Chile evacuó preventivamente a más de un millón de personas de su costa el miércoles ante el riesgo de tsunami provocado por el terremoto de magnitud 8,8 que azotó el extremo oriente de Rusia.
“A nivel país, se estima en 1.400.000 personas” el número de evacuados en las zonas costeras, informó a la prensa el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, tras el arribo del primer tren de olas al país.
El gobierno informó que de momento no se reportaron daños.
Gran terremoto en Kamchatka
Uno de los terremotos más potentes registrados hasta ahora, que azotó el extremo oriente de Rusia, provocó este miércoles un tsunami con olas de cuatro metros y alertas de evacuación a lo largo de la costa del Pacífico, desde Japón hasta Ecuador.
El sismo de magnitud 8,8 se produjo a las 23:24 GMT del martes a una profundidad de 20,7 km, a 126 km de la costa de Petropávlovsk-Kamchatski, capital de la península rusa de Kamchatka, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
A pesar de ser el más fuerte desde 2011, cuando 15.000 personas murieron en Japón, el sismo provocó solo heridas leves y daños limitados, según las autoridades.
Sin embargo, más de una docena de países, desde Estados Unidos a Perú, pasando por México y Colombia, emitieron alertas de tsunami y millones de residentes fueron llamados a evacuar sus hogares.
Para las 18:00 GMT del miércoles, muchos las habían cancelado o rebajado, pero una franja de la costa del Pacífico sudamericano permanecía bajo alerta.
En Ecuador, “en la región Insular ya se registraron olas de hasta 1,3 metros, mientras que para la costa continental se prevén alturas de hasta 1 metro”, informó el instituto oceanográfico de la Armada.
En las islas Galápagos, a 1.000 km del continente, se cerraron los parques nacionales y se desalojaron playas, muelles y zonas bajas.
“Como residentes aquí, sentimos mucho miedo: hay una sensación de incertidumbre; realmente no sabemos qué va a pasar”, dijo Patricia Espinosa, de la isla Isabela, donde los habitantes fueron trasladados a lugares más altos.
- Fuente: AFP
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Operativo Jaho’i: diez personas se refugiaron del frío en albergue de la SEN
Este domingo, la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), informó que recibió a 10 personas en situación de calle en su albergue ubicado en la Costanera de Asunción. Las puertas del sitio seguirán abiertas en lo que duren los días de intenso frío y tienen capacidad de recibir a un total de 30 usuarios.
Según la licenciada Luara Cáceres, encargada del Albergue de la SEN, entre la noche del sábado y madrugada de hoy recibieron a un total de 10 personas que se encuentran en situación de calle. El sitio está habilitado desde la semana pasada y ofrecen alimentos, abrigos y hasta atención médica.
“Pasaron la noche 8 varones y 2 mujeres que llegaron por sus propios medios. Tenemos un lugar exclusivo para madres que vienen con sus hijos, pero hasta el momento no se acercó nadie y tampoco recibimos denuncias”, expresó Cáceres, en entrevista con Unicanal.
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Confirmó que recibieron varias llamadas reportando sobre personas que estaban en situación de calle ante el frío intenso, pero que lamentablemente estas rechazaron ser trasladadas hasta el albergue. “A los que no quisieron venir igual los asistimos con colchones y frazadas, porque no pueden ser obligados a ser trasladados”, detalló.
Agregó que cuando reciben a mujeres con hijos la prioridad es albergarlos y que no pasen una noche fría. Luego se contacta con el Ministerio de la Niñez y Adolescencia (Minna), quienes llegan para realizar el abordaje para poder ayudar a estas madres. Los reportes se pueden hacer al sistema 911.
“Tenemos baños, tienen un lugar donde asearse, los albergues están sexados, estamos capacitados para recibir a 30 personas, pero esto se puede ampliar a 60 si es que la situación así lo amerita”, aseguró. Recordó que las denuncias también se puede hacer al (0986) 111 001 de la SEN.
