El ministro de Hacienda, Óscar Llamosas, acompañado de los directores de la Subsecretaría de Estado de Economía (SSEE), se reunió esta mañana con analistas asociados de Standard and Poor’s (S&P) en el marco de la revisión anual de calificación país de Paraguay 2023. El titular del fisco destacó los avances que tuvo el país durante los últimos meses.
En la ocasión, la calificadora S&P conversó con el ministro de Hacienda sobre las proyecciones y perspectivas de crecimiento 2023, luego de la caída del Producto Interno Bruto (PIB) como consecuencia de la sequía que afectó la economía durante el último año. En ese sentido, Llamosas destacó que la economía se mostró resiliente ante ese hecho y ante el panorama económico desafiante que representaron los choques externos.
Los ejecutivos discutieron además acerca de las perspectivas en material fiscal, los planes de diversificación de la economía, las reformas estructurales que se están trabajando, el clima de negocios y el contexto político actual de cara a las próximas elecciones generales.
El titular el fisco comunicó que se logró los objetivos de déficit fiscal en los primeros años establecidos por el Plan de Convergencia fiscal, y se espera continuar el 2023 para finalmente lograr la convergencia plena al límite del déficit fiscal del 1,5% del PIB en el año 2024.
Además de varios avances en materia de reformas estructurales obtenidas durante el año anterior, mencionaron los logros en el clima de negocios con el crecimiento de las exportaciones bajo el régimen de maquila. Destacaron además proyectos aprobados en el 2022 y la concreción de inversiones extrajeras para este año.
Es importante mencionar, que en el 2023 Paraguay logró mantener su calificación crediticia con las tres principales calificadoras, Moody’s, Standard Poor’s y Fitch e incluso logró mejorar la perspectivas de estable a positiva en el caso de Moody’s.
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Paraguay, entre oportunidades y riesgos ante el nuevo escenario energético global
El actual shock de oferta en el mercado petrolero, con el Brent en torno a USD 110-115 por barril y riesgos de prolongación por el conflicto en el estrecho de Ormuz, está redibujando el equilibrio económico en América Latina. Según Mariano Sardáns, CEO de la gerencia de patrimonios FDI, Brasil y Argentina emergen como los principales ganadores, mientras Paraguay se ubica en una posición intermedia con vulnerabilidades claras.
En conversación con La Nación/Nación Media, Sardáns explicó que los países productores netos de energía capitalizan directamente el alza del crudo. Brasil, con una producción estimada entre 4,0 y 4,2 millones de barriles diarios en 2026, ya registra un superávit energético equivalente a cerca del 1,1 % de su PIB, mientras que cada incremento de USD 10 en el precio del petróleo le genera unos USD 4.000 millones adicionales.
Argentina, por su parte, consolidó su transformación energética con Vaca Muerta, alcanzando una producción de 810.000 barriles diarios y proyectando un superávit energético de entre USD 10.000 y USD 14.000 millones este año.
“Ambos países pasaron de ser vulnerables a convertirse en generadores netos de dólares en la región”, sostuvo Sardáns, al destacar que el ingreso adicional por exportaciones energéticas compensa con holgura los mayores costos en insumos agrícolas.
Para Paraguay, el escenario es más complejo. Si bien cuenta con ventajas estructurales, como generación eléctrica 100 % renovable a partir de Itaipú y Yacyretá, estabilidad cambiaria y un sector agrícola competitivo, su alta dependencia de combustibles importados lo expone a un impacto negativo en costos.
El país enfrenta un encarecimiento significativo en la importación de diésel y naftas, sumado a un aumento de los costos logísticos por su condición de país sin litoral. Según Sardáns, esto podría traducirse en incrementos de entre 15 % y 25 % en fletes fluviales y terrestres, afectando directamente la competitividad de las exportaciones, especialmente de soja y maíz, que representan más del 60 % de los envíos.
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A esto se suma el encarecimiento de fertilizantes y maquinaria agrícola, lo que presiona los márgenes del sector productivo. “El impacto neto para Paraguay puede ser negativo, con inflación importada y pérdida de competitividad”, indicó, citando estimaciones de firmas internacionales.
