerrillas que siembran terror en la zona que permitan la entrada de víveres, medicinas y equipos gubernamentales.
En cuanto a la atención al desastre, el presidente de ultraderecha ha sido cuestionado por estrechar relaciones con Israel en plena emergencia y por una supuesta negativa a recibir ayuda humanitaria de gobiernos alejados de su línea política.
Colombia únicamente ha aceptado rescatistas enviados por los gobiernos derechistas de Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel, pero el canciller Omar Bula dijo que la recepción de ayudas no ha tenido “ninguna consideración ideológica ni política”. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que Colombia vetó el envío de rescatistas militares mexicanos por falta de una certificación. “Están certificados, pero ahora piden otra certificación”, dijo.
Fuente: AFP.
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Colombia agota el plazo para hallar a los supervivientes
Hasta ahora el balance de víctimas es de 273 muertos y más de 3.800 heridos, además de 377 desaparecidos.
- AFP.
El plazo de 72 horas consideradas decisivas para hallar supervivientes tras el mortífero terremoto en Colombia llegó a su fin ayer mientras rescatistas aceleran la búsqueda de cientos de desaparecidos.
Las maquinarias pesadas empezaron a remover escombros en lugares donde se descarta que haya supervivientes del sismo de magnitud 7,4 ocurrido el lunes y que destruyó edificios, hospitales y escuelas en distintas zonas del oeste del país.
El balance de víctimas es de 273 muertos y más de 3.800 heridos. Además, se cuentan 377 desaparecidos, según la unidad de atención a desastres. Voluntarios y socorristas expertos aceleran el ritmo y trabajan con sus propias manos en busca de cualquier signo de vida.
“No se pierde la esperanza (...). La gente yo creo que tiene su fuerza de voluntad para durar varios días allá abajo”, estimó Diego Sandoval, un voluntario de 22 años, cerca de donde se cree haber escuchado ruido dentro de un ascensor en Pereira, una de las ciudades más afectadas.
Los grupos de rescatistas trabajan sin cesar, pese a que en las zonas más críticas ya se siente el olor a putrefacción.
SOLIDARIDAD
La solidaridad ha aliviado las arduas jornadas de búsqueda y mitigan la escasez. Miles llegan con agua, comida y medicamentos a los barrios afectados.
Pero decenas de réplicas y los daños estructurales complican las labores de rescate. Según cifras oficiales, más de 11.000 viviendas han quedado destruidas y miles de familias se encuentran sin hogar.
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Colombia agota plazo de 72 horas para hallar a 500 desaparecidos por terremoto
El plazo de 72 horas consideradas decisivas para hallar supervivientes tras el mortífero terremoto en Colombia llega a su fin este jueves, con cerca de 500 desaparecidos que podrían estar bajo edificios derrumbados. El sismo de magnitud 7,4 ocurrido el lunes, el más potente en este siglo en Colombia, deja hasta el momento 265 muertos y unos 3.500 heridos.
En Cali, Pereira y otras ciudades del oeste de Colombia, los grupos de rescatistas trabajan sin cesar. A las 7:34 locales (12:34 GMT) se cumplen las primeras 72 horas del terremoto, el plazo a partir del cual caen drásticamente las probabilidades de hallar sobrevivientes. Valeria Cardona, una estudiante de 26 años, busca a dos de sus primos en Cali. “Tenemos sospechas de su localización, pero no hay pruebas de vida”, explica. “La esperanza es lo último que se pierde, pero estamos angustiados de una noticia que no queremos”, añade.
A Cali llegó un grupo de los Topos, los célebres rescatistas mexicanos que se encontraban en la vecina Venezuela, donde un doble sismo causó más de 6.000 fallecidos el 24 de junio. “Todos venimos de Venezuela, de La Guaira. Ahora estos 41 días que estuvimos trabajando ahí nos hicieron más fuertes, porque superamos el hambre, el dolor, la desvelada”, dijo Héctor Méndez, de 80 años y presidente de Topos Aztecas. “No se sientan víctimas. Esto no es un horario de oficina ni de taller. Esta es la vida real, donde sale la mejor parte del espíritu. Son cosas de la naturaleza que pasan”, añadió.
Atención a damnificados
El terremoto tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el Chocó, una de las regiones más pobres del país. Quibdó, la capital del departamento, fue la más afectada, con un balance de 14 fallecidos. Pero allí ya terminó la fase de búsqueda y rescate, dijo la gobernadora Nubia Córdoba, al anunciar que se concentrará ahora “en la fase de respuesta enfocada en la atención a los daminificados”.
“Ya no buscamos a nadie bajo los escombros por la misericordia de Dios. Esta familia a la que buscábamos se encuentra con nosotros y ya está recibiendo la atención requerida”, dijo la gobernadora. El presidente Abelardo de la Espriella, que asumió tres días antes del sismo, decretó la “emergencia económica”, una medida que lo faculta a crear impuestos y modificar el presupuesto sin pasar por el Congreso, pese a su consigna de no crear más tributos.
