La complicada situación sanitaria actual, con un mayor ritmo de contagios por COVID-19 y la lenta inmunización de la población, llevó al banco Itaú a estancar su proyección de crecimiento económico para este año en 3,5%, según el informe Escenario Macro Paraguay de mayo.

“Los nuevos casos de COVID-19 y los fallecimientos siguen siendo altos, mientras que no se vislumbra un nuevo suministro masivo de vacunas. Pronosticamos un crecimiento del PIB de 3,5% este año, pero la pandemia sigue siendo el principal riesgo para nuestra proyección”, menciona el reporte.

La entidad había disminuido de 4% a 3,5% en abril su estimación de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) para el 2021. Los argumentos de esa reducción fueron las nuevas restricciones de circulación implementadas por el Gobierno para controlar la propagación del virus y el aumento de contagios y muertes por COVID-19.

En su reporte de este mes, el banco menciona que la actividad mostró un desempeño mixto durante el primer bimestre del año, con contracciones en el sector servicios por medidas de distanciamiento social y el fortalecimiento del guaraní (otro obstáculo para el comercio fronterizo).

Los sectores ganadero y construcción, por su parte, mantuvieron un sólido crecimiento durante el periodo mencionado.

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“Mantuvimos nuestra previsión de crecimiento del PIB del 3,5% para el 2021, respaldada por un arrastre estadístico positivo y mejores términos de intercambio. Sin embargo, las posibles nuevas restricciones de movilidad son un riesgo a la baja para nuestras perspectivas”, reitera el reporte.

En ese sentido, la entidad también estima una inflación del 3% para este año, un dólar a G. 6.700 la unidad, y un déficit fiscal de -4%.

“Esperamos que los menores gastos relacionados con la pandemia y el aumento más fuerte en los ingresos fiscales sobre la actividad, conduzcan a un déficit fiscal más estrecho”, especificaron sobre la proyección de déficit para el 2021.

La llegada de la pandemia en Paraguay obligó al fisco cerrar el 2020 con un desequilibrio fiscal de 6,2%, empujado por un mayor gasto en el sector de Salud y en la parte social con la implementación de subsidios, al que se sumó la brusca reducción de las actividades económicas que desplomó los ingresos tributarios en el segundo trimestre del 2020.

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