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Senad detiene a dos personas e incauta cocaína en San Juan del Paraná
Los Agentes Especiales del Departamento Regional N° 3 de la Senad, en coordinación con la Unidad Especializada en la Lucha contra el Narcotráfico del Departamento de Itapúa, realizaron un allanamiento en una vivienda ubicada en el barrio Paraíso de la ciudad de San Juan del Paraná.
Durante el procedimiento fueron detenidos Rigoberto Quiroga Benítez, de 42 años, quien contaba con medidas cautelares de arresto domiciliario por infracción a la Ley 1340/88 y su modificatoria, y César Aníbal Aldana Silvero, de 27 años, declarado rebelde y con orden de captura por hurto agravado y otros hechos.
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En el lugar fueron incautadas drogas equivalentes a más de 30 dosis de cocaína y pasta base, además de dinero en efectivo, elementos utilizados para el fraccionamiento y consumo de estupefacientes, aparatos celulares y otros objetos vinculados a la actividad investigada.
El operativo fue acompañado por el agente fiscal Enrique Forneron, de la Unidad N° 2 Especializada en la Lucha contra el Narcotráfico del Departamento de Itapúa. El representante del Ministerio Público deberá seguir investigando el presente caso y a su vez ya presentó la imputación contra los dos detenidos.
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El infierno de los ucranianos en prisiones rusas
Cuentan sus carceleros que el joven teniente ucraniano hablaba demasiado. “Lo llamaban ‘el charlatán’ porque discutía sin parar”, afirma un exagente de los servicios penitenciarios rusos. Entonces lo apalearon sin contemplación. “Tenía lesiones extensas, hematomas infectados en los glúteos y la parte posterior de los muslos”, describe Alexéi, el exagente penitenciario ruso que trabajaba en ese momento en la unidad médica.
Según Alexéi (nombre modificado), el teniente ucraniano fue privado de atención médica adecuada. Murió en esa prisión rusa en octubre de 2022 y es posible que su cuerpo, gangrenado, fuera enterrado de forma anónima. Alexéi nunca supo su nombre.
Miles de soldados y civiles ucranianos fueron o están siendo sometidos a violencia física y psicológica en centros de detención en Rusia y en Ucrania ocupada, según señalan una decena de testimonios recogidos por la AFP, así como informes de múltiples ONG, medios de comunicación y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
Exprisioneros y familiares de detenidos, tanto militares como civiles, relatan cómo fueron “quebrados como cachorros”, palabras textuales de uno de ellos.
Tres exmiembros de la administración penitenciaria rusa, que desertaron y huyeron del país, confirmaron estas violencias, para las cuales, según uno de ellos, tenían “todo permitido”.
La AFP habló directamente con uno de estos exguardianes, y tuvo acceso a los testimonios de otros dos a través de Vladimir Osechkin, director de Gulagu.net (No al Gulag), organización que documenta abusos en el sistema penitenciario ruso.
Por motivos de seguridad no se revelan las identidades de estos tres hombres, verificadas con documentos oficiales, ni los nombres de las prisiones donde trabajaron.
Estas fuentes describen una violencia generalizada y los esfuerzos sistemáticos de Moscú por ocultarla.
Según las autoridades ucranianas citadas en el otoño boreal de 2025 en un informe de la OSCE, 89% de las personas liberadas afirman haber sufrido malos tratos en cautiverio, incluidas violencias sexuales en 42% de los casos.
La mayoría de los detenidos fueron privados de comunicación con el mundo exterior, como ocurría en la época del gulag.
“Consiguen hacerte creer que nadie te espera”, relata Iaroslav Rumiantsev, de 30 años, exsoldado ucraniano que sobrevivió a tres años y tres meses de cautiverio. Consultada por la AFP, la administración penitenciaria rusa no respondió. En 2025, el presidente Vladimir Putin afirmó que Moscú trata “humanamente” a sus prisioneros.
Permiso sin restricciones
El activista ruso Vladimir Osechkin, de 44 años, que vive en Francia bajo protección policial, afirma que los detenidos ucranianos se encuentran atrapados en un sistema organizado y controlado por el poderoso servicio de seguridad (FSB) y la administración penitenciaria, con la complicidad de los órganos judiciales.
