La Terminal de Ómnibus de Asunción (TOA) ya registra un promedio diario de 15.000 viajeros en el marco de la Semana Santa, por lo que esta tarde se aguarda una mayor asistencia de pasajeros que viajarán al interior del país para pasar los días santos con sus familias.
Sara Giménez, titular de la TOA, manifestó que después de dos años a causa de la pandemia se encuentran pendientes de un gran movimiento de viajeros desde la principal estación de buses del país, que se encuentra funcionando en Semana Santa de manera normal desde el 2018.
“Desde el sábado hasta ayer cerramos con un promedio de 15.000 personas por día, que es una diferencia de lo que veníamos teniendo en días más elevados con un promedio de 12.000 por día. Desde la madrugada de este martes se registró un gran movimiento de pasajeros debido a los viajes de Semana Santa”, afirmó Giménez.
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Recordó que no todas las empresas internacionales operan aún, pero que también se incrementaron los viajes. Así también, resaltó que aún no hay liberación de buses, pero sí de horario. “Anoche ya tuvimos refuerzos con algunos buses. Mañana es donde se prevé que vengan más personas”, dijo Giménez.
Mientras que transportistas del interior emplazan a la Dirección Nacional de Transporte (Dinatran) para que defina el aumento de tarifa de más del 15% por el aumento del precio del combustible y el consiguiente incremento en el costo de los pasajes de buses de media y larga distancia en los próximos días.
El titular de la Dinatran, Juan José Vidal, señaló que el costo de los pasajes se mantiene en la actualidad, pero revisarán los precios después de Semana Santa. “Ahora vamos a ver si corresponde o no el aumento del precio de pasaje la próxima semana, vamos a hacer el estudio”, explicó Vidal en contacto con 1020 AM.
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De recuerdos, viajes, brindis, amaneceres, aprendizajes y contar historias
Con cada viaje aprendí la relevancia de enhebrar microhistorias que –como primeras versiones de algunas historias– serán la historia que otros y otras habrán de contar.
- Por Ricardo Rivas
- Periodista X: @RtrivasRivas
- Fotos Gentileza
La que pasó fue una semana de y con recuerdos. Algunos en soledad y otros, con amigos y amigas. Confieso que he viajado. Mucho. Más de lo que pude imaginar desde niño que –supongo– por desconocer que era posible llegar a todas partes, viajar no era imaginable. Pero, desde que comencé a hacerlo casi con exclusividad para ejercer el oficio de periodista o para estudiar, lo que de esos desplazamientos guardo y resguardo son sabores, imágenes, luces, sombras e interrogantes que –después de tantos años de tenerlos– me atrevo a pensar que carecen de respuestas.
¿A dónde van a parar las palabras no dichas, los deseos no expresados, los sueños perdidos, los corazones rotos, las personas que perdimos en el camino...?, me pregunté una y otra vez en una playa desierta donde solo escuché durante largas horas el ruido del mar.
Aquella misma noche, sin embargo, mirando fijamente el agua que mojaba mis pies, me animé a pensar que, aunque me gusta el mar, disfruto más del Río de la Plata que conocí de pequeño. Y supe entonces que lo extraño porque aquel río que conocí, que nos recibía, que nos dejaba entrar en él para bañarnos, divertirnos y hacernos felices, ya no es. El río que amo y no dejo de amar es aquello que nos dio y ya no nos puede dar porque enfermó.
AMANECERES
Viajar es parte importante de mi vida. Fascinante. Querer conocer historias, personas, personajes para preguntarles con frecuencia deviene en pulsión. Después de una de mis tantas ausencias, en una larga charla le confesé a Cristina, mi amadísima esposa y compañera, que también viajo porque disfruto de coleccionar soles nacientes. Las atesoro. Son momentos –instantes, acaso– muy particulares. Especiales, en los que el tiempo puede medirse a partir de los vertiginosos cambios de tonalidades con los que nos envuelve cada nuevo día.
