Los últimos combatientes defensores de Mariúpol aún ocupan sectores de la ciudad y “lucharán hasta el final” frente a las tropas rusas, dijo el primer ministro de Ucrania, Denys Shmygal, en una entrevista emitida hoy domingo por la cadena televisiva estadounidense ABC.
“La ciudad no ha caído. Nuestras fuerzas militares, nuestros soldados todavía están allí. Lucharán hasta el final”, aseguró Shmygal en el programa “This Week” horas después del ultimátum ruso para que depongan las armas.
Los soldados ucranianos sitiados en Mariúpol el domingo parecían haber ignorado el ultimátum de Rusia de deponer las armas y evacuar este puerto estratégico en el sureste de Ucrania, cuya ocupación sería una gran victoria para Moscú.
El primer ministro ucraniano también rechazó las afirmaciones recientes del presidente ruso, Vladimir Putin, de que las tropas de Moscú estaban ganando la guerra.
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“Ni una sola gran ciudad ha caído. Solo (la ciudad de) Jersón está bajo el control de las fuerzas rusas, pero todas las demás ciudades están bajo el control de Ucrania”, insistió Chmygal, especificando que más de 900 municipios, incluida la capital, Kiev, se mantenían libres de la ocupación rusa.
“Actualmente estamos luchando en la región del Donbás y no tenemos la intención de rendirnos”, agregó el jerarca hablando en inglés.
En una entrevista emitida también este domingo por otra cadena de televisión estadounidense, la CNN, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, descartó la idea de dejar que Moscú se apodere de la región del Donbás y parte del este de Ucrania para detener el baño de sangre.
“Ucrania y su gente lo tienen claro. No tenemos derecho a los territorios de nadie más, pero no vamos a renunciar a los nuestros”, sentenció.
Fuente: AFP.
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El infierno de los ucranianos en prisiones rusas
Cuentan sus carceleros que el joven teniente ucraniano hablaba demasiado. “Lo llamaban ‘el charlatán’ porque discutía sin parar”, afirma un exagente de los servicios penitenciarios rusos. Entonces lo apalearon sin contemplación. “Tenía lesiones extensas, hematomas infectados en los glúteos y la parte posterior de los muslos”, describe Alexéi, el exagente penitenciario ruso que trabajaba en ese momento en la unidad médica.
Según Alexéi (nombre modificado), el teniente ucraniano fue privado de atención médica adecuada. Murió en esa prisión rusa en octubre de 2022 y es posible que su cuerpo, gangrenado, fuera enterrado de forma anónima. Alexéi nunca supo su nombre.
Miles de soldados y civiles ucranianos fueron o están siendo sometidos a violencia física y psicológica en centros de detención en Rusia y en Ucrania ocupada, según señalan una decena de testimonios recogidos por la AFP, así como informes de múltiples ONG, medios de comunicación y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
Exprisioneros y familiares de detenidos, tanto militares como civiles, relatan cómo fueron “quebrados como cachorros”, palabras textuales de uno de ellos.
Tres exmiembros de la administración penitenciaria rusa, que desertaron y huyeron del país, confirmaron estas violencias, para las cuales, según uno de ellos, tenían “todo permitido”.
La AFP habló directamente con uno de estos exguardianes, y tuvo acceso a los testimonios de otros dos a través de Vladimir Osechkin, director de Gulagu.net (No al Gulag), organización que documenta abusos en el sistema penitenciario ruso.
Por motivos de seguridad no se revelan las identidades de estos tres hombres, verificadas con documentos oficiales, ni los nombres de las prisiones donde trabajaron.
Estas fuentes describen una violencia generalizada y los esfuerzos sistemáticos de Moscú por ocultarla.
Según las autoridades ucranianas citadas en el otoño boreal de 2025 en un informe de la OSCE, 89% de las personas liberadas afirman haber sufrido malos tratos en cautiverio, incluidas violencias sexuales en 42% de los casos.
