Si bien a inicios de la pandemia se hablaba de que el COVID-19 y el SARS eran bastante parecidos, hoy en día eso cambió. Recordemos que el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) fue la primera epidemia global del siglo XXI, esta comenzó en noviembre del 2002 y casi un año más tarde prácticamente nadie hablaba ya de ella.

En los 26 países en los que llegó había sido controlada en 8 meses, por lo que al inicio se pensó que podría ocurrir lo mismo con el COVID-19, ya que el SARS desapareció sin vacuna. Pero con el paso de los meses, el SARS-CoV-2 (como se bautizó científicamente al nuevo coronavirus) está demostrando que no son iguales y que la vacuna será necesaria.

Para entender mejor, el neumólogo Carlos Pallarolas fue consultado al respecto, quien dijo que al inicio de la pandemia el COVID-19 era igual que el SARS, pero hoy en día si hubiesen sido iguales se tenía que haber autolimitado a la región donde inició y no se limitó, se expandió por el mundo entero y esa ya es una diferencia.

Dr. Carlos Pallarolas, neumólogo. Foto: Gentileza.

“Ahí ya hablamos de que es mucho más agresivo, de que tiene una contagiosidad mucho mayor que el SARS, por eso es el SARS 2 y no el SARS 1. Tengo entendido que las vacunas que van a salir al mercado justamente fueron basadas en las del SARS-CoV-1 y que se hizo una variación porque se estaba preparando por si había otra epidemia del SARS-CoV-2 en las regiones donde hubo y por eso se utilizaron esas bases para esta vacuna del COVID-19”, refirió.

Pallarolas explicó que tanto el SARS como el MERS (síndrome respiratorio de Medio Oriente, por sus siglas en inglés; que apareció en 2012) se limitaron a esas regiones y no se expandieron, por lo que pudieron controlar, en cambio el COVID-19 llegó al mundo entero.

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Diferencias entre el SARS, MERS y COVID-19

Según lo expresado por el neumólogo, las personas asintomáticas tienen mayor facilidad de propagación. “Tienen un R0 -número de reproducción– de contagio mucho mayor que todos los otros y eso hace que su contagio sea mayor y que la propagación sea mucho más fácil y esa es la diferencia importante con el SARS y el MERS”, apuntó.

Si bien aparentemente es impensable hablar de que el COVID-19 desaparezca o se pueda controlar sin una vacuna, lo bueno es que las vacunas están a la vista. “Lo único bien visto en este momento es la activación de una vacuna y la utilización en masa de una inmunización a través de la vacuna. Aparentemente no hay otra forma para que la humanidad pueda tener una inmunización mucho más rápida. Es lo que nos dice la situación”, aseguró a La Nación.

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Negacionismo y hartazgo

Finalmente, el médico del Hospital Regional de Ciudad del Este opinó que hay muchos factores que han ocurrido en el mundo y que al parecer tenemos la característica de que todas partes nos fuimos al “negacionismo y al hartazgo” también de la situación.

“Una cuarentena en todos lados, entonces hace que la gente también se rebele. Parece que eso también trae consigo muchos eventos que se contraponen contra esto. En vez de que todo el mundo tomemos medidas y nos adecuemos a las medidas sanitarias, mucha gente se rebela a eso creyendo que esa es la forma de solucionar y no es la solución la rebeldía al sistema porque no es el sistema el que produce la diseminación, sino es la proliferación de los no cuidados”, afirmó.

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