Cultura es escuchar sonar 13 Tuyutí un domingo temprano en el campo; es el rap y el rock fusionados con la polka y la guarania vibrando en escenarios con poderosas bandas nacionales; es el conocimiento ancestral de los chamanes y el ñanduti en las vidrieras del mundo. Foto: Archivo
Cultura es escuchar sonar 13 Tuyutí un domingo temprano en el campo; es la procesión iluminada con velas de apepu en el mágico Tañarandy de Koki Ruiz, es el rap y el rock fusionados con la polka y la guarania vibrando en escenarios con poderosas bandas nacionales; es el conocimiento ancestral de los chamanes y el ñanduti en las vidrieras del mundo.
La cultura es ese diálogo entre la tradición y la innovación que debemos impulsar. Es el factor clave para el progreso de una nación, ya que expresa su identidad, sus valores, su historia y su diversidad.
Y como todo motor de innovación, creatividad y cohesión social, la cultura debe ser reconocida, protegida y promovida con el apoyo de políticas públicas pues contribuye al bienestar de las personas y al fortalecimiento de la democracia.
Sin el guarani, sin las bellas esculturas de la Plaza Uruguaya, sin los emblemáticos edificios del casco histórico o sin las chipas de Barrero que forman parte de nuestros viajes al interior sería difícil, si no imposible, comprender la complejidad de nuestra identidad como pueblo.
Las políticas públicas deben estar basadas en el respeto a los derechos culturales de todos los ciudadanos, en el fomento de la participación ciudadana y en la articulación de los diferentes actores e instituciones del sector cultural.
Ninguna cultura florece sin el apoyo de políticas públicas. En este sentido, es alentador el compromiso de la ministra de Cultura, Adriana Ortiz, quien apunta a la promoción de iniciativas orientadas a consolidar la institucionalidad cultural, a fortalecer el patrimonio cultural material e inmaterial, a promover las industrias culturales y creativas, a impulsar la educación artística y cultural, a fomentar la diversidad cultural y a facilitar el acceso a la cultura para todos los sectores de la población.
Entender la cultura como un derecho humano fundamental y como un factor estratégico para el desarrollo sostenible no solo debe ser una tarea del Estado, también debe ser asumida por el sector privado, especialmente por las empresas que tienen una responsabilidad social con la sociedad y el medio ambiente.
Cuando vemos estudiantes de las escuelas rurales con internet gratuito y contenidos educativos digitales; o acciones que incentivan el reciclaje de envases plásticos, que promueven la conservación y el uso racional de los recursos naturales mediante implementación de buenas prácticas ambientales, es probable que sean el fruto de programas desarrollados por el sector privado que entiende que la responsabilidad social empresarial (RSE) se define como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental de las empresas.
Esto implica ir más allá del cumplimiento legal y ético de sus actividades económicas, e incorporar en su gestión los intereses y las expectativas de sus grupos de interés: clientes, proveedores, empleados, accionistas, comunidades locales y sociedad en general.
La RSE no solo beneficia a estos grupos de interés, sino también a las propias empresas, ya que mejora su imagen pública, su reputación, su competitividad y su rentabilidad. Además, la RSE contribuye al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas para el año 2030.
Es un imperativo reflexionar sobre el rol que cada uno de nosotros puede tener en el desarrollo cultural y social de nuestro país. No se trata solo de ser espectadores o beneficiarios de las políticas públicas o de las acciones empresariales, sino también de ser protagonistas y participantes activos. Cada uno de nosotros puede aportar con su talento, su creatividad, su solidaridad y su compromiso a la construcción de una sociedad más justa, más inclusiva y más sostenible.
“Subsiste la cultura de la desigualdad y la discriminación”
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Fotos: Carlos Juri
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe a la docente, investigadora y experta en derechos humanos Liliana Zayas Guggiari para abordar la dramática realidad de los feminicidios y la violencia contra las mujeres. A pesar de los avances normativos, la académica apunta que persiste la falta de coordinación institucional y, sobre todo, una arraigada cultura machista que coloca a la mujer en una situación de inferioridad y sumisión con relación al varón.
–Cuando un hombre mata a su pareja o su expareja como desenlace de una serie de hechos que debían haberse advertido antes, ¿ante qué estamos?
