Unesco Montevideo invita, junto a la Unión Sudamericana de Corresponsales y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, al seminario web titulado: “El mundo de hoy frente a la desinfodemia: acceso a la información, libertad de expresión, fake news, periodismo y agenda 2030”, que tiene como objetivo analizar el impacto de la desinformación en el contexto de la emergencia sanitaria global.
El debate se enmarca dentro de la semana que conmemora el Día Internacional del Acceso Universal a la Información (28 de setiembre), de la Unesco, y se desarrollará este jueves 1 de octubre del 2020, en horario de 9:00 a 11:00 (comienza una hora más tarde para Argentina y Uruguay). Inscripciones: https://forms.gle/KJkSVU5pTgvbmW738. Registro para acceder vía Zoom: https://bit.ly/3mOoqw5.
Los oradores serán: Ricardo Pérez Manrique, juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Uruguay); Vivian López Núñez, jueza de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de la República del Paraguay; Marta Escurra, presidenta del Foro de Periodistas Paraguayos (FOPEP); y Guilherme Canela, jefe de la División Libertad de Expresión y Seguridad de Periodistas de Unesco.
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La actividad contará con la presencia de referentes de la región y buscará plantear el debate sobre las medidas adoptadas por los Estados, los sistemas judiciales y otros sectores, sobre los derechos humanos, los medios, la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el periodismo. Todo esto, en el marco del mundo actual y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.
La moderación estará en manos de Guilherme Canela, jefe de la Sección de Libertad de Expresión y Seguridad de Periodistas de la Unesco, y contará con el auspicio de la Corte Suprema de Justicia de Paraguay, la Universidad Complutense de Madrid desde el Departamento de Relaciones Internacionales e Historia Global, la Universidad Nacional de Mar del Plata, en Argentina, la Universidad de Palermo desde el Instituto de Derecho y Economía Ambiental de Paraguay, el Foro de Periodistas Paraguayos (Fopep) y el Instituto de Periodismo Preventivo y de Análisis Internacional de Madrid.
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El precio del silencio
DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
Confieso que cada vez que escucho la palabra “sanción” asociada a la libertad de expresión, algo me incomoda. No me gusta.
No porque crea que todo está permitido, ni porque piense que el insulto sea una virtud. Tampoco porque considere que la grosería deba convertirse en argumento.
Me incomoda porque conozco la historia.
Las sociedades no suelen perder sus libertades de un día para otro. No ocurre con una explosión ni con un decreto espectacular.
Casi siempre sucede de manera gradual, con pequeñas concesiones. Con castigos que parecen razonables. Con decisiones que muchos celebran porque afectan a alguien con quien no simpatizan.
Hasta que un día descubrimos que el miedo se volvió costumbre.
Lo sabemos de sobra los paraguayos. Lo aprendimos durante décadas de dictadura, cuando el silencio fue ocupando espacios que antes pertenecían a la palabra, al pensamiento y a la crítica.
Esta semana, la FIFA decidió retirar de forma definitiva la acreditación mundialista al periodista paraguayo Jorge “Chipi” Vera, luego de sus exabruptos contra un árbitro tras la expulsión de un jugador de la selección paraguaya. Dijo en palabras lo que muchos pensamos.
Pero no voy a defender los insultos.
Las palabras tienen consecuencias y quienes trabajamos en los medios sabemos que la responsabilidad forma parte del oficio. En la radio y en la televisión existen normas, horarios de protección al menor y organismos encargados de velar por su cumplimiento.
Pero mientras observaba la polémica, mi preocupación caminaba por otro lado.
Pensaba en el poder, en quién establece los límites y quién tiene la capacidad de aplicarlos.
Porque el fútbol dejó hace tiempo de ser solamente fútbol. Se convirtió en una estructura global con influencia económica, política y cultural sobre millones de personas. Una organización capaz de decidir quién participa, quién accede y quién queda fuera.
Y allí aparece una cuestión que merece atención.
Cuando las instituciones más poderosas comienzan a regular cada vez más aspectos de la expresión humana, la línea entre la disciplina y el control se vuelve difusa.
La FIFA no es la única. El fenómeno atraviesa a buena parte del mundo moderno. Plataformas digitales, corporaciones, gobiernos y organismos internacionales avanzan sobre espacios que antes pertenecían al debate público, al disenso o simplemente al derecho de equivocarse.
La intención suele presentarse como razonable: promover el respeto, evitar excesos, mantener la convivencia.
