La primera entrega del nuevo segmento de GEN Empresas se emitió hoy miércoles con el objetivo de dar a conocer empresas nacionales desde su interior. Blanca Ceuppens, presidenta de la Granja Avícola La Blanca SA para su marca Pechugón, recibió a la producción del programa para contar la historia de la empresa que comenzó como un emprendimiento familiar, y se convirtió en una marca líder en su área, y todo ello será desplegado en las distintas cápsulas.
El programa es transmitido por el canal del Grupo Nación GEN y es una iniciativa conjunta con la Revista Foco, que al igual que hoy cada miércoles nos acercarán distintas historias que serán plasmadas en una serie de cápsulas durante el día en las programaciones del canal y un resumen previsto en “Noche de furia”, en la programación nocturna.
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“Este espacio es una gran oportunidad para llegar al público en general y a nuestros consumidores, y que ahora a través de la cámara puedan ver quién está detrás de esto y cómo lo hacemos”, expresó Ceuppens, en entrevista por la periodista de GEN Julieta Navarro.
Para conocer a fondo cómo funciona una industria avícola, el equipo de GEN y la Revista Foco se trasladó ayer hasta la Granja San Jorge para hacer el recorrido del inicio del proceso, para lo cual, pero previo a ello, se realiza la importación de las pollitas del Brasil como primer paso, siendo así la única empresa productora de pollos parrilleros en Paraguay con la cadena entera de producción.
Proceso de producción
Es así que los pollitos son criados en la granja de recría, luego a otra de producción y a los seis meses empiezan a poner huevos que son seleccionados, si son fértiles o no, e ingresan a las máquinas de incubación durante dos semanas y otra posterior en las nacederas, punto en el que es clave la genética de las aves, así como la temperatura y humedad de las máquinas, explicó Ceuppens.
Y es recién luego de todo esto cuando nace el pollito Pechugón, para ser trasladado a las granjas propias o de integrados a quienes también se provee de las aves pequeñas para el cuidado y a los 40 días son retirados por la empresa, tiempo en el que deben pesar unos 2,700-800 kilogramos, para recién de allí llevarlos a las plantas de procesamientos, como lo es la Corporación Avícola SA - Corpasa, que también visitaron ayer las cámaras de GEN.
Aquí es donde se realiza la faena de las aves en las distintas líneas de producción para los diferentes cortes, y posterior a ello a los centros de distribución y comercialización en todo el país, de los cuales el 90% queda para satisfacer la demanda local mientras que el 10% de la producción es exportado a 22 mercados.
La transmisión de GEN Empresas, al igual que hoy y todos los miércoles, invita a acompañar los recorridos que realizarán a las distintas empresas, con lo que se pretende llegar a los televidentes con dicha iniciativa para conocer de cerca a la industria nacional.
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San Joaquín apuesta al turismo para diversificar su economía
Situada a 242 kilómetros de Asunción, a orillas del arroyo Piri Poty, San Joaquín empieza a abrirse paso como un nuevo destino turístico en el departamento de Caaguazú, con una apuesta clara, convertir su riqueza natural e histórica en una oportunidad económica para su gente.
Así lo explicó a La Nación/Nación Media, la secretaria de Turismo departamental, Romina Zacarías, quien destacó que el distrito, tradicionalmente agrícola, busca hoy diversificar su desarrollo a través del turismo.
La base económica de San Joaquín sigue siendo el trabajo en el campo. La agricultura, la ganadería, así como la producción avícola y porcina, sostienen a gran parte de la población. Sin embargo, el distrito comienza a mirar más allá de su matriz productiva tradicional.
“Los pobladores trabajan la tierra, pero hoy se está proyectando como un destino turístico”, señaló Zacarías, al explicar el giro que se busca impulsar en la zona.
Atractivos
Este cambio no es casual. San Joaquín cuenta con atractivos que combinan historia, cultura y naturaleza, lo que lo posiciona como una opción diferente dentro del turismo interno. Uno de los principales puntos de interés es la iglesia de adobe de San Joaquín y Santa Ana, restaurada recientemente por la Secretaría Nacional de Cultura.
Se trata de una construcción con más de 200 años de historia, cuyo interior conserva un retablo con reminiscencias jesuíticas, reflejo del pasado del distrito como parte de las antiguas reducciones.
A este valor histórico se suma el cerro de San Joaquín, que ofrece una vista panorámica única de la zona. Actualmente, el lugar está en proceso de puesta en valor con la reinstalación de su mirador.
