• Sara Valenzuela
  • Fotos: Mariana Díaz

Explicó que el futuro del sector está estrechamente relacionado con la oportunidad de converger en una economía circular.

El presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles y Energías Renovables (Bio­cap), Massimiliano Corsi, conversó con La Nación/ Nación Media para el espacio Hacedores LN, destacando la riqueza con la que cuenta el Paraguay en el campo y la alta capacidad de potenciar la industria de biocombusti­bles de la mano de los agrone­gocios. Explicó que el futuro de los biocombustibles está estrechamente relacionado con la oportunidad de con­verger en una economía circular con la producción de alimentos para el sector ganadero y la soja, ya que al ser procesados estos produc­tos, lo que queda es el aceite que, además de ser industria­lizado para alimentos, puede ser convertido en biocombus­tibles que a su vez sean utili­zados para las maquinarias industriales de producción en el campo.

El empresario sostuvo que la apertura del mercado de los biocombustibles también es uno de los caminos más via­bles para que Paraguay pueda tener una transición ener­gética de manera estable y sin forzar un cambio que en muchos casos puede resultar costoso si no se sabe aprove­char las herramientas con las que se cuenta.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

–¿Cuál es el objetivo de la Biocap? ¿A qué apun­tan desde esta orga­nización?

La Biocap es una organización gremial que representa a las empresas pro­ductoras, dis­tribuidoras y promoto­ras de ener­gías limpias en Paraguay. Trabajamos para impul­sar el desa­rrollo soste­nible del país, fortaleciendo la industria nacional del sec­tor, fomentando la innovación tec­nológica y defen­diendo políticas que promuevan la inde­pendencia energética y la transición hacia una economía baja en carbono.

- ¿Cómo se encuentra actualmente este sector

En Paraguay, solo tres de las ocho industrias habilitadas están pro­duciendo biodiésel; tres industrias están operando, de las cua­les una tiene más del 70 %, otra tiene 3 % y otra tiene 20 %. Son tres las empresas que están operando en este momento y el resto está en peligro de cerrarse por los altos cos­tos que conlleva sostenerlas.

–¿A qué se debe esa limi­tante que frena a las indus­trias?

–Y el biodiésel calculamos que vamos a producir apro­ximadamente unos 80 millo­nes de litros, que más o menos va a ser un poquito menos que el año pasado. ¿Por qué? No porque bajó la mezcla del 5 %, sino que bajó la venta del gasoil tipo tres a nivel nacio­nal. Entonces, automática­mente la mezcla también un poquito baja, ¿y esto por qué? Porque mucha gente se tras­lada ya solo en plataformas; hay mucha gente que se tras­lada en vehículos más livia­nos y los vehículos más livia­nos son nafteros.

–¿Cuál es la visión que tiene respecto al potencial de los biocombustibles en Paraguay?

–Los biocombustibles son la herramienta más eficiente y accesible para la transi­ción energética, porque uti­lizan tecnología disponible, materia prima local y gene­ran energía limpia. En Para­guay tenemos nuestro pro­pio petróleo, y lo mejor es que no hay que buscarlo a miles de metros de profundidad ni contaminar para obtenerlo.

Nuestro petróleo se cultiva: está en los campos y, junto con la producción de alimentos, forma parte de una economía circular más eficiente para el país. Cada litro de biodiésel paraguayo significa sobera­nía, empleo y futuro sosteni­ble, beneficiando además a la agricultura nacional e impul­sando la industrialización de nuestras materias primas.

–¿Cuál es el principal desa­fío del rubro de biocombus­tibles?

–La industria nacional del biodiésel podría colapsar si no se actualiza la Ley 6389. El motivo es claro: la actual Ley 6389/19 fija un techo de hasta 5 % de mezcla obliga­toria con el diésel común, lo que limita el crecimiento del sector y genera una profunda inestabilidad.

