Este domingo a las 17.00 horas (21.00 en la España peninsular) han cerrado los colegios electorales en Brasil, que elige este domingo a su próximo jefe de Estado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
El actual mandatario, Jair Bolsonaro, de extrema derecha, se enfrenta al candidato de izquierda y expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, con éste último como una ligera ventaja según las encuestas.
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La jornada ha estado marcada por las más de 500 intervenciones de la Policía Federal de Tráfico (PRF, por sus siglas en portugués) que habrían entorpecido el desplazamiento de votantes principalmente en el noreste del país, zona considerada afín a Lula.
La injerencia es particularmente grave debido a que el Tribunal Superior Electoral había advertido específicamente el sábado a la PRF de que no realizara intervenciones durante la jornada de votación.
Fuente: Europa Press.
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¿Cuál es el poderío militar de EE. UU. en el despliegue naval para la nueva crisis con Irán?
La partida del vicepresidente norteamericano JD Vance de Islamabad, ayer domingo, luego de que las negociaciones con Irán quedaran sin resolverse, Donald Trump fue tajante y ordenó el bloqueo naval del estrecho de Ormuz.
El bloqueo comenzó a aplicarse oficialmente este lunes y particularmente apuntó contra buques vinculados a Irán. La orden a la Marina estadounidense es impedir el paso de barcos por esa zona.
Como su nombre lo indica, Ormuz es un estrecho, es decir, un canal de reducidas proporciones que en condiciones normales bastaría con dos o tres naves para ejercer el control efectivo.
Sin embargo, fuentes citadas por The Wall Street Journal señalaron que las fuerzas estadounidenses poseen muchas más naves de efecto disuasivo. La indicación de Trump es que si cualquier buque iraní abre fuego contra EE. UU., será “enviado al infierno”.
“Más de 15 buques de guerra estadounidenses están desplegados para apoyar la operación de bloqueo marítimo contra Irán” informó este lunes The Wall Street Journal.
Agregaron que algunos de estos buques pueden dirigir embarcaciones comerciales hacia ubicaciones para retenerlas, mientras que otros pueden lanzar helicópteros para colaborar en operaciones de abordaje.
En el teatro de operaciones, la Armada de Estados Unidos cuenta con:
1) Destructores, que compone la “columna vertebral”, con aproximadamente 8 naves clase Arleigh Burke, encargados de escoltar petroleros y buques comerciales. Su arsenal está compuesto por misiles, drones y lanchas rápidas que detectan y, si es necesario, destruyen amenazas.
Su importancia radica en que son versátiles, es decir, pueden atacar, defender y vigilar al mismo tiempo.
2) Portaaviones: para evitar ser rastreadas, estas verdaderas bases flotantes cambian constantemente de posición. Operan en áreas relativamente cercanas como el Golfo Pérsico, Mar Arábigo o Golfo de Omán. En momentos de tensión, en la zona puede haber 2 o más grupos de portaaviones en la región.
3) Los submarinos son las naves más discretas. Pueden estar en cualquier lugar. Ejercen vigilancia secreta y tienen capacidad de ataque con misiles o torpedos
Como nadie sabe exactamente dónde están, los sobmarinos generan disuasión constante.
4) Finalmente, las fuerzas armadas de también están compuestas por Apoyo invisible, una tarea silenciosa, pero crucial. Se encargan de los drones de vigilancia, de los aviones espía, los satélites y buques logísticos fundamentales para el reabastecimiento.
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El “viejito” gobierna, el poder se le escurre
- Por Juan Carlos Dos Santos G.
- Juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
El regreso de Luiz Inácio “Lula” da Silva al poder tras derrotar a Jair Bolsonaro en octubre de 2022, fue celebrado como el retorno de la estabilidad. Sin embargo, la realidad actual muestra un escenario más complejo: el actual Lula, con 80 años, gobierna, pero no logra consolidar autoridad ni control político pleno.
