Llegó a Paraguay la craft beer #1 de Estados Unidos, invitando a experimentar el único sabor cítrico y refrescante de Blue Moon, que es una cerveza estilo belga sin filtrar, elaborada en la ciudad de Denver, Colorado, y distribuida en más de 25 países.
Esta cerveza se caracteriza por servirse acompañada de una rodaja de naranja valenciana, un detalle que, además de darle una sutil dulzura, se transformó en todo un ritual en el mundo.
En su receta resaltan ingredientes como semillas de cilantro, malta, trigo y un toque de cáscara de naranja valenciana que le da un sabor cítrico único.
Es la cerveza ideal para quienes buscan una experiencia diferente de consumo, desde su fusión de sabores y aromas hasta el detalle visual de su ritual. Es una craft para disfrutarla con todos los sentidos, explicaron los nuevos representantes en el Paraguay.
Indicaron que Blue Moon ya está disponible en los principales supermercados, tiendas de conveniencia, bodegas, tiendas mayoristas y en la web www.labarra.com-py.
Antecedentes
Blue Moon Belgian White es una cerveza estilo witbier belga lanzada al mercado en 1995. Es fabricada por la compañía Blue Moon Brewing Co en el estado de Colorad, Estados Unidos, parte de la compañía cervecera Tenth and Blake, la división de importación y embarcaciones de MillerCoors con base en Chicago. La cerveza fue creada por Keith Villa, un fabricante de cerveza en Coors Field Brewery Sandlot ‘s y originalmente la nombró Bellyslide belga blanca.
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No solo con San Patricio es momento de cerveza
La historia de la cerveza es mucho más extensa y atrapante que reseñar datos de consumo. De hecho, quienes todo lo investigan verifican que desde unos 4 mil años antes de Nuestra Era –7 mil años atrás– en la Mesopotamia del Medio Oriente, entre los ríos Tigris y Éufrates –en llamas desde los últimos veinte días– se tomaba cerveza.
- Por Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
El martes pasado, en las cervecerías de Buenos Aires, NYC, Dublin y muchos otros lugares se celebró San Patricio. Con más o menos intensidad que otros años, por cierto, pero hubo celebración. Estoy tentado de decir que en la Argentina fue “de baja intensidad”. El costo de vida no pocas veces conspira contra los deseos de brindar con amigos y amigas. Pero, aun así, muchas y muchos (me incluyo) celebramos. Rubia, negra, roja... celebramos. Brindamos en amistad y deseándonos reiteradamente salud. “Cheers, sköll, gānbēi, prosit, À ta santé, salute, chin...” no faltaron lenguas en ese atardecer. Tampoco el verde en todas sus gamas. Soy cervecero. Parte de mi formación educativa la hice en una escuela alemana. Prefiero la stout. Pero no discrimino cuando de birra se trata. Mis amigos-hermanos y colegas periodistas y escritores lo saben. En mi querida Asunción, Augusto, Arturo, Paulo, JM, Vivian, Silvia, Claudio, Pepe, por solo mencionar a algunos y algunas, no se quedan atrás... ni me dejan solo cuando coincidimos en torno de una mesa o sobre la barra de un bar. La stout Guineness me puede. La Pilsen, también.
Alguien me comentó, tiempo atrás en Nueva York, que un 17 de marzo en 1914 fue allí donde se inició la costumbre de teñir de verde la birra para adherir a la efeméride. Al parecer fue idea e iniciativa de un forense nacido y criado en NYC, Thomas H. Curtin. Puede ser que haya sido así y me encanta que se haya multiplicado esa práctica celebrativa. También es un buen negocio, más allá (y más acá) del santísimo Patricio. De hecho, cuando recién se iniciaba febrero en este año, Kirin Holdings reportó que, en 2025, “el consumo mundial de cerveza ha alcanzado más de 194.000 millones de litros”. República Checa lidera con un promedio de 143 litros por año y por persona. Detrás se ubica Alemania (110 litros); Austria (108); Polonia (105); Irlanda (103); Rumanía (101); Estonia (99); Lituania (98); Bélgica (95); y España (94). En mi querido Paraguay, ubicado en el puesto 3 del ranking latinoamericano, cuando finalizó 2024, el consumo cervecero se ubicó en poco más de 74 litros por persona. Argentina, bastante más atrás, en la onceava posición, se acerca a los 44 litros.
