El historiador David Velázquez Seiferheld, se refirió a episodios que marcaron la historia del Paraguay y que tuvieron como protagonistas a jóvenes. Velázquez fue invitado a conversar sobre estos hechos en el programa Asamblea por el canal GEN, bajo la conducción del periodista Augusto Dos Santos.
“La palabra juventud está compuesta por diversas variables, siendo la edad una de ella, pero hay diferentes maneras de vivirla según aspectos como el sexo o los lugares en donde lo vive”, comienza explicando Velázquez. Mencionó que las expectativas de vida también se configuran dentro de las variables cuando hablamos de una persona joven.
Las trágicas situaciones por las que ha atravesado Paraguay a lo largo de su historia, muchas veces han hecho que el paso entre el niño y el adulto haya sido más corto, por eso es que muchos jóvenes tuvieron apariciones destacadas en situaciones que bien podrían corresponder a algún adulto.
Atribuyó a ese fenómeno, el hecho que pocos niños, una vez terminada la educación primaria, continúen con la secundaria. En 1929, de un total de cien mil niños que componían realizaban la primaria, solo setecientos accedían a la educación secundaria y solamente aquellos quienes consideraban realizar una carrera universitaria lo hacían. La educación secundaria era considerada una antesala de la universidad y no una continuación de la educación primaria.
Jóvenes que dejaron huellas
El historiador recordó el caso de los jóvenes del 23 de octubre de 1931, que fueron acribillados frente al Palacio de Gobierno durante una protesta ante lo que consideraban la inacción del gobierno en defensa del Chaco. Más adelante mencionó a José Asunción Flores, quien fuera enviado como una especie de castigo a la banda de músicos de la Policía y terminó creando la guarania a los 21 años.
Entre las mujeres jóvenes y destacadas, el historiador mencionó a las hermanas Speratti, por ejemplo, introdujeron en Paraguay en 1890, cuando aún no habían alcanzado los treinta años de edad, el sistema de escuelas graduadas, así como Serafina Dávalos, quien a los 27 años de edad, en 1904, había creado la primera escuela mercantil.
Un grupo de jóvenes también fueron quienes trajeron la reforma universitaria desde Córdoba en 1928 y los jóvenes que participaron en las manifestaciones obreras de 1959, quienes en su gran mayoría terminaron exiliados, fueron protagonistas en la vida política nacional tras la caída de la dictadura en 1989.
El despertar de los jóvenes siempre ha sido muy intenso en las élites sociales del Paraguay, pero estas actitudes se han ido modificando a través del tiempo en la medida en que los jóvenes fueron integrándose más a la educación secundaria, aunque la vida rural siempre ha corrido por un camino paralelo", explicó el historiador.
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“Siempre vamos a encontrar conocimiento y riqueza en la música paraguaya”
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe a la cantante folclórica Dalma Ferreira, quien realiza una importante labor de difusión de la música paraguaya y de la lengua guaraní en las redes sociales. Dalma reivindica la riqueza cultural de nuestro país y destaca los valores positivos y la belleza que predominan en los temas que aborda nuestra música. Asimismo, resalta la importancia de seguir creando porque la riqueza del folclore radica también en ofrecer un testimonio de su tiempo.
- Fotos Matías Amarilla
–¿Cómo empieza tu vínculo con la música y el guaraní en particular?
–Empecé a los 12 años en la capilla de mi barrio. Yo entré en un colegio en el que en mi época no era tan bien visto el hecho de hablar en guaraní. Como mi familia es del interior, en mi casa siempre escuché el guaraní. Entonces, cuando fui creciendo me fui dando cuenta de que había como un prejuicio, ¿verdad? Estaba mal visto en otros ámbitos de la sociedad hablar guaraní.
Entonces, a mí me dolía mucho eso y lo vi como una bandera por la que tenía que luchar. Ya en el colegio empecé a cantar guaranias y me miraban raro. Pero cuando yo ganaba los intercolegiales de la canción con música paraguaya, empezó a sentirse ese orgullo.
Luego estudié guaraní y empecé a enseñar y volví al colegio para enseñar. Fue una experiencia que me enseñó que no es el guaraní el problema, sino la forma en que se transmite. El guaraní está unido a los indígenas del Paraguay.
Tenemos un país tremendamente rico en diversidad cultural y cuando vos le contás eso a los alumnos, porque yo enseñaba noveno grado, le enseñás eso a los alumnos de manera apasionada y les contás la historia y les contás de dónde viene, qué pasó durante la historia, por qué el guaraní es visto de esta manera, por qué había tanto prejuicio como que ellos abren su corazón y se dan cuenta, bueno, esta es mi identidad, esto es lo que me identifica, lo que me hace diferente a todo el mundo, y se empieza a sentir parte de su lengua.
–El matrimonio entre el guaraní y hacer música folclórica es ideal, ¿no?
