Según la liturgia católica, hoy Jueves Santo comienzan los momentos más intensos de la Semana Santa con el triduo pascual que se extienden durante el Viernes Santo y la vigilia pascual. Hoy jueves es el único día que se pueden usar las flores porque es el día de la eucaristía, la última cena de Jesús con sus discípulos.
“Ese día se pueden poner flores, en toda la cuaresma no se canta gloria. Ese día sí porque es día de la eucaristía. Cuando Jesucristo dice tomad y comed, este es mi cuerpo; y tomad y bebed, esta es mi sangre”, explicó en contacto con La Nación el padre Antonio Rafael, de la iglesia San Pío.
Así también, destacó que es el Día de los Sacerdotes porque ese mismo día Jesús les pidió que repliquen la última cena, que es la eucaristía en las misas. “Les dio un mandato a sus discípulos: ‘Hagan esto en conmemoración mía. Esto es la eucaristía que repetimos en las misas todos los domingos’”, refirió.
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Se debe perdonar
El padre señaló que el Jueves Santo también es día del amor fraterno. Si no se puede ir a misa, se puede reflexionar en las casas y se debe perdonar incluso a los enemigos. “Es un día muy importante porque es el día del amor fraterno. Este día de nuestro corazón si tenemos enemistad con alguien o rencor hay que perdonar. Es el día del amor, esto lo indica el lavatorio de los pies que es la reconciliación”, apuntó.
Todo esto lo convierte en un día importantísimo como lo es el día de la eucaristía cuando se hace la primera misa con presencia de Jesús, el día del sacerdocio porque encomienda replicar este acto a los apóstoles y día del amor fraterno.
El triduo pascual
Por su parte, el padre Marcelo Caballero resalta que el Triduo Pascual arranca este jueves por la tarde y se trata de una de las celebraciones más importantes para la fe cristiana. “En este contexto de la pandemia muchos de nuestros hermanos se encuentran imposibilitados de participar en la celebración de la Iglesia porque tenemos números reducidos de personas y estas misas no se pueden hacer varias en el día como comúnmente lo hacemos”, señaló.
Resaltó que esta misa se desarrolla en cierta hora para lograr que el ambiente sea el mismo que en aquellos tiempos. Por esta razón, no se puede hacer en varios horarios. “Se vive más fuertemente ese misterio en la hora aproximada en que fueron sucediendo”.
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Un momento de reflexión
- Arturo Peña Villaalta
- arturo.pena@nacionmedia.com
La Semana Santa conmemora uno de los momentos centrales en la historia del cristianismo: la muerte y resurrección de Jesús. En estos días, desde la Iglesia se llama a la reflexión sobre el actuar como cristianos ante los ojos de Dios. Es un tiempo que invita a la renovación de la fe y también a la reflexión.
Se define el acto de reflexionar como “pensar con profunda atención” (RAE), como un “proceso consciente de pensar detenida y profundamente sobre un asunto, experiencia o emoción para comprenderlo mejor, evaluar acciones y tomar decisiones informadas”. Ciertamente, el ritmo de la Semana Santa cambió bastante desde aquellos días de nuestra niñez en que en un Viernes Santo no se movía ni una hoja en el barrio. Hoy uno encuentra comercios abiertos las 24 horas y la idea de los feriados santos se ha volcado con mucha fuerza al turismo.
Pero, entre lo religioso o lo turístico, es también un tiempo interesante para pensar en lo que está pasando en el país; aprovechar la calma de unos días libres, esa salida al campo o el descanso en el hogar para tratar de ver la película un poco más clara. Para evaluar, entender y tomar decisiones informadas.
La vorágine del día a día nos engulle. Cada vez hay menos tiempo para más cosas y a ese fenómeno se adaptaron los medios de comunicación en la actualidad, ofreciendo información más escueta, más rápidamente digerible, de más impacto, dejando menos espacio quizás para el elemento de contexto, del dato que haga comprender el fondo y no solo la superficie de lo que estamos consumiendo.
Tenemos a un sector de la prensa diciendo esto y a otro sector diciendo lo opuesto. ¿Con cuál versión nos quedamos? La respuesta debería ser: con la información que se sustenta en datos reales, contrastables, documentados. Pero eso exige también un ejercicio: antes que nada, tener fuentes confiables, y también ir un poco más allá, contrastar, interesarnos.