Sin embargo, la historia enseña que la libertad rara vez desaparece por un acto dramático. Generalmente se desgasta por acumulación o por pequeñas renuncias. Por la costumbre de obedecer antes de hablar.
Por eso este episodio trasciende a un periodista y a una organización deportiva.
Habla de una época.
Una época en la que las herramientas para sancionar crecen más rápido que las herramientas para escuchar y muchas personas empiezan a medir cada palabra no por convicción, sino por temor a las consecuencias.
Y cuando el miedo ocupa el lugar de la conciencia, la libertad comienza a encogerse sin hacer ruido, imperceptible al comienzo. Así como una luz que se apaga lentamente mientras todos seguimos mirando hacia otro lado.
Pero esa… es otra historia
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Fake news, bulos, mentiras. Audiencias desconfían de las noticias
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
“La confianza ha disminuido” en el mundo, informa el Digital Report 2026 que producen asociadas la agencia de noticias Reuters y la Universidad de Oxford. “Parte de esta caída mundial refleja inquietudes más amplias que van más allá de la industria periodística”, porque también cae “la confianza en las instituciones y (en) los líderes”. Giuliano da Empoli (52), en un relato non fiction titulado El mago del Kremlin, llevado al cine, da cuenta de los abusos mediáticos del poder.
“La confianza en las noticias ha disminuido en 29 de (los) 48 mercados” en los que se encuentran los consumidores de los servicios de la agencia de noticias Reuters reporta esta semana esa empresa periodística que sistemáticamente releva la evolución del ecosistema informativo global y sus conclusiones las ofrece en el Digital Report que emite regularmente cada año.
“Desde que comenzamos a medir la confianza (en las noticias) en 2015 (37 %)”, ese indicador “cayó 5 puntos porcentuales o más en 19” de los mercados en los que se comercializan los contenidos de Reuters, da cuenta la más reciente publicación. Precisa también que “en Estados Unidos, solo una cuarta parte (25 %) de las personas (consultadas) afirma confiar en las noticias la mayor parte del tiempo”.
Explica después que “parte de esta caída mundial de la confianza refleja inquietudes más amplias que van más allá de la industria periodística (dado que también) la confianza en las instituciones y los líderes está disminuyendo considerablemente” y, en ese contexto, “el periodismo suele ser objeto de ataques directos por parte de políticos influyentes”. Agrega que “la disminución de la confianza también está relacionada con los cambios en la combinación de consumo de noticias”.
ALERTA
Reuters, que desarrolla estos trabajos de investigación asociada con la Universidad de Oxford, advierte que “es probable que la confianza en las noticias en general siga disminuyendo en el futuro” al tiempo que alerta que “la preocupación (social) por las noticias falsas también ha aumentado, en 4 puntos porcentuales, hasta alcanzar un promedio del 62 %, con incrementos superiores a 5 puntos porcentuales en 11 mercados”.
Asimismo, da cuenta que “un tema central este año es la creciente ‘plataformatización’ del consumo de noticias” que se evidencia en que “por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video son, en promedio, más populares que la televisión y los sitios web y aplicaciones de noticias propias en los mercados analizados (porque) cada vez más personas experimentan con chatbots de IA (inteligencia artificial) como nuevo medio de acceso” a contenidos informativos porque “la gente prefiere ver las noticias en lugar de leerlas” y para ello “recurre a menudo a una gama más amplia de fuentes y voces”.
El informe producido por Reuters y Oxford lo consigna claramente: “los informativos televisivos están en declive, pero para algunos (consumidores), las noticias en el televisor han adquirido una nueva función (porque) una cuarta parte (27 %) de nuestros encuestados ahora ve noticias a la carta a través de aplicaciones como Youtube en sus televisores inteligentes”.
A ello se agrega que “alrededor de un 27 % de los encuestados a nivel mundial (responde que) se informan a través de creadores de contenido o influencers especializados en noticias (en tanto que) 46 % (lo hace) a través de creadores de cualquier tipo (porque) son más entretenidos, fáciles de entender y con los que es más fácil identificarse que con los medios de comunicación tradicionales”. Detallan, asimismo, que “desde 2021, la proporción de personas que afirman estar ‘extremadamente’ o ‘muy’ interesadas en las noticias ha disminuido en un promedio de 13 puntos porcentuales (y) un 25 % de los encuestados son ahora usuarios ocasionales o pasivos de noticias que suelen consumirlas solo una vez por semana y afirman tener poco o ningún interés en ellas, frente al 16 % (que marcaba ese indicador) en 2021”. ¿Los jóvenes? El dato curioso (y, por qué no, alarmante, es que) el 56 % de ellos a nivel mundial (responden) que nunca han leído un periódico con regularidad.
