Edgar Mayeregger, director de Gestión de Riesgos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) indicó que actualmente nuestro país se encuentra saliendo del fenómeno La Niña, por lo que el sector agrícola pasará a un periodo neutral con un otoño invierno aparentemente sin lluvias.
El experto comentó que se espera el estado neutro se desarrolle en los meses de abril y mayo. “Hay que ver si se mantiene lo neutro o si hay una evolución hacia un evento de un Niño o Niña, pero hasta ahora no hay señales claras”, dijo a la 920 AM, al tiempo de recordar que al hablar de un estado normal las lluvias serían más escasas.
En esta semana se registraron precipitaciones generalizadas e importantes en el chaco paraguayo, así como mayor regularidad en el Norte del país, a pesar de que Concepción sigue con déficits. “Para el sector productivo esto ayuda muchísimo para la siembra de rubros de la época y zafriña de maíz para los cultivos extensivos”, comentó.
Con relación a las pasturas, dijo que fueron beneficiadas con las lluvias, ya que tienen la ventaja de que su raíz es más superficial, por lo tanto, la calidad de agua caída es más aprovechada por las raíces y su recuperación es bastante rápida.
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Nueva temporada
Los rubros de la época venidera apuntan a la caña, mandioca, y el trigo, que es el más común en la temporada de otoño invierno que está por ingresar. “También los rubros de huerta que son para el autoconsumo y para las ferias, tales como tomate, repollo, lechuga, y los emergentes como cebolla, papa”, subrayó.
En cuanto a los productos frutihortícolas, dijo que estos deben tener sistemas de reservorio de agua que le permita ayudar al riego del líquido y de conveniencia de uso sostenible. ”No hay que desperdiciar y para eso regarlo lo necesario sin exagerar, para tener una producción garantizada”, puntualizó.
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Lluvias retrasan el avance de la siembra de arroz
La campaña arrocera 2026/27 inició con un importante retraso debido a las lluvias registradas en las últimas semanas, que dificultaron la preparación de los suelos y el ingreso de maquinarias a los campos. En la primera semana de setiembre, el avance de la siembra llegaría entre el 10% y el 15%, todavía por debajo del ritmo habitual para esta época.
El ingeniero agrónomo Reinerio Franco, vicepresidente de la Federación Paraguaya de Productores de Arroz (Feparroz) y secretario de la Cámara Paraguaya de Industriales de Arroz (Caparroz), explicó que normalmente entre el 15 y el 31 de agosto se concreta entre el 20% y el 30% del área prevista.
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Sin embargo, a finales de agosto, el avance no alcanzaba el 3%. Si bien las condiciones mejoraron y permitieron retomar los trabajos, parte de las parcelas podría quedar fuera de la ventana óptima de siembra, con posibles efectos sobre el rendimiento.
La expectativa del sector se mantiene en unas 210.000 hectáreas, aunque la superficie final dependerá de la evolución del clima durante las próximas semanas y del comportamiento de El Niño.
El productor también alertó sobre una posible mayor presión de enfermedades, por lo que recomendó reforzar el monitoreo y realizar los tratamientos de manera oportuna. El manejo del agua será otro factor clave ante las lluvias, con la necesidad de contar con sistemas de drenaje adecuados.
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A este escenario se suma un aumento de entre 15% y 20% en los costos de producción, principalmente por el encarecimiento de fertilizantes y defensivos. El costo por hectárea se ubica entre US$ 1.300 y US$ 1.600, según el nivel tecnológico.
Pese a las dificultades, el sector mantiene expectativas favorables sobre los precios, ante la posibilidad de una menor producción regional de arroz que reduzca la oferta en el Mercosur.
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De la soja a la carne: el desafío de integrar toda la cadena productiva
Hugo Pastore, director ejecutivo de Capeco, destacó el potencial de la soja y el maíz para impulsar la producción de proteína animal y planteó la necesidad de fortalecer la infraestructura y el acceso a tecnología.
