Nuevamente la tecnología nos sorprende y nos sirve para revivir la historia de múltiples maneras. Hoy les presentamos al mariscal Francisco Solano López Carrillo en alta definición, como nunca antes se lo ha visto. Gracias a las últimas fotos captadas y el uso de la inteligencia artificial podemos ver su apariencia real.
Richard Careaga, afamado director de fotografía, compartió en su red social Twitter las fotos de Solano López tras utilizar la aplicación Remini. “El Mariscal en ALTA DEFINICIÓN!! Usando la tecnología de esta increíble app @ReminiLab podemos obtener la cara nítida a partir de una de sus últimas fotos @fabian_1932″, comentó Careaga sobre el archivo fotográfico del historiador y promotor cultural Fabián Chamorro.
La aplicación Remini hace que fotos antiguas, borrosas o de baja calidad tomadas con cámaras antiguas o teléfonos móviles se reproduzcan con alta definición y claridad. Utiliza la tecnología generativa de IA de vanguardia para traer tecnologías profesionales de mejora y restauración de imágenes a nivel de producción de películas a nuestra vida diaria.
Desde el lanzamiento de la mencionada aplicación a principios del 2019, se han mejorado más de decenas de millones de fotos de baja resolución, borrosas, comprimidas y dañadas, de manera gratuita. Te invitamos a utilizarla.
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¿Quién era el mariscal?
Su vida y legado no puede ser descrito brevemente sin omitir datos cruciales. A continuación te contamos de manera sucinta quién fue el mariscal. Francisco Solano López Carrillo nació en Asunción el 24 de julio de 1827 y falleció en Cerro Corá el 1 de marzo de 1870. Fue el segundo presidente constitucional de la República del Paraguay entre 1862 y 1870.
Se desempeñó como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, presidente y jefe supremo de la nación paraguaya durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
Sucedió como presidente a su padre Carlos Antonio López, de acuerdo a la Constitución de 1844, electo por el Congreso Nacional como presidente de la República por un período de diez años. La figura del mariscal López fue y sigue siendo objeto de opiniones radicalmente opuestas.
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Inteligencia artificial y educación: el desafío urgente de Paraguay
La irrupción de la inteligencia artificial en el ámbito educativo instaló un debate cada vez más visible, aunque todavía insuficiente en profundidad. La doctora Sofía Scheid sostuvo que la discusión, más que tecnológica, es pedagógica y política, y advirtió que Paraguay enfrenta una decisión que no puede seguir postergando.
En medio de posturas contrapuestas, Scheid explicó que el sistema educativo corre el riesgo de quedar atrapado en una falsa dicotomía, entre quienes consideran a la inteligencia artificial una amenaza y quienes la promueven como una solución universal. “El problema no es la tecnología, sino la falta de una estrategia que la oriente”, afirmó.
La especialista señaló que la inteligencia artificial ya está presente en las aulas, no por decisión estatal, sino por el uso cotidiano de los estudiantes. En ese sentido, indicó que el sistema educativo está actuando de manera reactiva y tardía, sin liderar el proceso de transformación que ya está en marcha.
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Scheid remarcó que el eje del problema no es la herramienta en sí, sino la ausencia de una estrategia pedagógica sólida. Según explicó, la evidencia internacional demuestra que la incorporación de tecnología, sin cambios en la enseñanza, no genera mejoras en los aprendizajes. “La tecnología solo funciona cuando está integrada a un modelo educativo con docentes formados, objetivos claros y evaluación real”, precisó.
En el caso de Paraguay, la doctora advirtió que existe una falta de política nacional que ordene la incorporación de tecnología en el aula. Esto genera un escenario desigual, donde el acceso depende de iniciativas aisladas o de las condiciones individuales de estudiantes y docentes.
Asimismo, subrayó que este vacío contribuye a ampliar las brechas educativas, ya que no todos los estudiantes acceden a las mismas herramientas. Incluso, añadió que en muchos casos la tecnología no está siendo utilizada con un enfoque centrado en el aprendizaje.
Ante este panorama, Scheid afirmó que el debate sobre si utilizar o no inteligencia artificial en educación ya quedó superado. “El verdadero desafío es construir una política pública integral que regule su uso con criterios claros”, expresó.
Entre los ejes principales, mencionó la necesidad de priorizar el aprendizaje por sobre la herramienta, fortalecer la formación docente, garantizar infraestructura adecuada, evaluar resultados y establecer marcos éticos para el uso de datos.
