Un brote de leishmaniasis se reportó en la ciudad de Acahay (Paraguarí) y hasta el momento afectó a dos adultos y un niño. Las autoridades sanitarias alertan del retorno de la enfermedad transmitida por un flebótomo, un insecto silente parecido al mosquito, que de no ser tratada oportunamente puede ser letal.
Los pacientes están con evolución favorable, tras recibir la medicación, aunque el niño se encuentra internado por precauciones debido a la medicación que recibe. “En este momento tenemos como casos positivos dos adultos y un niño que están estables. Hay dos adultos más que están en estudios”, refirió la doctora Auria Villalba, directora de la Novena Región Sanitaria, a “Info+” del canal GEN Universo 970 AM/Nación Media.
Villalba aclaró que los dos adultos positivos están siendo tratados de manera ambulatoria. “Se les hace previamente todos los estudios, análisis completo, ecografía abdominal, ecocardiograma. Se requiere siempre de todo un estudio completo tanto para el adulto como para el niño para poder iniciar el tratamiento”, comentó.
“Es una enfermedad que está retornando, justamente son los canes que albergan al protozoo porque es un parásito que se llama leishmaniasis. Es transmitido por el mosquito al igual que el dengue, zika, chikungunya. Afecta mucho más al perro, pero también afecta a humanos. Y esto está ocurriendo ahora en la ciudad de Acahay”, señaló la doctora.
“No tenemos una relación en cuanto a lo que es el animal de la casa propiamente, pero sí hay muchos perros sueltos en el vecindario que están recorriendo desde hace rato sin tener ningún control”, dijo Villalba. Los médicos denominan zoonosis a la afección que se manifiesta comúnmente con alteraciones en la piel. En cuanto al contagio en seres humanos, la profesional manifestó que tuvieron contacto cercano con perros infectados.
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Medicación oportuna
La médica advirtió que si la enfermedad no es tratada a tiempo puede ser letal. “En este caso nuestros pacientes están estables, las lesiones son solamente de piel por suerte y entonces, ellos están recibiendo la medicación adecuada en este momento”, remarcó.
Los perros callejeros que no tienen adecuado control veterinario son los adquieren el mal y lo van propagando. “Generalmente en el perro vemos que se le cae el pelo, que las uñas son más largas de lo normal, son garras de verdad. Afecta el crecimiento y la parte digestiva de ellos, a veces presentan muchos vómitos hasta que presentan debilidad general y se mueren”, explicó. En el caso de la leihsmaniasis, la transmisión puede darse del animal al humano, es por ello una enfermedad zoonótica.
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Un punto de encuentro entre la conservación y el turismo
La Ecorreserva Mbatovi, un emprendimiento que se inició a partir de una búsqueda familiar en el departamento de Paraguarí, resume una experiencia que conjuga conservación de la naturaleza, una oferta turística sostenible y profundo respeto por el medio ambiente.
- Fotos: Gentileza
“Comenzamos a percibir el logro de nuestro objetivo cuando nuestros clientes comenzaron a escribirnos diciéndonos cosas como ‘qué bien pasamos en familia’, ‘gracias por cuidar este lugar y permitirnos disfrutar de él’; y en el caso de las empresas, devoluciones como ‘es increíble cómo nos unió aún más como equipo compartir la actividad en la reserva’. Allí nos dimos cuenta de que estábamos cumpliendo a cabalidad la misión que nos habíamos impuesto como empresa: ‘hacer que la gente se sienta bien, disfrutando responsablemente de la naturaleza’”, comenta Jacinto Santa María, cabeza junto a su esposa Marta González Ayala del emprendimiento Ecorreserva Mbatovi, una iniciativa que se gestó hace más de dos décadas y que actualmente proyecta un hotel de nivel mundial.
En 1999, los esposos Marta y Jacinto, en procura de adquirir una casa de campo, llegaron hasta un rincón de la cordillera de los Altos, ubicado cerca de la ciudad de Paraguarí, y encantados por el extraordinario paisaje adquirieron el inmueble, primero para la familia, y después ya abierto a los visitantes.
