Quizás todos los días seamos partícipes de algún milagro, pero no nos damos cuenta. ¿Cuántas veces la intervención divina nos pudo haber puesto a salvo y no agradecimos?. Pero hay momentos en la vida en que todo parece derrumbarse y es ahí donde más buscamos el apoyo y la ayuda de Dios y como un país mariano casi siempre recurrimos primero a su madre.

A diferencia de las demás historias relacionadas a los milagros de la Virgen María que LN viene publicando en estos días, en esta omitiremos los nombres de las personas que hicieron posible este artículo. Ella empresaria y él un profesional que formaron pareja hace tres décadas.

¿Por qué a mí?

Él llevaba una vida saludable, con los correspondientes chequeos médicos de rutina. Nada hacía presagiar que de un día para otro todo se complicaría con la aparición de una variedad muy agresiva de cáncer. ¿Por qué a mí?, fue lo primero que se preguntó, al aparecer de la nada ese invasor que, lejos de derrumbarlo, hizo que se aferrara con más fuerza a su fe y en especial a la protección de la Virgen María.

“Aferrarse con fuerza y con fe puede ser una de las maneras en que se cumpla esto que es un milagro, pues hasta hoy la ciencia no tiene explicación para lo que me sucede”, nos explica. No hubo síntomas previos, solo una convulsión inesperada, producida por un cáncer agresivo que además es considerado terminal. “Fue el comienzo de un nuevo camino”, recuerda su esposa.

Volver a caminar, el primer milagro

Ella cuenta que por obra y gracia de Dios y la intervención de la Virgen María, apareció la oportunidad que su esposo fuera tratado, luego de la cirugía que se realizó en el país. Meses de tratamiento hicieron que lograra recuperar la habilidad de caminar tras las secuelas de la cirugía, en la que le habían dicho que era muy posible que no volviera a caminar.

Las expectativas en el exterior tampoco eran alentadoras. Los datos, esa fría información que se disfraza de estadística para tratar de explicar todo, le indicaban que le quedaban como mucho 6 meses de vida y de quienes habían padecido esta terrible afección, solo un 5 por ciento había superado esa franja de tiempo.

Para Dios no hay estadísticas

Pero como dice su esposa, “para Dios no hay estadísticas y todo es posible”. Juntos supieron enfrentar una situación, que sabían sería una dura batalla por sobrevivir y en ese camino, Dios les dio muchas pruebas de su misericordia y su amor infinito.

“No hay nada que Jesús le niegue a María”, cuenta ella, tratando de recordar un sinnúmero de milagros que hicieron que la devoción a ella fuera creciendo al notar la manera en que intercedía por la salud de su esposo. Aunque la ciencia hizo lo suyo, también tiene un límite y en la otra línea de ese límite están los milagros.

Hace unos meses, de nuevo viajaron al exterior para realizar controles y una buena noticia los abrazó a los dos. El tumor estaba estable. Era todo lo que se podía esperar porque médicamente esta variedad de cáncer, así como tantos otros, no tiene una cura médica.

“Que la paz esté con ustedes”

Durante uno de los viajes para el tratamiento, ambos deciden agradecer a Dios y a la Virgen y buscan una iglesia donde hacerlo. Luego de recorrer, preguntar y averiguar por todos los medios, llegan a una. La celebración ya había comenzado, pero igual deciden ingresar.

El templo estaba repleto e ingresaron en el momento exacto de la Consagración, “¡Es cuando él está presente”, exclama emocionada. “Desde que ingresamos, no pude parar de llorar, nos quedamos detrás del hermoso coro, frente a un pesebre maravilloso y a los pocos segundos el momento de darse la paz”, recuerda.

Varias personas notaron que la pareja, quien acababa de ingresar estaba sola, y de manera espontánea se acercaron a ellos para intercambiar ese saludo tan esperado: “Que la paz esté contigo”. Poco después, una mujer, sentada en la primera fila, les indica que hay lugar, ella se hace a un lado y logran caber los tres.

Lágrimas que no paraban de salir

“No puedo explicar lo que me pasaba en ese momento, pero no podía dejar de llorar. Se me desbordaban las lágrimas y el corazón golpeaba mi pecho porque sentía tan fuerte su presencia”, describe emocionada el momento tan increíble.

Haberse sentado adelante les permitió a ambos poder llegar a la comunión. “Ese momento tan íntimo con nuestro Señor, que se ofrece a nosotros en la eucaristía, recordándonos cuánto nos ama y cuánto sufrió por amor a nosotros”, explica ella.

A punto de ingresar a la parte final de la celebración, el sacerdote, quien oficiaba la misa, pidió disculpas porque dos personas quedaron sin comulgar, pues se habían acabado las hostias. Ese momento la esposa recuerda de esta manera: “Al principio me puse feliz porque el padre recalcó la masiva presencia de los feligreses, pero luego me puse a pensar: ¿Justamente tenían que ser dos hostias? podían haber faltado 5 o 10, pero no, faltaron 2″.

Nos sentamos a su mesa

Ella está segura que esas dos, el Señor las tenía reservada a ella y a su esposo. “Yo creo que fue Dios mismo quien nos recibió en aquel lugar y como si todo fuera poco, compartimos su mesa llevándonos las 2 hostias que le correspondían a otras personas”, cuenta.

El tratamiento continúa, pero los meses que la ciencia había establecido como definitivo, hoy ya se han convertido en varios años.

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