El programa Hambre Cero cerró el año 2025 con un fuerte impacto económico, además de su rol social en la provisión de alimentación escolar.

De acuerdo con datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) el programa movilizó más de USD 24 millones a través de la participación directa de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), consolidándose como una herramienta clave de inclusión productiva y dinamización de las economías locales.

Durante el año, un total de 577 mipymes proveedoras, identificadas por RUC único, formaron parte de la cadena de abastecimiento del programa. Estas empresas emitieron 10.593 facturas, generando un movimiento económico de G. 162.315 millones lo que refleja el alcance del programa en términos de actividad comercial, formalización y fortalecimiento del tejido empresarial en distintos puntos del país.

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EXITOSO MODELO

Más allá de su objetivo central de garantizar la alimentación escolar, Hambre Cero se posicionó como una política pública con impacto económico concreto, al integrar de manera directa a las mipymes y a la agricultura familiar dentro del sistema de compras públicas.

El modelo establece que al menos el 5 % de las adquisiciones provengan de mipymes y el 10 % de la agricultura familiar, creando oportunidades reales para pequeños emprendedores y productores rurales.

Este esquema permitió que muchas mipymes accedan a un mercado formal, previsible y sostenido, favoreciendo su crecimiento, la mejora en la gestión y la posibilidad de proyectar nuevas inversiones. Al mismo tiempo, contribuyó a la formalización de actividades y al fortalecimiento de cadenas productivas locales, con impacto directo en el empleo y el consumo interno.

AGRICULTURA FAMILIAR

En el caso de la agricultura familiar, el efecto económico del programa también fue significativo. Durante 2025, un total de 327 organizaciones y productores se incorporaron como proveedores del programa.

En conjunto, emitieron 15.879 facturas por un monto de G. 235.831.187.619, lo que permitió fortalecer la producción nacional y asegurar canales de comercialización estables para pequeños productores.

Al integrar a pequeños negocios y productores al sistema de provisión del Estado, el programa no solo garantizó alimentos para miles de estudiantes, sino que también impulsó la economía local, promovió la formalización y reforzó la producción nacional

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