La mayoría de los detenidos fueron privados de comunicación con el mundo exterior, como ocurría en la época del gulag.
“Consiguen hacerte creer que nadie te espera”, relata Iaroslav Rumiantsev, de 30 años, exsoldado ucraniano que sobrevivió a tres años y tres meses de cautiverio. Consultada por la AFP, la administración penitenciaria rusa no respondió. En 2025, el presidente Vladimir Putin afirmó que Moscú trata “humanamente” a sus prisioneros.
Permiso sin restricciones
El activista ruso Vladimir Osechkin, de 44 años, que vive en Francia bajo protección policial, afirma que los detenidos ucranianos se encuentran atrapados en un sistema organizado y controlado por el poderoso servicio de seguridad (FSB) y la administración penitenciaria, con la complicidad de los órganos judiciales.
Los abusos y agresiones en detención, frecuentes desde 2014 con la guerra entre Kiev y los separatistas apoyados por Moscú, se multiplicaron con la invasión rusa de Ucrania lanzada el 24 de febrero de 2022.
En los últimos cuatro años se pudo confirmar la muerte en prisiones rusas de al menos 143 prisioneros ucranianos, entre ellos seis civiles, precisa la Fiscalía ucraniana.
En febrero de 2026 alrededor de 7.000 prisioneros de guerra ucranianos se encontraban en manos rusas, según el presidente, Volodimir Zelenski.
A ello se suman 15.378 civiles “detenidos ilegalmente”, según datos transmitidos a la AFP a comienzos de marzo por la oficina ucraniana de derechos humanos.
El primer día de la invasión, en febrero de 2022, Serguéi (nombre modificado) era miembro de las fuerzas especiales de la administración penitenciaria rusa.
Muy pronto su jefe propuso a su unidad realizar misiones en prisiones donde estaban detenidos ucranianos.
“Antes de la primera misión, el jefe de nuestro grupo territorial reunió al personal y explicó que las normas en vigor ya no se aplicarían en el trabajo con prisioneros de guerra. En otras palabras, dio permiso para usar la fuerza física sin restricciones. Y nadie sería responsable”, relata.
“En la práctica, el jefe nos dijo: ‘Trabajen con dureza, no teman nada’”, añade.
Opuesto a la invasión de Ucrania, Serguéi asegura que se negó a participar en los actos violentos, dimitiendo en 2022 y abandonado Rusia. “No habría podido vivir con ese peso ni mirar a mis hijos a los ojos”, destaca.
Muchos de sus colegas, dice, estaban “contentos” de poder usar “toda la violencia que quisieran” y acudían a las misiones “con alegría”. Según la Fiscalía ucraniana, la presencia de prisioneros ucranianos fue constatada en al menos 201 centros de detención en 49 regiones de Rusia, incluyendo el Extremo Oriente ruso, además de 116 lugares de encarcelamiento en Ucrania ocupada.
Cucarachas y ratones crudos
Rumiantsev, de la infantería de marina ucraniana, fue hecho prisionero en Mariúpol en mayo de 2022 tras rendirse junto a las tropas de Kiev atrincheradas en la planta de Azovstal. Pasó por cuatro prisiones rusas antes de ser liberado en 2025. Primero estuvo brevemente en la de Olenivka, en la región de Donetsk, donde una explosión causó la muerte de al menos 50 prisioneros ucranianos en julio de 2022 y dejó decenas de heridos.
Posteriormente fue trasladado al centro de detención Nº2 de Taganrog, en el suroeste de Rusia, considerado uno de los peores centros de tortura.
A su llegada, cuenta que, junto con unos 250 prisioneros, atravesó corriendo un pasillo formado por guardias que los golpeaban.
Era un “comité de bienvenida” descrito también por otros detenidos y una práctica ya utilizada en los “campos de filtración” en Chechenia durante la última guerra en esa república del Cáucaso.