En Buenos Aires al sol le cuesta ganar altura. Enormes edificios le quitan protagonismo y espacio. La gama de los grises, cuando el día comienza en algunos lugares de las tierras altas en Escocia, sin dudas, asombra. Ver cómo se asoma el sol desde las costas del Atlántico Sur, en Mar del Plata, encandila. Los amaneceres en torno del mar Muerto o en la mismísima fortaleza de Masada, en el desierto de Judea, en el sur de Israel, conmueven y contrastan con la palidez de los primeros cielos de cada jornada en Santiago de Chile o en Ciudad de México.
Pero no recuerdo ningún amanecer con los que tantas veces me embeleso como en mi querida Asunción cuando la bahía se enciende. No tengo memoria en Nueva York de amaneceres deslumbrantes. Como en Buenos Aires, allí triunfa el cemento y en las décadas más recientes le disputan el podio a Febo los cristales que reflejan sus rayos. En la China gigantesca también encontré amaneceres inolvidables. En el sur, especialmente. Y, en una ocasión, desde la Gran Muralla. El sol es atrapante. Y buscarlo es sustancial en la vida del viajante. Tanto para llegar a otro destino como… “a buen puerto”.
Cada lugar deviene en búsqueda y, por cierto, siempre existe aquello que el viajero habrá de buscar y, tal vez, podrá encontrar. Tuve un tiempo en que incansablemente procuré sentarme con amigos, amigas o, en soledad, para beber o transcurrir en aquellos lugares donde alguna vez lo hiciera Ernest Hemingway.
UNA PERSONALIDAD ATRAPANTE
Allá por el 1995 durante varias horas en el Aeropuerto Internacional del Galeão, en Río de Janeiro, dialogué con Martha Ellis Gellhorn (1908-1998), quien fuera la tercera esposa de Hemingway por cinco años desde 1940. Escritora y periodista, como corresponsal de guerra fue la única colega que acompañó a las tropas aliadas en Normandía y desde el campo de batalla reportó el Día D, el 6 de junio de 1944.
Una personalidad atrapante que en 1943 dejó a Ernest en la finca El Vigía, donde convivían, cerca de La Habana, Cuba, para ir a cubrir la Segunda Guerra Mundial desde Italia. Con el tiempo también trabajó en Vietnam y en Panamá, cuando la invasión norteamericana en 1989. ¿Y qué hace aquí, en Río? “Un reportaje sobre las favelas que publicaré en la revista ¿A qué bar cubano iba Hemingway? “Al Floridita”, respondió.
Poco menos de tres años después supe que murió a los 89. Tal vez, por suicidio, trascendió. No lo creo. En su honor, años más tarde, en un atardecer entré en El Floridita y ordené “un daiquiri como el que tomaba Hemingway”. Azúcar, limón, ron blanco Baccardi, hielo y cinco gotas de Marrasquino. Una delicia para endulzar las historias de siempre sobre una revolución que nunca termina. Tal vez, aquella noche, haya bebido de más. Me largué a caminar por el malecón. Recuerdos.
“Aquí, en Washington D. C., más exactamente en Capitol Hill, en WH (White House) y sus alrededores, el poder se siente. Se percibe. Se puede oler y hasta beber. El poder nos devora”, dijo durante un after office, en 1992, un líder parlamentario norteamericano que amablemente departía con un grupo de becarios argentinos entre los que me encontraba. Nunca olvido esas palabras. Valen allí y en todas partes. Duras, descarnadas, precisas.
Viajar también es conocer el poder. Recuerdos. Apenas ocho días atrás mi querido amigo-hermano Augusto dos Santos cumplió años. Con él en Asunción –unos 1.650 kilómetros al norte de Mar del Plata, en Argentina, uno de mis lugares en el mundo desde donde lo busqué para saludarlo– como desde largo tiempo nos comprometimos a un pronto encuentro para levantar una copa (o varias, en verdad) para celebrar tan relevante acontecimiento como, sin duda alguna, lo es su natalicio.