“Nuestro emprendimiento fue concebido bajo la teoría del océano azul, que sostiene que hay que alejarse de la forma sangrienta en que las empresas incursionan y compiten en nichos de mercado saturado, y hay que esforzarse por generar productos innovadores que no existen en el mercado y crear un mercado para consumir esos productos nuevos. Eso es lo que hicimos al constituirnos en el primer parque de ecoaventura del Paraguay, en 2005. No fue fácil, pero eso nos dio una ventaja competitiva que mantenemos hasta hoy”, explica Jacinto.
MODELO DE CONSERVACIÓN
El modelo empresarial en este caso está inspirado en visitas a otras experiencias comparables en Costa Rica, México, Colombia, Perú y Brasil, lo que inclinó a la familia a apostar por la conservación de la naturaleza, una oferta turística sostenible, con profundo respeto por el medio ambiente.
“Una experiencia que realmente nos marcó fue recibir en el 2010 el premio ADEC como Emprendimiento Innovador del Año, sobre todo cuando explicaron por qué nos dieron el premio, porque ‘en un país en el que está tan arraigada la creencia de que solamente destruyendo la naturaleza se puede ganar dinero, la Ecorreserva Mbatovi demostró que conservar la naturaleza también puede ser un buen negocio’”, agregó Santa María.
EDUCACIÓN AMBIENTAL
En 2019, la reserva creó el Bosquescuela Mbatovi, un emprendimiento de educación ambiental, diseñado por especialistas, con el objetivo de generar conciencia en los niños y adolescentes acerca de la riqueza natural que existe en el Paraguay y los efectos que las acciones u omisiones humanas causan en el ecosistema.
La Ecorreserva Mbatovi es un punto de encuentro para experiencias familiares, grupales, individuales y también formativo-empresariales, donde muchas veces equipos de trabajo abordan programas relacionados con inteligencia emocional, adaptación a los cambios, fortalecimiento de la autoconfianza, trabajo en equipo y liderazgo, entre otras, en el contexto ecológico y de esparcimiento.
Hace tres años, el emprendimiento apostó por ampliar su oferta con el servicio de alojamiento boutique de alta gama. El resultado fue tan bueno que en 2025 la Ecorreserva Mbatovi recibió el Sello Verde de nivel Oro, del Sistema Nacional de Calidad Turística de la Senatur, convirtiéndose en uno de los tres únicos establecimientos a nivel nacional en gozar de esa categoría.
¿QUÉ OFRECE LA ECORRESERVA MBATOVI?
La Ecoaventura Tape Saingo: un camino colgante que consiste en una serie de actividades como el recorrido del Sendero Yvaropy, de 2.000 metros de longitud total, cuatro puentes colgantes montados sobre vegetación y arroyuelos, dos tirolesas y un descenso con cuerdas (rappel) por una pared natural de la serranía. Un recorrido normal, con un grupo de 40 personas, dura 3 horas, que puede variar según la cantidad.
El precio general de la ecoaventura es de G. 150.000. Los niños pueden participar a partir de los 6 años. No se requiere experiencia previa, pero sí buena condición física. Las actividades de lunes a viernes están sujetas a una cantidad mínima de 10 personas para habilitar el grupo. Consultas y reservas al (0981) 387-007.
ALOJAMIENTO
La suite del paraíso, con 50 metros cuadrados y una extraordinaria vista a la serranía, con jacuzzi panorámico para 2 personas. Precio G. 1.300.000 de lunes a jueves, y G. 1.500.000 de viernes a domingo.
La suite familiar cuenta con dos dormitorios con camas super king size 2x2; aire acondicionado; living comedor panorámico y baño con hidromasaje. Su capacidad es de 4 personas, extensible hasta 6. Precio G. 2.300.000 de lunes a jueves, y G. 2.500.000 de viernes a domingo.
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A 33 años de la tragedia de Acahay: el caso que conmocionó al país
Este sábado 31 de enero se cumplen 33 años de la tragedia de Acahay, uno de los episodios más conmocionantes de la historia reciente del Paraguay. El hecho fue protagonizado por el escribano José Vidal Céspedes Estigarribia, conocido luego como “el loco del volante”, quien a bordo de una camioneta Mitsubishi Montero mató a siete personas y dejó nueve heridas durante un furioso arrebato que aterrorizó las calles de la ciudad de Acahay.
