El doctor en economía y expresidente del Banco Central del Paraguay (BCP) Carlos Fernández Valdovinos consideró que la tasa de política monetaria (TPM) seguiría alta y no bajaría hasta el segundo semestre del año. Indicó que si se anclaba en un nivel más alto, se habría podido converger en menos tiempo.
En comunicación con La Nación/Nación Media, el expresidente de la banca matriz y doctor en economía indicó que la inflación si bajó en términos interanuales desde hace algunos meses, pero explicó que no es suficiente hasta el momento debido a que sigue estando en niveles bastante altos.
Ante ese escenario, indicó que el BCP no debe aún aflojar la política restrictiva que se mantiene desde el año anterior y que llevó a la Tasa de Política Monetaria hasta el 8,50 puntos básicos. “A mí me hubiese gustado tener una tasa de política monetaria más alta de la que finalmente ancló el Banco Central”, indicó.
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Dadas esas circunstancias, señaló que probablemente va a ser más largo el período en el cual va a ser necesario mantener una tasa de ese valor, debido a que si se hubiese ajustado más al alza se podía haber aflojado más temprano, con una espacio inflacionario más bajo de lo que se tiene actualmente.
Por eso, afirmó que no ve posibilidades de bajar esa tasa (8,50 puntos) hasta por lo menos el segundo semestre del año, o “tal vez incluso el último trimestre”. “La segunda mitad del año es seguro y probablemente el último trimestre”, recalcó.
Para el especialista, si bien la inflación está bajando en comparación con los niveles del año pasado, todavía siguen en niveles muy altos, por lo que considera que la batalla contra el aumento de precios debe seguir siendo estricta a fin de que en el último trimestre del año se pueda alcanzar la meta y empezar con la reducción de la tasa de interés.
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Inflación de EE. UU. se desacelera en junio por caída de precios de la gasolina
La inflación se desaceleró más de lo esperado en junio en Estados Unidos, cuando los precios de la gasolina bajaron momentáneamente por un posible acuerdo para poner fin a la guerra en Oriente Medio, según cifras del gobierno publicadas el martes.
Pero con la reciente reanudación de las hostilidades entre Washington y Teherán, y con la orden del presidente Donald Trump de reiniciar el bloqueo a los puertos iraníes, la mejora podría ser pasajera.
El índice de precios al consumidor (IPC) fue de 3,5 % en medición interanual, frente a 4,2 % registrado en mayo, indicó el Departamento del Trabajo.
Este retroceso se debe en gran medida a la caída del precio de la gasolina (-9,7 % en un mes), que había seguido a la distensión diplomática entre Estados Unidos e Irán.
Analistas anticipaban un aumento del 3,8 %, de acuerdo con economistas encuestados por Dow Jones Newswires y The Wall Street Journal.
La cifra marca un retroceso desde un máximo de tres años, ya que la caída de los costos de la energía más que compensó los aumentos en vivienda y alimentos.
Teherán respondió a los ataques de Estados Unidos e Israel con un bloqueo del estrecho de Ormuz, un paso clave para el tránsito de hidrocarburos, lo que disparó los precios globales de la energía.
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Con las renovadas hostilidades en el Golfo de esta semana, las cotizaciones mundiales del petróleo volvieron a subir, lo que augura una próxima alza de los precios en las gasolineras.
La guerra, impopular en Estados Unidos, ha puesto bajo presión al poder ejecutivo estadounidense a pocos meses de las elecciones de medio término en el Congreso.
“Cero tolerancia” a precios altos
Ahora los ojos están sobre el presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed), Kevin Warsh, quien el martes aseguró que el banco central terminará con el sostenido “rebrote de la inflación”.
Ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara, Warsh dijo que los responsables de la política monetaria tienen “cero tolerancia” con la persistencia de los precios altos. Los legisladores estadounidenses cuestionaron a Warsh sobre el progreso en disminuir la inflación, entre otros asuntos.
Por su parte, los mercados están atento a pistas de que la Fed planee subir las tasas de interés a finales de este año, pese a la constante presión de Trump para que las recorte.
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Si bien el banco central tiene un objetivo de inflación a largo plazo del 2,0 %, los aumentos de costos han sido superiores a ese nivel durante aproximadamente cinco años.
Al ser interrogado el martes de si actuaría según los deseos de Trump o guiado por las señales de la información económica, Warsh dijo: “Mi compromiso es acatar la ley y seguir los datos, guiarnos por nuestro mejor juicio”.
