Este miércoles, una familia fue víctima de un terrible asalto en la ciudad de Villa Elisa, donde los malvivientes actuaron en forma violenta todo el tiempo y los tuvieron de rehenes por unos minutos. Se trata de tres delincuentes que se desplazaban en un automóvil y que se llevaron joyas más dinero en efectivo. No se reportaron heridos.
El hecho se registró esta mañana, cuando la familia estaba dentro de su vivienda y fue emboscada por los tres delincuentes que llegaron en un automóvil de la marca Toyota, modelo Funcargo. “Fueron tres personas con armas de fuego quienes sorprendieron a la familia dentro de la casa”, detalló el comisario Alberto Quiñónez en entrevista con canal Trece.
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Explicó que estas personas ingresaron aparentemente por la vivienda de la madre de la una de las víctimas, que está hacia el fondo y que la mujer pidió ayuda, por lo que cuando abrieron la puerta se encontraron con los malvivientes. “Todo el tiempo exigían la entrega de dinero y comenzaron a buscar, estuvieron en el lugar unos 10 a 15 minutos”, apuntó.
Agregó que finalmente se llevaron tres aparatos celulares, dinero en efectivo que sería G. 1 millón y joyas de la familia. “Tras el atraco se dieron a la fuga en el vehículo y hasta el momento se encuentran prófugos”, indicó.
Quiñónez resaltó que están realizando las investigaciones pertinentes y en la búsqueda de imágenes de cámaras de circuito cerrado para tener mayores detalles de los delincuentes. Es la primera vez que la familia pasa por algo así, la pareja es de visitadores médicos y hace seis meses alquilan la vivienda donde ocurrió el hecho.
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Nadia, la playera que evitó una tragedia: rescató a dos niños que escaparon de una guardería
Lo que comenzó como una mañana laboral más para Nadia Báez terminó convirtiéndola en la protagonista de una historia que pudo haber acabado en tragedia. La trabajadora de una estación de servicios de Villa Elisa rescató a dos niños de entre 2 y 3 años que habían salido sin supervisión de un centro infantil y caminaban solos, descalzos y desabrigados hacia una avenida de intenso tránsito.
El caso, ocurrido el miércoles alrededor de las 10:18, sigue generando repercusiones por las interrogantes que deja sobre los controles en el Centro de Atención Integral de la Primera Infancia (CAIPI) Torore, dependiente de la Gobernación de Central y del Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (MINNA).
Las cámaras de circuito cerrado captaron a los pequeños recorriendo varias cuadras por la calle Colonia Elisa. Un niño caminaba sin zapatos ni medias, mientras que la niña llevaba escaso abrigo pese a las bajas temperaturas. Ambos repetían constantemente una palabra: “parque”.
Fue entonces cuando Nadia los vio. “Me fui a agarrarles a las criaturas y les traje al surtidor donde trabajo. Llamé a mi jefa y a mis compañeros porque no entendíamos qué estaba pasando. Pensamos que enseguida aparecerían sus padres”, relató. Sin embargo, nadie llegó a buscarlos.
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Cuatro cuadras lejos de la guardería
Mientras Nadia mantenía a los menores resguardados, un compañero recorrió la zona para intentar localizar a sus familiares. La sorpresa llegó cuando descubrió que los niños provenían del CAIPI Torore, ubicado a unas cuatro cuadras del lugar donde fueron encontrados.
Según los testimonios recogidos posteriormente, en la guardería aún no se habían percatado de que los pequeños habían abandonado el predio. “Mi compañero fue hasta la guardería y ahí recién se dieron cuenta de que faltaban dos criaturas”, contó la trabajadora.
La situación encendió la indignación de padres y vecinos, especialmente porque los niños estuvieron expuestos a una zona de alto tránsito vehicular. “Si ella no los veía, podían haber seguido caminando, perderse o sufrir un accidente”, comentó un agente policial durante una entrevista televisiva en la que se reconstruyó lo ocurrido.
Celebración que terminó en alarma
De acuerdo con la versión de las autoridades del centro infantil, los menores participaban de actividades por la festividad de San Juan cuando lograron salir sin que las educadoras lo advirtieran.