La tragedia ocurrió en 1993, mientras la comunidad celebraba la tradicional fiesta del Oropel, un evento que reunía a familias y vecinos en un ambiente festivo. Vidal Céspedes, de 39 años, había llegado ese día desde La Paloma (Canindeyú), donde residía con su familia, para visitar su ciudad natal.
Horas antes del ataque, el escribano compartió un encuentro familiar en un arroyo de la zona junto a su esposa e hijos. Durante el almuerzo consumió bebidas alcohólicas, pese a tenerlo estrictamente prohibido debido a una reciente cirugía de páncreas y al tratamiento con medicamentos fuertes, indicaciones médicas que decidió ignorar.
Según declaraciones de sus familiares, tras el mediodía su comportamiento comenzó a cambiar, pues tenía la mirada perdida y se mostraba alterado, aunque continuó participando de la reunión mientras ingería alcohol y medicación. Cerca de las 16:00, de forma violenta y prepotente, obligó a su esposa e hijos a subir a la camioneta para regresar, generando temor y tensión en el grupo.
Durante el trayecto, Vidal comenzó a acelerar bruscamente, provocando el llanto y los gritos de sus hijos, lo que lo alteró aún más. En un punto del camino se detuvo y obligó a bajar a su familia. A partir de allí, volvió a arrancar el vehículo y se dirigió a gran velocidad hacia el casco urbano.
En su recorrido, arremetió deliberadamente contra todas las personas que se cruzaban en su camino, dejando un saldo de siete fallecidos, nueve heridos y la muerte de un caballo. Las víctimas fatales fueron Sergio Domínguez, Roberto Salvador Segovia, la niña Shirley Andrea Acuña, de apenas 4 años, Édgar Domingo Maldonado, los hermanos Francisco y Félix Bordón, y finalmente Rubén González.
El caso generó una profunda conmoción nacional, agravada por el hecho de que el autor era una persona conocida en la zona, de trato cordial con sus compueblanos y con intenciones de postularse como diputado.
Tras abandonar el vehículo, que fue hallado con rastros de sangre, Vidal se escondió en un cañaveral y fue detenido horas después por la Policía Nacional, con apoyo de militares. Durante su arresto afirmó no recordar nada de lo ocurrido, versión que no convenció a los investigadores del Ministerio Público.
El escribano fue condenado inicialmente a 25 años de prisión, pena que luego fue reducida a 22 años. Falleció en 2011, tras ser internado en un sanatorio privado por complicaciones derivadas de la diabetes. A más de tres décadas del hecho, la tragedia de Acahay sigue viva en la memoria colectiva como un recordatorio del horror que puede desatar la violencia sin control.
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Mitología, arte y confección: los sellos de Yaguarón
A tan solo 48 km de Asunción, al noroeste del departamento de Paraguarí, se encuentra la ciudad de Yaguarón, la ciudad que acuna la mitología guaraní, se arropa con confecciones de alta calidad y se adorna de cultura.
- Por Sara Valenzuela
- Fotos: Archivo
Más allá de la historia y los mitos, hoy Yaguarón es una ciudad que crece de manera efervescente con 32.000 habitantes, quienes en su mayoría se dedican a la confección, aunque también la olería, la ganadería y el turismo van ganando espacios claves en el desarrollo económico de la zona.
En conversación con La Nación/Nación Media, el intendente Luis Rodríguez precisó que actualmente una de las principales actividades económicas es la costura y la confección, por lo que en la ciudad hay 162 talleres textiles distribuidos en la zona urbana y en las rurales, y que a su vez estos talleres cuentan con 5 a 50 máquinas trabajando.
El jefe comunal indicó que el rubro de la olería es otro de los principales motores económicos, ya que en la zona están activas 50 fábricas. También la ganadería va ganando espacio, ya que en la región están asentadas numerosas fincas con producciones de diversa capacidad.