Después, los golpes continuaron. Rumiantsev describe a los detenidos prácticamente reducidos a un estado de animales aterrorizados. “Hombres que defendieron su tierra, que van al gimnasio, hombres fuertes.... los quiebran como cachorros. Los destruyen”, insiste.
Para resistir, él y otros prisioneros se aferraban a su identidad y a su pasado, repitiéndose: “Soy un ser humano y tengo valor”.
La Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE publicó en septiembre de 2025 un informe basado en testimonios de unos 200 exprisioneros ucranianos.
Según este informe, los métodos de tortura incluyen descargas eléctricas -incluso en los genitales-, ataques de perros, violaciones, simulacros de ejecución -incluidos falsos ahorcamientos-, ejercicios físicos extremos y la obligación de permanecer en posiciones dolorosas.
El exagente penitenciario ruso Vitali (nombre modificado) señala que presos comunes también pueden participar en las violencias, utilizadas según él para obtener falsas confesiones en investigaciones judiciales, así como para recopilar información militar o reclutar colaboradores bajo coerción.
La comida también es utilizada como herramienta de castigo. Rumiantsev afirma que en ciertos momentos solo tenía “dos minutos” para comer, como un animal, bajo amenaza de golpes.
En una investigación publicada en diciembre de 2025, un exprisionero declaró a Human Rights Watch que llegó a ingerir cucarachas de su celda por el hambre que tenía, mientras otros detenidos comían ratones crudos.
A esto se suman reglas de sometimiento como la prohibición de mirar a los guardias a los ojos y castigos constantes. Rumiantsev recuerda uno: permanecer de pie durante 16 horas seguidas sin permiso para ir al baño, hasta el punto en el que algunos detenidos se orinaban encima. También menciona “experimentos”, como cuando los guardias les hicieron tomarse de las manos y les aplicaron descargas eléctricas para observar “cuántas personas sufrían dolor”.
Marcado en la carne
En 2023, Alexéi era miembro de una unidad médica en una prisión rusa. En ese momento relató su vida cotidiana al director de la ONG Gulagu.net, Osechkin, durante conversaciones de varias horas a las que AFP tuvo acceso. Alexéi explica cómo, en su cárcel, los prisioneros ucranianos eran golpeados con tubos de calefacción de polipropileno porque son materiales que “no se rompen”.
Después de estas palizas los detenidos recibían cuidados superficiales pero, tras cada visita a la enfermería, debían decir: “Gracias a la Federación Rusa por estos cuidados”. En ocasiones los equipos médicos participaban directamente en las agresiones. Según una investigación del medio RFE/RL, médicos rusos grabaron las palabras “Gloria a Rusia” en el abdomen de un prisionero ucraniano, Andrii Pereverziev, mientras era operado en prisión. Tras su liberación en 2025, tuvo que someterse a otra operación para retirar ese lema marcado en su carne.
Para el exsoldado Rumiantsev, “la idea” detrás de estos abusos es someter y traumatizar a los militares para que no vuelvan a oponerse a Moscú. Junto a sus compañeros estaba obligado a cantar canciones soviéticas en prisión. Y si no cantaba “lo suficientemente fuerte o afinado”, recibía un “castigo”.
En 2024 fue trasladado a una colonia penitenciaria menos dura en la región rusa de Udmurtia. Los guardias seguían golpeándolos, pero con menos violencia, igualmente él ya se había “acostumbrado” a que les “destrozaran la cara” entre gritos. Durante su detención también encontró carceleros más humanos que se mostraban “apenados” y afirmaban que algún día “Rusia pedirá disculpas”.
Invisibles
Según Osechkin, muchísimos prisioneros ucranianos son convertidos en “invisibles”. El activista ha documentado casos en los que sus nombres fueron cambiados para impedir su identificación y también se les suele mantener aislados. Alexéi, el exmiembro de una unidad médica penitenciaria, observó que una prisión entera había sido “vaciada” y destinada exclusivamente a ucranianos que eran sometidos a agresiones y abusos graves, sin posibilidad de testigos.