El informe es mucho más amplio por cierto, pero el gran interrogante es intentar saber por qué se expresa tanto descreimiento y en qué se funda. Vadim Baranov es un cínico de ficción. También un ambicioso. Es joven. Alguna vez, al parecer, soñó con ser actor. Comunismo –el de sus ancestros– perestroika, glasnot (su presente en la última década del siglo pasado) fueron su momento histórico.
El derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la transición hacia la Federación Rusa es el laberinto que transita en la novela El mago del Kremlin que escribió Giuliano da Empoli. Vadim es un personaje que tiene un notable parecido con millones de Vadimes que caminan y “van apestando la tierra”, como los describió con poética precisión Machado entre 1899 y 1902. Sé que son así. Como don Antonio, “he andado muchos caminos”. Y también veo mucho cine.
El Vadim, dirigido por Olivier Assayans que compone Paul Dano, es creíble. Cínico y ambicioso. Como lo son también Dmitri Sidorov (Tom Sturridge) y Boris Berezovsky, la identidad real de un excomunista que interpreta Will Keen, que –nacidos, criados y educados esos personajes en la dura ética del stalinismo– desde el 21 de diciembre de 1991 comenzaron a apropiarse de las esquirlas del Estado implosionado y en desguace para empezar a vivir como suponían que se vivía en las sociedades capitalistas de aquel capitalismo que les enseñaron a denostar.
Ese era el modo de vida que deseaban. Patético. ¿Ficción? No tanto. Hay quienes afirman que Da Empoli, para crear a Vadim, estudió en detalle las andanzas profesionales y políticas de un tal Vladislav Surkov, relevante asesor de Vladimir Putin.
Rumores inverificables. Incluso, puede ser un discurso planificado y gestionado para ganar audiencias y/o lectores. Pero en la peli –que se estrenó el pasado 21 de enero en los Estados Unidos–, Vadim (¿Surkov?) ejerce tremendo poder sobre “el Zar”, como lo apodan al presidente de Rusia, a quien Jude Law interpreta con solidez actoral. ¿Ficción? Una buena parte, seguramente, no.
Mucho de aquello, pasó. De hecho, tanto Sidorov, que se benefició con la perestroika (reforma económica), como Berezovsky con la glasnot (transparencia, apertura política, libertad de expresión), simbolizan el espíritu epocal de quienes con el paso del tiempo se consolidan (aún hoy) como los casos globalmente conocidos de “oligarcas rusos” (así los llaman) como Artyon Tarasov, Vladimir Vinogradov, German Sterligov, Mijail Jodorkovski, Román Abramóvich (dueño del Chelsea FC), Mijail Fridman o Vladimir Potanin, por solo mencionar algunos de los más notables.
Vuelvo sobre Berezovski, el de la vida real. Exacadémico, por aquellos años se lo mencionaba como el “padrino del Kremlin” que se apoderó de ORT, canal público de TV, desde cuya poltrona máxima le propuso a Vadim trabajar a su lado. Vadim dudó. Según Da Empoli, Boris fue a fondo.
“Entendí que si no tomas el poder... el poder te atrapa (...) tengo amigos en el Kremlin y de vez en cuando los ayudo (...) necesitamos inventar algo y alguien nuevo (te propongo que hagas) el mismo trabajo de siempre (pero) deja de inventar historias... inventa la realidad” para consolidar a Vladimir Putin –el “Zar”– en el poder de la Federación Rusa “para que nos vaya bien a unos pocos”, imaginé escuchar mientras disfrutaba de la peli. El relato literario gana vida y fuerza en la película. Resulta creíble... ¡y posible! Nada nuevo.
EL VIEJO MUNDO
Alguna vez –en 1532– Nicolás Maquiavelo (1469-1527), cinco años después de su muerte, cuando se publicó su obra más trascendente, El Príncipe, sentenció que “la política es el arte de lo posible”. Pero... desde una perspectiva ética, no todo es posible. En el mago del Kremlin, Crimea, el Dombás y Ucrania ensangrentadas lo demuestran. El tiempo pasa... Recuerdo que, por aquellos tiempos convulsos en Berlín, donde me encontraba dieciocho meses después de la caída del Muro, todo era confusión, incertidumbres, pobrezas, vulnerabilidades, desamparos, tristezas. Las calles del Este en la ex-RDA (República Democrática Alemana), estaban muy grises. Las percibí más grises que nunca antes.
