Compañías turcas buscan expandir sus operaciones en Sudamérica y especialmente en Paraguay, teniendo en cuenta su ubicación privilegiada, la conexión con ríos de Brasil y Argentina y sus puertos importantes, además de la abundante energía, según explicó el empresario turco Mehmet Ozturk quien se encuentra en nuestro país para impulsar alianzas.
En comunicación con La Nación/Nación Media, explicó que estas inversiones comprenden a Paraguay como el centro logístico y de producción que sirva a toda la región, además se fijan en Matto Grosso do Sul, Paraná, Iguazú, Misiones, Corrientes y Formosa, que suman una población de 120 millones de personas y reúnen un Producto Interno Bruto de USD 900 billones anuales.
Destacó los bajos costos en producción y por eso la estrategia es empezar aquí para expandirse a otras economías. “Es un lugar muy seguro y un clima muy amable para los inversionistas. Queremos empezar acá y estamos buscando socios comerciales y potenciales nacionales”, comentó. Así también, dijo que el objetivo no es vender o comprar productos, sino establecer alianzas de largo plazo entre las compañías turcas.
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Resaltó que con la gran capacidad financiera y técnica que reúnen pueden apuntar a expandirse a mercados lejanos, y las compañías locales se benefician creciendo a nivel regional. “Estamos buscando relaciones de años con los paraguayos y vamos a empezar con este país”, agregó. Les atrae la estabilidad política y financiera, los incentivos existentes a la producción, la disponibilidad de energía y el menor costo de producción respecto a otros países.
Con respecto a los rubros, dijo que son atractivos los sectores de muebles, maquilas, metales, celulosa, textil. ”Entre 4 y 5 meses o un año queremos empezar nuestras operaciones”, agregó. Añadió que algunos inversionistas desean instalar fábricas y establecer alianzas con socios en esta región del continente que aporten el conocimiento del mercado y la cultura, además que la economía turca ayude a que el país se desarrolle en el plano industrial.
Datos clave
Inversionistas turcos miran a Paraguay como el centro logístico y de producción que sirva a toda la región.
La economía del país es un lugar muy seguro y un clima “muy amable” para los inversionistas.
Atraen los sectores de muebles, maquilas, metales, celulosa, textil.
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Paraguay, imán del capital brasileño
Por: Alba Delvalle
Una serie de empresas consultan cada semana cómo instalarse en el país, atraídas por costos, talento y su posición estratégica como puerta de entrada al mercado sudamericano.
El interés de empresas brasileñas por instalarse en Paraguay dejó de ser una premisa para convertirse en un flujo constante de consultas, proyectos en evaluación y, en algunos casos, inversiones en marcha. Lo que décadas atrás era una oportunidad poco explorada, hoy empieza a consolidarse como una estrategia concreta de expansión regional.
En ese proceso, actores como TOTVS, firma tecnológica con presencia en Paraguay, Brasil y Bolivia, están cumpliendo un rol silencioso pero clave: acompañar a empresas en su desembarco, integración operativa y comprensión de los negocios a nivel local.
“Todas las semanas recibimos entre tres y cuatro consultas de empresarios interesados en Paraguay”, expresa Emerson Wagner, quien lleva más de dos décadas vinculado al desarrollo de negocios en la región. Estas indagaciones reflejan una tendencia más amplia, de que decenas o incluso cientos de empresas evalúan al país como destino.
Pero lo interesante no es solo el volumen, sino el tipo de consulta, ya que, según el referente, ya no se trata de un interés exploratorio superficial, sino de empresarios que buscan entender cómo abrir operaciones, qué estructura necesitan y de qué manera pueden escalar desde Paraguay hacia otros mercados.
Es decir, el país empieza a posicionarse como algo más que un destino de inversión puntual, y se configura más bien como una plataforma de expansión. Paraguay aparece como el primer paso en su proceso de internacionalización, debido a la cercanía geográfica, la afinidad cultural y un entorno operativo accesible.
Pero el verdadero diferencial está en lo que ocurre después, comenta Emerson, ya que, desde Paraguay, las industrias pueden proyectarse hacia economías como Argentina, Bolivia o Chile, aprovechando una ubicación estratégica y una estructura de costos más competitiva. Esa combinación convierte al país en una especie de “zona de aterrizaje” para operaciones regionales.