–Asimismo, porque así llega de otra manera. Una amiga me dijo “vamos a ponerle subtítulos a las canciones que subís”, porque antes no subía con subtítulos y es una realidad que muchos paraguayos no entienden el guaraní o no entienden lo que quería decir la canción, lo que quería transmitir. Entonces, como mucha gente me decía, no entiendo lo que estás cantando, vamos a ponerle el subtítulo, pero obviamente eso conlleva una responsabilidad gigante, porque no podés ponerle cualquier cosa nomás, hay que entender qué quizo transmitir el autor con las palabras. Entonces, yo siempre me asesoro con un profesor que se llama Isidro Cabral, que fue mi profe también, que es una persona superculta y que conoce muchísimo acerca de toda la cultura guaraní. También con el mbo’ehára David Galeano. Entonces, siempre hay que tomar esto con responsabilidad porque somos una vidriera. El público te está mirando, el público va a aprender la canción así como vos la cantaste y va a leer el subtítulo así como subiste. Entonces, no es para hacerlo así a la ligera, hay que hacerlo con la responsabilidad y el amor que corresponde.
LA JUVENTUD Y EL FOLCLORE
–Hay muchos más jóvenes ahora dedicándose al folclore, ¿no?
–Eso es un orgullo inmenso y no lo hacemos porque esté de moda o porque sea lo que a la gente le gusta. Lo hacemos de todo corazón. Antes era completamente inimaginable que existan tantos grupos de música paraguaya y, por sobre todo, que haya tanta aceptación del público.
–Eso es fundamental porque ahí se cierra el circuito.
–Estamos en un auge foclórico impresionante porque hay muchos festivales. De igual manera, yo siento que tenemos todavía una deuda muy grande con ese sentido de patriotismo, de amor por lo nuestro en los colegios, en las escuelas. Sería tan lindo que en el recreo los niños escuchen música paraguaya, que en las clases de música se aprenda sobre Teodoro S. Mongelós, José Asunción Flores, Manuel Ortiz Guerrero. Sentirnos parte de nuestra tierra, de nuestra lengua.
–¿Por qué el folclore debería gustarle a un chico de 20 años?
–Yo le contaría un poco de la historia para enamorarle al principio, ¿verdad? Porque yo siempre como que le quiero agarrar de ese lado a la gente. No vas a encontrar una polca o una guarania en otro lado del mundo, ¿verdad? Entonces, es como algo tan nuestro, además de que nunca la música paraguaya o el folclore habla de cosas negativas, habla siempre de la belleza de la mujer, de la belleza de la tierra donde uno nació, de la historia del Paraguay, o sea, siempre vamos a encontrar conocimiento y riqueza en la música paraguaya.
UN CAMINO LARGO
–Disculpame la expresión, ¿se puede vivir de la música?
–Claro que se puede vivir de la música, y es un camino y un recorrido largo. Posicionarse, y yo creo que las redes sociales también juegan un papel muy importante ahora mismo y dan esa posibilidad al artista de hacerse visible en las redes sociales. No necesitás demasiado para hacerte ver en redes sociales, necesitás un buen celular y, bueno, ponerle como tu impronta, ponerle tu identidad y que la gente te conozca de esa manera. Y justamente, las redes sociales eran una herramienta que yo no usaba antes, ¿verdad? Y ahora encontré la forma de atraer a mi público a través de las redes sociales, contando historias, que es lo que a la gente le encanta.
–¿Con qué canción empezaste en las redes y que te hizo tan visible?
–Empecé con “Che jazmín”. Conté la historia de la canción y no te imaginás, fueron muchísimos seguidores, muchísimas visualizaciones, muchísimos me gusta. Y yo dije, bueno, a la gente le gusta que le cuente un poco de la historia, porque si bien todo el mundo puede subir canciones, pero bueno, va a tener que dar un plus, le tiene que dar algo más que atraiga a la gente, y bueno, a mi público le gustó que le cuente historias. Mi último video de “Pedro canoero” tiene 900.000 reproducciones, y es hablando de folclore, hablando de la historia de Pedro canoero, que fue inspirado en un canoero paraguayo. O sea, no hay demasiada producción, no hay mucha inversión en ese video, es simplemente como contar algo de corazón.
–¿Hacés otros ritmos en tu vida diaria?
–Sí, yo canto cumbia, baladas, boleros en los eventos privados sobre todo, pero también en los festivales.
RIQUEZA CULTURAL
–Quiero volver al guaraní, porque me parece importante todo lo que hacés, pero también capaz que intuyo que tenés mucho que hacer por delante para seguir profundizando todo este aspecto.