En el mítico Check Point Charlie, los exsoldados del otrora poderoso ejército rojo, “para poder comer algo”, vendían sus uniformes por monedas. Completos o en partes. Algunos los compraban los soldados norteamericanos, británicos y franceses.
Otros, los turistas. ¡Tremendo! ¿Prenda estrella? Las ushanka (gorros de piel grises o negros) que se conseguían por menos de diez dólares, aunque los botones dorados, los guantes mosquetones, los correajes... todo tenía un precio.
Situaciones parecidas se daban también, aunque en menor intensidad, en puente Glienicke –sobre el río Havel– donde en tiempos de la Guerra Fría se canjeaban prisioneros entre el este y el oeste.
Fragmentos de Muro, también cotizaban alto. Miré con asombro. Incluso lo que no veía. Tengo la convicción de que todo comunica e intentaba saber qué me decían esas sociedades con esas prácticas inimaginables hasta muy poco tiempo antes.
“El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos”, recordé que escribió Antonio Gramsci (1891-1937), en “Cuadernos de la cárcel”, entre 1929 y 1935. Desde entonces creo haber verificado aquella hipótesis de aquel académico, político y periodista marxista. Aunque con su reflexión apuntaba a la caída del capitalismo y, de ninguna manera, a la desintegración del bloque soviético.
¿Será verdad algo de lo que relata Da Empoli en su obra finalmente llevada al cine? “Todo lo que alguna vez vemos en alguna producción cinematográfica, siento que el relato se sustenta en algo que pasó o es inminente que suceda”, dijo unas pocas semanas atrás –cuando reinaba el verano– el querido amigo Alfredo RL mientras ambos mirábamos sin urgencias el serenísimo Atlántico Sur que proyectaba un azul que pocas veces vemos.
La desconfianza en las noticias y en los contenidos periodísticos –además de ser posible, como hipótesis de trabajo de investigación académica, vincularla con la cada vez mayor asiduidad con la que poderosos y poderosas operan en los circuitos informativos con fines espurios, tal vez– tenga que ver, entre varios factores, también con el desprejuicio y la irresponsabilidad social que es posible percibir entre comunicadoras y comunicadores ocasionales de todo tipo que por propia voluntad o contratados porque “miden bien”, porque “generan cliques... visualizaciones... inversiones publicitarias... tráfico (en las redes)” o... por la razón que fuere, una y otra vez irrumpen preferentemente en los medios que se constituyen en los ecosistemas digitales más novedosos.
La cultura de lo divertido, lo mórbido, el insulto, el destrato incluso desde los más altos poderes de los Estados –prácticas todas tan extendidas– también aportan tanto a la naturalización de lo inaceptable como a la degradación informativa que deviene en desconfianzas.
LUZU TV
“Acaba de morir el papá de Messi”, dijo en el espacio de streaming Luzu TV la señora Florencia Peña, actriz, de larga trayectoria teatral, fílmica y televisiva. “Acaba de morir el papá de Messi”, reiteró. “¿Fue de golpe? ¿Qué pasó? ¿Qué data hay Maggie?... ¡En el medio del Mundial! ¿Se va a tener que ir...?”. Fake news, bulos... puras mentiras.
La tormenta mediática no se demoró. Las indignaciones públicas se extendieron con velocidad y alcance global. Se escuchó y dijo de todo. Incluso hubo quienes aseguraron saber de que se trató de una operación política. ¡Conspiranoides! Más bulos, más fake news, más putas mentiras para ser críticos de una indignante mentira inicial.
No faltaron quienes proponían prohibiciones, censuras... La mala praxis, se puede verificar en multiplicidad de campos profesionales o laborales. Negligencia, impericia, imprudencia son indicadores claros del ejercicio de inadecuadas prácticas laborales y/o profesionales. Desafortunadamente, los ejemplos no son escasos.
“La libertad de expresión es el único derecho humano que algunos y algunas podemos monetizar para vivir”, dijo un respetable colega periodista alemán cuyo nombre preservaré –corresponsal de prensa internacional– que durante largo tiempo cubrió Sudamérica.