La coordinadora del programa Torore, Analía López, explicó que los niños se encontraban en una plaza interna del predio compartiendo juegos y actividades recreativas cuando abandonaron el lugar. “En un momento salen del centro y es recién cuando una persona adulta viene a avisarnos que había encontrado a dos niños que las educadoras comienzan a buscarlos e identificarlos”, señaló.
Tras el incidente, la institución informó que inició una investigación interna para determinar responsabilidades y evaluar posibles sanciones.
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Gesto que marcó la diferencia
En medio de la preocupación y los cuestionamientos, la figura de Nadia Báez emerge como la de una ciudadana que actuó guiada por el instinto y la empatía. “Yo también tengo hijos. Cuando les vi solos me asusté muchísimo. Lo primero que pensé fue que un vehículo podía atropellarles”, recordó.
Tras poner a salvo a los menores y constatar que habían salido del centro infantil sin que nadie advirtiera su ausencia, Nadia decidió compartir lo ocurrido en sus redes sociales para alertar sobre la situación.
“Quiero escrachar a esta guardería Torore, donde dos criaturas salieron sin que se dieran cuenta los que están responsables por los niños. El niño estaba descalzo, sin medias, y la nena desabrigada. Qué irresponsabilidad de los cuidadores de esa guardería. Uno con toda confianza le lleva a sus niños y estas cosas pasan”, manifestó.
Mientras las autoridades avanzan en la investigación para esclarecer cómo lograron salir del centro sin ser advertidos, la historia deja una certeza: aquella mañana, cuando dos niños quedaron expuestos a todos los riesgos de la vía pública, una trabajadora anónima se convirtió en el ángel que les devolvió la seguridad.
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Roban celulares de alta gama de un local comercial de Villa Elisa
Delincuentes irrumpieron esta madrugada en un local de Inverfin, ubicado en Von Poleski y Américo Picco de la ciudad de Villa Elisa, y se alzaron con teléfonos celulares de alta gama, cuya cantidad aún no fue precisada, según el reporte policial. El hecho se registró alrededor de las 2:10 en la tienda dedicada a la venta de motocicletas y electrodomésticos situada a metros de la comisaría local.
“Tenemos la información de que estaban un vehículo color negro, más datos no se pudo precisar, estaba estacionado al costado de la vereda del local comercial. En un momento dado se escuchó un fuerte ruido que se presuma fue de cuando rompieron el blindex y al salir a verificar ya prácticamente estos sujetos se dieron a la fuga hacia la avenida Von Poleski, con dirección hacia la ciudad de Lambaré”, dijo el comisario Antonio Cristaldo, subjefe de la Comisaría 13ª.
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En comunicación con el programa “Arriba hoy” de canal Gen y Universo 970 AM/Nación Media, señaló que no se determinó aún la cantidad exacta de aparatos telefónicos sustraídos, pero a priori serían 8 los teléfonos celulares llevados por los malvivientes.
“Personal policial siempre está en alerta en la oficina de guardia, siempre tenemos a la vista este local. Lastimosamente, en un momento dado, tuvimos también algunas novedades en hora de la madrugada, ínterin que aprovecharon estos sujetos”, explicó el comisario.
Los malvivientes habrían usado una piedra para romper los vidrios del establecimiento comercial y apoderarse de los equipos, además del perjuicio material, un televisor también resultó con daños, según se informó.
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Educar es más ejemplo que discurso
Por: Adelaida Alcaraz
En un ecosistema empresarial que suele medir el éxito en términos de crecimiento, rentabilidad y expansión, Pedro Ayala propone una lectura más profunda: la del legado. Miembro de la comisión directiva de la Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina y líder de CPA Ferrere en Paraguay, nuestro protagonista pertenece a esa generación de ejecutivos que ya no separa con nitidez la vida corporativa de la personal. En su caso, la paternidad no es un capítulo paralelo a su carrera, es el eje que reordena su forma de entender el liderazgo, el riesgo y el éxito.
“Construir una empresa tiene mucho que ver con la autorrealización”, afirma Pedro Ayala, pero rápidamente amplía la idea hacia un territorio más íntimo: la familia. Allí, sostiene, el legado deja de ser una marca o una estructura organizacional para convertirse en algo más difícil de cuantificar y que se define en personas, valores y vínculos.