No obstante, el analista destacó que el país mantiene “colchones” relevantes. Entre ellos, el récord proyectado de producción de soja, con 11,5 millones de toneladas en la campaña 2025/26, que podría beneficiarse de precios internacionales más altos. También resaltó la estabilidad del guaraní, considerado la moneda más estable de América Latina en 2025, con reservas internacionales cercanas al 22 % del PIB.
En este contexto, Sardáns planteó una hoja de ruta para mitigar el impacto si el shock se prolonga. Entre las medidas prioritarias mencionó subsidios temporales focalizados a combustibles, reducción de impuestos, diversificación de proveedores mediante acuerdos con Argentina o Brasil, y el fortalecimiento de reservas estratégicas.
Asimismo, subrayó la necesidad de impulsar eficiencia en el agro mediante financiamiento a tecnologías de menor consumo energético, así como acelerar el aprovechamiento de la energía de Itaipú para proyectos industriales y de exportación.
“El desafío es proteger al agro, que es el principal generador de divisas, sin comprometer la estabilidad macroeconómica”, afirmó.
En términos regionales, el análisis concluye que Paraguay se posiciona mejor que los importadores puros de energía, pero por detrás de Brasil y Argentina, que hoy capitalizan plenamente el ciclo alcista del petróleo. La duración del shock será determinante, ya que si se extiende más allá de seis meses, advierte Sardáns, el país deberá actuar con rapidez para evitar que la inflación y los costos erosionen su actual estabilidad económica.
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Destacan a Paraguay como destino para las inversiones y la expansión
Paraguay es un país con condiciones favorables para los negocios y para las empresas maquiladoras que apuntan a la expansión, fortaleciendo su presencia en el mercado local. Este es el caso de Xplast, una compañía de capital brasileño que opera bajo el régimen de maquila en Ciudad del Este, departamento de Alto Paraná.
El presidente de la firma, Cainã Chen, habló de su experiencia en el país y destacó las ventajas para el crecimiento de los negocios en Paraguay. Afirmó que “es un país de grandes oportunidades”. Fue en el marco de un video publicado en redes sociales por el ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, tras un recorrido por la fábrica.
La empresa es una de las maquiladoras más grandes del país que emplea a 1.500 personas. La misma se dedica a la producción de juguetes, sillas de plástico, mesas, artículos para el hogar, entre otros.
Apertura de tiendas
Riquelme indicó que la firma busca fortalecer su presencia en territorio nacional a través de la apertura de tiendas Nuestra Casa en varios puntos del país, donde se comercializan los productos que fabrican en Paraguay y que también son exportados al Brasil.
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“Detrás de cada producto que sale de Paraguay, hay historias de trabajo, crecimiento y oportunidades. Empresas como Xplast no solo alcanzan grandes niveles de producción y exportan a toda la región. También generan más de 1.500 empleos que impactan directamente en la vida de miles de familias”, escribió el secretario en el posteo.
El titular del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) remarcó que “no se trata solo de fabricar, sino de apostar por las personas: capacitar, invertir y abrir caminos en distintas ciudades del país”.
Nueva ley
Inversiones por aproximadamente USD 50 millones se proyectan para los próximos meses tras la firma del decreto reglamentario de la nueva ley 7547/2025, que modernizando el régimen de maquila que data de 1997.
Las apuestas económicas permitirán la generación de unos 1.600 puestos de trabajo, adelantó hace unos días el viceministro de Industria, Javier Viveros. En ese sentido, manifestó que cerca de 25 proyectos de maquila serán aprobados en el transcurso de este mes.
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Dinapi lanza plan piloto para agilizar marcas y dinamizar sectores productivos
La Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (Dinapi) lanzó un plan piloto orientado a acelerar el registro de marcas en Paraguay, una medida que apunta a mejorar el clima de negocios y acompañar el dinamismo de sectores productivos clave.
La titular de Dinapi, Claudia Franco, presentó el programa denominado “Pya’e Porã”, que propone reducir significativamente los plazos de concesión mediante un procedimiento abreviado. La iniciativa se implementa en el marco de un trabajo conjunto con la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa), buscando mayor eficiencia en los procesos vinculados a productos regulados.
Actualmente, el registro de una marca puede demorar entre ocho y doce meses. Con este nuevo esquema, la Dinapi apunta a acortar ese plazo a aproximadamente tres meses, sin modificar los requisitos legales vigentes, sino mediante una reorganización interna de los procesos.
