El programa de alimentación escolar Hambre Cero generó ventas por más de USD 25 millones para mipymes y la agricultura familiar, consolidándose como un motor de desarrollo económico y social. De acuerdo con el Sistema Integrado de Alimentación Escolar (SIAE), al cierre de septiembre las operaciones alcanzaron un total de USD 25.201.504, reflejando el impacto directo de las políticas públicas en la producción nacional.

En detalle, las mipymes registraron ventas por USD 10.471.692, mientras que las compras a pequeños productores sumaron USD 14.729.221. En conjunto, ambos sectores emitieron 12.991 facturas de provisión, lo que evidencia el dinamismo de este mercado y la capacidad de respuesta de los emprendedores locales.

Las medidas del Gobierno han potenciado este crecimiento, entre ellas la disposición que obliga a las empresas proveedoras del programa Hambre Cero a adquirir al menos el 10% de sus insumos frutihortícolas de manera directa a productores y un 5% en productos, bienes y servicios de las mipymes. Actualmente, unas 311 micro y pequeñas empresas forman parte de la red de proveedores, generando empleo directo a más de 5.000 personas en distintos puntos del país.

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El aporte de las mipymes no se limita a la provisión de productos, sino que además incorpora valor agregado y alimentos con identidad local. Entre los principales rubros se encuentran panificados e industrializados como chipitas, galletitas de avena y arroz, pan lacteado, fideos y tortas de miel de caña. También destacan productos tradicionales como miel de abeja, yerba mate, dulce de membrillo y turrón de maní, junto a condimentos y hortalizas frescas como orégano, fécula de maíz, locote, pepino, repollo, cebolla y remolacha.

Estos alimentos cumplen una doble función: nutricional y cultural, al tiempo que fortalecen las cadenas de valor locales y generan arraigo en las comunidades. La diversidad de productos permite mejorar la calidad de la alimentación escolar, a la vez que se promueve la sostenibilidad económica en el interior del país.

En cuanto al desempeño territorial, los datos del SIAE muestran que Amambay y Canindeyú lideran la ejecución de provisiones, con más del 30% en el primer llamado y 21% y 18% respectivamente en el segundo. Les siguen Caazapá, Itapúa y Misiones, con niveles de ejecución de entre 23% y 27%.

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En contrapartida, departamentos como Alto Paraguay, San Pedro, Alto Paraná y Cordillera registraron un menor dinamismo, con ejecuciones que van del 2% al 8%. Este escenario plantea el reto de equilibrar territorialmente las oportunidades, potenciando a los departamentos con menor participación y consolidando a aquellos que ya muestran un fuerte desempeño.

El impacto del programa Hambre Cero trasciende la alimentación escolar y se posiciona como una política pública de desarrollo inclusivo. La articulación entre Estado, mipymes y agricultura familiar no solo garantiza alimentos de calidad a los estudiantes, sino que también impulsa la generación de empleo, el consumo de productos nacionales y el fortalecimiento de las economías regionales.

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