“Claro que podemos y debemos hacerlo bien, correctamente, éticamente y con el compromiso puesto en el bien común porque el periodismo es un oficio de interés público”, agregó. Brindamos por eso. “Así sea”, se escuchó desde una mesa cercana.
También levantaron sus copas. Era la hora feliz en el anochecer de una larga jornada de trabajo con intensos debates y ejercicios académicos en Nueva York durante una conferencia global sobre libertad de prensa que fue convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Aquella frase informal regresó a mis oídos.
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Redes sociales y videos en línea revolucionan el consumo mundial de noticias
Es el gran cambio en la información: el público, a escala mundial, se informa ahora más a través de Facebook, YouTube o TikTok que con los medios de comunicación tradicionales, cuyo modelo económico corre peligro, según un estudio publicado este martes. El año 2026 “marca una etapa importante: por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video superan a las demás fuentes de información y se convierten en el principal medio para informarse a nivel mundial", señala Jim Egan, principal autor del informe del Instituto Reuters para el estudio del periodismo.
Publicado cada año por este instituto vinculado a la Universidad británica de Oxford, este estudio sobre la información digital se considera una referencia para analizar las transformaciones de los medios de comunicación. Se basa en encuestas en línea realizadas a comienzos de año por la empresa YouGov a casi 100.000 personas en 48 países.
Según afirmaron los sondeados, en la semana previa a la encuesta, un 54 % de ellos había recurrido a las redes sociales y a plataformas de video para informarse. Una proporción que alcanza el 56 % si se incluyen a los agentes conversacionales de inteligencia artificial como ChatGPT. En cambio, estas cifras bajan al 52 % para la televisión, al 51 % para los sitios web y aplicaciones de diarios, y al 21 % para la radio.
“Evolución progresiva”
Esta tendencia no es nueva, ya que, en algunos países analizados individualmente, las redes y las plataformas ya ocupaban el primer lugar en años anteriores. Pero es la primera vez que este modo de consumir información es mayoritario en el promedio del conjunto de mercados estudiados, teniendo en cuenta que los países donde los sitios web y las aplicaciones de prensa tradicional siguen en cabeza están casi todos en Europa.
“Hay que verlo como una evolución progresiva más que como un cambio brusco”, explica Egan. A escala mundial, las redes sociales y las plataformas de video son la principal fuente de información para 3 de cada 10 encuestados, y para más de 1 de cada 2 en el grupo de 18 a 24 años.
El uso difiere según la red. Una mayoría de encuestados entra en X y YouTube expresamente para informarse. Pero en Facebook, Instagram y TikTok, el acceso a la información se produce más bien de forma fortuita, cuando los usuarios están conectados por otros motivos.
Las únicas franjas de edad para las que la televisión sigue ocupando el primer lugar son las de 45 a 54 años y la de mayores de 55.
Y en el caso de los sitios web y las aplicaciones de los medios tradicionales, el veredicto es aún más duro: ningún grupo de edad los cita como su principal vía de información.
Todo ello “tiene consecuencias evidentes sobre la capacidad” de los medios “para llegar al público y generar ingresos”, advierte Egan, exdirectivo de la BBC.
Sólo un 17 % de los encuestados afirma pagar por la información en línea, y una gran parte del mercado publicitario es captado por los gigantes de internet en detrimento de los medios tradicionales.
Pérdida de confianza en los medios
Este informe de 180 páginas aborda también cuestiones de fondo que ya se han asentado desde hace varios años: el auge de los formatos de video, la influencia creciente de los creadores de contenido dedicados a la información y la pérdida de confianza en los medios.
Este indicador alcanza su mínimo histórico, con solo un 37 % de los encuestados que confían “en la mayoría de las informaciones la mayor parte del tiempo”.
Por otro lado, los agentes de IA se utilizan cada vez más para informarse, tema central del análisis del año pasado.
Un 10 % de los encuestados los utiliza cada semana con este objetivo, frente al 7 % que lo hacía en 2025. “La manera de responder al rápido desarrollo de la IA generativa es el mayor desafío al que se enfrentan los directivos de los medios de comunicación y los responsables políticos”, según Egan.
Fuente: AFP.
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El periodista argentino Macaya Márquez va por su 18.° Mundial a los 91 años
Desde Suecia 1958, el fútbol cambió en términos tácticos, tecnológicos y económicos. Sin embargo, hubo una constante: la presencia del periodista argentino Enrique Macaya Márquez, que en Norteamérica 2026 alargará a 18 su récord de coberturas mundialistas. A sus 91 años, la trayectoria del hombre que más ha cubierto Copas del Mundo enlaza los tiempos de la radio y la TV en blanco y negro con la hiperconectividad actual.