El problema es aún más grave porque ese porcentaje puede ser modificado por resolu­ción del gobierno de turno, siempre hacia abajo y nunca hacia arriba. Esto significa que la industria no cuenta con previsibilidad ni condicio­nes para planificar su creci­miento

No existe en el mundo una industria que pueda desa­rrollarse si no tiene la posibili­dad de crecer cuando las con­diciones son favorables.

–Pero si se da esa modifica­ción en la ley, ¿se tendría la capacidad técnica para dar abasto a la mezcla?

–Paraguay tiene la capaci­dad instalada para producir y abastecer mezclas superiores al 15 %, dejando de importar esa proporción de gasoil; esto permitiría ahorrar decenas de millones de dólares anuales en divisas, crear empleo nacional y reducir emisiones contami­nantes.

Además, a mayor volumen de producción, los costos por litro disminuyen, haciendo que el biodiésel sea más competitivo frente al diésel convencional. La ley vigente necesita una actualización urgente, que establezca un rango flexible de mezcla más alto, asegurando que, cuando las condiciones estén dadas, se pueda aumen­tar la participación del biodié­sel; no pedimos subsidio, nece­sitamos ampliar el mercado.

–¿Este modelo de negocio de los biocombustibles tam­bién se ve en otros países de la región?

–Esto que yo te estoy comen­tando lo hace, por ejemplo, Brasil, lo hace Argentina, lo hace Perú, lo hace Colom­bia. Lo hacen los países veci­nos, también el Mercosur. ¿Por qué? Porque saben que, a pesar de que ellos son paí­ses mucho más grandes y que tienen petróleo, como Brasil, por ejemplo, ellos saben que los biocombustibles hacen parte de esta cadena.

El objetivo con este modelo de negocios, además de poder cre­cer y que esta sea una industria más fuerte y competitiva con los precios, es hacer que estos biocombustibles sean una herramienta para la soberanía energética del país. Sabemos que, si bien tenemos Itaipú, en un futuro vamos a necesitar alternativas y, además, que si nos vemos perjudicados por aranceles o cualquier tipo de presión extranjera para tener petróleo, nos vamos a ver en un mal escenario en el cual los biocombustibles pueden ser la salida y no solo ayudar al país en su consumo, sino que con la exportación de los mismos.

–¿Cuál es la preocupación ahora de la Biocap con el aceite que se produce en Paraguay?

–Y hay una necesidad muy grande en Paraguay de con­sumir el aceite que nosotros producimos, porque hoy en día hay un exceso, hay un sobrante de aceite, que es un excedente muy grande, que hoy en día exportamos. ¿Y por qué exportamos? Porque no tenemos dónde colocar a nivel interno y, si bien exportamos, lo hacemos a un precio rega­lado porque es un producto que no está industrializado.

–¿Y en qué trabajan para hacerle frente a este esce­nario?

–La idea que nosotros tuvi­mos con Biocap es comenzar a hablar de nuevos biocombus­tibles, que sería el SAF, que es un combustible para aviones alternativo y renovable que reduce las emisiones de car­bono. Y estamos trabajando con una empresa privada y también con entidades públi­cas del Uruguay para ver la posibilidad de llevar algunos proyectos piloto acá en Para­guay para convertir este exce­dente que tenemos de etanol en biocombustible de acción.

Y que así Paraguay también haga parte de esta transición para la parte de aviación, que es algo a nivel normativo, a nivel internacional. O sea, hay normativas a nivel internacio­nal que obligan a las compa­ñías aéreas a tener una cierta cantidad de SAF para la tran­sición energética.

PERFIL

Massimiliano Corsi es un empresario de origen italiano, lleva radicado en Paraguay desde el 2014.

Actualmente, además de ser el presidente de la Biocap, es socio en la empresa Pioneros del Chaco SA, integrada por las principales cooperati­vas de producción del Chaco.

Déjanos tus comentarios en Voiz