7 MIL AÑOS ATRÁS
Aunque –hay que decirlo– la historia de la cerveza es mucho más extensa y atrapante que reseñar datos de consumo. De hecho, quienes todo lo investigan verifican que desde unos 4 mil años antes de Nuestra Era (aNE) –7 mil años atrás– en la Mesopotamia del Medio Oriente, entre los ríos Tigris y Éufrates –en llamas desde los últimos veinte días– se tomaba cerveza. Y quienes lo hacían la compartían en un mismo recipiente. “¿El sabor del encuentro” desde siempre? ¿Por qué no? No eran tiempos de estabilidad los del 370 de Nuestra Era (dNE). El Imperio Romano trepidaba. Los hunos –luego de cruzar el Volga– presionaban a los germanos que dejaban atrás el Danubio y sus tierras ancestrales en procura de paz y mejores condiciones de habitabilidad. Migraban. Huían de la guerra. Escapaban de las violencias. Se desplazaban. Eran vulnerables.
Los visigodos viajaron (avanzaron) hacia el este. Sin embargo, las fronteras romanas obstaculizaban muchos de aquellos desplazamientos. El emperador Valente va contra los germánicos. Quiere evitar que los bárbaros invadan y arrasen. En aquel contexto nació Maewyn Succat, en Britania. En Gales o en Escocia. Algunos historiadores sostienen que dejó la vida intrauterina en el 385, año más año menos. ¿Importa acaso esta precisión? Era hijo de un diácono cristiano que también ejercía como decurión, un cargo militar. Su padre se llamó Calpurino. Su abuelo, Potito, también religioso y, según algunos historiadores, alcanzó el grado de presbítero. Su mamá, al parecer, era Concessa. Pero todos coinciden en que en su adolescencia (tal vez a los 16) fue capturado por traficantes de esclavos (quizás piratas escotos) que en poco tiempo lo vendieron a terratenientes para que trabajara en el campo. Por su juventud y fortaleza física era valioso. Esclavizado y en cautiverio en Irlanda aseguran que comenzó a tener visiones en las que se le indujo a predicar el cristianismo. Media docena de años fue cautivo. Aun así, comenzó a evangelizar. Esa fue su misión. Y justamente por ella, escapó. Aunque perseguido logró cruzar el Oceanus Britannicus –también mencionado como Mare Britannicum– hoy mencionado como canal de la Mancha, para llegar a la Galia y esconderse en un monasterio donde comenzó a estudiar en procura de convertirse en sacerdote. Las visiones no lo abandonaban. La oración y las lecturas sagradas eran su única razón de ser hasta el momento de peregrinar para misionar y evangelizar en su pueblo natal. Fue creado en el sacerdocio como Padrig, Pádraig, “padre del pueblo” para que, con el paso del tiempo, fuera conocido y mencionado como Patrick.
Eran tiempos de ignorancias. Quienes eran llamados nobles o plebeyos coincidían, mayoritariamente, en el desconocimiento de la lectura y la escritura. Con un poco más de 20 años trashumó entre Britania y las Galias. Se sabe de su paso por Tours, Lerins y Auxerre, donde formalmente fue cura. Las visiones continuaban. Se dice que cuando estaba a poco de partir en busca de nuevos horizontes, en una de esas apariciones, recibió el mandato de permanecer en el pueblo donde había nacido. Canceló su partida. Desde entonces comenzó a mencionárselo como el apóstol de Irlanda donde permaneció para siempre. Con las cosas de todos los días que encontraba a su paso y al alcance de su mano predicaba el cristianismo y aleccionaba para producir sentido común... y religiosidad. Religare. “Volver a ligar”, “reunir”, “vincular estrechamente” a la humanidad con la trascendencia. Ese era el deseo (su deseo) y la misión divina de Maewyn... que también era Patrig, Pátraic y que hasta nuestros días –aunque escasamente se lo recuerde– también es Patrick que se multiplicaba en acciones para catequizar y popularizar su fe.
EL TRÉBOL
De hecho, para celebrar cada año la Pascua de Resurrección, encendía hogueras para empatizar con las prácticas ancestrales de las y los Tuatha Dé Danann (“el pueblo de la diosa Danu”), como se conocía por entonces a las y los irlandeses. El sincretismo de Patrick hizo que con cada hoguera popular para homenajear a El Dagda (el “dios bueno” y padre protector); a Lugh (“dios de las habilidades múltiples y la luz”); a Morrigan (“diosa de la guerra y la muerte”); y, a Brigid (“diosa de la poesía, de la curación y portadora del fuego sagrado”) –deidades anteriores a la presencia humana sobre la Tierra– el pueblo de Irlanda, por su intercesión, se religara al Dios del catolicismo. Al Dios del “acontecimiento”, como gustan decir los biblistas por estos tiempos.