La salud obliga a la leyenda del periodismo deportivo de Argentina a una presencia mediática más acotada, pero él no pensó en perderse el torneo que comenzó el jueves en México, Estados Unidos y Canadá. “Siento como si tuviera una obligación de hacerlo”, reconoce en una entrevista con la AFP antes de viajar ayer viernes hacia Estados Unidos para seguir la suerte de la Albiceleste como comentarista de DirecTV, DSports y DSports Radio.
“No sé cuánto más va a ser, pero de todas maneras este que tengo a mano voy a tratar de aprovecharlo”, dice el hombre reconocido por la FIFA en 2022 como “el periodista con más coberturas mundialistas”. Aunque en más de siete décadas cultivó un estilo que le impide ser el protagonista, Macaya habla sobre el primer Mundial de Pelé, su amigo de infancia Alfredo Di Stéfano, los encontronazos con Diego Maradona y su mirada sobre cómo cambió el fútbol.
Cobertura milagrosa
Macaya, cuya voz también ha llegado a otros países sudamericanos, tenía apenas 23 años cuando Radio Belgrano de Buenos Aires lo envió como parte de un pequeño equipo a cubrir el Mundial de Suecia. Desde entonces, tuvo asistencia perfecta.
Viajar hacia el país escandinavo no fue tarea sencilla. El reportero récord recuerda que llegó “milagrosamente” en múltiples tramos de avión, tren y ferry.
“Con un (Douglas) DC-7. Aviones que tenían que hacer escalas en todos lados prácticamente, porque no había forma de llegar, no había autonomía”, rememora. “Salí por Dakar, fui a Italia (...), después Dinamarca y el sur de Suecia para llegar a Malmö. Una cosa absolutamente desconocida”.
Aquella Copa del Mundo vio nacer el mito de Pelé, que con 17 años llevó a Brasil a ganar su primera Copa.
“Era un jugador con una gran capacidad física, más allá de otros elementos que tienen que ver con lo técnico”, señala Macaya, que asegura que en ese momento no era “tan fácil” saber que se convertiría en uno de los más grandes de la historia.
Di Stéfano, “el mejor”
El mejor de la época era Alfredo Di Stéfano, aunque el argentino que brillaba en el Real Madrid nunca pudo participar en la cita máxima del fútbol.
“Yo vivía a 50 metros de la casa de Alfredo. Cuidaba un puesto de diarios y Alfredo venía a leerlos ahí. Después me llevaba a su casa y jugábamos a la pelota. Era mayor que yo. Y era el ídolo después”, relata Macaya.
Por cuenta de esa historia de infancia común en las calles del barrio de Flores, en Buenos Aires, tal vez sea el único con quien no puede ser neutral.
“Para mí fue el mejor. Y en comparación con lo que confrontaba en ese momento, fue el mejor. Pero bueno, yo también tenía una amistad con Di Stéfano que podría traicionar mi opinión”, dice.
El podio de jugadores del siglo XX, ha dicho Macaya en distintas ocasiones, lo completa Maradona. Pero prefiere no hablar de La mano de Dios al abordar la brillante actuación individual del Diez para ganar 2-1 a Inglaterra en los cuartos de final de México 1986.
“Se hizo de ese gol toda una historia que no corresponde”, dice, en una opinión controvertida entre los argentinos que ven en esa picardía un acto de justicia tras la Guerra de Malvinas de 1982.
Maradona le dio la razón
Macaya solo deja de lado su habitual sobriedad al contar la vez que el Pelusa le “dio la razón”. Fue en mayo de 1994 cuando, tras cruces en los medios, Diego pidió una reunión, convocó a una cámara y dijo que el periodista estaba en lo correcto.
Un gesto que no le deparó a otros reporteros. “A nadie. Fantástico, increíble”, dice con una sonrisa.
Desde Suecia 1958, para Macaya los mundiales ahora “generan lo que generan por una inversión económica”.
El propósito de la FIFA de conquistar el mercado estadounidense ha enfrentado críticas por el alto costo de los ingresos y el nuevo formato mundialista de 48 participantes. “El juego evolucionó en algunos aspectos y por la propia evolución, parece contradictorio, frenó otras”, agrega Macaya.
Fuente: AFP.