Finalmente, la especialista enfatizó que la transformación educativa no depende exclusivamente de la tecnología, sino de la capacidad del sistema para redefinir cómo se enseña y cómo se aprende. “Paraguay no necesita más tecnología en las aulas, necesita mejores aprendizajes. Y la inteligencia artificial solo tiene sentido si logra producirlos”, concluyó.
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Inteligencia artificial y educación: avanzar con criterio nacional
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo. Presidente de la Aneaes
Pocas discusiones condensan hoy el problema del desarrollo como la relación entre inteligencia artificial y educación. Allí convergen la disputa por el capital humano del futuro, la capacidad de los Estados para gobernar la aceleración tecnológica, la defensa de la soberanía cultural y la posibilidad de que nuestros sistemas educativos dejen de correr detrás de los cambios vertiginosos de la época.
Para países como el nuestro, esta cuestión es un tema que exige un debate nacional de forma urgente, porque de la forma en que ingresemos en esta transformación dependerá la calidad de nuestra formación, así como el tipo de inserción productiva y cultural que el país logre construir.
Como señalan Reimers, Azim, Palomo y Thony en su libro Artificial Intelligence and Education in the Global South: A Systems Perspective, publicado por Springer Nature en 2026, la inteligencia artificial puede ampliar capacidades pedagógicas, aliviar cargas docentes, producir materiales contextualizados, personalizar apoyos y hacer más eficiente la gestión del sistema en el denominado “Sur Global”.
Sin embargo, sus potencialidades positivas se pueden materializar si y solo si su adopción se articula con estrategias públicas de conducción, formación docente, evaluación y adaptación a contextos concretos.
Por citar algunos ejemplos del trabajo mencionado, en el Uruguay, el centro de innovación educativa con tecnología Ceibal contribuyó a ordenar la discusión regional con marcos para enseñar inteligencia artificial y para enseñar con inteligencia artificial, subrayando que el punto no es el dispositivo aislado, sino su integración pedagógica y ética.
En Brasil, Nova Escola desarrolló una herramienta accesible por WhatsApp que permitió a más de 15.000 docentes generar más de 63.000 planificaciones, reduciendo tiempos de preparación y ampliando apoyos para la práctica docente.
En Mali, la iniciativa RobotsMali utilizó IA para producir más de 180 libros infantiles en lengua bambara en menos de un año, mostrando que la innovación también puede servir para fortalecer lenguas y contextos locales, no solo para importar contenidos ajenos.
A las experiencias anteriores debemos sumar un aporte fundamental para nuestra realidad. Se han documentado casos en los que la baja conectividad y otras carencias de infraestructura tecnológica no bloquean la posibilidad de innovar.
Iniciativas como Kolibri, que utiliza un modelo diseñado para funcionar sin internet, junto con Artificial Intelligence in Education Unplugged en Brasil, han logrado resultados comparables en escuelas rurales y urbanas. Estos ejemplos demuestran que los contextos de conectividad restringida ofrecen vías legítimas para integrar estas herramientas con un criterio de inteligencia y equidad.
Los autores sostienen que la integración de estas estrategias debe estar anclada en los contextos locales. En el caso del Paraguay, el desafío trasciende la mera adaptación a las tendencias globales. Nuestra realidad nacional exige una incorporación soberana de la inteligencia artificial fundamentada en el criterio propio y en el resguardo de la identidad cultural.
Resulta indispensable atender a los sesgos algorítmicos y promover la alfabetización digital para asegurar que el proceso responda a las necesidades del entorno. Estas condiciones evitarán que la adopción de soluciones externas imponga modelos extraños a nuestras lenguas y a nuestro proyecto de país.
Abordar con seriedad la inteligencia artificial en el ámbito educativo requiere distanciarse tanto de las posturas apocalípticas como de los entusiasmos eufóricos. No alcanza con repetir advertencias terminales sobre el dominio tecnológico, como plantea Éric Sadin en L’intelligence artificielle ou l’enjeu du siècle, donde observa en la IA una forma de desplazamiento progresivo de lo humano por la racionalidad técnico-industrial.
Asimismo, conviene evitar la celebración acrítica de cada innovación como una promesa automática de emancipación, como ocurre en el Techno-Optimist Manifesto de Marc Andreessen, que presenta el avance tecnológico como fuente casi intrínseca de crecimiento, bienestar y expansión de la vida.