Pero Pádraic no se quedó allí con su misión. No. Caminante de las campiñas irlandesas descubrió y adoptó los tréboles de tres hojas para ejemplificar la idea conceptual de la Santísima Trinidad. Su catequesis prendió fuerte en el espíritu irlandés. Cada una de las hojas de aquellos tréboles simbolizaba al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, me dijo enfáticamente un parroquiano en un PUB de Dublin, allá por los años 90. “El cristianismo triunfó sobre el paganismo”, añadió un bebedor cercano que no bebía con nosotros cuando los relojes marcaron las 10 de la noche. No finalizaba un día más. Era 17 de marzo. Habría juerga hasta tarde. Muy tarde. Supe luego que ese día, en procesión cientos de peregrinos y peregrinas, en Donegal, condado donde se asegura que Patricio tuvo una visión, marcharon a Station Island.
Peregriné con ellos y ellas.
La fe popular sostiene que Dios le dijo a San Patrick “todo aquel que llegue hasta aquí, estará libre de pecado”. La tradición se mantiene a pesar del paso del tiempo. El cine la ha mostrado una y otra vez. En el transcurso de la trilogía de “El padrino”, Francis Ford Coppola recrea una procesión que las y los migrantes irlandés realizan en Boston, Estados Unidos desde 1737. En Peaky Blinders, el director Tom Harper le marca al clan Shelby y al mismísimo Tommy Shelby (Cillian Morphy) esa enraizada tradición. Patrick da para todo en las creencias populares. Hasta se asegura –como hazaña y leyenda– que en su tiempo condujo a todas las serpientes que habitaban la isla hasta el mar para que se ahoguen. Mito. Cientos de publicaciones prestigiosas especializadas consignan que “en Irlanda nunca hubo serpientes” desde que finalizó la última glaciación. De esto también se trata la fe. Y la cerveza, ¿por qué?, ¿qué tiene que ver con todo esto?, pregunté una y otra vez hasta que alguien –después de intentar repetidamente saber– una de aquellas personas de las que quise tener respuestas fue tan clara como sintética. “Cuando niños, durante la Cuaresma, no podíamos comer dulces, pero durante el Día de San Patricio nos indultaban y podíamos hacerlo. Los adultos, por su parte, (como nosotros con los dulces) no podían beber cerveza en el mismo período. De allí que, nuestros mayores, nuestros padres y abuelos, en la misma efeméride, homologaron aquello que nos beneficiaba a las y los pequeños y, como anuencia de los obispos fueron dispensados y, desde entonces, la Cuaresma no les impide tomar cerveza”.
VÍNCULO CON LA CERVEZA
Nada dice la historia de que San Patricio tuviera vinculación alguna con la cerveza. Algunos y algunas, sin embargo, insisten y aseguran que fue el santo quien enseñó a fermentar y destilar malta para producirla. Ninguna investigación sólida que pueda mencionarse va en ese sentido. “Es una tradición popular”, me explicaron en Dublin. ¿Y la cerveza verde?, pregunté con insistencia. “No es nuestra. Se inició en los Estados Unidos. Es marketing”. De hecho, en poco más de medio centenar de países el Día Internacional de la Cerveza se celebra el primer viernes de cada mes de agosto año tras año desde el inicio del milenio que corre.
Todo se inició en Daimiel, Ciudad Real, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, a unos 170 kilómetros de Madrid, donde habitan –según se verificó en 2025– 17.722 personas. Allí, en 2000, un grupo de buenos amigos festejaron por vez primera. Una y otra vez brindaron con “cañitas”, como llaman en España a la cerveza. Y, desde entonces, acordaron que repetirían ese encuentro en los años siguientes cada primer fin de semana de agosto. ¡Es una gran fiesta! Circulan y se degustan cervezas de todo tipo y procedencia. Temas para debatir: texturas, aromas, colores y transparencias. Preside el “maestro Birrote”, coronado con una jarra. Su mandato se extiende hasta el año siguiente. En 2007, cuatro amigos –Jesse Avshalomov, Evan Hamilton, Aaron Araki y Richard Hernández– instituyeron aquella creciente reunión de amistad manchega celebrada con cerveza en efeméride global. De allí que junto con los “cheers, sköll, gānbēi, prosit, À ta santé, salute y chin chin” ya mencionados se añaden otras lenguas y, con cada brindis, se desea “Osasuna… salut… saúde…” con cerveza.