Los abusos y agresiones en detención, frecuentes desde 2014 con la guerra entre Kiev y los separatistas apoyados por Moscú, se multiplicaron con la invasión rusa de Ucrania lanzada el 24 de febrero de 2022.
En los últimos cuatro años se pudo confirmar la muerte en prisiones rusas de al menos 143 prisioneros ucranianos, entre ellos seis civiles, precisa la Fiscalía ucraniana.
En febrero de 2026 alrededor de 7.000 prisioneros de guerra ucranianos se encontraban en manos rusas, según el presidente, Volodimir Zelenski.
A ello se suman 15.378 civiles “detenidos ilegalmente”, según datos transmitidos a la AFP a comienzos de marzo por la oficina ucraniana de derechos humanos.
El primer día de la invasión, en febrero de 2022, Serguéi (nombre modificado) era miembro de las fuerzas especiales de la administración penitenciaria rusa.
Muy pronto su jefe propuso a su unidad realizar misiones en prisiones donde estaban detenidos ucranianos.
“Antes de la primera misión, el jefe de nuestro grupo territorial reunió al personal y explicó que las normas en vigor ya no se aplicarían en el trabajo con prisioneros de guerra. En otras palabras, dio permiso para usar la fuerza física sin restricciones. Y nadie sería responsable”, relata.
“En la práctica, el jefe nos dijo: ‘Trabajen con dureza, no teman nada’”, añade.
Opuesto a la invasión de Ucrania, Serguéi asegura que se negó a participar en los actos violentos, dimitiendo en 2022 y abandonado Rusia. “No habría podido vivir con ese peso ni mirar a mis hijos a los ojos”, destaca.
Muchos de sus colegas, dice, estaban “contentos” de poder usar “toda la violencia que quisieran” y acudían a las misiones “con alegría”. Según la Fiscalía ucraniana, la presencia de prisioneros ucranianos fue constatada en al menos 201 centros de detención en 49 regiones de Rusia, incluyendo el Extremo Oriente ruso, además de 116 lugares de encarcelamiento en Ucrania ocupada.
Cucarachas y ratones crudos
Rumiantsev, de la infantería de marina ucraniana, fue hecho prisionero en Mariúpol en mayo de 2022 tras rendirse junto a las tropas de Kiev atrincheradas en la planta de Azovstal. Pasó por cuatro prisiones rusas antes de ser liberado en 2025. Primero estuvo brevemente en la de Olenivka, en la región de Donetsk, donde una explosión causó la muerte de al menos 50 prisioneros ucranianos en julio de 2022 y dejó decenas de heridos.
Posteriormente fue trasladado al centro de detención Nº2 de Taganrog, en el suroeste de Rusia, considerado uno de los peores centros de tortura.
A su llegada, cuenta que, junto con unos 250 prisioneros, atravesó corriendo un pasillo formado por guardias que los golpeaban.
Era un “comité de bienvenida” descrito también por otros detenidos y una práctica ya utilizada en los “campos de filtración” en Chechenia durante la última guerra en esa república del Cáucaso.
Después, los golpes continuaron. Rumiantsev describe a los detenidos prácticamente reducidos a un estado de animales aterrorizados. “Hombres que defendieron su tierra, que van al gimnasio, hombres fuertes.... los quiebran como cachorros. Los destruyen”, insiste.
Para resistir, él y otros prisioneros se aferraban a su identidad y a su pasado, repitiéndose: “Soy un ser humano y tengo valor”.
La Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE publicó en septiembre de 2025 un informe basado en testimonios de unos 200 exprisioneros ucranianos.
Según este informe, los métodos de tortura incluyen descargas eléctricas -incluso en los genitales-, ataques de perros, violaciones, simulacros de ejecución -incluidos falsos ahorcamientos-, ejercicios físicos extremos y la obligación de permanecer en posiciones dolorosas.