El plan piloto estará enfocado inicialmente en rubros con alta rotación y fuerte impacto económico, como cosméticos, farmacéuticos, dispositivos médicos, alimentos y bebidas. Estos sectores dependen en gran medida de la rapidez en el lanzamiento de productos, donde contar con una marca registrada en menor tiempo puede marcar la diferencia en términos de competitividad.
Esta medida busca reducir costos de espera y acelerar la entrada al mercado de nuevos productos. En industrias donde los ciclos comerciales son cada vez más cortos, los retrasos en registros marcarios pueden traducirse en pérdida de oportunidades, menor innovación y dificultades para posicionarse frente a la competencia.
Asimismo, el acortamiento de plazos representa un incentivo para la formalización empresarial, especialmente para pequeñas y medianas empresas, que muchas veces enfrentan barreras administrativas para proteger sus marcas. En ese sentido, la iniciativa podría contribuir a fortalecer el ecosistema emprendedor y fomentar la inversión en desarrollo de productos.
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Para el BID la estabilidad ya no alcanza, es hora de crecer
El organismo multilateral compartió su más reciente informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2026: “Resiliencia y perspectivas de crecimiento en una economía global cambiante”, y advierte que ya no basta con lograr la estabilidad.
La región logró resistir los shocks globales con marcos macroeconómicos más sólidos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), proyecta que América Latina crecerá alrededor de 2,1% en 2026, un ritmo moderado que refleja estabilidad macroeconómica pero también limitaciones estructurales para crecer más rápido.
Ahora, el desafío es otro: transformar esa resiliencia en productividad, integración y desarrollo sostenible en un mundo atravesado por la inteligencia artificial y la carrera por los minerales críticos.
América Latina ya no es la región frágil de otras décadas. Según el nuevo Informe Macroeconómico 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo, los países fortalecieron su resiliencia gracias a políticas fiscales más responsables, bancos centrales más creíbles y mayor disciplina financiera.
Pero el mensaje del presidente del BID, Ilan Goldfajn, es claro: la estabilidad no es el destino final. Es apenas la base, el verdadero desafío ahora es crecer, y crecer mejor.
El informe plantea un cambio de enfoque, pues, durante años, la prioridad fue blindarse ante crisis externas: suba de tasas en EE.UU., volatilidad cambiaria, shocks de materias primas. Hoy, el contexto es distinto.
Las condiciones financieras siguen siendo restrictivas, el crédito internacional es más caro y selectivo. Al mismo tiempo, la economía global se reconfigura alrededor de tres grandes fuerzas:
La transición energética y la creciente demanda de minerales críticos.
La aceleración de la digitalización y la inteligencia artificial.
La necesidad de cadenas de valor más resilientes y regionales.
Para América Latina, esto no es una amenaza: es una ventana histórica. La región concentra recursos estratégicos, talento joven y capacidad productiva. Pero convertir esa ventaja potencial en desarrollo sostenible exige algo más que estabilidad macroeconómica.
En este sentido, el documento habla de productividad como palabra clave, y el BID insiste en que el crecimiento de la próxima década dependerá de la productividad. Eso implica; instituciones más sólidas, estados con mayor capacidad técnica, integración regional más profunda.
Así también, estrategias claras para transformar la riqueza mineral en desarrollo de largo plazo, y no solo en exportaciones primarias. En otras palabras, pasar del rebote cíclico al crecimiento estructural.
Estos documentos no quedan en el plano académico, funcionan como guía para gobiernos, inversores y organismos multilaterales, puesto que definen prioridades de financiamiento, marcan reformas pendientes y orientan el flujo de capital hacia sectores estratégicos.
El debate continuará en las próximas Reuniones Anuales del BID, del 11 al 14 de marzo, a realizarse en Paraguay, sede del principal encuentro económico del organismo para este año, donde la agenda girará en torno a tres ejes: LAC Crece, LAC Minerals y Procure+, iniciativas que buscan traducir el diagnóstico en acción concreta.
Este escenario será ideal para transmitir al mundo entero, que América Latina ya demostró que puede resistir. Ahora debe demostrar que puede liderar.