–Cuando estamos ante la muerte violenta de una mujer, una muerte feminicida, como lo dice nuestra ley, no estamos ante un crimen pasional, no es un problema de pareja. Es el punto final, es la culminación de una serie de violencia que puede haber empezado como una violencia patrimonial, una violencia psicológica, violencia física y la desvalorización misma de la mujer. El punto final de la violencia más extrema es la violencia feminicida, es decir, la muerte violenta de una mujer por ser mujer. Y eso es muy interesante analizarlo porque hubo mucho debate en por qué no es un homicidio agravado en razón del vínculo. Cuando hablamos de una violencia feminicida, hablamos de la condición de género, de ser mujer de esta víctima y tiene que ver con esa construcción social cultural, estructural que existe donde a la mujer se le coloca en una situación de inferioridad, de sumisión con relación al hombre. Y es una cultura prendida, es una cultura que se va transmitiendo y que quedó imperante en la sociedad y que clasificó a las mujeres y desclasificó, realmente en otros aspectos, con una amplia visión de desigualdades y de discriminación.
–Dentro de la cultura hay un componente que me parece transversal en este debate, que es el machismo, ¿no?
–El machismo es la cultura arraigada en nuestra sociedad, donde pretenden confundir con las diferencias de sexo. Cuando hablamos de género, hablamos de un constructo social cultural que se puede cambiar, que se puede desaprender. Nos enseñaron a las mujeres que correspondemos al ámbito privado, es decir, a la casa, al cuidado de los hijos, al cuidado de los adultos mayores, al cuidado de los enfermos y el hombre al ámbito público, es decir, el hombre, el proveedor, el hombre es el líder, el hombre poderoso y la mujer débil.
FACTOR CULTURAL
–¿Qué otros asuntos están fallando en nuestro sistema para que estas cosas sigan ocurriendo?
–Hay dos cosas muy importantes que señalar. En los últimos 10 años hubo un avance normativo. Está el principio de igualdad constitucional entre mujeres y hombres. Está una ley especial, que es la Ley 5777, que justamente tiene el objetivo de visibilizar esta problemática de las desigualdades, establece 15 formas de violencia: violencia psicológica, violencia patrimonial, violencia contra la dignidad, violencia sexual, etc. Este avance normativo que hoy tenemos 10 años después –podemos evaluar si fue suficiente o no– no fue acompañado de la cultura. Esta normativa, primero, no es conocida ni por las propias mujeres ni por la sociedad. Y en segundo lugar, subsiste la cultura de la desigualdad y la discriminación y esto se traduce no solamente en hechos de violencia, sino con otras brechas como ser la violencia política, que lo que tiene como consecuencia es el desgano de la mujer de postularse o de llevar adelante una campaña, mismos por los roles y estereotipos que tienen, que subsisten de que la mujer tiene que estar en la casa. Entonces, ¿qué políticas públicas se pueden acompañar ante la falta de representación de las mujeres para poder liderarlas y traducirlas en acciones?
–Y aun así lo ideal sería que no fuera tanto desde la imposición de una política pública o una ley, sino desde la cultura de una sociedad, ¿no?
–Totalmente. Subsisten las brechas salariales, el acceso a la salud. Actualmente estoy trabajando en lo que va a ser el 5.º Plan Nacional de Igualdad entre Mujeres y Hombres desde una consultoría y lo interesante acá que el diagnóstico relata que estas brechas de desigualdades y que en materia de violencia, por darte un ejemplo, 8 de 10 mujeres son víctimas de violencia en nuestro país. La violencia más denunciada, obviamente, es la violencia sexual y la violencia intrafamiliar. Y entonces, si analizamos la reacción del Estado, de las instituciones y de la misma sociedad con esta problemática, vemos que realmente solo se exacerba nuestra sociedad ante el hecho consumado, ante el resultado de la muerte violenta de la mujer o ante la cifra de que ingresaron 32.000 denuncias el último año de violencia intrafamiliar. Entonces, ¿por qué no llegamos antes?
CONTROL Y DOMINIO
–Nada puede funcionar mientras en un país las personas se mueren por ser mujer. Es durísimo, pero es así, ¿no?
–Y eso es proporcional al desarrollo. Si en nuestro país las mujeres siguen muriendo en manos de sus parejas o exparejas por su condición de mujer. Y hay características propias de dónde dejan a las mujeres tiradas en un escampado, en un basural, en un cementerio, en un raudal, como Deisy, y que luego la amenaza de quitarse la vida el agresor, como en muchos casos así sucede y que no sucede en otro tipo de hechos, sino por ese dominio, ese control y esa pérdida de control cuando la mujer decide terminar con la relación.