PRÁCTICA SOCIAL
La palabra brindis, afortunadamente, siempre nos acompaña. Es una de nuestras fraternas prácticas sociales que profundizamos donde nos encontremos. Siempre nos prometemos y comprometemos a brindar y en cada oportunidad en que nos reunimos, cumplimos. Nada nuevo. Aunque, si de brindar se trata, siempre es posible aprender algo de esa costumbre que nos llega desde lejos.
Recuerdo que fue en Buenos Aires, en un atardecer cualquiera, cuando en el piso 17 de un lujoso edificio ubicado en la esquina de las calles Florida y Paraguay, solo a un par de cuadras de distancia de la plaza San Martín, cuando lo supe. Allí, en torno de una vinoteca con cava propia bien provista departíamos sobre todo y casi nada. De pronto, la voz de una mujer huesuda, pelirroja, con un copón bien provisto en su mano derecha, que aseguró ser doctora en antropología, comentó que “hay evidencias ciertas que dan cuenta de que desde unos 170.000 años en Sudáfrica se practicaba el brindis”.
Irremediablemente ganó nuestra atención. Con impronta soberbia y aires académicos añadió que “más acá en el tiempo y con mucha más precisión, puedo decirles que el hábito de chocar las copas –por decirlo de alguna manera– como lo hacemos esta noche, podría haberse extendido en Europa en tiempos del Paleolítico Superior que se inició unos 40 mil años atrás, después de la última glaciación y la irrupción verificada del Homo Sapiens”.
Todo el lugar y la atención de quienes allí nos encontrábamos era ella y los conocimientos que contenía su palabra. Claramente observé que disfrutaba en plenitud de la situación que se creó entre ella y ese público exclusivo. Se la percibía feliz. Tan feliz que era posible imaginar que frente de nosotros alguien disfrutaba de algo muy parecido a la idea de los quince minutos de fama de los que hablara y anunciara Andy Warhol allá por los 70.
Pero ningún happy hours es para clases magistrales. ¿“Grazie mille por su aporte y conocimiento dottoressa”, dijo con solemnidad un italiano que aseguraba ser nórdico, se presentaba como “el conde don Giovanni” y que en cada anochecer que conseguía localizar e instalarse en una reunión entre amigos entregados a las libaciones fraternas, se sumaba sin invitación y luego de beber –casi siempre en abundancia– discretamente se retiraba… sin pagar. Prolijo y consuetudinario escapista aquel noble de alguna corte seguramente imaginaria y milagrosa. Brindo por su recuerdo y por aquel momento inolvidable.
EL TIEMPO EN LOS LABIOS
Hoy, unas pocas horas atrás, desde Barcelona, ese destino más que disfrutable y entre mis afectos al que en todo momento estoy dispuesto para regresar, quien de niño fuera Tito –para todos y todas en el Bajo Belgrano, nuestro pueblo natal en Buenos Aires y desde un cuarto de siglo se reconoce y lo reconocen en las playas mediterráneas como Angelillo– me contó cuál es el nuevo trago que consumen los ricos y famosos en el Paseo Marítimo barcelonés. “El temps als teus llavis, lo llama Yeray Monforte, su creador, y cuesta mil euros…”.
Lo interrumpí para dejar sentado que en nuestra próxima vez nada ni nadie habrá de tentarnos con esa bebida de autor que en la carta del barman que firma el propio Monforte la ofrecen como “time in your lips”, trago con el que de ninguna manera tenemos la posibilidad de calmar con ella nuestra sed de amistad fraterna. Pero, cuéntame, Angelillo, ¿con qué ingredientes lo prepara? “Toma nota: tequila Gran Patrón Burdeos, champán Louis Roederer Cristal Rosé 2014 y… oro de 25 quilates”.
Enmudecí. “Se sirve en Shôko Restaurante & Lounge, en la playa y es el cóctel más caro de España”, añadió. ¿Una nueva era de la opulencia en ciernes?, me pregunté en silencio. Tal vez, pero… habrá que ver e incluso redefinir opulencia en tiempos de los que respetables académicos y pensadores llaman “oligarquías tecnológicas”.