Entre la desconfianza absoluta y la fe ciega en la tecnología, hay un espacio más difícil, pero fecundo. Se trata del lugar de la conducción pública, del discernimiento pedagógico y de la deliberación nacional sobre qué usos deben promoverse, cuáles deben regularse y qué límites son necesarios para alcanzar un objetivo de bien común.
Ese punto obliga, además, a romper con cierto “pedagogismo dominante” que durante años degradó la discusión educativa, sustituyendo contenidos por consignas metodológicas vacías.
La inteligencia artificial puede ayudar a personalizar la enseñanza, pero no puede convertirse en un nuevo pretexto para licuar la exigencia intelectual. El Paraguay requiere una modernización ambiciosa que sea fuerte en ciencias, historia, lengua y formación del juicio crítico.
La inteligencia artificial abre la posibilidad de superar la estructura lancasteriana de la enseñanza, en la que una misma secuencia, el mismo ritmo y la misma explicación se implementan para grupos heterogéneos. Es posible trascender esa uniformidad sin renunciar a la escuela como institución pública fundamental. Las nuevas herramientas favorecen la existencia de apoyos diferenciados, materiales con distintos niveles de complejidad, retroalimentación más frecuente y un seguimiento más fino de trayectorias.
Además, pueden reposicionar la autoridad del docente y redefinir su centralidad, ya que el educador deja de ser un mero facilitador de contenidos homogéneos, para convertirse en un mediador intelectual, curador de materiales, intérprete del contexto, corrector de errores y orientador cívico del aprendizaje.
La incorporación de la inteligencia artificial a la educación paraguaya ya es un hecho, su uso ha sido introducido de la mano de estudiantes y docentes, pero sin mayores guías ni reflexiones institucionales sobre su implementación. Por ello, es urgente establecer un criterio nacional que permita fortalecer la alfabetización crítica y la revisión de los perfiles curriculares en función de un proyecto de desarrollo del país. La cuestión de fondo ya no es si Paraguay debe o no ingresar a esta agenda; el dilema central radica en la forma en que se integrará a ella. El país debe decidir entre actuar como un consumidor de soluciones ajenas o consolidarse como una nación capaz de conducir la tecnología según sus propias necesidades históricas, fortaleciendo con ello su identidad, su democracia y su proyecto común de desarrollo.
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Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.
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Melania Trump sorprende con un androide en la Casa Blanca
La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, llevó a un invitado sorpresa a un evento en la Casa Blanca el miércoles: un robot humanoide que camina y habla. En lugar de su esposo, el presidente Donald Trump, el androide “Figure 3” caminó a su lado en la apertura de la cumbre de la coalición global “Forjando juntos el futuro”.
Melania Trump, de 55 años, dedicada como primera dama a los temas de inteligencia artificial y entornos digitales, convocó a este foro sobre cómo empoderar a los niños mediante la tecnología educativa. “Gracias, primera dama Melania Trump, por invitarme a la Casa Blanca”, dijo el robot gris y negro gesticulando sus manos, en sus breves palabras iniciales.
Luego se retiró por el mismo lugar por el que había llegado. Hubo aplausos en el acto en el Salón Este de la Casa Blanca, que reunió a cónyuges de jefes de Estado y de gobierno de todos los continentes. “Es justo decir que usted es mi primer invitado humanoide, fabricado en Estados Unidos, a la Casa Blanca”, dijo Melania, nacida en Eslovenia, al leer un discurso.
La exmodelo, madre del hijo menor del presidente, Barron, de 20 años, continuó hablando sobre cómo la inteligencia artificial basada en humanoides se utilizará pronto para educar a los niños. “Imaginen a un educador humanoide llamado Platón. El acceso a los estudios clásicos es ahora instantáneo”, afirmó. “Previsiblemente, nuestros hijos desarrollarán un profundo pensamiento crítico y capacidades de razonamiento independiente”.
En los últimos meses, Melania Trump ha adoptado un papel cada vez más público, tras haber sido una presencia esquiva en la Casa Blanca al comienzo del segundo mandato de su esposo.
Ha organizado varios actos sobre IA y la protección de los niños en internet. Pero también ha emprendido varios proyectos lucrativos, incluido un documental titulado “Melania”, realizado mediante un acuerdo multimillonario con Amazon, y un audiolibro de sus memorias narrado por IA.
Fuente: AFP.