Si se encontrara petróleo en el Chaco paraguayo, algunos medios de comunicación –radicalmente enemigos de este gobierno y sumisamente aliados de la administración anterior, la de Mario Abdo Benítez– dirán que se trata de una veta engañosa cuya extracción, por onerosa, no justificará su producción acumulativa.
Siempre encontrarán el “pero” a todo cuanto de bien haga el actual titular del Poder Ejecutivo. Nada les calza. Ni las noticias más gratificantes para nuestro pueblo sufrido, cuyas demandas históricas por mejores condiciones de vida son siempre postergadas o satisfechas temporalmente.
Decimos temporalmente porque no logramos construir políticas de Estado en la gestión pública, a razón de que cada electo presidente de la República tiende a empezar todo de nuevo, haciendo tabla rasa con los proyectos y programas del periodo anterior, por más beneficiosos que hayan resultado para la sociedad. Su continuidad sería un reconocimiento explícito de algunos méritos de su predecesor.
Y así vamos repitiendo un círculo que solo habrá de romperse cuando empecemos a entender que, sin una cultura democrática, será muy difícil conseguir una estabilidad económica que llueva hacia abajo. Que no gotee solamente.
Esa cultura democrática es el camino para que también la oposición entienda de una vez por todas que tiene que aportar una acción positiva a todos aquellos emprendimientos que se focalizan en el crecimiento económico con equidad y a un desarrollo humano sustantivo. Esto es, una democracia que, a más de la libertad, tenga como fundamento la igualdad a partir de inversiones sociales que permitan a la gente salir de la pobreza.
Empezamos este editorial en tono de sorna, porque el diario que nació al amparo y con la bendición de la dictadura de Alfredo Stroessner, y que se acordó de su función social muy tarde –cuando ya fueron violentados todos los derechos humanos, incluyendo asesinatos y desapariciones forzadas–, ahora solo busca encontrar –por más pequeño que sea– algún mezquino y trivial detalle para intentar ensombrecer cualquier conquista positiva de este gobierno.
Ni hablemos de los inéditos grados de inversión que nos concedieron las dos calificadoras internacionales de riesgo más importantes del mundo. Esto significa que Paraguay es tierra propicia para que empresas y capitales extranjeros puedan apostar por nuestro país, respondiendo al gran desafío de estos tiempos: financiamientos a un menor costo y con su directa relación en la generación de empleos, punto clave, este último, para garantizar el bienestar colectivo y disminuir drásticamente los índices de pobreza.
Pero no, tratándose del periódico del abecedario, es “difícil la convivencia para la salud de nuestra economía”, haciendo un enfrentamiento directo entre “el grado de inversión y las deudas a los proveedores”.
Este diario sufre de amnesia selectiva, porque ignora olímpicamente el feroz buraco que la administración de Abdo Benítez dejó a Santiago Peña respecto a las empresas vialeras y las deudas sin pagar.
Conste que, en su momento, para tratar de disfrazar su apego a ese gobierno que ya se fue, publicó un editorial furibundo contra el entonces ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Arnoldo Wiens, aunque, rápidamente, se evaporó porque fue una crítica tan fugaz como el alcanfor. Inmediatamente después, volvió el amancebamiento entre este medio y la administración que abusó del poder entre 2018 y 2023.
Decía en aquel momento –editorial del 11 de junio de 2021– sobre quien hoy es el caballo favorito de ese diario para las internas coloradas de diciembre de 2027: “La gran ironía que confronta la ciudadanía en este tiempo de mortal pandemia es que, habiendo el gobierno del presidente Mario Abdo Benítez apostado a las obras públicas como pivote para la recuperación económica del país tras el paso fatídico del azote, como sucediera con el Ministerio de Salud Pública bajo la inoperante gestión del exministro Julio Mazzoleni, el MOPC, bajo la batuta de Arnoldo Wiens, ha devenido en un fiasco total, con un tendal de obras viales y de infraestructura urbana plagadas de deficiencias técnicas e irregularidades administrativas rayanas en chanchullos de corrupción flagrante”.
¿Por qué paró este medio con las denuncias? Probablemente a causa de jugosos contratos con el Estado para sobornar la conciencia. Debería recuperar su oficio de investigación y publicar cuánto dinero acumuló Abdo vendiendo asfalto a las empresas dedicadas a la construcción de rutas.
O dónde fue a parar el préstamo de 1.600 millones de dólares que supuestamente fue adquirido para combatir el covid-19, pero que sus huellas están envueltas en la más absoluta nebulosa. No es casualidad que el ministro de Hacienda fuera a la sazón su hermano de madre, Benigno López, hoy devenido crítico con una caradurez sin par.
Así que, cuando intente ese diario dar cátedra sobre ética periodística y cómo administrar el Estado, deberían sus directivos cubrirse el rostro de vergüenza.