–¿En qué medida es celo y en qué medida es afán de propiedad de una persona el detonante?
–Muchos me preguntan si hay un prototipo de agresor. Por eso hago un poco este enlace con tu pregunta, si son celos o ánimo de propiedad. El agresor lo que no quiere perder es el control, el dominio. Y cuando se trata de una mujer que de repente tiene su propia independencia, que quiebra esa normativa o ese mandato de que la mujer tiene que ser sumisa, calladita te ves más bonita, la mujer es madre, entonces, lo que se espera de la mujer, que siempre la mujer tiene que estar rindiendo cuentas de la buena y la mala mujer. Fijate un poco lo que era el código penal anterior de Teodosio González. No era lo mismo la sanción por una violencia sexual que si era una una buena mujer o si era una prostituta. O sea, se clasificaba a las mujeres. Y también el hombre. Lo que hoy es el feminicidio, el hombre estaba exonerado de culpa y pena si mataba a su mujer por encontrarla en una situación de adulterio.
–Era un asesino legal...
–Exactamente. Estaba tolerada la muerte violenta de su esposa por haberla encontrado en esa situación. Hay una transformación normativa. Fíjate, la violencia sexual era un hecho punible contra el honor. Hoy es un hecho punible contra la autonomía, contra la libertad. Entonces, esta transformación tiene que ver con una transformación cultural y posicionamiento de la mujer como persona.
PROTOCOLOS INTERINSTITUCIONALES
–Policía, Fiscalía, Poder Judicial, ¿en dónde falla cuando ocurren ciertas alertas y termina muriéndose una de ellas?
–Dentro de mi experiencia por mi paso como fiscala de la Unidad de Violencia Intrafamiliar del Ministerio Público y mi paso por el Viceministerio de Protección de los Derechos de las Mujeres, mi diagnóstico de por qué no funcionan los protocolos interinstitucionales o los protocolos internos de las instituciones comprometidas por ley a políticas de prevención y de protección a las mujeres es porque trabajan por separado. Escuché en estos días que todas estas instituciones estaban manifestando un trabajo articulado, pero no pasa de una expresión de deseo. Cuando llega el momento, la denuncia que recibe la Fiscalía no recibe el Juzgado de Paz para aplicar las medidas de protección, no recibe el Ministerio de la Mujer para el acompañamiento que hacen en materia de contención y apoyo con psicólogas especializadas o trabajadoras sociales especializadas. Es decir, pude verificar, dicho por la propia viceministra, que ellos toman conocimiento de la denuncia de Deisy una vez que ya estaba muerta. Siguen trabajando en compartimientos estancos, siguen diciendo “pero está la otra institución que tenía que hacer esto o aquello” y así no se puede llegar antes que sucedan los hechos.
–¿Existe un perfil reconocible en esta persona que un día va a transformarse en una bestia, si no lo es ya, y va a proceder a poner el punto final en la vida de una persona?
–Lo primero que hay que dejar en claro es que no es un problema de salud mental, sin perjuicio de que en algunos casos muy específicos pueda haberlo, pero es un hombre que realmente es sano, que puede ser el mejor compañero de trabajo, que en su vida pública se destaca hasta profesionalmente, pero que la agresión deja para la intimidad, para el ámbito familiar. La violencia en el ámbito intrafamiliar dirigida a la mujer es un delito continuo. No es un delito de resultado, como sí es el feminicidio, que termina con la muerte violenta de la mujer. Es un crimen que puede empezar con un menoscabo, con una humillación, con un golpe a la pared, con romper objetos, con el silencio. A veces está la ley del hielo, de no hablarle un mes o de decidir sobre los bienes propios de la mujer en el marco de una violencia. Es la suma de muchas formas de violencia que van en aumento. Porque ¿quién es el autor? Es la pareja, es el padre de los hijos, es justamente el profesional exitoso y a veces ella, por ese mandato social cultural de que tenés que casarte, tenés que hacerte cargo de tus hijos, llega un momento en que posterga hasta su propia realización profesional por ese mandato de que hay que aguantarlo todo.
MANDATO SOCIAL
–¿Cuáles son las razones culturales por las cuales se demora tanto una cancelación de una relación en ese contexto?