Padre de cuatro hijos -Arami, Mauri, Agus y Ale, de apenas cuatro meses- Pedro reconoce que la experiencia no inmuniza frente a la paternidad. Cada hijo, dice, vuelve a inaugurar el proceso. “Cada llegada trae nuevas emociones… la paternidad no se domina, se aprende todos los días”, enfatiza dejando entrever la idea de que la experiencia no elimina la incertidumbre, pero sí afina la sensibilidad.
En su recorrido, Pedro retoma una idea filosófica para describir la paternidad y la resumen en la idea de que nadie entra dos veces al mismo río. Así como las personas cambian, también lo hacen los padres. En ese marco, cada hijo encuentra una versión distinta de su padre, moldeada por la experiencia, pero también por las propias transformaciones internas.
Ese mismo principio, sostiene, se traslada al mundo corporativo. La estabilidad es más una ilusión que una condición. Equipos, contextos y decisiones están en permanente movimiento. En ese flujo, el liderazgo no puede ser rígido.
La paternidad, en ese sentido, opera como un entrenamiento emocional involuntario. Desarrolla paciencia, empatía, escucha y coherencia. “Las personas observan mucho más lo que uno hace que lo que uno dice”, resume.
El éxito más allá de los indicadores. Quizás uno de los desplazamientos más significativos en la mirada de Pedro tiene que ver con la noción de éxito. En el mundo empresarial, admite, suele medirse en resultados. Pero la paternidad introduce una métrica alternativa, menos visible y más persistente: la calidad de los vínculos.
“El éxito empieza a tener más que ver con la tranquilidad de conciencia”, asegura. No se trata de abandonar los resultados, sino de integrarlos en una visión más amplia, donde también importan las personas que se forman dentro de una organización y el impacto que esta genera en sus entornos familiares.
En esa línea, introduce una idea que tensiona la separación clásica entre lo profesional y lo personal, no existen compartimentos estancos. “Somos una sola persona durante todo el día”, afirma. Lo que ocurre en la casa influye en la empresa, y viceversa. El liderazgo, entonces, también se construye desde el equilibrio interno.
Riesgo, protección y responsabilidad. Si algo modifica la paternidad, según nuestro protagonista, es la relación con el riesgo. No lo elimina, pero lo reconfigura. La ambición sigue presente, pero aparece filtrada por una capa adicional de responsabilidad.
“No desde el miedo, sino desde la responsabilidad”, aclara. La diferencia está en que no se trata de volverse conservador, sino de entender que cada decisión tiene efectos que trascienden lo individual.
Esa conciencia introduce una nueva pregunta en la toma de decisiones. No solo qué es posible hacer, sino para qué y con qué impacto. El riesgo deja de ser un gesto individual para convertirse en una decisión con consecuencias extendidas.
Liderar personas, no solo equipos. En su rol profesional, Pedro reconoce una enseñanza directa de la vida familiar. Y es que detrás de cada persona hay una historia completa. Padres, hijos, preocupaciones, aspiraciones.
Esa mirada, lejos de suavizar el liderazgo, lo complejiza. Obliga a pensar en la empresa no solo como una estructura de objetivos, sino como un espacio de desarrollo humano. “Liderar no es solamente resolver problemas, sino formar y acompañar procesos”, señala.
En ese punto, la paternidad y el liderazgo convergen, pues ambos implican educar desde el ejemplo, no desde el discurso.
El legado. Cuando piensa en el futuro de sus hijos, él no habla de herencias materiales ni de trayectorias predeterminadas. Su idea de legado es más abierta. Consiste en dar herramientas, no caminos.
“Quiero que sean mejores que yo”, dice sin matices. La frase, que podría parecer simple, encierra una lógica potente. Y es que el éxito del padre se mide, en parte, por la capacidad de los hijos de superarlo.
Ese mismo criterio lo traslada a su rol profesional. El verdadero impacto de una organización no está solo en su desempeño presente, sino en lo que deja instalado para el futuro: cultura, talento y oportunidades.
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“El mayor legado que quiero dejarle es mi ejemplo”
Por: Adelaida Alcaraz
Acostumbrado a asumir riesgos y construir proyectos, Paulo Duarte enfrenta hoy el desafío más importante de su vida: formar a un hijo. En esta entrevista, el CEO de Broterra reflexiona sobre el legado, la familia y el Paraguay que espera ver florecer junto a una nueva generación.