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Ethan Hawke: la magia de “Blue Moon” es “como montar en bicicleta”
Es difícil reconocer a Ethan Hawke en “Blue Moon”: es bajito, calvo, de tez grasosa e incómodo en su propia piel. El rol dista del joven galán que conquistó al público cuando irrumpió en la pantalla grande en 1989 con el drama “La sociedad de los poetas muertos” y, poco después, en la cinta de culto “La dura realidad”.
Pero su interpretación del legendario letrista Lorenz Hart, un alcohólico que bebió hasta acabar con su participación en uno de los dúos de composición más famosos de Estados Unidos, es un despliegue de talento que le ha valido a este artista de 55 años una nominación al Óscar a mejor actor.
La pieza llena de diálogos —prácticamente una obra teatral en celuloide— es el fruto de la colaboración durante décadas de Hawke con el director Richard Linklater, que comenzó hace más de 30 años con “Antes del amanecer”, de 1995. “La magia de la relación es que es un poco como montar en bicicleta; simplemente no piensas en ello”, dijo Hawke a la AFP.
“Él me envió este guion y los dos sentimos que era una de las piezas más intensas de escritura que hemos visto”, agregó Hawke. “Y queríamos compartirla con el mundo”. “Blue Moon” se desarrolla casi por completo en el bar de un restaurante de Broadway donde Hart se refugia durante el estreno de “Oklahoma!”, el primer gran espectáculo de su colaborador de larga data, Richard Rodgers, creado junto a Oscar Hammerstein.
El guion denso y literario de Robert Kaplow está dominado por Hawke, quien le dijo a un periodista que tuvo más diálogo en los primeros 30 minutos de pantalla que en la totalidad de sus cuatro últimos filmes.
A pesar de algunos trucos de cámara y unos cuantos efectos digitales, conseguir el físico de un hombre diminuto, calvo y poco atractivo fue el mayor desafío para Hawke, quien le dedicó una década de trabajo desde que leyó el guion por primera vez en 2014.
“No pensé que necesitaría envejecer para esto, pero Rick (Linklater) sí”, le dijo Hawke a la publicación especializada The Wrap.
“Rick sabía que el tiempo solo iba a jugar a mi favor. Y, curiosamente, no se trata solo de envejecer, no es solo que la cara se te cuartee y se desmorone. Yo creía que estaba listo cuando tenía 40, pero no lo estaba”.
“Me fui interesando cada vez más en lo que se llama actuación de carácter. Y este papel requería todo eso, todo lo que he aprendido en estos treinta y tantos años”.
“Misteriosa”
Hawke atribuye a su prolongada colaboración con Linklater (con quien trabaja en su décimo proyecto) el haberle dado el espacio para despojarse de todo vestigio de vanidad y convertirse en este letrista excéntrico.
A lo largo de 100 minutos, Hart rememora cómo se agrió su colaboración con Rodgers (un frío Andrew Scott), una pareja creativa que regaló al mundo canciones como “My Funny Valentine”, “The Lady is a Tramp” y la propia “Blue Moon”.
Como un homosexual que no lo oculta mucho, también aborda con lirismo su fascinación por una joven estudiante de Yale, interpretada por una platinada Margaret Qualley, y comparte tragos con E.B. White (Patrick Kennedy), autor del libro infantil “La telaraña de Carlota”.
Permanentemente cuenta anécdotas y tiene respuestas agudas e ingeniosas, pero la máscara se resquebraja poco a poco y debajo de ésta Hart se encuentra absolutamente solo.
“Nadie me ha amado nunca de ese modo”, dice, evocando al Rick de Humphrey Bogart en “Casablanca”.
Esta es la quinta nominación de Hawke al Óscar, después de las de mejor actor de reparto por “Día de entrenamiento” y “Boyhood: Momentos de una vida”, y otras dos al mejor guion adaptado por “Antes de la medianoche” y “Antes del atardecer”.
La considera el resultado de una experiencia en esta película que define como “misteriosa”. “No sé cómo puedo tener tanta suerte. Realmente no entiendo cómo funciona el universo”, dijo a la AFP sobre su trabajo con Linklater. “Ha sido una de las colaboraciones más emocionantes de mi vida”. La 98ª ceremonia de los Óscar se celebrará el 15 de marzo en Hollywood.
Fuente: AFP.
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Un camión perdió más de 1000 packs de cerveza al intentar esquivar un bache en Fernando de la Mora
Un camión transportador de bebidas perdió al menos 1.000 packs de cerveza y gaseosas cuando el conductor hizo una maniobra para intentar eludir caer en un bache y perdió el control del rodado que terminó volcado.