No es para nosotros, pensé, y creo que acierto aplicando el plural sin faltar a la verdad. Nos despedimos. No había mucho más para decir. Que el oro se puede ingerir de ninguna manera es novedoso, por cierto. Varias décadas atrás, en “La posada La Chimère”, en Buzios, el querido Gato Dumas (1938-2004) me comentó que el oro es antiinflamatorio y que en la India lo prescriben para mitigar los efectos de la artritis y el reuma.
Recuerdo que aquel grande de la gastronomía –y de la amistad– fue más allá para precisar que en ese país se consumen entre 12 y 14 toneladas de oro comestible cada año porque se trata de un ingrediente infaltable en todo tipo de celebraciones. Al parecer –palabra más, palabra menos– añadió que los egipcios en la antigüedad incluían el oro en la dieta alimenticia de nobles y sacerdotes. Igual que en aquella larga noche en Buzios que concluyó con cantos en la playa en torno de un fuego que declinó en la madrugada hasta apagarse minutos antes de clarear, incomprendo.
EL PODER
“El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, sentenció John Emerich Edward Dalberg-Acton (1834-1902), también conocido como lord Acton. Sospecho –y aunque admito que arriesgo al expresarlo– quiero creer que con esas palabras fue a fondo con sus pareceres críticos para con ricos y famosos (como los llamaríamos por estos días) al igual que con aquellas y aquellos que destilan vocación de poder para vivir en, de, desde y del poder alejados de toda posibilidad de servir sin ser servidos por serviles. Volví al presente. “La historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa”, sostiene Karl Marx (1818-1883) en “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”, una de sus obras.
En 2017, cuando por cuestiones académicas estuve por un tiempo –nunca suficiente– en China, mi querido amigo Shen An –periodista y académico relevante muy respetado en el Imperio del Centro– mientras caminábamos con un grupo de amigas y amigos por los bellos senderos que rodean al Monte Púrpura, en la periferia de la ciudad de Nanjing, provincia de Jiangsu, situada en el delta del río Yangtsé, me contó que allí estaba enterrado un emperador que varias veces –desde el más allá– se quejó porque no lo dejaban tranquilo en su sueño eterno.
Pasa que Nankin –como muchos chinos y chinas prefieren llamar a aquella ciudad bellísima– crece e inevitablemente es más ruidosa. Durante largo tiempo llamada Tianjing, la “capital del cielo”, se la señala además como “la ciudad de la educación, la ciencia, la cultura, el arte y el turismo”. Aquel fue un día extenuante. Realmente. Pero fue además un armonioso momento para conocer historias atrapantes.
Frente al mausoleo Ming Xiaoling, donde se encuentra enterrado el emperador Hongwu (Zhu Yuanzhang), fundador de la dinastía Ming, An pausadamente me hizo saber que allí también descansa el emperador Qin Shi Huang (259 – 210 aNE), que en el 221 aNE lideraba el muy pequeño Estado de Qin. Pese a esa situación territorial adversa, consiguió reunir a todos los reinos de entonces e inmediatamente se proclamó “Shi Huangdi”, categoría que tradujo como “primer emperador”.
“En esa condición, Qin unificó a China”, explicó Shen. Pero pese a aquel logro político tan importante, no se sentía completamente feliz porque el segundo objetivo personal que procuraba alcanzar era mucho –muchísimo– más complejo. El primer emperador de la China unificada, Qin Shi Huangdi –ya poderoso– deseaba la inmortalidad.
ELIXIRES
¡Insaciable! Alquimistas y sabios taoístas –idóneos epocales– reconocidos mixólogos recomendaron al Shi Huangdi la ingesta de mercurio que presentaron como un ingrediente que nunca debía faltar en sus bebidas. Para los seguidores de Lao Tse, el mercurio –“con vitalidad propia”– actuaba sobre el organismo como un restaurador del equilibrio para prolongar indefinidamente la vida.