POTENCIAL TURÍSTICO
Debido a sus atractivos y su gran componente cultural, el turismo es también parte esencial de la comunidad de Yaguarón, la cual es conocida por sus diversas actividades y lugares icónicos.
“Nuestro principal eje de desarrollo es el turismo. El turismo con respecto a la riqueza histórico-cultural de la ciudad, que sin duda alguna es un factor diferenciador”, remarcó el intendente.
Destacó que uno de los principales puntos de atracción y que forma parte de la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial de la Unesco es el templo de San Buenaventura, construido entre los siglos XVII y XVIII, considerado un testimonio único del barroco guaraní.
Así también, el cerro de Yaguarón convoca a miles de turistas cada año, pero en especial en Semana Santa, ya que en medio de las pendientes se recrean las 14 estaciones de la pasión de Cristo, conectando finalmente con el oratorio Gamarra, en la cima, desde donde se pueden apreciar las ciudades de Pirayú, Itá, Paraguarí y Carapeguá.
Otro punto clave es la gruta de santo Tomás, donde cuenta la leyenda que vivía el pa’i Sumé, quien dejó huellas de su paso por esta región. Este camino, venerado por los antiguos aborígenes, es el que el sacerdote habría recorrido hacia la tierra sin mal, prometiéndoles volver.
RIQUEZA MUSEÍSTICA
Además de actividades al aire libre, la ciudad cuenta con una variedad de museos, entre los que se destaca el Museo Nacional Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, ubicado a solo 100 m de la iglesia. Conserva pertenencias del Dr. Francia y numerosos objetos del siglo XIX.
También está el Museo de la Memoria, un espacio conmemorativo a los veteranos yaguaroninos de la guerra del Chaco; el Museo Táva Jaguaru, un espacio de cultura indígena ubicado en la cima del cerro Yaguarón, y el Museo Ramón Bogarín Arámbulo, una casa-museo dedicada al maestro cultural yaguaronino.
Yaguarón también es asiento de una de las más antiguas tradiciones musicales de Paraguay: la banda Peteke Peteke, de la compañía Guayaibity, que utiliza instrumentos musicales de los originarios indígenas.
“El turismo mueve muchísimo debido al desarrollo inmobiliario que causa; hace que también las personas quieran venir a invertir en Yaguarón, poner su negocio o tener un terreno y una casa aquí. Eso mueve muchísimo al sector de la construcción en todos los sentidos”, precisó el jefe comunal.
El city tour cultural e histórico denominado “Yaguarón de ensueño” se convirtió en una actividad que atrae a muchos visitantes desde hace algunos años. Este recorrido nocturno por la ciudad ofrece un encuentro con personajes de la historia paraguaya y de la zona, como es el caso de la bruja Micaela Yahari. El paseo incluye además la visita a museo Dr. Francia, el templo de San Buenaventura y finaliza con una caminata por el cerro, en la que se puede apreciar la vista de la ciudad.
TOPONIMIA
La teoría sobre el significado y el origen del nombre de la ciudad tiene dos vertientes principales: por un lado, la mitológica, que se centra en que en el cerro rondaba un ser mitológico con cabeza de perro y cuerpo de reptil, que terminó siendo llamado “jagua”, perro, y “ru”, padre.
La segunda hipótesis es más histórica, ya que en la región, antes de la llegada de los españoles, habría estado asentada ya una tribu cuyo líder habría tenido por nombre Ñaguaru, que era un respetado y temido mburuvicha. Con el paso del tiempo, el término fue transfonetizado por las dificultades en la pronunciación para los conquistadores, por lo que el lugar pasó a ser denominado Yaguarón en lugar de Ñaguaru.
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Cerro Vera, una de las grandes vistas del paisaje paraguayo
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Jorge Jara
Para llegar al mirador del cerro Vera de Acahay, departamento de Paraguarí, se recorren senderos de bella vegetación, entre la que se destacan los caraguatás de gran tamaño, las flores silvestres, el aire de gran pureza. Recorriendo el área se pueden avistar los cerros vecinos, los campos preparados para cultivos, mirar la vida desde sus 348 metros de altura. Aquí un acercamiento a sus paisajes y características geológicas en la mirada de una especialista.