La comunidad local se ha organizado para mejorar el acceso, incluyendo la instalación de una escalera y una nueva cruz, que será elaborada por el escultor Hugo Pistilli. Esta participación ciudadana muestra cómo el turismo también genera identidad y compromiso local, indicó la secretaria de Turismo.
El entorno natural es otro de los grandes diferenciales. Los paisajes que rodean a San Joaquín, especialmente en el trayecto desde la ciudad de Simón Bolívar, ofrecen vistas de cerros y vegetación que se convierten en un atractivo en sí mismo. A esto se suma el Salto Virgen del Carmen, un sitio ideal para quienes buscan experiencias al aire libre, con opciones de camping y contacto directo con la naturaleza.
Hospedajes
En cuanto a infraestructura, el desarrollo aún es incipiente. Actualmente, el distrito cuenta con dos hospedajes y espacios para acampar, mientras que la oferta de alojamiento se complementa con ciudades cercanas como Coronel Oviedo, Simón Bolívar y Cecilio Báez. “Desde Coronel Oviedo, por ejemplo, el acceso toma aproximadamente 80 minutos, lo que permite articular circuitos turísticos en la zona”, señaló.
Zacarías explicó que uno de los desafíos es justamente fortalecer la hospitalidad. En esa línea, se realizaron capacitaciones con apoyo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), buscando mejorar la calidad de los servicios y preparar al distrito para recibir más visitantes. Reiteró que el objetivo es que el turismo se convierta en una nueva fuente de empleo y dinamismo económico.
“A medida que se desarrolla el turismo, se busca generar nuevas fuentes de trabajo”, indicó, destacando que esta actividad puede complementar los ingresos de las familias, sin reemplazar su vínculo con la producción.
El departamento
A nivel departamental, Caaguazú también muestra un perfil económico diverso. La industria y la producción agrícola son los principales motores, con rubros como el tomate y la cebolla que abastecen al mercado nacional, incluso programas como Hambre Cero. A esto se suma la producción de banana en distritos como Tembiaporã, que ya alcanza mercados internacionales.
En paralelo, el turismo empieza a consolidarse como un eje estratégico. El departamento impulsa el plan Caaguazú Rape, bajo la marca “Disfrutar Caaguazú histórico y natural”, con acciones en los 22 distritos para posicionar sus atractivos. Actualmente, siete destinos ya están en proceso de desarrollo turístico.
Entre ellos destacan parques temáticos como Aqualandia Delfines Park, experiencias rurales como el tour de la miel en San José, espacios naturales como el lago La O en Raúl Arsenio Oviedo y propuestas recreativas en Mariscal López. Coronel Oviedo, por su parte, se posiciona como un centro de eventos, lo que también aporta al movimiento económico del sector.
Aunque el desarrollo turístico aún es inicial, las autoridades ven en este sector una oportunidad concreta. San Joaquín, con su mezcla de historia, naturaleza y participación comunitaria, se perfila como uno de los puntos clave en ese proceso, apostando a que el turismo no solo atraiga visitantes, sino también genere ingresos y oportunidades para su gente.
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Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.
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Primeras cargas de exportación de pollos Pechugon con el rito Halal rumbo a Singapur
Pechugon anuncia el embarque de los primeros contenedores de carne de pollo paraguayo con el rito Halal con destino a Singapur, marcando un avance crucial para la industria avícola nacional, consolidando a la compañía como el principal impulsor de las exportaciones del sector y ampliando la presencia del Paraguay en mercados internacionales altamente competitivos.
Esta primera exportación se concreta luego de un proceso riguroso de habilitación sanitaria, auditorías internacionales y la implementación de estándares de producción que posicionan al Paraguay dentro de los mercados asiáticos más exigentes.
Pechugon participó activamente en cada etapa del proceso, aportando su capacidad técnica, infraestructura certificada y experiencia en sistemas de calidad.
La carga inicial es de 84.000 kg de carne de pollo y se prevé cerrar el mes con un envío total de 170.000 kg con destino a Singapur; consolidando así el inicio de un comercio exportador sostenido hacia ese mercado.
Cabe destacar que Singapur es un mercado que requiere productos elaborados bajo el rito Halal, un requisito indispensable para el ingreso a varios mercados del Sudeste Asiático y del Medio Oriente. En este contexto, Pechugon se destaca como la única empresa avícola del Paraguay que cuenta con certificación Halal, permitiéndole ofrecer productos que cumplen con los estándares internacionales de producción, trazabilidad y bienestar animal.
Este avance consolida la labor conjunta entre el sector privado, el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) y el Ministerio de Industria y Comercio, instituciones clave en el proceso de inspección, habilitación y certificación para la apertura de nuevos mercados.
