La mosca de la fruta representa una de las principales amenazas fitosanitarias para los productores, debido a su capacidad de propagación y a los daños que ocasiona en los cultivos. Además de comprometer la calidad y el rendimiento de las cosechas, su presencia puede convertirse en una barrera para el comercio internacional.
“Por su alta capacidad de propagación es considerada una plaga crítica”, explicó la ingeniera Carmen Berni, directora general técnica del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) a La Nación / Nación Media. Paraguay aplica procedimientos de vigilancia, inspección y análisis de muestras, tanto en zonas productivas como en los puntos de ingreso al país. Las frutas que presentan indicios de infestación pueden ser rechazadas, por lo que el cumplimiento de las exigencias sanitarias resulta clave para sostener y ampliar el acceso a los mercados internacionales.
Se trata de un complejo de especies de moscas que afectan a distintos cultivos frutícolas. La hembra perfora la cáscara del fruto y deposita sus huevos en el interior; posteriormente, las larvas nacen y se alimentan de la pulpa, provocando su deterioro y caída prematura. Este proceso genera pérdidas económicas para los productores.
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Sistema de monitoreo
El Senave cuenta con un sistema de monitoreo y vigilancia fitosanitaria que permite identificar las especies presentes, registrar sus poblaciones y detectar posibles aumentos en su incidencia. Para ello, instala trampas en distintas zonas productivas, que son revisadas periódicamente. Los resultados permiten generar alertas y orientar las medidas de control junto con los productores y los servicios de asistencia técnica.
“La vigilancia sanitaria no es solamente responsabilidad de nosotros como institución”, remarcó Berni. La estrategia también requiere la participación de los agricultores, quienes deben retirar los frutos caídos y aplicar métodos adecuados para evitar que las larvas completen su ciclo de desarrollo. Entre las alternativas mencionadas por la especialista figuran la solarización de los frutos afectados, mediante bolsas plásticas que permitan elevar la temperatura, y su enterramiento a una profundidad suficiente para impedir la salida de los insectos adultos.