En el marco de la celebración de la fiesta patronal de San Charbel, este domingo se llevaron a cabo varias actividades de las cuales participaron los devotos de manera multitudinaria. La organización de esta fiesta anual estuvo a cargo de la Misión Libanesa Maronita del Paraguay y la Parroquia San Charbel.
La actividad con la que se iniciaba esta jornada tan especial fue una procesión vehicular con la imagen de San Charbel durante la cual se visitó a las capillas aledañas. Este momento fue acompañado por los Heraldos del Evangelio, quienes amenizaron este momento de oración con cantos clásicos.
Posteriormente, cerca del mediodía, fue celebrada una misa de sanación, la cual fue presidida por el cardenal Adalberto Martínez, arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de la Santísima Asunción. Así también acompañó monseñor Vincenzo Turturro, nuncio apostólico del Paraguay.
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Durante la misma se entronaron las reliquias de la Beata María Felicia de Jesús Sacramentado y se bendijo el aceite curativo de San Charbel. Finalizado este momento, de oración y regocijo, se procedió a la revelación de una placa conmemorativa al santo y su impacto en la vida de los fieles.
Las celebraciones en torno a San Charbel se iniciaron previamente con un triduo de misas en donde se rezaba el rosario y los fieles compartían la eucaristía. Este proceso de preparación para la fiesta patronal fue acompañado por las capillas Inmaculada Madre de Cristo, San Roque González, Medalla Milagrosa, San Cayetano, Virgen del Rosario, San Miguel, San Eugenio de Mazerod, San Francisco de Asís y la capilla Caacupemí.
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Con misa en Caacupé celebraron 70 años de la creación de la CEP
Obispos de todas las diócesis, incluyendo los eméritos, y el cardenal Adalberto Martínez, celebraron hoy los 70 años de creación de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), durante la misa central en la basílica santuario de Caacupé.
“Tal vez la CEP habla de más, tal vez no lo suficiente, muchos nos piden ser más críticos, otros que seamos más moderados”, destacó monseñor Pedro Jubinville, presidente de la CEP, quien presidió la celebración religiosa.
Pero aclaró que no tienen otro poder que “una palabra que debe lo más posible asemejarse a la palabra, que es Jesús muerto y resucitado”, que entregan con esperanza y con humildad. “No negamos nuestra responsabilidad de pastores, pero antes que nada somos seguidores, discípulos, hermanos de comunidad”, resaltó.
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El religioso católico, obispo de la diócesis de San Pedro, mencionó además durante su sermón que los obispos se les mira como si tuvieran “rango ministros”. Pero la realidad es que la Iglesia se maneja con muy pocos recursos, indicó.
En ese sentido, admitió que manejan una pequeña fracción de los presupuestos y medios que se administran en muchas partes. Asimismo, reveló que la mayoría de coordinadores de pastoral prestan su servicio ad honorem. “Se nos da una autoridad tremenda, pero realmente no puede ser por la fuerza de nuestra organización. Somos muy pequeños”, expresó.
Recordó que la CEP es un organismo al servicio de la Iglesia y recordó que esta última trasciende a sus autoridades. Al recordar la trayectoria de la Conferencia Episcopal, mencionó algunos de los pronunciamientos más significativos de la institución, como la Carta sobre el saneamiento moral de la Nación de 1979 y el llamado al diálogo nacional en 1986. Asimismo, la campaña Paraguay Jaipotáva, Ñandé mante Jajapota, que se le suma al actual trienio pastoral centrado en el bien común.
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Los venezolanos volvieron a misa, en medio de los escombros y el dolor
María Elizabeth Domínguez ha regresado ayer domingo a misa, después de que el 24 de junio la iglesia de San Sebastián se le vino encima, derrumbada por los dos terremotos que han causado más de 3.000 muertos en Venezuela. En silencio, los habitantes del pueblo de Maiquetía, aledaño al aeropuerto internacional, se reúnen en la Plaza Jerusalén, una construcción moderna de hormigón donde está el columbarium y una representación de las estaciones del Vía Crucis.
El padre Rafael Troconis oficia una misa de difuntos, al igual que todas las iglesias de Venezuela ayer domingo, y le recuerda a sus feligreses que “hemos sido creados para la vida”. “La muerte no tiene la última palabra. Creemos en la resurrección”, les dice enfático. “La fe es una luz potentísima que nos ayuda a encontrarle sentido a esto”, asegura. Domínguez, de 67 años, lo escucha de pie, mientras muchos de los presentes se secan las lágrimas.