En este escenario, las redes sociales han aparecido para contribuir con la masificación de la información, pero también con la confusión, con las fakenews y con la exasperación del debate, lo que lleva muchas veces a una difícil comprensión del fondo de la cuestión. La guerra de los posteos nos arrastra, nos lleva y nos separa.
El escritor, semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco fue muy crítico en su mirada hacia las redes sociales. Eco decía en una entrevista allá por el 2015: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Quizás la Semana Santa es buen momento para darles un descanso a muchos de ellos.
Tenemos en frente momentos importantes en cuanto al futuro próximo del país. Primeramente, las elecciones municipales de este año, donde se definirán las autoridades locales en 262 distritos, más Asunción. Las internas simultáneas de los partidos se realizarán el 7 de junio, mientras que las municipales tendrán lugar el 4 de octubre.
En Asunción, por ejemplo, venimos de dos pésimas experiencias en los dos últimos gobiernos comunales, el de Mario Ferreiro (electo en 2015) y el de Óscar “Nenecho” Rodríguez (electo en 2021).
Ambos intendentes no terminaron sus mandatos, envueltos en acusaciones de corrupción. ¿Soportaremos otro bluf en Asunción? Un hecho que da para reflexionar, y profundamente.
Más adelante, las elecciones generales de abril de 2028, en las que se elige al presidente de la República del Paraguay para el periodo 2028-2033, además de vicepresidente, senadores, diputados, y los gobernadores y concejales departamentales de los 17 departamentos. Cada cargo tendrá una influencia en lo que sucederá a partir de esa fecha en nuestras comunidades y en el país. ¿Iremos como borregos a poner nuestros votos por uno u otro discurso? ¿Y si reflexionamos un poco antes de ejercer nuestro derecho democrático?
Evaluar, entender y tomar decisiones informadas a partir de la reflexión. Qué importante ejercicio para trasladar desde los feriados de Semana Santa hasta nuestro cotidiano. Difícil pero no imposible tarea, que puede significar mucho para el presente y futuro del país.
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Misa Crismal reunirá a sacerdotes y fieles en todas las diócesis este jueves
En el marco de la Semana Santa y de las celebraciones del Jueves Santo, este jueves se oficiará la Misa Crismal en todas las diócesis del Paraguay, una de las ceremonias más significativas dentro del inicio del Triduo Pascual, periodo central de la Semana Santa para la Iglesia Católica.
La celebración tendrá lugar de manera simultánea en distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, incluyendo la Arquidiócesis de Asunción, donde la ceremonia será presidida por el arzobispo metropolitano, cardenal Adalberto Martínez Flores, junto a numerosos sacerdotes y fieles que participarán de este importante acto litúrgico.
Durante la Misa Crismal, se realiza la bendición de los óleos sagrados, que serán utilizados posteriormente en sacramentos como el bautismo, la confirmación y la unción de los enfermos, constituyendo un signo de gracia y renovación espiritual para la comunidad cristiana.
Asimismo, en esta celebración los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso con la misión pastoral y el servicio a la Iglesia, en una jornada marcada por la unidad y comunión eclesial.
La Misa Crismal representa además una manifestación de fe colectiva, en la que la Iglesia se congrega para dar inicio a los días más solemnes del calendario litúrgico, recordando la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Desde las distintas diócesis se invita a la ciudadanía a participar de esta celebración o seguirla a través de transmisiones en vivo por redes sociales y medios católicos, permitiendo que más fieles se unan a este momento de profunda significación espiritual.
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Por qué investigar sigue siendo la clave: una reflexión necesaria para nuestro tiempo
Vivimos en una época donde la información abunda, pero el conocimiento profundo escasea. Opiniones sobran, datos faltan. Decisiones urgentes se toman muchas veces desde la intuición —o peor aún, desde la repetición— sin detenernos un momento a hacer la pregunta más importante que puede hacerse una sociedad, una institución o una persona: ¿Qué no sabemos?