Los yryvu hu despliegan su plumaje negro, brillantes al sol. Parecen custodiar el paisaje imponente, el mbokajaty que se despliega en el valle y se trepa a los cerros; el camino de piedra y tierra colorada que se ve como un sendero desde la altura.
Trepar, subir la montaña, desde que el hombre es tal, tiene efectos terapéuticos, ayuda a valorar esfuerzo y consecución. Cuando se corona una cima, algo cambia para bien.
Ubicado a 130 kilómetros de Asunción, se encuentra en la compañía Pintos, de Acahay, y es uno de los espacios preferidos por jóvenes aventureros y viajeros que buscan adentrarse en el paisaje nacional.
Esta situación puede verificarse en las redes sociales, donde en pequeños videítos la gente se filma subiendo el cerro, acampando, en caminatas en familia, inclusive escalando, practicando montañismo.
ACCESO
Desde la capital se puede llegar a velocidad promedio en dos horas y media hasta el punto de entrada, que está sobre la ruta PY-18, en el tramo que une Acahay con La Colmena. El ingreso está indicado por un pequeño cartel que dice “Cerro Vera-Rubio Ñu”, aunque para más precisión se puede buscar en internet como “Entrada al cerro Vera” y obtener la guía de navegación y el mapa que lleva hasta el sitio.
Una vez allí, hay dos maneras de acceder. Se puede ir con vehículo familiar hasta un estacionamiento y después seguir la travesía a pie o, si se dispone de un 4 x 4, avanzar en un camino algo difícil que acerca hasta el mirador.
LA INMENSIDAD
Las rocas, la formación del cerro tienen una historia especial. Dice la geóloga Ingrid Godoy: “La verdad que es muy impresionante, siempre sorprende y hay cosas nuevas que nos dan una visión de lo pequeños que somos y de lo mucho que tenemos que aprender de lo impresionante que es la naturaleza”.
Lo hace mientras explica los pilancones, una formación especial que se avista en el mirador del cerro, suerte de pequeñas piletas que acumulan agua de lluvia y, al verlas desde cierta distancia, asemejan un rostro, una máscara.
“Es un ejemplo muy bueno de la fuerza de la naturaleza, del transcurrir del tiempo, porque eso se va formando por granitos de arena que se quedan en un hueco en la roca y con el paso del tiempo con ayuda del agua y del viento van puliendo la roca hasta formar oquedades que posteriormente forman estas piletas naturales”, indica.
VEGETACIÓN
Las piedras tienen unas manchas muy particulares. “Son un tipo de alga llamadas líquenes que se forman en ambientes de aire puro, ya que no podemos encontrar en ambientes con aire contaminado. Entonces, eso ya es una característica de cierto tipo de lugares nada más y la vegetación también. Como estas son rocas que acumulan agua, entonces de a poquito las algas mismas van a ir evolucionando y dando origen a esta vegetación que vemos acá”.
También el verde hace su trabajo en la elevación. “La vegetación forma otro tipo de erosión, que es la meteorización biológica. Así se dice cuando las plantas mismas se van enraizando, van rompiendo la roca y formando de repente un poco de suelo también sobre los cerros”, comenta.
Allí desde el mirador se pueden apreciar dos formaciones erigidas en vertical que se escindieron del cerro Vera por obra de la erosión. “Estos son unos inselberg o iceberg de roca”, cuenta Godoy. “Aquí cerca tenemos el cerro Pa’û, donde por la erosión se fue construyendo ese paso que lo identifica, pero en este caso las formaciones quedaron un poco más alejadas”, dice.
Sobre ellos y entre las grietas vuelan y se posan los yryvu con gran señorío, se les admira la perspectiva, que apenas podemos imitar con el vuelo del drone con las imágenes de esas paredes de areniscas con cuarzos que el sol pone a brillar y que le dieron nombre a este bello cerro Vera.
