La mañana de este martes quedará marcada por la tragedia que enluta a todos quienes conocieron a Milka Jael Carrillo Battilana, la joven docente de 29 años que perdió la vida tras recibir una descarga eléctrica cuando estaba a punto de llegar a su lugar de trabajo en San Lorenzo.

Ahora, queda honrar la huella que Milka dejó en cada espacio en el que se entregó con pasión, fe y alegría. Psicóloga clínica y educacional egresada de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), combinaba su formación académica con un profundo compromiso social.

Era conocida como una maestra dedicada y solidaria y se calificaba a sí misma como “amante de los voluntariados”. Tanto es así que se convirtió en la “Dra. Payasonrisa Chocolatina” para llevar alegría a quienes la necesitaban.

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En sus propias palabras había dejado claro el motor de su vida: “Con Cristo en mi vida ya lo tengo todo”. Esa fe, acompañada de su lema personal “hacer feliz a los demás”, guiaba cada paso de su andar.

Milka era una joven que vivía para servir, siempre dispuesta a compartir tiempo y energía en varios proyectos. Así lo reflejan sus redes sociales, en las que se puede ver a una amiga cercana, una voluntaria incansable, una creyente, una soñadora.

El recuerdo de Milka quedará en quienes recibieron sus enseñanzas, a quienes alegró con un disfraz y una sonrisa, en cada persona que la conoció como alguien cuya vida nos recuerda que el verdadero legado se construye con amor, entrega y fe.

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