–El guaraní me apasiona profundamente, ¿verdad? Porque, como te conté, mis raíces también están muy arraigadas al guaraní, mis abuelos son guaranihablantes. Entonces, siempre lo sentí muy mío y siento que es mi bandera. Los paraguayos no somos conscientes muchas veces de la tremenda diversidad cultural que hay en Paraguay, que no hay en otro lado, de verdad esto es una riqueza ancestral única que tenemos y que no lo explotamos incluso para el turismo, ¿verdad? Por ahí mostrar cómo viven los pueblos indígenas, cómo se manejan, es algo tan atractivo, rico, apasionante. Entonces, falta mucho por explotar, y eso es que yo quiero mostrar en mis redes sociales, ¿verdad? Estamos en un país donde conviven 19 lenguas indígenas y que tienen tanto, porque hay que entender también que los pueblos indígenas están arraigados a la tierra, al monte, a sus tradiciones, a sus creencias ancestrales.
–¿Cuál es la mejor canción en guaraní para vos?
–“Che kamba resa jajái” me parece una de las más lindas también, es una de las más románticas y yo soy muy romántica en la música paraguaya.
–Yo tengo una preocupación sobre la creación de nuevas obras. ¿Cómo hacemos para sostener en el tiempo la performance que tuvieron los monstruos en el pasado?
–Para mí también es una preocupación y también la gente dice mucho, ¿por qué no creás? ¿Por qué no componés? Ndaha’éi la péichante rehaíva. Pero hay varios temas nuevos, más contemporáneos, más adaptados también a la realidad actual. Porque en folclore la música se trata de hablar de la realidad del compositor en ese momento, ¿verdad? Pero ahí no vamos a hablar de lo que hablaba Emiliano R. Fernández, de la guerra del Chaco, de cómo él hacía sentir orgullosos a los que iban a luchar en la guerra del Chaco con sus canciones, pero de por ahí hablamos de otras cosas. Para mí también es una materia aprender a componer. Lo que pasa es que soy muy acelerada y me cuesta sentarme a escribir, a pensar un poquito.
LA COMPOSICIÓN
–¿Pensás en escribir y componer también?
–Claro que sí. Me encantaría dejar un legado, porque es el legado que dejamos los artistas, que son nuestras obras propias. Obviamente también es lindo ser intérprete, verdad, y ensalzar, digamos, obras de compositores ymaguare, pero también es necesario para el folclore de la actualidad que podamos hablar de lo que pasa en estos tiempos.
–¿Qué esperás de este año 2026?
–Me proyecto seguir creciendo con las redes, seguir contando no solamente acerca de la música paraguaya, sino también de los pueblos originarios, que me encanta hablar de la diversidad cultural del Paraguay y de todo lo que ofrecen los pueblos originarios, de sus artesanías, de sus pueblos ancestrales. Eso me apasiona y siento que no está explotado lo suficiente en Paraguay. También quiero viajar, me están llamando mucho de Nueva York, de la comunidad paraguaya que vive allá. Están muy emocionados por la música paraguaya y obviamente llevar allá la música es como llevarles un pedacito de la tierra paraguaya, ¿verdad? Entonces, me encantaría poder viajar con toda mi banda a Nueva York, poder ir a visitar todas las comunidades paraguayas en el extranjero.
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San Joaquín apuesta al turismo para diversificar su economía
Situada a 242 kilómetros de Asunción, a orillas del arroyo Piri Poty, San Joaquín empieza a abrirse paso como un nuevo destino turístico en el departamento de Caaguazú, con una apuesta clara, convertir su riqueza natural e histórica en una oportunidad económica para su gente.
Así lo explicó a La Nación/Nación Media, la secretaria de Turismo departamental, Romina Zacarías, quien destacó que el distrito, tradicionalmente agrícola, busca hoy diversificar su desarrollo a través del turismo.
La base económica de San Joaquín sigue siendo el trabajo en el campo. La agricultura, la ganadería, así como la producción avícola y porcina, sostienen a gran parte de la población. Sin embargo, el distrito comienza a mirar más allá de su matriz productiva tradicional.
“Los pobladores trabajan la tierra, pero hoy se está proyectando como un destino turístico”, señaló Zacarías, al explicar el giro que se busca impulsar en la zona.
Atractivos
Este cambio no es casual. San Joaquín cuenta con atractivos que combinan historia, cultura y naturaleza, lo que lo posiciona como una opción diferente dentro del turismo interno. Uno de los principales puntos de interés es la iglesia de adobe de San Joaquín y Santa Ana, restaurada recientemente por la Secretaría Nacional de Cultura.
Se trata de una construcción con más de 200 años de historia, cuyo interior conserva un retablo con reminiscencias jesuíticas, reflejo del pasado del distrito como parte de las antiguas reducciones.
A este valor histórico se suma el cerro de San Joaquín, que ofrece una vista panorámica única de la zona. Actualmente, el lugar está en proceso de puesta en valor con la reinstalación de su mirador.