UNA PRESENCIA DE MILLONES DE AÑOS
El cerro Vera está formado por areniscas del Ordovícico, característica del bloque Cordillerita y para adquirir su forma actual fueron necesarias erosiones tectónicas, fluviales y también eólicas, cuenta la geóloga Ingrid Godoy, de Geopetram E.A.S.
“Fue formado por erosión estructural, por el evento que dio origen al rift de Asunción”, una acumulación importante de sedimentos que ocurrió en el Mesozoico, hace 60-65 millones de años aproximadamente. Aunque las rocas “sobre las que estamos parados tienen una formación de entre 440 y 480 millones de años aproximadamente”, explica.
“A este tipo de estructura se le llama tepuy, una clase de meseta especialmente abrupta, con paredes verticales y cimas relativamente planas y es parecida a la del monte Roraima en Venezuela. La diferencia es que allá tiene rocas precámbricas, pero acá en el cerro Vera lo que tenemos son rocas de edad ordovícica”.
SEDIMENTACIÓN
Las areniscas ordovícicas, rocas sedimentarias, se forman en ambientes marinos a través de la acumulación y compactación de sedimentos arenosos, que luego son cementados. “O alguna vez estuvieron bajo el mar y se elevaron o la erosión fue cavando los valles”, cuenta la especialista.
El Ordovícico es el segundo sistema y período del Paleozoico en la escala temporal geológica. Sucede al Cámbrico y antecede al Silúrico. Comenzó hace unos 487 millones de años y terminó hace unos 443 millones de años. Debe su nombre a la tribu celta de los ordovicos, que vivieron en el centro y norte de Gales, lugar donde el geólogo inglés Charles Lapworth identificó este sistema en 1879.
Sigue contando Godoy que el cerro Vera está compuesto de “areniscas feldespáticas que tienen mucho mineral de feldespato, son mayormente cuarzosas de óxido de sílice, pero también tienen mucho contenido de feldespato, que es lo que le da una coloración anaranjada y también podemos encontrar de repente zonas arcillosas, capas de areniscas intercaladas con arcilla. Minerales más duros como hierro en estas formaciones no hay”.
Apunta que a pesar de ello “pueden tener algunas concreciones de hierro, de manganeso, pero a nivel superficial, no como parte de la composición de la roca”.
El cerro Vera vendría a ser una “colita” de las formaciones que se aprecian en Cordillera: “Es como una continuación hacia el sur de lo que es la cordillera. En algún momento capaz estuvieron unidos, pero por los eventos estructurales, ya sean fallas o fracturas, se separaron”, sostiene.
ALTO INTERÉS TURÍSTICO
Todavía está pendiente la declaración de reserva natural y de interés turístico del cerro Vera desde su acceso hasta la cima, que facilitaría el acceso al sitio. Hubo acciones en este sentido desde la intendencia de La Colmena, iniciativas a nivel departamental en Paraguarí, pero también se busca interesar a los legisladores nacionales para avanzar en este tema.
La declaración de monumento natural sería una forma de proteger la vegetación y la fauna del lugar, una calidad que ya tiene el cerro Acahay, lo que daría más herramientas al Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) para custodiar el lugar.
Unas decenas de hectáreas del cerro son de propiedad privada y en algún momento se llegó a prohibir el acceso a visitantes, situación que hoy en día no se da.
Vale recordar que el Código Civil Paraguayo, en su artículo 1898, indica: “Son bienes del dominio público del Estado:
a) las bahías, puertos y ancladeros; b) los ríos y todas las aguas que corren por sus cauces naturales, y estos mismos cauces; así como las aguas subterráneas c) las playas de los ríos, entendidas por playas las extensiones de tierras que las aguas bañan y desocupan en las crecidas ordinarias y no en ocasiones extraordinarias; d) los lagos navegables y sus álveos; y e) los caminos, canales, puentes y todas las obras públicas construidas para utilidad común de los habitantes. Los bienes del dominio público del Estado son inalienables, imprescriptibles e inembargables”.
Como se lee, el mismo no incorpora a los cerros, por lo que debería darse un tratamiento legislativo especial para garantizar el disfrute público del lugar de manera sostenible y respetuosa con el entorno.