“El empresario llega por los impuestos o la maquila, pero se queda por todo lo demás”, remarca el directivo. Esa “segunda capa” de ventajas es la que termina consolidando la decisión, por las ventajas competitivas del país como la disponibilidad de mano de obra joven que contrasta con un mercado laboral más saturado en Brasil.
A esto se suman costos energéticos competitivos y una infraestructura que, según el ejecutivo, suele sorprender a quienes llegan por primera vez. Asimismo, el contexto regional juega su papel, pues Brasil que concentra cerca de la mitad del PIB de América del Sur, enfrenta desafíos propios como mayor competencia interna, costos más elevados y dificultades para encontrar recursos humanos disponibles en ciertos sectores.
Ese escenario empuja a las empresas a mirar más allá de sus fronteras en busca de eficiencia y crecimiento, y Paraguay aparece entonces como una extensión natural. El interés se concentra principalmente en el sector industrial, donde el país ofrece condiciones particularmente atractivas para proyectos orientados a la producción y exportación como la Ley de Maquila, uno de los principales catalizadores.
Pero Wagner comenta que las empresas evalúan también la logística, el acceso a mercados, la estabilidad macroeconómica y la posibilidad de operar con estructuras más livianas. Punto en el que compartió la intención de una firma que podría generar inversiones de USD 200 millones para la instalación de una planta industrial vinculada a la producción textil.
Aunque el desembarco no es automático, aclara, y que uno de los factores clave que determinan si una inversión se concreta o no es la capacidad de generar conexiones locales. “El empresario brasileño necesita aliados en Paraguay”, explica. Desde el conocimiento del marco regulatorio hasta el acceso al sistema financiero o la articulación con actores del sector público, lo que será determinante para transformar el interés en inversión real.
Ahí es donde aparecen oportunidades como las misiones empresariales, que buscan precisamente acortar esa distancia. La reciente llegada de una delegación de 40 empresarios brasileños al país tuvo ese objetivo: generar vínculos, entender el mercado y avanzar en oportunidades concretas. En ese ecosistema, empresas tecnológicas como TOTVS operan como facilitadores. Más allá de su core de negocio, que es el desarrollo de sistemas de gestión empresarial (ERP), su rol se amplía a la integración operativa de compañías que desembarcan en nuevos mercados.
A través de plataformas como su sistema integrado, las empresas pueden centralizar información contable, financiera, productiva y comercial, independientemente del país en el que operen. Esto no solo mejora la eficiencia, sino que reduce la incertidumbre en procesos de expansión, comentó.
En un entorno en el que la información en tiempo real es clave, contar con visibilidad sobre toda la operación se vuelve un factor crítico, tendencia acelerada en los últimos tres años, y todo indica que no es coyuntural. La combinación de factores internos en Brasil y ventajas estructurales en Paraguay, está generando un punto de inflexión.
Tal es así que, más que una ola puntual de interés, se trata de un cambio en la lógica de expansión empresarial en la región, y Paraguay está dejando de ser una opción periférica para convertirse en una pieza estratégica.
Y aunque el volumen de inversiones concretadas todavía está en proceso de maduración, el dato más relevante ya está sobre la mesa: el país no solo está siendo observado, sino activamente evaluado como base de operaciones, concluye Wagner.
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Paraguay promueve inversiones inmobiliarias en Taiwán
Paraguay avanza en la atracción de capital extranjero con foco en el sector inmobiliario, mediante una agenda activa de promoción en mercados estratégicos como Taiwán.
En ese marco, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), a través de Rediex, acompañó la presentación de oportunidades de inversión realizada por una empresa paraguaya en Taipéi, orientada a captar el interés de empresarios taiwaneses en desarrollos corporativos y residenciales.
La actividad se llevó a cabo en la sede de la Embajada de Paraguay en Taiwán y contó con el respaldo del embajador Darío Filártiga y de la agregada comercial Macarena Barboza, quienes facilitaron el acercamiento con inversionistas y actores del sector.
El encuentro permitió presentar de forma directa proyectos inmobiliarios locales en un mercado que comienza a explorar oportunidades fuera de Asia. El interés de Taiwán se da en un contexto de búsqueda de nuevos destinos para inversiones estratégicas, donde Paraguay aparece como una alternativa competitiva en la región.
Durante la presentación se destacaron factores como la estabilidad macroeconómica, el clima de negocios favorable y la ubicación geográfica, elementos que posicionan al país como una plataforma para desarrollar proyectos en Sudamérica.