El exagente penitenciario ruso Vitali (nombre modificado) señala que presos comunes también pueden participar en las violencias, utilizadas según él para obtener falsas confesiones en investigaciones judiciales, así como para recopilar información militar o reclutar colaboradores bajo coerción.
La comida también es utilizada como herramienta de castigo. Rumiantsev afirma que en ciertos momentos solo tenía “dos minutos” para comer, como un animal, bajo amenaza de golpes.
En una investigación publicada en diciembre de 2025, un exprisionero declaró a Human Rights Watch que llegó a ingerir cucarachas de su celda por el hambre que tenía, mientras otros detenidos comían ratones crudos.
A esto se suman reglas de sometimiento como la prohibición de mirar a los guardias a los ojos y castigos constantes. Rumiantsev recuerda uno: permanecer de pie durante 16 horas seguidas sin permiso para ir al baño, hasta el punto en el que algunos detenidos se orinaban encima. También menciona “experimentos”, como cuando los guardias les hicieron tomarse de las manos y les aplicaron descargas eléctricas para observar “cuántas personas sufrían dolor”.
Marcado en la carne
En 2023, Alexéi era miembro de una unidad médica en una prisión rusa. En ese momento relató su vida cotidiana al director de la ONG Gulagu.net, Osechkin, durante conversaciones de varias horas a las que AFP tuvo acceso. Alexéi explica cómo, en su cárcel, los prisioneros ucranianos eran golpeados con tubos de calefacción de polipropileno porque son materiales que “no se rompen”.
Después de estas palizas los detenidos recibían cuidados superficiales pero, tras cada visita a la enfermería, debían decir: “Gracias a la Federación Rusa por estos cuidados”. En ocasiones los equipos médicos participaban directamente en las agresiones. Según una investigación del medio RFE/RL, médicos rusos grabaron las palabras “Gloria a Rusia” en el abdomen de un prisionero ucraniano, Andrii Pereverziev, mientras era operado en prisión. Tras su liberación en 2025, tuvo que someterse a otra operación para retirar ese lema marcado en su carne.
Para el exsoldado Rumiantsev, “la idea” detrás de estos abusos es someter y traumatizar a los militares para que no vuelvan a oponerse a Moscú. Junto a sus compañeros estaba obligado a cantar canciones soviéticas en prisión. Y si no cantaba “lo suficientemente fuerte o afinado”, recibía un “castigo”.
En 2024 fue trasladado a una colonia penitenciaria menos dura en la región rusa de Udmurtia. Los guardias seguían golpeándolos, pero con menos violencia, igualmente él ya se había “acostumbrado” a que les “destrozaran la cara” entre gritos. Durante su detención también encontró carceleros más humanos que se mostraban “apenados” y afirmaban que algún día “Rusia pedirá disculpas”.
Invisibles
Según Osechkin, muchísimos prisioneros ucranianos son convertidos en “invisibles”. El activista ha documentado casos en los que sus nombres fueron cambiados para impedir su identificación y también se les suele mantener aislados. Alexéi, el exmiembro de una unidad médica penitenciaria, observó que una prisión entera había sido “vaciada” y destinada exclusivamente a ucranianos que eran sometidos a agresiones y abusos graves, sin posibilidad de testigos.
También se instauraron prácticas para ocultar la identidad de los autores de las torturas, que la mayoría de las veces actuaban encapuchados. Serguéi, el exmiembro de las fuerzas especiales penitenciarias rusas, explica que durante el “trabajo” con los prisioneros de guerra ucranianos, los integrantes de su unidad no llevaban cámaras corporales ni números de identificación en sus uniformes.
“Tampoco se rellenaban los registros de intervención”, afirma. “No había ningún informe sobre el uso de la fuerza física. Actuaban como querían, dando rienda suelta a sus inclinaciones sádicas”.
Además de ser invisibilizados, los ucranianos suelen permanecer incomunicados.
El hijo de Natalia Kravtsova, Artem, combatiente de la brigada nacionalista Azov, fue capturado en Mariúpol en mayo de 2022. Un año después, esta mujer de 52 años recibió confirmación de la Cruz Roja de que estaba encarcelado, sin más información.
