El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, dijo el jueves que intentaron envenenarlo con “tres químicos” añadidos a una mermelada y unos chocolates que le regalaron en un evento público. Esta es la segunda denuncia que presenta el gobierno por intentos de atentar contra la vida del mandatario, en medio de intensas manifestaciones de indígenas contra su gestión. En esta ocasión, Noboa relató que recibió un obsequio que contenía mermeladas y chocolates contaminados con tres sustancias distintas que no son propias ni de esos productos ni de sus empaques.
Tres compuestos “en una alta concentración es imposible que no haya sido intencional”, señaló en una entrevista con CNN. “Presentamos la denuncia, presentamos las pruebas, la concentración de los tres químicos”, añadió.
El organismo militar a cargo de su seguridad presentó una denuncia ante la Fiscalía.
A inicios de octubre, el gobierno aseguró, sin pruebas, que el auto en el que viajaba el presidente recibió impactos de bala disparadas por manifestantes indígenas.
En medio de las protestas contra la eliminación del subsidio al diésel, Noboa ingresó en dos ocasiones a zonas tomadas por manifestantes. En ambas fue recibido con palos y piedras.
Algunos expertos sostienen que esos avances del presidente pretenden reforzar el carácter violento de los manifestantes y asegurarle a él réditos políticos de cara a la consulta popular del 16 de noviembre con la que aspira abrir la puerta a una Constituyente. “Nadie quiere que le lancen una bomba molotov, ni un volador, ni que lo envenenen con un chocolate, ni que le lancen piedras”, dijo el mandatario de 37 años.
Coches bomba, matanzas, extorsiones y una fuerza pública sobrepasada por el poder del fuego de las bandas narco. En una entrevista con la AFP el alcalde de Guayaquil culpa al presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de la violencia rampante en el país.
De 41 años, confrontativo, aficionado del fútbol y activo en redes sociales, Aquiles Álvarez comanda la ciudad más violenta del país con un grillete electrónico en el pie desde que la justicia abrió una investigación en su contra por presunto contrabando de combustible.
El alcalde de doble nacionalidad, ecuatoriana y española, se dice inocente y tiene en la mira a un responsable de lo que llama “persecución política”: el joven y millonario presidente Daniel Noboa. También lo responsabiliza de la creciente inseguridad en uno de los países más peligrosos de Latinoamérica.
Según Álvarez, Noboa tiene gran parte de la “culpa” por la crisis en su ciudad, con la tasa de homicidios más alta del país y donde 1.900 personas fueron asesinadas entre enero y septiembre de este año.
“Ellos son los que controlan el monopolio de la fuerza y son los que manejan la seguridad del país”, lanza. En Ecuador la seguridad interna es responsabilidad de la policía, a cargo del gobierno nacional.
En Guayaquil “se vive con tensión”, admite Álvarez, de aspecto juvenil y zapatillas deportivas. La última semana hubo siete alertas de bomba. Todas resultaron falsas.
“Dejan mochilas con ropa sucia adentro y la gente se altera y cree que son bombas”, explica el alcalde desde un salón municipal y sostiene que la violencia ha derivado en una “psicosis colectiva” en el puerto con casi tres millones de habitantes.
Álvarez ganó la alcaldía auspiciado por el partido del exmandatario socialista Rafael Correa (2007-2017).
Aunque dice no ser parte del correísmo, se deshace en halagos para el expresidente en cuyo gobierno se prohibieron las bases militares extranjeras, como las que Noboa planea reinstalar en Ecuador mediante una consulta popular.
El burgomaestre prefiere adoptar una postura pragmática antes que política sobre ese tema.
“Todas las ayudas son bienvenidas para mí. Si es que quieren aportar con bases militares en puntos estratégicos del país, bienvenido sea, pero tiene que ser articulado con las Fuerzas Armadas y en ningún momento tenemos que perder nuestra soberanía”, sostuvo.
Guayaquil, conocida como la Perla del Pacífico, es una ciudad de profunda desigualdad. Las zonas pobres están a merced del crimen organizado. El narco impuso en barrios periféricos zonas de vigilancia, escuelas de sicarios y centros de acopio de droga y armas, según autoridades.
En las calles más populares los ataques armados son frecuentes, mientras que en las zonas ricas reina la opulencia donde guardias privados protegen a sus habitantes.
Noboa impone una política de mano dura contra el crimen, lo que incluye un despliegue inédito de militares en las calles.
“Consideramos que no hay que luchar contra la criminalidad con más armas, chalecos y cascos y balas, sino con políticas públicas enfocadas a prevenir las violencias para reducir los delitos”, dice el alcalde, un evangélico, padre de tres hijos.
Álvarez es el quinto Aquiles de su familia, el nombre de todos los primogénitos hombres. Vivió en Estados Unidos donde fue repartidor de pizza y, aunque no se graduó de la universidad, dice que se formó como empresario.
Fue misionero con su padre y dirigente del Barcelona, el equipo de fútbol más popular del país.
En 2023 le arrebató la alcaldía al PSC, un antiguo partido de derecha de la costa ecuatoriana que gobernó la ciudad por más de 30 años.
Pese a que llegó al municipio auspiciado por el partido de Correa, marca distancia de su padrino político.
“Yo tengo mi propio estilo”, afirma.
Se ríe cuando lo llaman opositor y no descarta una eventual candidatura a la presidencia o a la reelección por la alcaldía, pero dice que antes debe resolver los problemas judiciales.
“Quieren sentenciarme para que, en octubre del 2026, cuando haya que inscribirse para una posible reelección en la alcaldía de Guayaquil” o cualquier otra candidatura se “me inhabilite para ser candidato”, sostiene.
En su contrapunteo con el Ejecutivo, Álvarez ha pedido investigar un ataque con explosivos ocurrido en junio, en una zona de comercio popular, en el que presuntamente está implicado un vehículo Porsche que está a nombre de una de las empresas de la familia Noboa. “El silencio (del gobierno) también comunica. Eso es un problema que se han generado ellos mismos”, dijo.
Fuente: AFP.