“Tengo mucha tristeza por dentro, porque ha muerto mucha gente amiga, muchos vecinos”, dice esta mujer a la AFP. La iglesia de San Sebastián, de 1834, está derruida, con varios muros caídos y el campanario quebrado en sentido longitudinal. Todas las iglesias del estado La Guaira sufrieron los efectos del sismo y están inhabilitadas. En las calles se suceden cuadra tras cuadra los edificios colapsados, incluyendo el del aeropuerto internacional de Maiquetía. Bajo los escombros hay todavía un número indeterminado de cuerpos que no han podido ser recuperados.
“Reconstruiremos nuestras vidas”
“Las piernas me temblaban, no podía salir. Me tuvieron que ayudar”, recuerda Domínguez sobre el momento en que fue sacada del templo, minutos después de los dos sismos.
Ella estaba en la iglesia, donde recién se había terminado la misa y conversaba con otras mujeres. “Una de las compañeras gritó: ‘está temblando’ y yo me metí debajo del banco. Empezó eso a caerse. Polvo, polvo, polvo, yo no veía nada. Pensé que me iba a aplastar. Estuve rezando hasta que cesó”.
Esta es la segunda vez que Domínguez vive una catástrofe natural en La Guaira. En 1999, trabajaba en el aeropuerto de Maiquetía cuando las lluvias hicieron caer la montaña en un deslave que arrasó las poblaciones ubicadas en el este del estado. Ella vivía entonces en Macuto, donde su esposo quedó atrapado. El padre Troconis procura dar consuelo a sus feligreses. “He tenido encuentros con matrimonios que han perdido a sus dos hijos, o a dos de sus tres hijos”, refiere. “Uno quisiera estar cerca de quien sufre. Uno nota mucha tristeza y desesperanza”, dice.
Pero en seguida se recompone, y recuerda que él también sufrió el deslave en esta región hace 27 años. Era entonces rector del seminario y estaba en la iglesia de Macuto, donde pasó 24 horas refugiado junto a un grupo de personas en el coro del templo hasta que pudo salir caminando a través de varios kilómetros sobre el fango que tapió casas y edificios.
“Yo recuerdo que inicialmente parecía que aquello era el fin del mundo. La Guaira había quedado destrozada. Y bueno, pasaron los años y echamos pa’ lante (salimos adelante). Aquí va a ser lo mismo, con la ayuda de Dios”, señala. “Reconstruiremos materialmente el estado y reconstruiremos nuestras vidas. Ya tenemos experiencia”, sentencia Troconis.
Fuente: AFP.
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¿Alivia el cuerpo y el espíritu el hecho de ir a misa?
La práctica de rituales religiosos libera sustancias químicas que fortalecen los vínculos sociales e incluso aumentan el umbral de percepción del dolor, según un estudio realizado en Brasil y el Reino Unido. Varias investigaciones demostraron que algunos opioides producidos de forma natural por el organismo, como la betaendorfina, desempeñan un papel fundamental en el apego social de los animales y en las relaciones sociales de los seres humanos adultos.
Estas “sustancias químicas del bienestar” se liberan cuando adoptamos determinados comportamientos, lo que posteriormente contribuye a que nos sintamos unidos a los demás, explica a la AFP Valerie van Mulukom, coautora de un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Royal Society B. En los monos esto ocurre especialmente durante las sesiones de acicalamiento, esenciales para la cohesión del grupo. Sin embargo, en las sociedades humanas de gran tamaño, las interacciones cara a cara no bastan para reforzar los lazos sociales entre cientos o incluso miles de personas.
Una teoría del biólogo evolutivo británico Robin Dunbar sostiene que “desarrollamos ciertos comportamientos que nos permiten producir las mismas sustancias químicas que en las interacciones cara a cara, pero a una escala mucho mayor”, destaca Van Mulukom, investigadora en psicología de la universidad Oxford Brookes (Reino Unido).
“Estos comportamientos incluyen moverse de forma sincronizada (realizando espontáneamente los mismos movimientos), cantar juntos, hacer música juntos o saber que compartimos las mismas creencias”, explica.