También anunció la creación de un fondo con ayudas internacionales para atender a las víctimas del sismo. “Esta crisis (...) nos agarra en un momento difícil, en medio de una crisis fiscal”, declaró de la Espriella. Según cifras oficiales, más de 11.000 viviendas han quedado destruidas y miles de familias se encuentran sin hogar. Muchas de ellas ya han pasado estas noches a la intemperie, ya sea porque sus casas han sufrido daños o porque temían réplicas.
Fuente: AFP.
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Pereira, una de las ciudades más devastadas por el terremoto en Colombia
Jorge González busca con sus propias manos a su tía bajo las ruinas de un edificio de cuatro pisos en Pereira, una de las ciudades más devastadas por el fuerte terremoto en Colombia que deja al menos 260 muertos. Como cientos de voluntarios y rescatistas, ha pasado horas buscando a su tía y a otros sobrevivientes del sismo de magnitud 7,4 que el lunes de mañana golpeó con fuerza esta capital cafetera, a unos 320 km al este de Bogotá.
El hombre de 35 años trabaja sin descanso sobre una pequeña montaña de escombros, pero ha perdido la esperanza de encontrar con vida a la mujer que considera como una madre. Entre pedazos de muros vio el baño “lleno de sangre” en el piso en el que vivía su tía Nubia Bonilla, de 87 años.
“Desde ayer llegué y no me he ido, hasta que no me entreguen el cuerpo no me pienso ir de acá”, dice a la AFP González. “Ella era lo único que tenía y se me fue, ya quedé solito”, añade con lágrimas en los ojos. El balance de muertos y heridos aumenta con el paso de las horas. Pereira es por el momento la segunda ciudad más afectada, después de Cali.
El presidente Abelardo de la Espriella, que asumió el poder hace apenas cuatro días, prometió llegar el martes a Pereira, de casi medio millón de habitantes, para supervisar la emergencia. En la mañana, los pobladores regresaban a sus viviendas maltrechas para rescatar algunos bienes antes de que colapsaran por completo. El agua y algunos alimentos ya escaseaban en supermercados y tiendas.
“Ciudad zombie”
Casi toda Pereira quedó sin electricidad tras el sismo ocurrido a las 07h34 del lunes. Sus habitantes tienen acceso intermitente a internet y red celular. Las calles están llenas de vidrios y pedazos de ladrillos. Es una “ciudad zombie”, opina Juan David Gaitán, de 30 años. A Jesús Piñeros el terremoto lo dejó por segunda vez sin hogar. Hace tres años llegó en bus a Colombia huyendo de la crisis de la vecina Venezuela.
Pero con el terremoto la casa donde vivía con hermanos y sobrinos quedó en pedazos. “Uno de migrante viene de pasar cosas fuertes allá en el país de uno y no se imagina que iba a pesar esto”, dice este obrero de la construcción de 28 años. La familia se refugió en la casa de un familiar que quedó en pie. Varios niños duermen en colchones a lo largo de la acera, frente a la vivienda. Intentaron pasar la noche adentro, pero el techo rugió y los aterrorizó.
Cientos de viviendas colapsaron o tienen grietas. En las calles hay automóviles destrozados por paredes caídas y cables de electricidad colgando. Piñeros asume la tragedia como un desafío para reconstruir sus vidas por segunda vez. “Venimos desde abajo, nos toca levantarnos nuevamente igual que todos”, dice. El aeropuerto de Pereira permanece cerrado. El transporte terrestre hasta la ciudad también enfrenta varios cierres por derrumbes.
Muerte y destrucción
Stella Galvis recuerda los momentos de pánico, el polvo, y ella corriendo con su niño y esposo segundos antes de que el edificio de cuatro pisos colapsara. “Nos quedamos sin nada, lo perdimos todo”, dice en medio del llanto la contadora que vivía en una planta baja. “Nos salvamos de milagro”, añade. La vendedora ambulante Maribel Verano, de 46 años, busca angustiada a su madre y hermana desaparecidas. Ambas estaban en un pequeño hotel que quedó reducido a escombros en una zona comercial de la ciudad.
Su madre Luz Marina, de 72 años, sufrió recientemente una trombosis, y su hermana Sandra, de 38, quedó en silla de ruedas por una meningitis. “Espero encontrarlas con salud”, dice la mujer sin ocultar su tristeza. La invaden los recuerdos de otras catástrofes de pesadilla, como el gigante terremoto que sacudió la misma región en 1999 y dejó casi 1.200 muertos. Y otra que le tocó vivir de niña, en 1985: la erupción del volcán Nevado del Ruiz que arrasó con un pueblo entero llamado Armero y dejó 25.000 muertos.
Fuente: AFP.