El desafío de la industrialización. La soja paraguaya tiene un desafío que va más allá de las toneladas cosechadas, y es la transformación de su producción en mayor valor dentro del país. Para Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), el camino también pasa por una mayor integración entre la producción agrícola y las cadenas de proteína animal.
El desarrollo de la actividad agropecuaria en el Chaco abre nuevas oportunidades en este sentido. Hugo destacó la habilitación de la planta de Industria Pioneros en la región y señaló que, en una zona donde la ganadería tiene un peso importante, existe espacio para conectar la producción de proteína vegetal, como la soja, con la producción de proteína animal, incluyendo carne porcina, aviar y vacuna.
A su criterio, es justamente en esa integración donde se encuentra una de las principales oportunidades de agregación de valor para Paraguay. Sostuvo que el pequeño y mediano productor cuenta con conocimiento y capacidad para desarrollar actividades vinculadas a la producción de carne, pero requiere condiciones que faciliten su incorporación a las cadenas productivas.
Logros y la inversión en la infraestructura. El movimiento también está acompañado por inversiones internacionales. Hugo mencionó la llegada de grupos como JBS y de inversores españoles vinculados a la producción de carne, como parte de un proceso que, según sostuvo, debe seguir consolidándose.
Desde Capeco, la meta trazada es llevar la producción de soja hasta 15 millones de toneladas y la de maíz hasta 10 millones de toneladas. En el caso del maíz, además, observa un crecimiento de la demanda interna, impulsada por la producción de carne y una industria de etanol que suma nuevas plantas a su capacidad instalada.
Pero para que el campo siga creciendo, la infraestructura deberá acompañar el ritmo. Sobre el punto, señaló como desafíos el fortalecimiento de la logística, el mantenimiento de la hidrovía y una navegación eficiente para las exportaciones, además de mejorar las conexiones terrestres con Brasil.
También indicó que la incorporación de tecnología a los pequeños productores es otro desafío, en esa línea destacó que la integración mediante cooperativas puede facilitar el acceso a asistencia técnica, innovación y mejores condiciones de comercialización, permitiendo que el crecimiento de la agricultura se traduzca también en oportunidades para los productores de menor escala.
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Presidenta de Inbio destaca la tecnología y genética para ampliar la productividad del campo
Simona Cavazutti, presidenta de Concopar y del Instituto de Biotecnología Agrícola destacó el avance de nuevas tecnologías y el desafío de adaptarlas a las condiciones productivas de Paraguay, con acompañamiento a pequeños productores.
La incorporación de nuevas tecnologías al campo. Durante el lanzamiento de la campaña sojera, Simona Cavazutti destacó la importancia de acercar las innovaciones agrícolas también a los pequeños productores, como parte de una estrategia para elevar la productividad y fortalecer toda la cadena
Simona explicó que el lanzamiento se realiza habitualmente en pequeñas propiedades, justamente para demostrar que la incorporación de tecnología también puede ser aprovechada por productores de menor escala. Según señaló, cerca del 20 % al 25 % de la producción del país se concentra en pequeñas parcelas, lo que evidencia la relevancia de acercar estas herramientas a ese segmento.
En este proceso, el acompañamiento técnico y la capacitación cumplen un papel central. La representante señaló que el trabajo con las cooperativas permite apoyar a los productores en la aplicación de nuevas tecnologías, mientras que el Instituto Nacional de Biotecnología trabaja en la incorporación al país de innovaciones vinculadas a la genética y la agricultura, no solamente para la soja, sino también para otros rubros.
Centro de investigación en puerta. Uno de los principales ejes está relacionado con la investigación genética y la adaptación de semillas. Simona explicó que no basta con traer variedades desarrolladas en otros países, sino que estas deben ser adaptadas a las condiciones locales de clima, suelo y cultivos.