“Si acertamos con la política —y lo haremos—, el repunte de la inflación de los últimos cinco años será cosa del pasado”, añadió Warsh en sus declaraciones iniciales ante la comisión.
La Fed también monitorea los efectos de las inversiones en IA en la inflación y en el mercado laboral, dijo. El asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett, dijo a Fox News que los datos del martes consistían en el “absolutamente mejor informe de inflación que hemos visto en unos seis años”.
Restó importancia a las disrupciones previstas por el conflicto en Medio Oriente, y dijo que el camino hacia unos precios más bajos de la gasolina en Estados Unidos solo había sufrido “un pequeño tropiezo” por Teherán.
El IPC disminuyó 0,4 % entre mayo y junio, en la primera caída mes a mes desde 2020. Pero el ritmo sigue muy por encima del objetivo de la Fed.
Aunque los costos de la energía bajaron en junio, los de la comida subieron un 0,2 % mensual. Excluyendo los sectores volátiles de alimentos y energía, el IPC general subió un 2,6 % interanual.
Trump hizo de la mejora del poder adquisitivo una de sus prioridades durante la campaña electoral de 2024 para la Casa Blanca.
- Fuente: AFP
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Importación de automóviles creció más del 40 %, reporta el BCP
El Reporte de Comercio Exterior dado a conocer recientemente por el Banco Central del Paraguay (BCP) reveló un gran dinamismo en la importación de vehículos. La actividad se encuentra estimulada por la baja del dólar y la expansión económica, de acuerdo a las consideraciones brindadas desde el regulador.
Al cierre del primer semestre del ejercicio, las importaciones bajo el concepto de vehículos automóviles terrestres tuvieron un incremento de 42,7 %, llegando a los USD 651 millones, ante los USD 456,2 millones sumados en el mismo periodo de 2025.
En términos de montos, el sector automotor fue el de mayor expansión, el que le hace sombra son las máquinas para procesamiento de datos, con un desarrollo de 62,9 %, pasando de USD 221,7 millones a USD 361,3 millones.
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Dólar bajo y crecimiento
Consultado sobre el aumento en la importación de automóviles, Gustavo Cohener, gerente de Estadísticas Económicas del regulador, indicó que se presume este movimiento se debe en gran parte por el fortalecimiento del guaraní frente al dólar. Sumó otro factor que hace referencia al crecimiento sostenido que viene presentando la economía en los últimos años, lo que también estimula el consumo de los productos como vehículos, maquinarias, electrónicos, entre otros.
Las importaciones totales en el primer semestre del presente ejercicio llegaron a los USD 9.416,2 millones, lo que representa un aumento interanual del 9,6 %. Este desempeño está explicado principalmente por las importaciones bajo el Régimen de Turismo, que presentaron un crecimiento de 40 %.
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El dólar cerrará el año alrededor de los G. 6.400, según últimas estimaciones
El tipo de cambio dio mucho de qué hablar en el primer semestre del año, sobre todo luego del mes de abril, cuando se vio una sostenida caída en la cotización del dólar. Pasado el sofocón, al menos para algunos, se espera que la divisa tenga un comportamiento al alza, oscilando los G. 6.400 al cierre del presente año.
Actualmente, la moneda norteamericana se encuentra en G. 6.020 a la compra y a G. 6.075 a la venta, nivel muy por debajo del inicio del ejercicio, cuando se encontraba por sobre los G. 6.600.
En el caso de las proyecciones para el final de año, el último informe (a junio) de Expectativas de Variables Económicas (EVE), del Banco Central del Paraguay (BCP), los actores económicos señalaron que esperan que a final de año la divisa se posicione en G. 6.393. Por su parte, el banco Itaú en su análisis periódico ubicó a la moneda extranjera en G. 6.450 al final del periodo.
Por su parte, un reciente reporte de Bloomberg cita a la economista Ingrid Herrera, de MF Inversiones, quien auguró un dólar a G. 6.375, por una cuestión estacional, considerando el menor ingreso de divisas por las exportaciones y un aumento en la demanda de dólares para las importaciones que tienen como objetivo prepararse para las compras de fin de año.
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Precio de importados
Desde hace un tiempo se viene hablando de la baja del dólar y el precio de los importados. Sobre el punto, el director ejecutivo del Centro de Importadores del Paraguay (CIP), Hugo Royg, dialogó con el programa “Así son las cosas” de GEN y Universo 970/Nación Media y afirmó que se puede observar una disminución en los precios de los productos venidos del exterior.