Aceptar la ignorancia parece, a primera vista, un signo de debilidad. Sin embargo, es exactamente lo contrario: es el punto de partida del aprendizaje, del descubrimiento y del desarrollo. Las sociedades que más progresan no son las que presumen de saberlo todo, sino las que se animan a cuestionar, probar, medir, dudar… y volver a empezar. En tiempos donde la velocidad manda, detenerse a investigar se vuelve casi un acto contracultural. Pero es, por eso mismo, un acto transformador.
En Sapiens: De animales a dioses (2011), el historiador israelí Yuval Noah Harari dedica los capítulos 14 y 15 a una idea tan simple como revolucionaria: Las sociedades que más avanzaron fueron aquellas que aceptaron que no tenían todas las respuestas. Harari explica que la Revolución Científica no surgió de una acumulación de certezas, sino del reconocimiento explícito de la ignorancia. Europa —y en especial Inglaterra— adoptó una postura completamente nueva para la época: ver la ignorancia no como un obstáculo, sino como una oportunidad. Esta mentalidad llevó a investigar, observar y medir el mundo con una combinación de humildad radical y audacia extraordinaria.
Inglaterra: cuando investigar se volvió estrategia de Estado
Harari muestra cómo los ingleses integraron la investigación a su proyecto político y económico. Sus barcos no eran solo naves militares: eran laboratorios flotantes, repletos de botánicos, astrónomos, médicos, artistas y cartógrafos.
Un caso emblemático es el de James Cook, quien aplicó los estudios del médico James Lind sobre los cítricos y logró que en su tripulación no muriera ni un solo hombre por escorbuto, una hazaña inédita para la época. Era ciencia aplicada a la vida real, transformando expediciones potencialmente mortales en misiones exitosas.
Esa combinación —curiosidad, método, evidencia— convirtió a Inglaterra en una potencia. No solo conquistaban territorios: conquistaban conocimiento.
Harari también recuerda que el joven Charles Darwin se embarcó en el HMS Beagle como naturalista, siguiendo esa tradición inglesa de incluir científicos en cada expedición. Allí, observando y recolectando con rigor, nació la teoría de la evolución: una de las ideas más importantes de la historia humana. Sin investigación, Darwin no habría sido Darwin.
¿Qué significa esto para nosotros hoy?
Significa que investigar no es un lujo ni un privilegio académico; no es un posgrado ni un trámite para cumplir requisitos. Investigar es una cultura: es preguntar mejor, no aceptar la primera respuesta, contrastar fuentes, poner a prueba lo que creemos cierto y construir decisiones basadas en evidencia, no en suposiciones.
Así como los ingleses llevaron científicos a bordo de cada barco para comprender el mundo antes de transformarlo, nosotros necesitamos “científicos” —espíritus curiosos, críticos y rigurosos— en cada institución, cada empresa, cada escuela y cada proyecto público.
La investigación también exige paciencia histórica. Muchos avances que hoy damos por inevitables comenzaron como experimentos inciertos cuyos resultados finales tardaron años —o incluso décadas— en llegar a la gente. Un ejemplo reciente lo demuestra con claridad: en 2026, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España logró eliminar por completo tumores de cáncer de páncreas en ratones mediante una triple terapia. El resultado fue sorprendente: remisiones duraderas, sin resistencia y con efectos mínimos. ¿Llegará esto a curar personas? Probablemente, pero no mañana. Traducir un avance así a tratamientos humanos puede requerir una década de estudios y ensayos clínicos. Lo importante, sin embargo, es que ese futuro solo es posible porque alguien se animó a hacer la primera pregunta, diseñar el primer experimento y comenzar el camino. Investigar es sembrar futuro, incluso cuando la cosecha aún está lejos.
Paraguay necesita investigación cotidiana
Paraguay necesita dar un salto de escala: pasar de ver la investigación como un ejercicio académico aislado a entenderla como una práctica diaria, transversal y estratégica para el desarrollo.
Esto implica que las universidades, y de manera especial la Universidad Nacional de Asunción (UNA), deben asumir un rol mucho más protagónico:instalar la cultura de la investigación como columna vertebral del proceso de enseñanza-aprendizaje.La investigación no puede ser un apéndice, un módulo optativo o un ejercicio al final de la carrera.Debe ser material de trabajo, práctica constante, método, hábito y disciplina intelectual desde el primer semestre hasta el egreso.