Hace apenas una semana nació Octavio. Todavía es demasiado pequeño para entender el mundo que lo rodea. No sabe qué es una empresa, qué significa emprender o por qué su padre pasa horas pensando en proyectos, fábricas y futuros posibles, pero sin saberlo, ya cambió la vida de un hombre acostumbrado a convivir con los desafíos.
Paulo Duarte, CEO de Broterra, lleva años tomando decisiones difíciles. Como emprendedor aprendió a caminar sobre terrenos inciertos, a apostar cuando otros dudaban y a convertir ideas en realidades. Sin embargo, reconoce que ninguna experiencia se compara con la que vive hoy.
“Siento que toda la vida tuve que aprender a disfrutar de lo que me genera incertidumbre y emociones al mismo tiempo”, reflexionó. “Probablemente no tenga todas las respuestas para las preguntas que se me van a presentar como padre, pero el entusiasmo, la emoción y el amor que me generan son muy superiores a cualquier duda”, afirmó el CEO.
Y cuánta verdad hay en todo esto. Detrás del empresario que proyecta triplicar la capacidad industrial de Broterra para 2027, hay un hombre que acaba de descubrir que el desafío más importante de su vida no se mide en facturación, metros cuadrados ni balances; se mide en ejemplo.
La llegada de Octavio cambió su forma de entender el éxito. “Hace mucho tiempo aprendí que el éxito no es sinónimo de cosas materiales ni de cuentas bancarias llenas de dinero. El éxito es libertad, bienestar emocional, bienestar físico y poder compartir la vida con las personas que queremos”, aseguró.
Pero hay una enseñanza que desea transmitirle por encima de todas. “El éxito está en no abandonar, en continuar a pesar de que muchas veces no queremos o sentimos que ya no damos más”, sostuvo enseñando su filosofía de vida.
En un tiempo donde el mundo premia los resultados rápidos, Paulo apuesta por valores menos visibles, pero mucho más duraderos: disciplina, resiliencia, coherencia y humildad. “El mayor legado que quiero dejarle a Octavio es mi ejemplo. Que vea a una persona honesta, íntegra, coherente, que se juega por lo que sueña y por lo que cree”, confesó.
Con esto, Paulo no habla de herencias materiales sino más bien de carácter, valores y enseñanzas con valor real, aquellas que sobreviven a cualquier éxito empresarial.
Como padre reciente, también reconoce que la paternidad modifica la manera de liderar. “Nos obliga a convertirnos en mejores personas y mejores líderes. Me genera más hambre, más ganas de crecer y de ofrecerle todo lo mejor. Y no me refiero solamente a lo material, sino al tiempo, la reputación y el legado”, reflexionó.
Quizás por eso la llegada de un hijo también amplía la mirada sobre el país, ya que cuando Paulo habla de Paraguay, tras haber sido presidente de UIP Joven y de liderar proyectos de gran envergadura, imagina que el Paraguay que recibirá Octavio, no mostrará únicamente crecimiento económico. Significará orgullo, identidad y futuro.
“Espero que él encuentre un Paraguay integrado a la economía mundial, competitivo, prestigioso y del que pueda sentirse orgulloso. Un país que le genere autoestima por ser paraguayo y donde sienta la necesidad de ser protagonista de su construcción”, afirmó.
Su optimismo forma parte de una generación de empresarios que ve al Paraguay atravesando uno de los momentos más prometedores de su historia. Un país que atrae inversiones, desarrolla industrias, genera empleo y comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en los mercados internacionales.
Y mientras Octavio da sus primeros días de vida, Broterra también se prepara para una nueva etapa. La empresa acaba de regresar de un viaje por Asia y avanza en un ambicioso plan de expansión que contempla casi triplicar su capacidad industrial para 2027.
Pero incluso frente a semejante desafío, Paulo tiene claro cuál es el proyecto más importante. No está en una fábrica ni en una inversión, está en su casa, durmiendo en una cuna.
Para Paulo Duarte, la mayor obra que comienza hoy no es la próxima expansión de Broterra, es ayudar a formar a un niño que algún día pueda sentirse orgulloso del país que heredó y del ejemplo que recibió.