Gina Gaona
Comunicadora
Be kind, always
Mucho se habla hoy de habilidades blandas como el liderazgo, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico y la empatía. Pero poco se habla de la amabilidad. Del poder que hay en un saludo atento, en una sonrisa honesta o en mirar a los ojos durante una conversación.
Más allá de ser personas haciendo negocios, somos seres humanos interactuando. Seres humanos con sus propios problemas, dolores, sueños y motivaciones. Somos tan diferentes como iguales. Y en un mundo donde la presión está a la orden del día, en un país donde el tráfico y el calor nos alteran, la amabilidad muchas veces es ese paño frío que viene muy bien.
¿Una persona amable es un antídoto contra el mal humor? Puede ser. ¿La amabilidad va más allá de una habilidad blanda y forma parte de los buenos modales y la educación? Estoy convencida.
Reflexionando estas ideas, me parece irónico y hasta chistoso que, en nuestra era digital, nos olvidemos de aquella regla de oro que nuestros padres se esmeraron en enseñarnos: decir “por favor” y “gracias”. A veces nos limitamos a responder con un “ok” a nuestros colegas o colaboradores, mientras que a nuestro asistente de inteligencia artificial sí le agradecemos, esperando, quizás, una mejor respuesta en el próximo prompt. Es para repensarlo.
“Las personas también te contratan por cómo las hacés sentir”
La afirmación tiene mucho de cierto. Pero, como emprendedora y fundadora de una agencia de comunicación, no quisiera abordar el buen trato y los buenos modos como una estrategia de ventas, sino como una forma de promover un buen clima de trabajo, reuniones más efectivas y, sobre todo, libertad para opinar y crear.
En este desafiante camino del emprendimiento voy aprendiendo que se puede ser exigente sin ser autoritario, firme sin ser descortés y ambicioso sin perder la sensibilidad. Que la manera en que tratamos a las personas también habla del tipo de profesionales y líderes que queremos ser.
Cada vez me convenzo más de que el buen liderazgo tiene mucho más que ver con construir confianza que con imponer. Y que aprender a comunicarnos mejor, gestionar nuestras emociones y motivar positivamente a quienes trabajan con nosotros es un ejercicio constante.
La amabilidad es una práctica cotidiana que nos conecta con el otro. Y los seres humanos conectados de forma auténtica, con un mismo propósito, somos capaces de grandes cosas. Porque, finalmente, casi todos buscamos lo mismo: una vida cada vez más feliz para nosotros, nuestras familias y nuestros seres queridos.
Así que en importantes eventos de networking, en reuniones, con tus equipos de trabajo, en casa y, por supuesto, con vos mismo: “be kind, always ;)”. Me gusta pensar que muchas de las mejores oportunidades también nacen de esos vínculos que construimos desde el respeto, la empatía y el buen trato. Y de paso, ayudamos a mejorar un poquito el mundo desde nuestro círculo más próximo.
Porque en una era donde la marca personal cuenta (y mucho), nunca está de más recordar: “Sonríe. Te estamos mirando”.
Mi historia como emprendedora
A los 15 años hice una pasantía en una productora audiovisual. Ver un guión convertirse en realidad, el dinamismo de los rodajes y el trabajo artesanal de la edición fueron un encuentro directo con mi vocación. Ahí entendí que quería dedicarme a la comunicación.
Años después, la vida me llevó a Buenos Aires. Estar en uno de los epicentros de la comunicación y la publicidad me permitió colaborar en proyectos para distintos mercados: Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Estados Unidos, México y Centroamérica.
Volví a Asunción y durante tres años trabajé en cooperación internacional, en un proyecto de comunicación y visibilidad. Más adelante elegí el camino freelance. Ese proceso me dio libertad, perspectiva y la oportunidad de crecer de manera orgánica, construyendo vínculos, proyectos y una forma de trabajar alineada a mi esencia.
Poco después fundé mi agencia de comunicación, como resultado de un crecimiento natural, el apoyo de muchas personas, la experiencia acumulada y el deseo de crear proyectos con sentido.
En el proceso de construir su modelo de negocio, también descubrí mi propósito personal: embellecer la vida a través de lo que hago, pensando estratégicamente, creando y comunicando.