Investigar es enseñar a pensar, a formular preguntas, a verificar datos, a dudar con fundamento y a buscar respuestas con metodología.Y un país que quiere avanzar necesita universidades que produzcan conocimiento, no solo que transmitan contenidos.
Necesitamos investigar más en educación, salud, turismo, comunicación, gestión pública, tecnología, economía creativa y todas las áreas donde Paraguay tiene potencial para crecer. Necesitamos equipos que midan, comparen, prueben y aprendan. Porque sin investigación, navegamos a ciegas. Con investigación, navegamos con brújula.
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La visión de un viajero: por qué Paraguay sorprende y supera expectativas
El creador de contenido y viajero Pato Bonato compartió en sus redes sociales una extensa reflexión titulada “Estas son las 14 cosas que más me sorprendieron de Paraguay”. En su relato, destacó que la imagen internacional del país no se corresponde con lo que se vive en el día a día, y sostuvo que Paraguay “tiene una ventaja que en los próximos años será imposible de ocultar”.
Entre los primeros aspectos mencionados, resaltó el bajo costo del transporte por aplicaciones, como Uber y Bolt, con tarifas considerablemente más accesibles que en otros países de la región. A ello sumó la presencia constante de naturaleza, incluso en zonas urbanas, un factor poco asociado habitualmente a Paraguay desde el exterior.
En materia de seguridad, Bonato afirmó que, más allá de zonas puntuales, el país se encuentra entre los más seguros del continente, con una fuerte presencia policial y una sensación general de tranquilidad, incluso en áreas donde la infraestructura puede variar entre moderna y más precaria.
Otro punto que llamó su atención fue la escasa presencia de personas en situación de calle, especialmente en zonas turísticas, algo que contrastó con lo observado en otros países de Sudamérica. Según relató, este fenómeno posiciona a Paraguay por encima de naciones con mejor reputación internacional en este aspecto.
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El viajero también subrayó el carácter conservador de la sociedad paraguaya, destacando la defensa de la cultura, la identidad nacional, la religión y el idioma guaraní, así como el fuerte sentido patriótico que se transmite de generación en generación.
La gastronomía paraguaya fue otro de los puntos que definió como “sorprendente y subvalorado”. Señaló que, pese a su escasa difusión internacional, se trata de una de las cocinas más variadas y sabrosas que probó en sus viajes por el mundo.
En cuanto a la regularidad territorial, Bonato destacó que, a diferencia de otros países altamente centralizados, Paraguay mantiene un nivel de desarrollo relativamente equilibrado entre Asunción y ciudades como Luque, Encarnación, Ciudad del Este o Areguá.
También valoró la infraestructura bancaria, con sucursales abiertas las 24 horas, atención presencial permanente y servicios modernos, así como la existencia de tiendas de conveniencia que funcionan durante todo el día, lo que asoció directamente con el nivel de seguridad del país.
La amabilidad y hospitalidad de los paraguayos ocupó un lugar central en su testimonio. Según expresó, se trata de una calidez genuina, desinteresada y profundamente arraigada en valores tradicionales, que deja una huella duradera en quienes visitan el país.
Asimismo, mencionó la baja inmigración extranjera, señalando que la gran mayoría de la población es paraguaya, y destacó una actitud recurrente entre los propios ciudadanos: la idea de que es mejor que el país siga siendo poco conocido para preservar su tranquilidad y calidad de vida.
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Otros aspectos culturales que le llamaron la atención fueron la escasa presencia de tatuajes en la población y la fuerte tradición del tereré, una costumbre transversal a todas las edades y clases sociales, que consideró una de las expresiones culturales más auténticas del Paraguay.
Finalmente, Bonato concluyó que, si bien como en todos los países existen aspectos por mejorar, el ritmo de crecimiento, la cantidad de puntos positivos y la estabilidad general convierten a Paraguay en una “joya de la región” que, en un plazo no mayor a diez años, será reconocida de manera mucho más amplia. Cerró su mensaje con un saludo a los paraguayos y el deseo de regresar pronto para seguir conociendo el país.