Desde entonces no supo nada más. Ni siquiera está completamente segura de que Artem, de 33 años, siga vivo. Con cada anuncio de intercambio de prisioneros, Kravtsova siente una esperanza que luego termina frustrada. “Aunque por fuera esté tranquila, por dentro ardo”, detalla.
Cuando se logra localizar a un detenido, a veces es posible utilizar plataformas en línea de la administración penitenciaria rusa para escribirle, aunque esto requiere un número de teléfono ruso.
Una activista rusa, que habló con la AFP bajo condición de anonimato, explica que utiliza su propio número para permitir que una decena de ucranianos escriban a sus familiares.
El exsoldado Rumiantsev recibió una sola carta poco antes del final de su cautiverio. Dice que fue el único momento en que lloró en prisión.
“Vi esas primeras palabras dirigidas a mí de una manera tan cálida. Solo mi familia me habla así. Se me llenaron los ojos de lágrimas y temblé. Entonces mi amigo me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘Eso significa que sigues siendo un ser humano’”.
Aksinia Bobruiko, una ucraniana de 39 años refugiada en Alemania, lucha por obtener noticias de su madre, una civil llamada Olga Baranevska.
El 15 de mayo de 2024, Baranevska, de 62 años, vivía en Melitópol, en Ucrania ocupada, cuando desapareció. Dos meses después, su hija supo a través de amigos en la zona que estaba encarcelada.
Bobruiko explicó a la AFP que su madre era maestra en Melitópol antes de la invasión de 2022 y que se negó a colaborar con las nuevas autoridades rusas “por razones ideológicas”.
En noviembre de 2024, Olga Baranevska, que sufre graves problemas de salud, fue condenada a seis años de prisión por presunta posesión de “explosivos”. Gracias a un contacto en la zona ocupada, Bobruiko logró recibir pruebas de vida, aunque sin información detallada.
Procesos judiciales
Tras atravesar una depresión, Aksinia Bobruiko recuperó “la fuerza” documentando historias de civiles detenidos y colaborando con la ONG “Noumo, Sestri!” (“¡Vamos, hermanas!”), que ayuda a mujeres encarceladas y a sus familiares.
La organización fue creada por una exdetenida que atravesó el infierno: Liudmila Gusseínova.
Gusseínova, de 64 años, pasó tres años y 13 días detenida en Donetsk, en el este de Ucrania ocupada, entre 2019 y 2022. Directora de un refugio para niños, fue arrestada por sus posiciones proucranianas.
Durante su encarcelamiento nunca pudo comunicarse con su familia, contó a la AFP, y únicamente logró recibir noticias a través de un abogado al que veía brevemente cada tres o seis meses.
Para no perder la cordura escribió un diario que escondía en el forro de su bolso. “Allí plasmé mis emociones”, explica. También redactó “conversaciones” imaginarias con sus amigos.
Tras su arresto, Gusseínova pasó primero 50 días en Izoliátsiya, una prisión de Donetsk de terrible reputación.
En una celda vigilada permanentemente por cámaras, debía permanecer de pie todo el día bajo amenaza de castigo.
Sus guardianes la sometieron a humillaciones con una bolsa de tela sobre la cabeza. Según ella, algunos militares llamaban regularmente a prisioneras y prisioneros para que los “entretuvieran”.
Después de Izoliátsiya, fue trasladada al centro de detención Nº5 de Donetsk, donde compartió una pequeña celda fría con unas veinte reclusas comunes.
Las condiciones de higiene eran “espantosas”: colchones sucios “llenos de insectos”, prisioneras con tuberculosis, VIH o eccema, y retretes en “un agujero”.
Un día fue llevada ante un investigador. “Se puso un pañuelo en la nariz de lo mucho que apestaba mi cuerpo. Y le dijo a otro de los investigadores: ‘No te acerques a ella, ¿no ves que está llena de chinches?’. Y era verdad: tenía chinches que me corrían por encima”, recuerda.