La comunidad local se ha organizado para mejorar el acceso, incluyendo la instalación de una escalera y una nueva cruz, que será elaborada por el escultor Hugo Pistilli. Esta participación ciudadana muestra cómo el turismo también genera identidad y compromiso local, indicó la secretaria de Turismo.
El entorno natural es otro de los grandes diferenciales. Los paisajes que rodean a San Joaquín, especialmente en el trayecto desde la ciudad de Simón Bolívar, ofrecen vistas de cerros y vegetación que se convierten en un atractivo en sí mismo. A esto se suma el Salto Virgen del Carmen, un sitio ideal para quienes buscan experiencias al aire libre, con opciones de camping y contacto directo con la naturaleza.
Hospedajes
En cuanto a infraestructura, el desarrollo aún es incipiente. Actualmente, el distrito cuenta con dos hospedajes y espacios para acampar, mientras que la oferta de alojamiento se complementa con ciudades cercanas como Coronel Oviedo, Simón Bolívar y Cecilio Báez. “Desde Coronel Oviedo, por ejemplo, el acceso toma aproximadamente 80 minutos, lo que permite articular circuitos turísticos en la zona”, señaló.
Zacarías explicó que uno de los desafíos es justamente fortalecer la hospitalidad. En esa línea, se realizaron capacitaciones con apoyo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), buscando mejorar la calidad de los servicios y preparar al distrito para recibir más visitantes. Reiteró que el objetivo es que el turismo se convierta en una nueva fuente de empleo y dinamismo económico.
“A medida que se desarrolla el turismo, se busca generar nuevas fuentes de trabajo”, indicó, destacando que esta actividad puede complementar los ingresos de las familias, sin reemplazar su vínculo con la producción.
El departamento
A nivel departamental, Caaguazú también muestra un perfil económico diverso. La industria y la producción agrícola son los principales motores, con rubros como el tomate y la cebolla que abastecen al mercado nacional, incluso programas como Hambre Cero. A esto se suma la producción de banana en distritos como Tembiaporã, que ya alcanza mercados internacionales.
En paralelo, el turismo empieza a consolidarse como un eje estratégico. El departamento impulsa el plan Caaguazú Rape, bajo la marca “Disfrutar Caaguazú histórico y natural”, con acciones en los 22 distritos para posicionar sus atractivos. Actualmente, siete destinos ya están en proceso de desarrollo turístico.
Entre ellos destacan parques temáticos como Aqualandia Delfines Park, experiencias rurales como el tour de la miel en San José, espacios naturales como el lago La O en Raúl Arsenio Oviedo y propuestas recreativas en Mariscal López. Coronel Oviedo, por su parte, se posiciona como un centro de eventos, lo que también aporta al movimiento económico del sector.
Aunque el desarrollo turístico aún es inicial, las autoridades ven en este sector una oportunidad concreta. San Joaquín, con su mezcla de historia, naturaleza y participación comunitaria, se perfila como uno de los puntos clave en ese proceso, apostando a que el turismo no solo atraiga visitantes, sino también genere ingresos y oportunidades para su gente.
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Alianza público-privada apunta a impulsar el empleo juvenil en la industria
El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (Mtess) informó sobre un acercamiento con representantes de la Unión Industrial Paraguaya Joven para establecer una alianza orientada a fortalecer la inserción laboral juvenil en el sector industrial, mediante programas de capacitación, vinculación y desarrollo de talento.
Durante la reunión, la viceministra de Empleo, Verónica López, presentó las principales herramientas que ya impulsa la institución para facilitar el acceso de los jóvenes al mercado laboral. Entre ellas, mencionó el programa Emplea Joven, el Servicio Público de Empleo y las iniciativas de capacitación laboral, que buscan conectar de manera más eficiente el talento joven con oportunidades concretas.
Desde el sector privado, la UIP Joven planteó avanzar en una agenda conjunta enfocada en reducir las brechas de acceso al empleo formal, especialmente en el ámbito industrial. La propuesta incluye el desarrollo de formación técnica, talleres de habilidades laborales, diagnósticos sobre perfiles demandados por las empresas y la generación de espacios de vinculación como ferias de empleo.
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La representación del gremio estuvo a cargo de Melva De Gracia y Nicole Medina, quienes destacaron la necesidad de articular esfuerzos entre el sector público y privado para potenciar el capital humano joven y facilitar su inserción en el mercado laboral.
“Queremos potenciar el talento humano, identificar las brechas y promover la capacitación del personal. Esta alianza busca fortalecer el segmento joven y brindar especialización para facilitar el acceso al primer empleo en el sector industrial”, señaló De Gracia.
Ambas partes coincidieron en avanzar hacia acciones concretas que permitan ampliar las oportunidades de empleo formal para la juventud, en un contexto en el que la formación y la empleabilidad se posicionan como factores determinantes para el crecimiento del sector productivo.
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Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.