Sebastián García, uno de los referentes del rubro, señaló que la respuesta del empresariado taiwanés fue positiva, lo que abre la posibilidad de concretar nuevas inversiones en el corto y mediano plazo. La iniciativa busca no sólo canalizar capital hacia el sector inmobiliario, sino también fortalecer la relación económica bilateral.
Para Rediex, este tipo de acciones forma parte de una estrategia más amplia de promoción de inversiones, orientada a diversificar el origen del capital extranjero y generar alianzas de largo plazo.
El organismo apunta a consolidar a Paraguay como destino para proyectos inmobiliarios, aprovechando el crecimiento urbano, la demanda habitacional y las oportunidades en desarrollos corporativos.
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¿Qué es el “Paraguay Investor Pass”?
La puerta de entrada al capital extranjero, es una residencia express simplificada permanente, con lo que el país entra a competir en la atracción global.
Paraguay empieza a mover fichas en la competencia regional por atraer inversiones. El Ministerio de Industria y Comercio (MIC), junto con Migraciones, presentó el “Paraguay Investor Pass”, una iniciativa que busca facilitar el acceso a la residencia permanente para inversionistas extranjeros.
Más que un trámite migratorio, la medida apunta a reducir una de las principales barreras para el capital externo: la burocracia. Hoy, obtener la residencia como inversionista implica un proceso fragmentado, con múltiples requisitos y tiempos administrativos.
“Muchos querían radicarse primero y luego desarrollar sus proyectos. Hoy habilitamos esa posibilidad, vinculando la residencia a inversiones que también dinamizan sectores clave como el turismo, el financiamiento y el mercado inmobiliario”, expresó el ministro de Industria, Marco Riquelme.
El nuevo esquema busca simplificar ese camino y hacerlo más competitivo frente a otros países de la región que ya cuentan con programas similares.
Para acceder a la residencia, los extranjeros deben cumplir condiciones como realizar inversiones en el país, que rondan los USD 70.000, y generar empleo local, lo que posiciona al programa como una herramienta de política económica más que migratoria.
Según datos oficiales, el país pasó de 28.000 solicitudes de radicación en 2024 a más de 47.000 en 2025, con una proyección de alcanzar las 80.000 este año. La mayoría de los solicitantes provienen de Brasil, comentó el director nacional de Migraciones, Jorge Kronawetter.
En un contexto donde Paraguay busca consolidarse como hub regional, con ventajas como baja carga impositiva y costos operativos competitivos, el desafío ya no es solo ofrecer condiciones, sino facilitar el ingreso del capital.
El “Investor Pass” va en esa línea con hacer más simple invertir en Paraguay, por lo que, el desafío no es atraer inversionistas, sino retenerlos. Es así que, simplificar la entrada es solo el primer paso.
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Protagonista en la evolución autopartista
Por: Alba Delvalle
De una industria inexistente a más de 8.000 empleos y exportaciones récord: el sector se consolidó como uno de los motores manufactureros del país. En ese proceso, Tatiana Mursa no solo fue testigo, sino parte de una transformación que cambio el juego.
Cuando Tatiana Mursa llegó a Paraguay en 2011, el desafío era claro: instalar una industria que prácticamente no existía. En ese momento, el sector autopartista contaba con una sola empresa y apenas 250 trabajadores.
Hoy, quince años después, la historia es otra, más de 8.000 empleos directos, siete empresas internacionales operando o en proceso de instalación y exportaciones que superaron los USD 400 millones al 2025.
La industria autopartista no solo creció, sino se convirtió en el principal rubro dentro del régimen de maquila, concentrando cerca del 31% de las exportaciones del sector. En términos concretos, es uno de los casos más claros de industrialización acelerada en Paraguay.
Ese salto industrial estuvo marcado con la figura de una extranjera que adoptó a Paraguay y al rubro como parte de su ecuación. Nacida en Moldavia, creció en un contexto de transformación radical tras la caída de la Unión Soviética.
Con apenas 14 años, vivió un cambio de idioma, del sistema educativo y del modelo económico, aspectos que diseñaron una característica que hoy define su liderazgo: la adaptación al cambio.
“De niña soñaba con ser médica cirujana, pero la apertura hacia Occidente despertó en mí un fuerte interés por los idiomas y la posibilidad de proyectarme internacionalmente. Me desempeñé como intérprete y mi primera experiencia profesional fue en una firma española que llegó a Moldavia para gestionar la distribución de energía eléctrica”, comenta Tatiana.