Para frenar este “sistema de tortura y sometimiento”, el activista Osechkin reclama procesos judiciales internacionales contra sus responsables y que se revele su identidad. “Los encontraremos y castigaremos a todos”, promete Serguéi.
Fuente: AFP.
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Trump anuncia un alto el fuego de tres días entre Ucrania y Rusia
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció un alto el fuego de tres días a partir del sábado entre Ucrania y Rusia, que lo han confirmado.
Moscú ya había anunciado previamente una tregua unilateral con motivo de las conmemoraciones del 9 de mayo en Rusia, pero ambos países se enfrentaron en las últimas horas.
“Esperemos que sea el principio del fin de una guerra muy larga, mortífera y difícil”, escribió Trump en su plataforma Truth Social, precisando que la tregua incluiría en particular “un intercambio de prisioneros de 1.000 detenidos de cada país”. Trump demostró que el desenlace de la guerra estaba “cada vez más cerca”.
Las negociaciones se reanudaron esta semana entre negociadores ucranianos y estadounidenses en Florida (sudeste).
Estas negociaciones habían pasado a un segundo plano desde el inicio de la guerra en el Oriente Medio.
El viernes el presidente ucraniano Volodimir Zelenski dijo esperar la llegada a Ucrania de los negociadores estadounidenses en las próximas semanas.
Justo después de la publicación del mensaje de Trump, el presidente ucraniano ordenó al ejército no atacar el desfile previsto para el sábado en la Plaza Roja.
Yuri Ushakov, asesor de política exterior del Kremlin, declaró a periodistas que su país aceptaba la tregua.
Moscú había amenazado con lanzar un ataque masivo en el corazón de Kiev si Ucrania interrumpía este desfile del 9 de mayo, fecha de celebraciones en Rusia de la rendición alemana en 1945.
Cruces de ataques
Una breve alarma antiaérea sonó el viernes por la mañana en Kiev debido a la amenaza de un misil balístico, según las autoridades locales. El riesgo de bombardeos sigue siendo constante, aunque muchos habitantes se han acostumbrado.
La invasión rusa a gran escala de Ucrania, iniciada en 2022, ha causado cientos de millas de muertos y se ha convertido en el conflicto más sangriento en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Un importante incendio forestal se declaró en la zona prohibida de Chernóbil, en el norte de Ucrania, tras la caída de un dron, indicaron este viernes las autoridades locales, que aseguraron que no se ha detectado ningún aumento de la radiactividad.
Antes del anuncio de Trump, Zelenski acusó el viernes a Moscú de no hacer ningún intento por respetar el alto el fuego que había declarado unilateralmente.
Según la fuerza aérea ucraniana, Moscú lanzó durante la noche 67 drones de largo alcance contra el país. Esta es la cifra más baja en casi un mes.
Rusia aseguró el viernes haber respondido “de manera simétrica” a las “violaciones” del alto fuego por parte de Ucrania.
La defensa aérea rusa afirmó haber interceptado 409 drones ucranianos desde la entrada en vigor de su cese de hostilidades. Estos drones habrían sido derribados en una decena de regiones, incluida la de Moscú, según la misma fuente.
Un dron lanzado por Ucrania mató a un hombre de 41 años y su hija de 15 en la parte de la región ucraniana de Jersón ocupada por los rusos, anunció la administración respaldada por Moscú.
El presidente ucraniano también sufrió ataques de su ejército contra infraestructuras petroleras rusas, incluyendo un depósito cerca de Moscú y una refinería en los Urales. Además 13 aeropuertos en el sur de Rusia tuvieron que cerrar tras un impacto en una instalación de control aéreo en Rostov del Don.
Putin convocó una reunión del Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia sobre este ataque, calificándolo de “acto de naturaleza terrorista” capaz de poner en peligro la aviación civil.
En las últimas semanas, el ejército ucraniano, que reforzó sus capacidades en materia de drones, intensifica sus ataques en territorio ruso, alcanzando objetivos situados a cientos de kilómetros de Ucrania.
- Fuente: AFP
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