–Empecemos por la religión. “Hasta que la muerte nos separe”. Suelo escuchar en algunas bodas que estuve “mujer, sométete a tu marido”, que está en el texto bíblico. Pero me alienta haber escuchado sermones en estos últimos fines de semana y en otras ocasiones ya de obispos, donde llaman la atención sobre esta muerte violenta. Yo soy creyente y no creo que Dios quiera para nadie este sufrimiento. Cuando uno, por un mandato social, cultural o religioso acepta ese sometimiento, acepta ese mandato de que si querés tener marido tenés que aguantar, que una mujer sola no puede estar, que tenés que tener hijos apenas te casaste, es decir, ese rol que se le da a la mujer. Eso valida finalmente que la mujer siga en ese ambiente de violencia, y que, sobre todo, retrase el reconocerse como víctima. Cree que eso es normal, que eso es natural. Esa validación debe ser desaprendida y el mandato social, la falta de acompañamiento de la familia, el no querer meterse por considerar que es un tema privado, desalienta a la mujer que está padeciendo esa violencia a pedir ayuda.
–¿Cuál es la interpretación que tiene el hombre violento, el golpeador, ante una actitud de su pareja de plantearle que eso tiene que acabar?
–Cuando la mujer quiebra ese mandato y dice “me quiero separar o no quiero volver”, el hombre agresor toma eso como un desafío, una pérdida de dominio, una pérdida de control, una pérdida de su derecho de propiedad y hay algo en el enlace de dónde terminan las mujeres muertas. En un basural, porque las tiran como si fueran una cosa que ya no sirve. Entonces, las características del feminicidio no son aisladas. Son muy sensibles y se puede entender el tema que te decía de por ser mujer. Cosifican la persona de la mujer, por eso es muy importante hablar acá de persona, no solamente de madre, amiga e hija, sino de sus derechos como persona, sus derechos humanos como mujer, a tener una vida libre de violencia.
ANULAMIENTO
–Me pregunto también en qué medida la persona víctima tiene cierto grado de obnubilación para tener una conciencia crítica sobre qué hacer.
–Estamos acostumbrados a poner la carga de la decisión en la mujer que está padeciendo violencia. La mujer que ya fue víctima de violencia llega un punto en que está totalmente anulada para entender que está viviendo eso. Y es ahí donde entra otra vez la cultura. ¿Por qué sigue con él?, ¿por qué no denunció antes?, ¿por qué se arregló otra vez? Yo suelo escuchar en ambientes sociales “pero ella volvió, yo ya no me voy a meter, yo ya le ayudé una vez”.
–¿Tenés esperanza en que a corto plazo cambie este estado de cosas? ¿Qué cosas tienen que cambiar para que esas esperanzas funcionen?
–Tengo esperanza, trabajo en esto por convencimiento, forma parte de mi persona, no solamente de mi labor profesional. Me identifico con visibilizar esta problemática y hacer algo al respecto. Tengo esperanza y quiero creer que el Estado va a funcionar para proteger y que la sociedad va a cambiar su concepto y sus mandatos sociales y culturales, porque somos la mitad de las mujeres de nuestro país la que lo padecemos. No podría estar sentada aquí contigo si no creyera que esto va a cambiar y tiene que cambiar cuanto antes. Algo que tiene que cambiar es cómo se denuncia, tiene que haber una ventanilla única. Hay tecnología que no había hace 10 años. Hoy si yo compro un café la factura se va a ir directo a la DNIT. Entonces no me explico por qué esa denuncia en el Juzgado de Paz, en la Fiscalía, rápidamente también no la recibe el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de la Defensa Pública. Pongamos voluntad.
Subsecretario estadounidense traerá propuestas de inversiones y cooperación
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El subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau, habló del propósito de su visita oficial, tanto a Paraguay, como Argentina, en los próximos días. Landau llegará a Paraguay mañana domingo, y permanecerá en el país durante tres días, oportunidad en que abordará con las autoridades nacionales principalmente en el ámbito de las inversiones de capital y cooperación.
“Me entusiasma viajar a Paraguay y Argentina la próxima semana para reunirme con líderes políticos, de seguridad y del ámbito económico, y conversar sobre las oportunidades para profundizar la cooperación entre nuestros países”, expresó el alto funcionario de la Casa Blanca.
Agregó que “en particular, dialogaremos con empresas e inversionistas estadounidenses sobre cómo nuestro capital y nuestros conocimientos pueden contribuir a generar prosperidad económica tanto para ellos como para nosotros”.