Cursó una segunda carrera en Bancos y Bolsas de Valores, graduándose como economista. En 2006 dejó Moldavia para incursionar en una industria completamente nueva para ella: el sector autopartista.
Comenzó a trabajar en Fujikura Automotive en Rumania, adentrándose aún más por Europa y África, hasta que en 2011 recibió una propuesta que marcaría su carrera: formar parte del equipo que iniciaría las operaciones de Fujikura Automotive en Paraguay.
“Éramos cuatro personas, no había industria instalada, y el país aún no figuraba en el radar industrial de este segmento. Fue un proceso transformador”, asintió. Pero la ubicación estratégica de Paraguay, cercana a los principales polos automotrices de la región, permitió operar bajo esquemas de producción exigentes como el just in time. A eso se sumó un elemento clave: el capital humano local.
La industria autopartista es intensiva en mano de obra, pero también en precisión, y ahí apareció una de las variables que terminó marcando el diferencial, conocida hoy como la participación femenina. Tatiana es actualmente presidente de Fujikura Automotive Sud América y presidente Asociación de Industrias Autopartistas del Paraguay (AIAP).
El 60 % del personal operativo en Fujikura Paraguay está compuesto por mujeres. En cargos gerenciales hay paridad, y en niveles de supervisión la participación femenina ronda el 48 %. Más que una política, fue una evolución natural basada en resultados. La industria no es masculina ni femenina, es profesional”, sostiene la ejecutiva.
En la práctica, esa afirmación se tradujo en productividad, calidad y estabilidad en los procesos. La atención al detalle, la disciplina y la capacidad de adaptación, son atributos que ella destaca en la mano de obra local femenina, que fueron claves para escalar operaciones en un sector donde los estándares son globales.
Ese mismo capital humano fue uno de los factores que convenció a las primeras empresas a instalarse en Paraguay, incluso sin antecedentes en el rubro. El otro gran factor fue el entorno, pues el desarrollo del sector no se explica solo por la inversión privada.
Hubo también un proceso de acompañamiento institucional que permitió agilizar trámites, modernizar procesos y generar condiciones competitivas frente a otros mercados. La articulación público-privada, en este caso, fue determinante, asegura.
Desde la AIAP, el foco está puesto en sostener ese crecimiento con más tecnología, menos burocracia y mayor integración regional. En ese camino, acuerdos como el ACE 74 con Brasil y el ACE 13 con Argentina fueron fundamentales para consolidar la inserción del país en la cadena automotriz regional, aunque el desafío ahora es escalar, dice.
“El sector ya demostró que puede crecer. Ahora necesita consolidar volumen, atraer más inversiones y avanzar hacia procesos cada vez más sofisticados, ahí es donde Paraguay empieza a jugar en otra liga”, afirma.
Es decir, el país ya no es solo una alternativa de costos, es una plataforma industrial en construcción, con capacidad de integrarse a cadenas globales de valor. Y en ese proceso, el autopartismo aparece como un laboratorio de lo que puede venir después. Para la CEO, el crecimiento del sector también refleja algo más amplio: la madurez del país como destino de inversión.
“Paraguay estaba preparado y esperando esta oportunidad”, remarca, al tiempo de agregar que esa preparación no fue casual. Es el resultado de años de estabilidad macroeconómica, reglas relativamente claras y una apertura progresiva hacia la inversión extranjera. Un combo que hoy empieza a mostrar resultados concretos.
En lo personal, su historia también rompe esquemas, no solo por venir de otro continente a liderar una de las industrias más dinámicas del país, sino por hacerlo en un sector históricamente dominado por hombres. Sin embargo, ella prefiere evitar ese enfoque y hablar de equipos, de capacidades y de resultados. De liderazgo adaptativo en contextos cambiantes, de formación constante y de entender que el crecimiento, tanto personal y empresarial, nunca es lineal.
Fuera del ámbito corporativo, mantiene una rutina centrada en el aprendizaje continuo, la lectura y el deporte. Pero, sobre todo, en el equilibrio. Su recorrido es un claro ejemplo de que las transformaciones, personales e industriales, no ocurren de un día para otro. Se construyen. Y Paraguay ya tiene un caso concreto que lo demuestra, con el sector autopartista, probablemente, uno de sus ejemplos más contundentes.