Caraguataymi. Omar Jara. Agencia Regional.

La sequía prolongada que por varias fases ya se dio este año, ha perjudicado notablemente a la agricultura, sobre todo a los pequeños productores que enfrentan el desafío apenas con los elementos tradicionales y sin sistema de regadío ni media sombra.

Durante los meses de setiembre y octubre prácticamente perdieron la esperanza en que algo saldría de sus cultivos en los que han invertido tiempo y dinero, pero luego, a finales de la primera quincena de noviembre vino una buena lluvia que hizo reverdecer los cultivos y también la ilusión de los labriegos.

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Tal es el caso de Basilio Velázquez, un pequeño productor de la compañía Caraguataymi, colonia Blas Garay, distrito de Coronel Oviedo. “Estuvo desesperante la situación este año. En los últimos tiempos yo ya ni me animaba a irme a la chacra, pero después vino la lluvia y me nació una nueva esperanza, volví a brindarle los cuidados culturales necesarios y en poco tiempo tuve una cosecha que me salva en gran parte lo invertido”, refirió.

Don Basilio explicó que él cultiva una hectárea de melón al año, en dos etapas: la primera en el mes de julio, que es la que ahora está cosechando y comercializando, y luego en diciembre. Enfatizó que para ellos todo depende del clima.

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Don Basilio explicó que él cultiva una hectárea de melón al año, en dos etapas. Foto: Omar Jara.

Tiempo casi perfecto

“El año pasado el tiempo estuvo casi perfecto, con lluvias en los momentos precisos y pudimos sacar más de 30.000 frutas, pero cuando el tiempo no se porta, en vez de 30.000 frutas podés llegar a sacar apenas 3.000 o no sacar ni una sola fruta. Nosotros dependemos exclusivamente del clima porque no tenemos comodidades, todo lo hacemos a puro pulmón con lo que tenemos a mano”, dijo.

La fe también es importante. “Yo les digo a mis hijos que Dios nos quiere mucho porque siempre sacamos algo, nunca nos quedamos con las manos vacías. Justamente este año con esta tremenda sequía que tuvimos, y que parece que seguiremos teniendo, de una hectárea me está saliendo de 6.000 a 8.000 frutas, es decir, casi el 30 por ciento de lo que me hubiera salido si no tuviéramos sequía, pero yo ya no tenía esperanza y esa cantidad de cosecha al final es una bendición para mí y mi familia”, expresó.

Orígenes de humildad

El pequeño productor destacó que de la producción agrícola se puede vivir relativamente bien, y lo más importante, se puede llevar una vida sana, con una alimentación más saludable que en las ciudades y estar en contacto permanente con la naturaleza que es salud y vida, sostuvo. Resaltó que gracias al trabajo en el campo, en el cual participan todos sus hijos que estén disponibles, es decir, mientras tengan descanso en sus estudios, ha logrado salir adelante y consolidar la formación de sus descendientes.

“Gracias a Dios con esta producción logramos educar a todos nuestros hijos. Hoy ya tengo cuatro profesionales en distintas áreas, 3 de ellos ya están en el campo laboral y una, la última de todos, está terminado su carrera. Pero los que ya son profesionales y ya están ejerciendo su profesión, las veces que vienen entran de nuevo a la chacra a ayudarme, porque ellos no niegan ni reniegan de sus orígenes, no pierden la humildad y a donde vayan van a tener el orgullo de haber nacido y crecido en una familia del campo y de haber logrado todo lo que hoy tienen gracias a la producción agrícola y frutícola, especialmente el melón”, señaló satisfecho.

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En medo de la pandemia y la sequía, sobre 7.000 frutas les dejaría una ganancia de alrededor de G. 25 millones. Foto: Omar Jara.

Gastos de producción

Por último explicó que los gastos de producción no son grandes; que pagan por la rastroneada (acondicionar el suelo con la rastra, algo parecido a arar la tierra), G. 400.000, 100 bolsas de gallinaza (estiércol de gallinas), G. 1.000.000, semillas G. 240.000, insecticidas G. 500.000, cobertura para las frutas para protegerlas del sol, G. 800.000, totalizando alrededor de G. 3.000.000.

“Y si contabilizamos el costo de mano de obra diaria sería muy elevado el monto, pero eso no lo tenemos en cuenta porque lo hacemos nosotros mismos”, puntualizó. En la chacra el melón se vende a G. 3.000 las frutas más pequeñas y a G. 5.000 las frutas grandes.

Haciendo un cálculo rápido, el año pasado 30.000 frutas a un promedio de G. 4.000 les dejó un monto cercano a G. 117 millones y este año, haciendo un cálculo sobre 7.000 frutas, a un promedio de G. 4.000, les dejaría un monto de alrededor de G. 25 millones en medio de la pandemia y de la aguda sequía.

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