También se instauraron prácticas para ocultar la identidad de los autores de las torturas, que la mayoría de las veces actuaban encapuchados. Serguéi, el exmiembro de las fuerzas especiales penitenciarias rusas, explica que durante el “trabajo” con los prisioneros de guerra ucranianos, los integrantes de su unidad no llevaban cámaras corporales ni números de identificación en sus uniformes.
“Tampoco se rellenaban los registros de intervención”, afirma. “No había ningún informe sobre el uso de la fuerza física. Actuaban como querían, dando rienda suelta a sus inclinaciones sádicas”.
Además de ser invisibilizados, los ucranianos suelen permanecer incomunicados.
El hijo de Natalia Kravtsova, Artem, combatiente de la brigada nacionalista Azov, fue capturado en Mariúpol en mayo de 2022. Un año después, esta mujer de 52 años recibió confirmación de la Cruz Roja de que estaba encarcelado, sin más información.
Desde entonces no supo nada más. Ni siquiera está completamente segura de que Artem, de 33 años, siga vivo. Con cada anuncio de intercambio de prisioneros, Kravtsova siente una esperanza que luego termina frustrada. “Aunque por fuera esté tranquila, por dentro ardo”, detalla.
Cuando se logra localizar a un detenido, a veces es posible utilizar plataformas en línea de la administración penitenciaria rusa para escribirle, aunque esto requiere un número de teléfono ruso.
Una activista rusa, que habló con la AFP bajo condición de anonimato, explica que utiliza su propio número para permitir que una decena de ucranianos escriban a sus familiares.
El exsoldado Rumiantsev recibió una sola carta poco antes del final de su cautiverio. Dice que fue el único momento en que lloró en prisión.
“Vi esas primeras palabras dirigidas a mí de una manera tan cálida. Solo mi familia me habla así. Se me llenaron los ojos de lágrimas y temblé. Entonces mi amigo me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘Eso significa que sigues siendo un ser humano’”.
Aksinia Bobruiko, una ucraniana de 39 años refugiada en Alemania, lucha por obtener noticias de su madre, una civil llamada Olga Baranevska.
El 15 de mayo de 2024, Baranevska, de 62 años, vivía en Melitópol, en Ucrania ocupada, cuando desapareció. Dos meses después, su hija supo a través de amigos en la zona que estaba encarcelada.
Bobruiko explicó a la AFP que su madre era maestra en Melitópol antes de la invasión de 2022 y que se negó a colaborar con las nuevas autoridades rusas “por razones ideológicas”.
En noviembre de 2024, Olga Baranevska, que sufre graves problemas de salud, fue condenada a seis años de prisión por presunta posesión de “explosivos”. Gracias a un contacto en la zona ocupada, Bobruiko logró recibir pruebas de vida, aunque sin información detallada.
Procesos judiciales
Tras atravesar una depresión, Aksinia Bobruiko recuperó “la fuerza” documentando historias de civiles detenidos y colaborando con la ONG “Noumo, Sestri!” (“¡Vamos, hermanas!”), que ayuda a mujeres encarceladas y a sus familiares.
La organización fue creada por una exdetenida que atravesó el infierno: Liudmila Gusseínova.
Gusseínova, de 64 años, pasó tres años y 13 días detenida en Donetsk, en el este de Ucrania ocupada, entre 2019 y 2022. Directora de un refugio para niños, fue arrestada por sus posiciones proucranianas.
Durante su encarcelamiento nunca pudo comunicarse con su familia, contó a la AFP, y únicamente logró recibir noticias a través de un abogado al que veía brevemente cada tres o seis meses.
Para no perder la cordura escribió un diario que escondía en el forro de su bolso. “Allí plasmé mis emociones”, explica. También redactó “conversaciones” imaginarias con sus amigos.
Tras su arresto, Gusseínova pasó primero 50 días en Izoliátsiya, una prisión de Donetsk de terrible reputación.