Entre otras cosas, afirmó que la no se dio tan sustancialmente, considerando que los costos logísticos se incrementaron debido a las tensiones de Medio Oriente. “Eso compensa la baja del dólar”, sostuvo.
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La nueva inflación del agua amenaza con encarecer servicios y presionar a las economías
El cambio climático empieza a convertirse en un factor de costos para gobiernos, empresas y hogares. Las inversiones necesarias para garantizar agua segura podrían trasladarse a las tarifas y generar una nueva presión inflacionaria.
Durante décadas, el agua fue considerada un servicio básico de bajo costo relativo y con una disponibilidad que parecía garantizada. Sin embargo, el cambio climático está modificando esa ecuación económica. En un planeta en el que los extremos climáticos se vuelven más frecuentes —con regiones que enfrentan sequías prolongadas y otras que soportan inundaciones históricas— el acceso al agua comienza a transformarse en un factor de presión sobre las finanzas públicas, las empresas de servicios y el bolsillo de los consumidores.
Un reciente estudio de la Universidad de Stanford advierte que varias ciudades de Estados Unidos podrían duplicar sus tarifas de agua hacia mediados de siglo debido a la combinación de tres factores: menor disponibilidad del recurso, infraestructura envejecida y la necesidad de ejecutar grandes inversiones para adaptar los sistemas de abastecimiento al nuevo escenario climático.
La investigación, publicada en la revista Nature Sustainability, revela una tendencia que podría repetirse en distintas economías: el cambio climático genera nuevos costos de producción y esos costos terminan trasladándose a los usuarios mediante mayores tarifas de servicios públicos.
El fenómeno representa una nueva forma de presión inflacionaria. Así como el aumento del precio del petróleo encarece el transporte y los alimentos, el incremento del costo del agua puede impactar en múltiples sectores productivos, desde la industria y la agricultura hasta los servicios urbanos.
En Estados Unidos, el valor promedio del agua potable ya aumentó durante las últimas décadas a un ritmo superior al de la inflación, debido principalmente al deterioro de las redes y a la necesidad de renovar una infraestructura que requiere inversiones multimillonarias. Ahora, el factor climático agrega una nueva capa de costos.
El caso analizado por los científicos en Santa Cruz, California, muestra el desafío que enfrentan muchas ciudades: después de aplicar medidas de ahorro y eficiencia, las autoridades deben recurrir a soluciones más costosas, como plantas de reutilización de aguas residuales, nuevos sistemas de almacenamiento y obras para garantizar el suministro en períodos de sequía.
La consecuencia económica es directa: las inversiones necesarias para asegurar la disponibilidad del recurso terminan reflejándose en las facturas de los consumidores.
Paraguay frente al desafío de administrar su ventaja hídrica: Aunque Paraguay posee una posición privilegiada por sus abundantes recursos hídricos, con una de las mayores disponibilidades de agua dulce per cápita de la región, el país tampoco está aislado de esta nueva realidad económica.
Los ciclos de sequías severas y bajantes extraordinarias de los ríos Paraguay y Paraná demostraron en los últimos años que la disponibilidad del agua puede tener efectos directos sobre la economía nacional. La reducción del calado afectó la logística fluvial, elevó costos de transporte y generó impactos sobre sectores estratégicos como la exportación agrícola y energética.
Al mismo tiempo, las inundaciones recurrentes exigen mayores inversiones en infraestructura urbana, sistemas de drenaje, protección de comunidades vulnerables y mantenimiento de caminos, recursos que compiten con otras prioridades del presupuesto público.
Para Paraguay, el desafío económico no pasa únicamente por disponer del recurso, sino por desarrollar infraestructura suficiente para administrarlo de manera eficiente. La expansión urbana, el crecimiento industrial y la llegada de nuevas inversiones aumentarán la demanda sobre los sistemas de agua potable y saneamiento.
En este contexto, la gestión del agua comienza a formar parte de la agenda de competitividad de los países. Las naciones que logren anticiparse con inversiones inteligentes en infraestructura resiliente tendrán mejores condiciones para atraer capital, sostener su producción y reducir los impactos económicos de los eventos climáticos extremos.
El cambio climático dejó de ser solamente un problema ambiental. Se convirtió en una variable económica que afecta costos, inversiones, inflación y planificación empresarial. La próxima gran discusión mundial no será solo quién tiene agua, sino quién tiene la capacidad financiera y tecnológica para garantizarla.