El desgaste de su administración no responde a un único factor, sino a una suma de tensiones que, en conjunto, comienzan a erosionar su capital político. En el frente económico, el Gobierno intenta sostener un modelo basado en el gasto social mientras enfrenta crecientes cuestionamientos sobre la disciplina fiscal. El déficit, las señales contradictorias al mercado y la incertidumbre económica han debilitado la confianza, incluso en sectores que inicialmente acompañaron su regreso.
Pero el problema va más allá de los números. El “viejito”, como no le gusta que lo llamen, lidera una coalición fragmentada, dependiente de acuerdos permanentes con un Congreso adverso. Cada votación se transforma en una negociación, cada iniciativa en una pulseada. Esta dinámica proyecta una imagen de debilidad estructural: un presidente condicionado, sin margen para imponer agenda.A esto se suma un elemento clave en política: la percepción. Una parte significativa de la sociedad no percibe mejoras concretas en su vida cotidiana. La expectativa de un rápido alivio económico, especialmente en los sectores más vulnerables, no se ha materializado con la velocidad esperada. Y cuando el lulismo pierde conexión emocional con su base histórica, el impacto trasciende lo económico y se vuelve electoral.
En política exterior, Lula también enfrenta críticas por sus ambigüedades. Su intento de posicionarse como líder global y mediador en conflictos internacionales ha generado incomodidad, especialmente por su cercanía o indulgencia frente a regímenes cuestionados. Esta postura, lejos de fortalecer su liderazgo, abre flancos tanto dentro como fuera de Brasil.
Ni siquiera en áreas donde el Gobierno muestra avances, como la agenda ambiental, logra evitar contradicciones. La reducción de la deforestación convive con presiones por expandir proyectos extractivos, mientras sectores indígenas y sociales comienzan a expresar frustración por promesas incumplidas o demoradas.Sin embargo, el dato más relevante no está únicamente en los problemas del oficialismo, sino en la reorganización de la oposición. Allí emerge con fuerza Flávio Bolsonaro, quien ha comenzado a capitalizar el malestar social y a canalizar las críticas al Gobierno. Con un discurso más ordenado y menos confrontativo que el de su padre, logra interpelar tanto al núcleo duro del bolsonarismo como a sectores desencantados con Lula.
El crecimiento de Flávio Bolsonaro en encuestas recientes –incluso con escenarios donde aparece competitivo o por encima de Lula en una eventual segunda vuelta– refleja un cambio de clima político. Ya no se trata solo de rechazo al pasado, sino de dudas sobre el presente.Brasil, además, sigue atrapado en una polarización persistente, donde el margen para consensos es mínimo y el desgaste del gobierno se amplifica. Lula enfrenta un desafío mayor al que tuvo en 2022: ya no compite únicamente contra su antecesor, sino contra sus propias limitaciones.
El presidente aún conserva estructura, liderazgo y capacidad de reacción. Pero la política no perdona la inercia. Si no logra recuperar iniciativa, ordenar su coalición y ofrecer resultados tangibles, el escenario electoral podría volverse mucho más adverso de lo previsto.Porque en Brasil hoy no está en discusión quién gobierna, sino quién logra convencer de que puede hacerlo mejor. Y en esa disputa, el poder –silenciosamente– empieza a cambiar de manos.
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Itaipú: la tarifa es prioridad y el Anexo C pasó a segundo plano, afirma ingeniero
Para el ingeniero y exasesor técnico de la Administración Nacional de Electricidad (Ande), Fabián Cáceres, la discusión del Anexo C del tratado de Itaipú quedó en segundo plano para los gobiernos de Santiago Peña y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Agregó que el punto clave del debate gira en torno a la fijación de una nueva tarifa de la hidroeléctrica, razón por la cual persiste el manto de hermetismo desde ambas administraciones.
“Se tiene que ser bien claros, lo que realmente se pretende es extender el acuerdo (de 2024). El anexo C va por otra cuerda y ya no genera beneficios para el Paraguay. Actualmente, la tarifa es de USD 19,28 por kW/mes y el Brasil tiene la esperanza de que quede a USD 10 KW/mes“, refirió este martes al programa “Así son las cosas” del canal GEN y Universo 970 AM/Nación Media.