En este contexto, ella y sus colegas estudiaron los rituales religiosos en 24 investigaciones de campo realizadas con fieles en el Reino Unido y Brasil.
Repetidos cada semana, “los rituales religiosos reúnen todos estos comportamientos. Cuando se asiste a una misa, por ejemplo, todos se levantan al mismo tiempo, rezan juntos, al final se desean mutuamente la paz, escuchan y cantan juntos”, señala la investigadora.
Conectados con Dios
En el Reino Unido, todos los participantes eran cristianos, aunque pertenecían a distintas confesiones (católica, anglicana, metodista y bautista).
En Brasil, los participantes practicaban el culto de la Umbanda, una religión afrobrasileña que combina el espiritismo, danzas y ritmos rituales africanos con oraciones e imágenes católicas.
Los participantes respondieron un cuestionario antes y después del servicio religioso sobre su sentimiento de pertenencia al grupo, que incluía preguntas como: “Pensando en todas las personas presentes, ¿hasta qué punto confía usted en los demás miembros de este grupo?”
Puesto que es imposible medir directamente la producción de opioides sin recurrir a procedimientos invasivos, y dado que estas sustancias actúan como analgésicos, los investigadores utilizaron un método habitual en los estudios experimentales: emplear el umbral del dolor como indicador indirecto.
Para ello, inflaron lentamente un manguito de presión -como los utilizados para medir la presión arterial- alrededor del brazo de cada participante antes y después del servicio religioso, hasta que este indicara sentir una “molestia importante”.
El resultado fue que, tras el ritual, el sentimiento de vínculo social era mayor que antes, al igual que el umbral del dolor. También aumentó ligeramente el afecto positivo (emociones agradables como la alegría, la serenidad y el placer), mientras que el afecto negativo disminuyó.
“Observamos que cuanto más conectadas con Dios se sentían las personas durante el ritual, más les ayudaba a crear vínculos con los demás”, destaca Van Mulukom.
Más allá de las actividades sincronizadas, “hay algo en las creencias que estas personas integran en su identidad que las une con mayor fuerza”, subraya.
“Del mismo modo que, si participo en una manifestación contra los combustibles fósiles porque coincide con mis creencias y mis principios, probablemente me sentiré más unido a los demás manifestantes que en un concierto, aunque en este último seguramente me mueva y cante de manera mucho más sincronizada con el resto”, concluye la investigadora.
Fuente: AFP.
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Pastores evangélicos hacen un llamado a la oración y solidaridad con el pueblo de Venezuela
La Asociación de Pastores Evangélicos del Paraguay hacen un llamado a la oración y la solidaridad con el pueblo venezolano ante el dolor de miles de familias que sufren la pérdida de vidas humanas, heridos y la destrucción de sus hogares por los terremotos que azotaron el país.
“Abrazamos en oración a todos los afectados, de manera muy especial a aquellos que hoy lloran la partida de sus seres queridos y a quienes han visto desaparecer, en un instante, el fruto del esfuerzo de toda su vida y sus bienes materiales”, manifestaron a través de un mensaje dirigido a la opinión pública.
Asimismo, elevan sus plegarias al Espíritu Santo para que los miles de damnificados reciban consuelo emocional y la fortaleza necesaria para sostenerlos en este tiempo de profunda aflicción.
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Extienden sus ruegos por las autoridades nacionales de Venezuela y por todas las instituciones civiles, bomberos, personal médico y uniformados que trabajan en las zonas del desastre.
“Pedimos protección, sabiduría y resistencia física para cada uno de ellos mientras trabajan arduamente en las tareas críticas de búsqueda y rescate de sobrevivientes”, expresaron.
Ayuda humanitaria
Los religiosos oran además por las etapas venideras de reconstrucción, no solo de la infraestructura física y material de las ciudades afectadas, sino del tejido social y emocional de las personas golpeadas por el fenómeno natural.
“Instamos a todas las iglesias evangélicas paraguayas a dedicar un tiempo especial de intercesión en sus reuniones de este fin de semana”, solicitaron.
Por otro lado, exhortan a la feligresía y a la ciudadanía en general a activar los canales de solidaridad y ayuda humanitaria que se dispongan a favor de nuestros hermanos venezolanos.
“Aplaudimos la buena voluntad de las autoridades de nuestro gobierno y su disposición para sumarse activamente a la ayuda internacional a Venezuela”, subrayaron.
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