Desesperados, pobladores claman ayuda entre las ruinas por los voraces incendios forestales del sur de Chile, que han dejado 20 muertos desde el fin de semana.

Las altas temperaturas cedieron este martes y dieron un respiro a los bomberos que luchan para sofocar las llamas, mientras los damnificados regresan a constatar su tragedia: esqueletos de viviendas entre montañas de cenizas.

Bajo la densa humareda que cubre la región del Biobío, a 500 km al sur de Santiago y epicentro de la catástrofe, Manuel Hormazábal reclama lo “esencial” por parte de autoridades.

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“Es la luz. Nosotros aquí estamos a oscuras, aquí faltan linternas, lo básico, baños químicos, porque nosotros tenemos que ir al bosque a hacer nuestras necesidades”, sostiene este hombre de 64 años a la AFP, mientras agita sus manos ennegrecidas.

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El fuego envuelve las regiones del Ñuble, la Araucanía y Biobío, donde murieron 19 de las víctimas. Villas enteras quedaron arrasadas. Hay unos 7.237 damnificados, aunque la cifra tiende a crecer.

Los más afectados expresan su frustración ante la respuesta estatal. “Al final solamente el pueblo ayuda al pueblo. No hay nadie más. Recién ahora se ve que llega cierta parte de autoridades, pero la ayuda es mínima”, sostiene María José Pino, veterinaria de 23 años.

El presidente Gabriel Boric ha visitado desde el domingo las tres regiones afectadas, donde se ha reunido con autoridades locales.

El subsecretario del Interior, Víctor Ramos, aseguró a la prensa que están trabajando “para que la ayuda llegue de la forma más rápida posible a los habitantes”.

Entre las medidas anunciadas está un bono de entre 350 y 1.500 dólares a las familias afectadas.

  • Fuente: AFP

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