Cáceres comentó: “Lo que se pretende de alguna forma es que la tarifa de USD 19,28 por kW/mes no vaya al piso y que por lo menos permita todavía disponer de suficientes recursos y, a la vez, enfocarse en la promoción de nuevas fuentes de generación de energía".
“Tocar el Anexo C ya no tiene sentido, además los tiempos ya no dan. Esto era de interés cuando había una gran diferencia entre lo que llevaba Paraguay y Brasil (en materia de distribución de energía). Hoy prácticamente nuestro país estará consumiendo a la par que Brasil”, afirmó Cáceres.
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Acuerdo histórico
La fijación del precio de la tarifa a USD 19,28 por kW/mes, en mayo del 2024, fue calificada como un acuerdo histórico tras años de negociaciones. Su vigencia se extiende hasta el año 2026 y llegó a generar alrededor de USD 280 millones de ingresos por royalties, USD 650 millones para inversión social, USD 265 millones por compensación de energía y USD 53 millones en utilidades de capital, totalizando USD 1.250 millones anuales.
Además se estableció el mantenimiento del acuerdo operativo de la Itaipu, la posibilidad inmediata para Paraguay de vender al mercado libre brasileño su parte de la energía no consumida. En dicha ocasión los gobiernos de Peña y Lula habían fijado que la renegociación del Anexo C debía concluir a finales del 2024, pero el proceso fue dilatándose en medio de una serie de conflictos como el espionaje que fue impulsado por Brasil contra autoridades paraguayas, entre junio de 2022 y marzo de 2023.
Así como el reclamo realizado por Peña a Lula, en diciembre de 2025, cuando el mandatario brasileño tomó la iniciativa de inaugurar por separado el Puente de la Integración, costeado con fondos de Itaipú. El hecho fue calificado por el economista como “una mezquindad política” que dejó un “un sabor amargo”.
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Bolsonaro sale de terapia intensiva sin previsión de alta hospitalaria
El expresidente brasileño Jair Bolsonaro, hospitalizado por una bronconeumonía, salió ayer lunes de terapia intensiva, informó uno de sus médicos, mientras espera que la corte suprema decida si le concede prisión domiciliaria. Tras más de una semana ingresado en un hospital de Brasilia, el líder de extrema derecha pasó de cuidados intensivos a un cuarto del centro médico, aunque por ahora "sin previsión de alta hospitalaria“, dijo a la AFP el doctor Brasil Caiado.
Bolsonaro recibió además un parecer favorable de la fiscalía para que sea trasladado a su casa y no regrese a la cárcel de Papuda en Brasilia, donde está preso desde enero. El exmandatario, de 71 años, fue condenado en septiembre a 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado en 2022.
Sus abogados presentaron varios pedidos de prisión domiciliaria “humanitaria” debido a sus recurrentes problemas de salud. Tras el parecer positivo de la fiscalía, la decisión corresponde ahora al juez supremo Alexandre de Moraes, relator del juicio que condenó a Bolsonaro.
El expresidente (2019-2022) ingresó a terapia intensiva en la clínica privada DF Star de Brasilia el 13 de marzo, con un cuadro de fiebre alta, sudores y escalofríos. Sus doctores informaron este lunes que su condición es “estable”. Según el equipo médico, la infección que lo llevó al hospital es fruto de un episodio de broncoaspiración, vinculado a las secuelas de una puñalada en el abdomen que recibió durante un acto de campaña en 2018.
Desde entonces, Bolsonaro se ha sometido a varias cirugías y sufre crisis de hipo, a veces acompañadas de vómitos. Encarcelado, ungió a su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, como candidato para las elecciones presidenciales de octubre. A menos de siete meses de los comicios, algunas encuestas muestran un empate técnico entre Flávio Bolsonaro y el presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a un cuarto mandato.
Fuente: AFP.