El accidente vial se produjo en las inmediaciones de un conocido supermercado, ubicado sobre la ruta Mariscal Estigarribia y Pitiantuta, Fernando de la Mora. Lo curioso es que en vez de ayudar, la gente acudió en masa a rapiñar la carga.
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Tras perder el equilibrio, cae gran parte de la carga sobre el asfalto y el camión termina cruzando al sentido contrario de la ruta. Pero afortunadamente no involucró a otros rodados y no se reportaron heridos, solo un perjuicio material evaluado en unos G. 40 millones.
La carga se esparció a lo largo de unos doscientos metros e inmediatamente aparecieron los avivados para juntar en bolsas y surtirse, aprovechando la oportunidad para alzarse con los packs de cerveza.
“Queremos tomar un poquitito también en Año Nuevo”, dijo un hombre al canal NPY, mientras cargaba en un bolso las cervezas.
En tanto, un empleado de la distribuidora de bebidas confirmó que cayeron alrededor de cuatro palets, equivalentes a más de 1.000 packs de cerveza. “Como 40 millones de guaraníes es la pérdida. Lo que se pueda vamos a rescatar”, expresó.
Muchas de las latas explotaron a raíz del fuerte impacto, mientras otras quedaron intactas, que fueron recogidas por los trabajadores para volver a cargar al camión.
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“Blue Moon” es “un filme muy frágil, con absoluta simplicidad”, revela Ethan Hawke
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El actor Ethan Hawke ha sido recientemente nominado al Globos de Oro como Mejor Actor por su papel en “Blue Moon”, un proyecto que considera “tan único comparado con mis proyectos anteriores”. En una entrevista exclusiva, Hawke compartió detalles sobre su preparación, la colaboración con el director Richard Linklater y la complejidad de su personaje, Larry Hart.
“Creo que tuve más diálogo en mi primer día de filmación de ‘Blue Moon’ que en los últimos cinco años de actuación, solo en el primer día”, confesó. Destacó el carácter frágil de la película: “Este era un filme muy frágil; tenía que funcionar con absoluta simplicidad, algo difícil y misterioso de lograr, como un cuarteto musical: para ser dinámico, todo debe ser preciso”.
Sobre la colaboración con Linklater, afirmó: “Con Linklater, estamos todos allí creando la película cada día. Hay mucho menos manipulación de lo que el espectador ve; tenemos que crearlo juntos”. Recalca que este enfoque le permitió “meditar en esta película durante 10 años, leyendo libros sobre Larry Hart y compartiendo inspiración con Robert Caplow”, autor del guion.
Acerca de la construcción del personaje, Hawke explicó: “Rick me dejó libertad absoluta para explorar el cuerpo y la mente del personaje. Intenté ‘meterme dentro de esos cigarros y dentro de ese cuerpo y esa mente, e intentar ser esta especie de parte palpitante del corazón’”.
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En cuanto a la musicalidad y los diálogos, señaló: “Rick y yo concebimos la película como canciones de Rogers y Hart; él proporcionaba la estructura y yo flotaba sobre ella con la interpretación. La preparación consistió en escuchar las canciones repetidamente y luego interpretar los diálogos como extensiones de la música”.
Respecto a la filosofía del personaje y la vida artística, reflexionó: “Larry Hart no tiene autoestima fuera de su trabajo… Interpretar este papel implicó imaginar que cada entrada al bar era como acercarse a un pelotón de fusilamiento; su vida sin Richard Rodgers no tiene sentido”.
Sobre la emblemática escena con Margaret Qualley, el actor destacó: “Fue construida meticulosamente con práctica y paciencia, destilando nervios y simplificando la actuación hasta la esencia del guion. Es un diamante, un increíble pedazo de escritura, y un placer actuarlo”.
En cuanto al icónico restaurante Sardis, donde se desarrolla gran parte de la historia, reveló: “Antes de volar a Irlanda, Bobby Cannavale y yo pasamos horas en Sardis para absorber la atmósfera y trasladarla al set. Fue un proceso de total inmersión”.
Finalmente, sobre su relación con Richard Linklater: “Nos conocimos en Nueva York en los años 90, nos entendimos de inmediato y desde entonces hemos trabajado juntos de manera constante durante más de 30 años, desarrollando una relación profunda y creativa”.
Con esta nominación al Globos de Oro, Ethan Hawke consolida su trayectoria y su compromiso con roles complejos y meticulosamente construidos, donde cada diálogo, gesto y silencio se convierte en parte esencial de la narrativa.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.