Monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé, abrió oficialmente la festividad de la Virgen de Caacupé con el novenario en honor a la madre espiritual de todos los paraguayos, y este primer día de celebración fue presidido por monseñor Francisco Javier Pistilli, obispo de Encarnación. El lema de la festividad este año es: “La palabra de Dios se hace sacramentalmente carne en la celebración eucarística”.

Atendiendo que el novenario atrae a miles de devotos y fieles y las restricciones por la pandemia del COVID-19, la misa se desarrolló totalmente a puertas cerradas, sin presencia de fieles, y fue transmitida tanto por medios de comunicación como por internet.

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Pistilli en su homilía pidió a los fieles no separarse del amor de Dios en estos tiempos de crisis generada por la pandemia, a no dejarse llevar por desilusiones de la sociedad ni de la misma iglesia, a no dejarse llevar por las malas noticias y mucho menos por las actitudes pesimistas de unos y de otros. También, pidió no dejarse llevar por la agresividad de las redes sociales y en la vida del hogar.

“Ni la crisis moral, ni la crisis económica, ni la crisis de valores o la crisis de gestión, nada debe alejarnos del compromiso de dar vida al cuerpo de Cristo, que sigue sanando para que tengamos vida sana. Porque somos cuerpo de Cristo, queremos que nos reconozcan al partir el pan de la misericordia, de la esperanza, de la justicia, de la paz, del respeto por toda vida, de la capacidad de superar los obstáculos unidos, de decir la verdad y de ser coherentes, del servicio a la dignidad de todos”, indicó Pistilli.

En otro momento, señaló que tanto la palabra y la eucaristía no son realidades separadas, y que debemos transformarnos –los fieles– en presencia de Jesús en el mundo que tiene hambre de Dios, de su palabra y de su vida. Afirmó que la Iglesia debe ser la presencia viva de Dios con la palabra y el servicio a los demás.

“Este año de pandemia y seguramente la pospandemia, no son excusas para no ser buenos cristianos, son nada más las circunstancias de hoy y de mañana, en las que debemos ser mejores personas como cristianos vivos, alegres, con esperanza, capaces de llevar la cruz, fieles, perseverantes, comprometidos con la comunidad y con la construcción de un mundo mejor, del reino de Dios”, dijo el obispo de Encarnación.

Agregó que todos somos hermanos y que algunos hermanos nos necesitan, que la pospandemia deja muchos desafíos y que los mismos no queden en palabras vacías. “Somos un cuerpo, nos une la palabra hecha carne, nos une Cristo que se nos da en su cuerpo y en su sangre”, manifestó con relación a los hermanos necesitados en medio de la pandemia y la solidaridad del pueblo.

En otro momento, manifestó que extraña a los fieles en las iglesias, pero que los cristianos siempre estamos en unión de fe, de corazón. Tanto la Basílica, su explanada y la plaza central se veían con casi nulo movimiento de fieles tras las restricciones del Ministerio de Salud.

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