La expansión del ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) vuelve a generar preocupación internacional, mientras los casos sospechosos continúan aumentando y los organismos sanitarios advierten sobre el riesgo de una propagación más amplia en la región africana.
El portal ruso RT se hizo eco este sábado de la información ya que el propio director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, visitó la ciudad de Bunia, en la provincia de Ituri, considerada uno de los principales focos del actual brote, donde ya se registran más de 1.000 casos sospechosos.
Durante su recorrido por la zona afectada, Tedros insistió en la necesidad de fortalecer la participación de las comunidades locales para frenar la transmisión del virus. El titular de la OMS sostuvo que los propios habitantes conocen mejor las dificultades que enfrenta la región y pueden desempeñar un papel clave en la búsqueda de soluciones para contener la enfermedad.
La visita se produjo luego de que el responsable de la agencia sanitaria llegara a Kinshasa para coordinar la respuesta internacional frente a una epidemia que avanza en medio de un complejo escenario marcado por conflictos armados, desplazamientos masivos de población y limitaciones en la infraestructura sanitaria. Además, Tedros alertó sobre la falta de recursos económicos para enfrentar la emergencia y señaló que la OMS apenas ha recibido una tercera parte de los fondos necesarios para sostener las operaciones de respuesta.
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Las cifras más recientes muestran un panorama inquietante. La OMS informó que hasta finales de mayo se habían reportado más de 1.000 casos sospechosos y al menos 223 muertes sospechosas relacionadas con la enfermedad. Parte de los contagios ya fueron confirmados en laboratorio en distintas zonas de Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur, mientras que Uganda también detectó casos vinculados al brote.
La situación llevó a la OMS a declarar una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, el nivel más alto de alerta contemplado por el Reglamento Sanitario Internacional. No obstante, el organismo aclaró que, por el momento, la crisis aún no reúne las condiciones para ser catalogada como una pandemia global.
El actual brote está siendo provocado por la cepa Bundibugyo del virus del Ébola, una variante para la cual todavía no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados. Expertos de la OMS estiman que la tasa de mortalidad de esta cepa puede oscilar entre el 30 % y el 50 %, lo que incrementa la preocupación entre las autoridades sanitarias.
Alta letalidad
El ébola fue identificado por primera vez en 1976 en lo que hoy es la República Democrática del Congo, cerca del río Ébola, del cual tomó su nombre. Desde entonces, el país africano ha enfrentado numerosos brotes, algunos de ellos considerados entre los más mortales registrados. La enfermedad provoca fiebre alta, dolores musculares, vómitos, diarrea y hemorragias internas y externas, con índices de letalidad que en determinados episodios llegaron a superar el 50 % de los pacientes infectados.
Las autoridades sanitarias internacionales temen que la combinación de violencia, movilidad de la población y falta de recursos complique aún más las tareas de rastreo, aislamiento y tratamiento de los enfermos. Organizaciones humanitarias advirtieron incluso que se trata de uno de los brotes de ébola de propagación más rápida desde que la enfermedad fue descubierta hace medio siglo.
Aunque la OMS mantiene el riesgo global en un nivel relativamente bajo, considera que la amenaza es alta tanto para la RDC como para los países vecinos, especialmente por la circulación transfronteriza de personas y la ausencia de herramientas médicas específicas contra esta variante del virus.
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