Aunque cueste creerlo, desde entonces y hasta casi el fin de siglo XIX parcialmente esas creencias se mantuvieron. De hecho, los que se conocieron como “elixires de la inmortalidad” invariablemente contenían compuestos de mercurio, aunque con llamativa frecuencia a esas recetas magistrales se les añadía oro y/o jade, cuyas propiedades y efectos no eran demasiado claros, pero los segmentos sociales más altos los consumían ostensiblemente.
¡Increíble! Con Shen An reímos. Aunque inmediatamente, el viejo colega que alguna vez fue el corresponsal jefe al que reportaba desde Buenos Aires, en perfecto español con acento chino, concluyó con la historia del primer emperador chino. ““El histórico –impiadoso–expone que aquel sueño del fundador de la dinastía Qin de ser emperador de la China unificada fue mucho más sencillo de alcanzar que la inmortalidad que también pretendía y deseaba fervorosamente”, sentenció. Qin Shi Huang murió a los 49. Probablemente víctima de mercurialismo que se causó por consumir mercurio para su inmortalidad.
Así concibo mi forma de ser periodista. Aunque debe haber otras. Con cada viaje aprendí la relevancia de enhebrar microhistorias que –como primeras versiones de algunas historias– serán la historia que otros y otras habrán de contar. No somos la historia. Apenas somos memoria y convicción de que, aunque muchos y muchas no acepten responder, “cada pregunta tiene su respuesta”, como aprendimos de Mario Benedetti.
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Aconsejan estiramientos y caminar durante viajes largos para cuidar la columna
La Sociedad Española de la Columna Vertebral (GEER) ha aconsejado que se hagan pausas frecuentes durante viajes largos en coche para salir a estirar y caminar, entre otras recomendaciones básicas para cuidar la espalda y evitar dolores lumbares o cervicales durante las vacaciones de verano. La sociedad científica agrupa a médicos y cirujanos especialistas en el diagnóstico, prevención y tratamiento de las enfermedades de la columna vertebral en España.
GEER apunta varias sugerencias a tomar en cuenta antes, durante y después de los desplazamientos. Así, en la preparación del viaje, los expertos recomiendan cuidar la postura a la hora de hacer la maleta, especialmente si es grande, ya que llevará más tiempo, por lo que se debe preparar a una altura adecuada que evite una flexión de tronco excesiva. Además, han pedido evitar cargar las mochilas en un solo hombro y tirar de las maletas con una sola mano.
Justo antes de viajar, los especialistas han aconsejado realizar algunos ejercicios de movilidad previos, sobre todo las personas con antecedentes de dolor lumbar o cervical. Durante el viaje, para estas personas puede ser también beneficioso utilizar un soporte lumbar; un cojín o una toalla colocada en forma de rulo valen.
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Los expertos han hecho hincapié en la importancia de adoptar una buena postura durante los trayectos, pues si estos son largos se suele tender a ir deslizando la zona baja de la espalda hacia la parte delantera del asiento, colocándola en una posición inclinada que no es aconsejable.
Por el contrario, la posición adecuada es la de la espalda bien apoyada en el respaldo, con rodillas y caderas en ángulo recto. En esta línea, han puntualizado que la típica posición de las rodillas por encima de las caderas, con la que se asocia la comodidad, tampoco es recomendable.
Viajes en avión y tren
Si se viaja en avión o en tren y la duración del trayecto es superior a las dos horas, los especialistas han aconsejado levantarse cuando esté permitido, caminar por el pasillo, hacer rotaciones de tobillos y estiramientos suaves. Asimismo, en el asiento o de pie es conveniente realizar algunas flexiones suaves del cuello y hombros, rotación de tronco, si el espacio lo permite), estiramiento de isquiotibiales y gemelos y elevaciones de talones y puntas para activar circulación.