Por otra parte, se refirió a lo que significa esta visita particularmente y su reencuentro con la tierra paraguaya. “Este viaje también tendrá un significado personal muy especial para mí, ya que crecí en Paraguay y estudié durante cinco años (1972-1977) en el Colegio Americano de Asunción, cuando mi padre se desempeñaba como embajador de los Estados Unidos”, refirió.
Destacó además la confianza y la oportunidad por parte del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien le encomendó esta misión. “Agradezco al presidente Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio por esta oportunidad de promover nuestros objetivos diplomáticos en una región del mundo que forma parte de mi propia historia de vida”, puntualizó.
Landau responde a desacertado comentario de periodista: “No es de ninguna manera una breve escala”
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El subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau, realizará una visita oficial a Paraguay durante tres días. El alto funcionario de la Casa Blanca arribará mañana domingo 18 de octubre, y se prevé una cargada agenda con varias reuniones. En el marco de esta visita, Landau cuestionó y respondió a un comunicador que calificó su visita como “una breve escala”, teniendo en cuenta que también está programada una visita a Argentina.
“No sé cómo se le ocurre describir mi próximo viaje al Paraguay como ´una breve escala´ en un ´viaje a Buenos Aires´. Al contrario, estaré en el Paraguay tres días y solamente dos días en la Argentina. Una visita de tres días, incluyendo reuniones en el interior además de Asunción, no es de ninguna manera ´una breve escala´”, aclaró el alto funcionario a través de su cuenta oficial de X.
El alto funcionario describió esta visita como muy emotiva, ya que también residió en Paraguay durante una misión diplomática de su padre en el país, y ahora visitará nuevamente como subsecretario de Estado del Gobierno de los Estados Unidos.
“La visita se ha planeado a lo largo de varios meses, e incluirá importantes reuniones con empresarios e inversores estadounidenses. Además, será una visita muy emotiva para mí a nivel personal cómo el único vicesecretario de Estado en la historia de mi país que creció en el Paraguay, estudió allí cinco años, y aún tiene muchos amigos y recuerdos paraguayos”, sentenció.
De acuerdo con el informe de la Embajada estadounidense, “en Asunción, el vicesecretario encabezará una delegación comercial de empresas estadounidenses para explorar oportunidades de inversión en Paraguay. Se reunirá asimismo con altos cargos del Gobierno paraguayo para reafirmar la histórica alianza estratégica entre Estados Unidos y Paraguay. Analizarán formas de ampliar el comercio y la inversión, profundizar la cooperación en materia de seguridad regional y combatir la delincuencia transnacional”.
Fundada en 2004 por iniciativa vecinal, la institución rinde homenaje al Premio Cervantes paraguayo y se consolida como un pilar fundamental para la educación, la lectura y la identidad cultural del distrito. Foto: NM
Capitán Miranda celebra 22 años de historia de la Biblioteca “Augusto Roa Bastos”
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Rocío Gómez, corresponsal en Itapúa.
En el marco del Día del Bibliotecario, la comunidad de Capitán Miranda rinde un merecido homenaje a la Biblioteca Municipal “Augusto Roa Bastos”, un faro cultural que desde hace más de dos décadas se mantiene como pilar indispensable para el aprendizaje, la lectura y la formación de nuevas generaciones.
Fundada en el año 2004 por iniciativa de la Asociación de Lectores y vecinos comprometidos, la biblioteca nació del anhelo de brindar al distrito un espacio digno para las letras y la investigación.
Bautizada en honor al célebre Premio Cervantes paraguayo, lo que comenzó como un modesto proyecto comunitario creció con el tiempo hasta consolidarse como un valioso símbolo de compromiso con la educación. A lo largo de sus 22 años de trayectoria, sus pasillos han sido testigos del paso de miles de niños y jóvenes que encontraron en sus libros el impulso para construir su futuro.
Más de una década de vocación al frente
Desde hace más de diez años, el motor humano de este espacio es Joana Silveira, cuya labor abnegada y vocación permanente garantizan que la biblioteca no sea solo un depósito de libros, sino un punto de encuentro cálido y activo. Bajo su gestión, el recinto se ha adaptado a los tiempos modernos, siendo una aliada constante para estudiantes de todos los niveles y promoviendo la investigación y el hábito de la lectura.
La conmemoración del Día del Bibliotecario reafirma el valor de quienes, como Joana Silveira y los pioneros de 2004, preservan el conocimiento y defienden la identidad cultural de Capitán Miranda frente a los desafíos de la era digital.