En ese sentido, destacó la construcción de un centro de investigación que se encuentra próximo a ser inaugurado y que, según indicó, será el mayor centro privado de investigación genética de Paraguay. Allí se probarán semillas, variedades y cultivares para determinar cuáles pueden responder mejor a la realidad productiva nacional.
La innovación también se extiende a las prácticas agrícolas. La institución impulsa programas destinados a capacitar a los productores en buenas prácticas, con el objetivo de que nuevas formas de trabajo permitan producir más, aprovechar el clima y utilizar mejor las condiciones de la tierra.
El objetivo, remarcó Simona, es que estas herramientas no se queden en el laboratorio ni en los grandes productores, sino que sean útiles para todo el sector productivo y para los distintos eslabones de la cadena.
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Soja: un nuevo ciclo con tecnología, mercados y valor agregado
La campaña 2026/27 proyecta 3,6 millones de hectáreas sembradas con una producción que podría superar los 12 millones de toneladas, entre los desafíos se identifica la soberanía del agricultor, el acceso a mercados y una mayor industrialización.
Un nuevo ciclo. Este viernes 4 de septiembre, Paraguay dará inicio a una nueva campaña de siembra de soja, en un momento que también marca el comienzo de una nueva etapa para FOCO, con el lanzamiento de FOCO Agro, un espacio que buscará acercar las principales informaciones, tendencias y datos de primera mano del sector productivo.
En esta primera entrega, conversamos con el asesor de la Unión de Gremios de la Producción (UGP) y exministro de Agricultura y Ganadería, Santiago Bertoni, quien señaló que el inicio de la campaña 2026/27 trae consigo expectativas renovadas y nuevos desafíos.
“Miles de productores volverán a poner en la tierra semillas, tecnología, capital y trabajo, con la expectativa de una buena cosecha, mientras se reactiva una de las principales cadenas de generación de empleo, inversión y divisas del país”, expresó.
La campaña parte con expectativas de unas 3,6 millones de hectáreas de soja y una producción que podría superar los 12 millones de toneladas. El desafío, según Santiago, no pasa únicamente por ampliar el área sembrada, sino por producir más y mejor mediante genética, biotecnología, siembra directa, manejo de suelos y agricultura de precisión.
El peso económico del complejo soja. Hasta julio de 2026, la soja generó alrededor de USD 3.513 millones en divisas y representa cerca de la mitad de las exportaciones. Su impacto, sin embargo, trasciende al campo e involucra a transportistas, silos, puertos, industrias, proveedores de insumos, maquinaria, talleres, servicios y miles de mipymes vinculadas directa o indirectamente a la actividad.
El lanzamiento se realizará en una finca de pequeños productores de Maracaná, Canindeyú, como muestra de que la agricultura tecnificada no es exclusiva de grandes empresas. Santiago señaló que cerca de 900.000 hectáreas de soja son cultivadas por pequeños productores que, mediante el acceso a tecnología, pudieron incorporarse a cadenas de valor y mejorar sus resultados económicos.
En este escenario, plantea defender la “soberanía del agricultor”, entendida como la capacidad de decidir qué y cómo producir y qué tecnologías utilizar, dentro de la legislación y con respaldo científico. Esto cobra importancia ante mayores exigencias internacionales de trazabilidad, sostenibilidad, residuos y emisiones.
Paraguay, sostuvo, debe cumplir sus compromisos y demostrar cómo produce, pero evitando que las exigencias se conviertan en barreras comerciales. Más del 80 % del área de soja es libre de deforestación tomando 2005 como referencia, mientras que la siembra directa supera el 90 % de la superficie.
El siguiente salto está en agregar valor. Más procesamiento de soja implica oportunidades para producir aceite, harina proteica y biocombustibles, además de fortalecer las cadenas porcina, aviar, láctea y de otros alimentos.
Finalmente, el asesor de la UGP recalcó que este 4 de septiembre no solo comienza una nueva siembra, sino también se abre otro ciclo de inversión, tecnología y trabajo, con productores que vuelven a apostar su capital y su futuro en la tierra paraguaya.