Asimismo, han llamado a evitar comidas muy pesadas antes o durante el viaje, algo que no solo repercute en la espalda sino en el bienestar general, pues pueden producir inflamación o molestias abdominales, que a su vez pueden alterar la postura. La hidratación también resulta clave para prevenir la rigidez muscular. En este punto, han recordado que en muchos aeropuertos ya se pueden rellenar las botellas de agua después del control de seguridad.
Al llegar al destino, lo mejor es caminar unos minutos y hacer estiramientos suaves. Las recomendaciones que se han dado para hacer las maletas sirven también para deshacer las maletas. En caso de dolor de espalda, hay que evitar quedarse tumbado mucho tiempo durante el primer día, de forma que debe priorizarse un ejercicio suave sobre el reposo absoluto.
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Precaución con las lesiones medulares
En el contexto estival, los expertos del GEER han advertido también sobre las lesiones medulares, uniéndose a las autoridades sanitarias para pedir mucha precaución al volante y también en las playas y piscinas. Como han apuntado, cada año se registran en España entre 500 y 1.000 casos nuevos de lesión medular, más frecuentes en verano y asociadas sobre todo a los accidentes de tráfico y a imprudencias en las prácticas deportivas, con una incidencia cada vez mayor en personas jóvenes.
Según los datos del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, centro de referencia nacional, el mayor número de lesiones ocurre entre las edades de 16 y 30 años. De hecho, aproximadamente el 80 por ciento de estas lesiones se dan en el grupo de 16 a 45 años de edad.
La Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia de 2022 del INE muestra que casi 150.000 personas viven con este problema en centros y residencias. Se trata de un dato que prácticamente se ha quintuplicado con respecto al de hace una década y que podría revertirse notablemente si se tiene en cuenta que muchos accidentes de tráfico y lesiones en playas y piscina son muy evitables.
Fuente: Europa Press.
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Seis maravillas para visitar en Berlín
- Por David Sánchez, desde Berlín (Alemania), X: @tegustamuchoelc (*).
Febrero de 2025 trajo a Berlín un manto de nieve y un frío cortante, pero también la efervescencia de la Berlinale, el festival de cine que transforma la ciudad en un crisol de arte y cultura. Con temperaturas bajo cero y calles resbaladizas por el hielo, la capital alemana se convierte en un desafío para los visitantes.
Sin embargo, este invierno glacial no apagó el espíritu berlinés: desde santuarios balineses hasta óperas vibrantes, instalaciones futuristas y museos que despiertan el asombro, Berlín ofrece refugios cálidos y experiencias impactantes, muchos de ellos fáciles de encontrar con la web VisitBerlin, vinculada al ayuntamiento de Berlín. Aquí, un recorrido por seis destinos imprescindibles que brillaron durante la Berlinale, demostrando que el frío no detiene la magia.
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1. Vabali Spa: el vapor místico que desafía la nieve
A 500 metros de la estación central, el Vabali Spa (10 saunas, 3 baños de vapor, 4 piscinas) sorprendió con su jardín nevado. Caminar en albornoz entre copos, con el hielo crujiendo bajo los pies y el vapor de las piscinas climatizadas alzándose como un velo místico, fue sobrecogedor. Las 12 salas de descanso, con camas de agua y chimeneas, ofrecieron una calma profunda, realzada por los gongs de un “viaje sonoro”.
De 9 de la mañana hasta las 12 de la noche uno puede disfrutar de la calma y las sesiones organizadas de unos 15 minutos, que ocurren constantemente dentro de las saunas, dirigidas por monitores expertos en relajación.
2. Le nozze di Figaro: un torbellino de pasión bajo la nieve
La Staatsoper Unter den Linden acogió la función creada por Mozart de Le nozze di Figaro que dejó al público sin aliento. La producción de Jürgen Flimm trasladó la ópera a una villa veraniega, un contraste irónico con la nieve que cubría Berlín afuera, haciendo que este “día loco” de Mozart resonara aún más en un invierno gélido. Salir al frío con la obertura aun zumbando en la mente fue un recordatorio de cómo el arte calienta el alma.