La empresa reafirma su compromiso de seguir impulsando la presencia de la proteína paraguaya en el mundo y acompañar a los organismos gubernamentales nacionales en la apertura de nuevos mercados.
Acerca de Pechugon
Pechugon es una empresa paraguaya dedicada a la producción, elaboración y comercialización de carne de pollo, con casi 60 años de trayectoria. Con operaciones integradas, estrictos protocolos de bienestar animal, seguridad alimentaria y un sistema de gestión de calidad certificado, la marca se posiciona como referente en el mercado nacional e internacional.
Este logro es el resultado del compromiso y profesionalismo de todo el equipo Pechugon, de apuntar a una producción responsable y del cumplimiento de protocolos sanitarios internacionales.
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A 50 años del golpe de Estado que instauró la dictadura militar en Argentina
En Argentina, el 24 de marzo es fecha de duelo, marchas y disputas políticas. A 50 años del golpe de Estado, miles de personas vuelven este martes a las calles para recordar a las víctimas de una dictadura que el gobierno del ultraderechista Javier Milei busca revisar. Bajo la consigna “Nunca más” que marcó a generaciones, organismos de derechos humanos, sindicatos y organizaciones sociales llamaron a marchar portando fotos de desaparecidos en una gran movilización en Buenos Aires que tendrá epicentro en la Plaza de Mayo.
Los organismos de derechos humanos cifran en 30.000 el total de desaparecidos durante la dictadura. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo encabezan la marcha, en continuidad con una tradición iniciada durante la dictadura, cuando comenzaron a reunirse para reclamar por el paradero de sus hijos. La búsqueda continúa. La justicia de Córdoba, en el centro del país, identificó recientemente los restos óseos de 12 personas hallados el año pasado en un excentro clandestino de detención.
“Pensábamos que después de unos días de tortura la gente iba a reaparecer. Pero eso no sucedió”, dice a la AFP Miriam Lewin, una periodista de 68 años que tenía 19 el día del golpe. Vivía en la clandestinidad cuando, en 1977, fue secuestrada, torturada y eventualmente trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada, uno de los principales centros clandestinos de detención que hoy es un sombrío museo en Buenos Aires.
“Como en los campos nazis, se salvaban los que tenían cierta habilidad”, cuenta. La suya fue redactar notas y traducir textos. “Convivíamos con los gritos de las torturas mientras llevábamos una rutina casi de oficina”. El golpe cívico-militar de 1976 derrocó a Isabel Perón e instauró una dictadura que gobernó hasta 1983 y llevó a cabo desapariciones, torturas, robo de bebés, forzando a miles al exilio.
Memoria y disputa política
Cincuenta años después, 1.208 personas fueron condenadas en más de 350 juicios, pero más de 300 causas siguen abiertas. Abuelas de Plaza de Mayo ha restituido la identidad de 140 nietos que fueron secuestrados cuando eran bebés o nacieron en cautiverio y se calcula que quedan más de 300 por encontrar.
“Todavía la condena a la dictadura, al plan sistemático de persecución, tortura y desaparición, sigue siendo fuerte en la mayor parte de la población argentina”, dijo a la AFP el politólogo Iván Schuliaquer, de la Universidad Nacional de San Martín. Pero el aniversario encuentra a los argentinos en medio de una batalla política por cómo se narra esta violencia, luego de que Milei cuestionara consensos instalados desde el retorno de la democracia.
El gobierno cifra en menos de 9.000 el número de desaparecidos, sostiene que en los años de dictadura hubo una guerra en la que se cometieron excesos de ambos lados y relativiza el rol de la dictadura militar, al describirlo como parte de un enfrentamiento con organizaciones armadas. En 2025, la Casa Rosada difundió un video en esa línea en el cual el escritor y referente de la ultraderecha Agustín Laje afirma que la historia ha sido enseñada de forma “maniquea y reduccionista”. Este año, divulgará un video en el que defenderá lo que llama “la verdad y justicia completa”.
La mayor parte de la sociedad, sin embargo, no parece acompañar este relato. Un estudio reciente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) sobre 1.136 entrevistados en todo el país reveló que siete de cada diez argentinos condenan la dictadura militar.
En vísperas del aniversario, expertos de la ONU pidieron al gobierno de Milei “cesar las acciones que erosionan el legado histórico” y los obispos argentinos llamaron a que no se “mutile la historia”. “Hay algo del pacto democrático que con este gobierno se ha roto”, dijo Schuliaquer. Sin embargo, el movimiento de derechos humanos “tiene una capacidad de movilización discursiva, callejera, de visibilización pública, que todavía no tiene un contrincante de esa escala”.
Fuente: AFP.