El edificio de la ópera fue devastado por bombardeos en 1941 y 1945 durante la Segunda Guerra Mundial, reconstruyéndose bajo Hitler en 1942 y tras la guerra en 1955 como Deutsche Staatsoper en Berlín Este. Aislada por el Muro de Berlín desde 1961, mantuvo su prestigio en la RDA con directores como Otmar Suitner, pese a la opresión soviética. Tras la reunificación de 1990, recuperó su nombre y esplendor, reabriendo en 2017 tras una renovación, formando con la Deutsche Oper y la Komische Oper un trío operístico único en Europa, reflejo de la historia dividida y unida de Berlín.
3. Dark Matter: una danza de luz que perfora la oscuridad
En un rincón industrial de Lichtenberg, Dark Matter ofreció un escape futurista durante la Berlinale. Lo más sobrecogedor fue Grid, una escultura colosal de luz y movimiento que flotaba sobre los visitantes como una nave alienígena, mutando entre un tapiz etéreo y una nube crepitante. El sonido 3D de Holoplot, sincronizado con las 169 esferas negras de Inverse que danzaban como pájaros en un cielo oscuro, creó una experiencia sinestésica que hizo temblar el suelo helado bajo los pies. Mientras afuera el viento cortaba como cuchillos, dentro de este laboratorio de Christopher Bauder, las proyecciones de Liquid Sky transformaron la oscuridad en un cielo líquido infinito, un refugio cálido y meditativo que desafió el invierno con su innovación.
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4. Lulu Guldsmeden Hotel: un refugio verde en el caos del festival
En pleno auge de la Berlinale, el Lulu Guldsmeden Hotel en Potsdamer Straße se convirtió en un santuario ecológico. Lo más sorprendente fue descubrir un columpio colgando del techo en una suite, un detalle que rompía con la sobriedad del invierno berlinés y evocaba una infancia perdida. Las paredes de madera certificada FSC y las lámparas colgantes crearon una calidez que contrastaba con la nieve que azotaba las ventanas, mientras el restaurante Lu Liba sirvió un wok orgánico tan reconfortante como un abrazo. Nick Zilinski, el gerente, compartió su “DNA verde” con una pasión que dejó huella: en un evento de alto impacto como la Berlinale, este hotel demostró que la sostenibilidad puede ser lujosa y acogedora.
5. Pergamon Panorama: un altar que resucita bajo el hielo
Frente al Bode-Museum, el Pergamon Panorama emergió como un portal al pasado durante la Berlinale. Lo más impactante fue el panorama de 360° de Yadegar Asisi: al entrar, la terraza del Altar de Pérgamo cobró vida con estatuas de mármol de mujeres en túnicas sofisticadas, iluminadas por una luz cambiante que simulaba el sol mediterráneo y la luna sobre Bergama. El rugido lejano de la ciudad helenística resonó en los sentidos, un eco de 129 d.C. que hizo olvidar el frío berlinés. Las proyecciones y los relieves rescatados por Carl Humann en 1878, expuestos con una precisión casi mágica, transformaron este edificio temporal en un refugio cálido donde la historia desafió el invierno.
6. This Will Not End Well: la crudeza de Nan Goldin en un pueblo de emociones
En la Neue Nationalgalerie, la retrospectiva “This Will Not End Well” de Nan Goldin, del 23 de noviembre de 2024 al 6 de abril de 2025, fue un golpe al corazón durante la visita a Berlín. Lo más impactante fue Memory Lost: un viaje claustrofóbico por la abstinencia de drogas, proyectado en un edificio diseñado por Hala Wardé, donde las imágenes de rostros desencajados y el sonido opresivo envolvieron a los visitantes como una tormenta interior. Frente a la nieve que azotaba las ventanas, The Ballad of Sexual Dependency desplegó fiestas salvajes y autorretratos brutales, como Nan One Month After Being Battered, que cortaron el aliento con su ternura cruda. En un Berlín helado, esta exposición fue un refugio ardiente de emociones que desafió el frío con su verdad implacable.
Berlín invernal: un mosaico de refugios cálidos
La Berlinale de 2025 transformó Berlín en un escenario global, pero el invierno no logró apagar su brillo. El Vabali Spa ofreció un vapor místico que desafió la nieve, mientras Le nozze di Figaro calentó el alma con su genialidad mozartiana. Dark Matter iluminó la oscuridad con tecnología futurista, y el Lulu Guldsmeden envolvió a sus huéspedes en una calidez ecológica. El Pergamon Panorama resucitó un altar antiguo bajo el hielo, y la exposición de Nan Goldin golpeó con su intensidad emocional. En un Berlín helado, estos destinos demostraron que el frío puede ser un telón de fondo para experiencias ardientes e inolvidables.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Ofrecen estadías en una casa avión en Cisjordania, sin aeropuerto
La casa de huéspedes de Minwer Harash destaca en medio de las colinas áridas del norte de Cisjordania. Construida por él mismo con forma de avión, ofrece un sucedáneo para los palestinos de este territorio privado de aeropuerto. “Muchos niños quieren venir”, asegura con entusiasmo a AFP este palestino de 27 años. “Y esa es la idea: como no tenemos aviones o aeropuertos, la gente viene aquí”.
Desde la terraza de su avión de hormigón, que él mismo diseñó, se observa el muro de separación erigido alrededor de gran parte de Cisjordania, un territorio ocupado por Israel desde 1967. La habitación parental se encuentra en la cabina, las de los niños en la cola y hay una tercera en medio del fuselaje.
La casa entera, que también cuenta con piscina, se alquila por un precio de entre 300 y 600 dólares por noche, fuera del alcance de gran parte de la población. “Quería proponer alguna cosa única y nueva en la región y en Palestina”, afirma Harash, cuyo proyecto fue acogido inicialmente con cierto escepticismo.
“Todo el mundo decía que sería imposible de construir”, explica. “Pero gracias a Dios, nada es imposible cuando realmente se hace un esfuerzo”. Su avión blanco y rojo, que embarcó a sus primeros pasajeros hace un mes, ya da de qué hablar en la región, tanto en redes sociales como en las cadenas televisivas locales. El aparato fue bautizado como “Shalleh Tayyara”, que quiere decir “avión chalet”.
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¿Un barco chalet?
Durante un tiempo, Harash se planteó llamarlo el “Reino de Palestina” y pintar una bandera palestina en el fuselaje de hormigón, pero renunció a la idea por precaución. “Dejé la política completamente de lado por los momentos difíciles que atraviesa nuestro pueblo. Perdemos cosas para siempre, nuestra tierra, nuestros derechos, nuestras vidas...”, explica.
Su pueblo, Qaffin, está situado en la zona C de Cisjordania, mayoritariamente rural y desértica, donde las autoridades demuelen regularmente los edificios que consideran construidos ilegalmente. Aunque ahora no hay ningún aeropuerto en los Territorios Palestinos, este no fue siempre el caso. Antes había uno en Cisjordania, en Jerusalén-Este, y otro en Gaza, cerca de la ciudad de Rafah.
Este último fue destruido por bombardeos israelíes durante la segunda intifada, un levantamiento palestino a comienzos de los 2000, y el de Jerusalén-Este cerró en la misma época. Con su “avión chalet”, Harash quiere ofrecer una escapatoria a los palestinos obligados a permanecer allí y una invitación a seguir sus sueños a pesar de los obstáculos y las amenazas.
“Animo a todos quienes tienen tierras a hacer algo, a que les saquen partido de forma creativa y ambiciosa”, afirma. El joven ya tiene otro proyecto en mente: un “barco chalet”. Contrariamente a los aviones que sobrevuelan sus tierras, muchos en este territorio tan cercano al mar jamás han visto un barco de verdad.
Fuente: AFP.
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