En una celda vigilada permanentemente por cámaras, debía permanecer de pie todo el día bajo amenaza de castigo.
Sus guardianes la sometieron a humillaciones con una bolsa de tela sobre la cabeza. Según ella, algunos militares llamaban regularmente a prisioneras y prisioneros para que los “entretuvieran”.
Después de Izoliátsiya, fue trasladada al centro de detención Nº5 de Donetsk, donde compartió una pequeña celda fría con unas veinte reclusas comunes.
Las condiciones de higiene eran “espantosas”: colchones sucios “llenos de insectos”, prisioneras con tuberculosis, VIH o eccema, y retretes en “un agujero”.
Un día fue llevada ante un investigador. “Se puso un pañuelo en la nariz de lo mucho que apestaba mi cuerpo. Y le dijo a otro de los investigadores: ‘No te acerques a ella, ¿no ves que está llena de chinches?’. Y era verdad: tenía chinches que me corrían por encima”, recuerda.
Para frenar este “sistema de tortura y sometimiento”, el activista Osechkin reclama procesos judiciales internacionales contra sus responsables y que se revele su identidad. “Los encontraremos y castigaremos a todos”, promete Serguéi.
Fuente: AFP.
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“Putin no ganó esta guerra”, dice Zelenski en cuarto año de la invasión rusa
El dirigente ruso Vladimir Putin “no logró sus objetivos” de guerra ni “quebró a los ucranianos”, declaró este martes el presidente Volodimir Zelensky, justo cuatro años después de que Rusia invadiera su país. Ucrania marca el día con una muestra de solidaridad de sus aliados más firmes, pero sin vislumbrar el fin del conflicto más sangriento de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
"Putin no logró sus objetivos. No quebró a los ucranianos. No ganó esta guerra. Hemos preservado Ucrania y haremos todo lo posible para lograr la paz y para que se haga justicia", declaró Zelenski en un mensaje en video. El presidente ucraniano añadió que su país está preparado para hacer “todo” lo posible para garantizar una paz fuerte y duradera.
Cientos de miles de vidas se han perdido desde que el Kremlin envió tropas a Ucrania el 24 de febrero de 2022, confiado en una victoria rápida y sin esperar la feroz resistencia que encontraría. El impacto mundial del conflicto ha sido inmenso, con un aumento en los gastos de defensa en varios países europeos en anticipo de una posible confrontación con Rusia.
Las negociaciones entre ambos bandos, retomadas el año pasado por impulso de Estados Unidos, no han logrado detener los combates, que han destruido ciudades enteras y forzado a millones de ucranianos a huir de su país. La jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llegó el martes a Kiev para las conmemoraciones.
En un video resumió el objetivo de su visita: “subraya nuestro compromiso duradero con la justa lucha de Ucrania” y enviar “un mensaje claro tanto al pueblo ucraniano como al agresor: No cejaremos hasta que se restablezca la paz. Una paz en los términos de Ucrania”.
Von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, participarán en una reunión por videoconferencia con los aliados de Ucrania, la llamada “Coalición de Voluntarios”, que incluye a Alemania, Francia y el Reino Unido.
Sin visos de salida
Rusia, que ocupa actualmente cerca de 20 % del territorio ucraniano, bombardea a diario áreas civiles e infraestructuras, lo que ha provocado la peor crisis energética desde el inicio de la invasión, agravada por un rudo invierno.
Los aliados occidentales de Kiev han impuesto fuertes sanciones a Moscú, obligando al país a reorientar sus exportaciones petroleras a nuevos mercados, sobre todo en Asia.
Pese al impacto de las sanciones, las fuerzas rusas han avanzado lentamente en los últimos meses, en especial en la región oriental del Donbás, epicentro de combates sangrientos y que Moscú quiere anexar.
En tanto, las negociaciones continúan bajo mediación de Estados Unidos. Zelenski insiste en sus demandas de garantías de seguridad de parte de Washington antes de cualquier acuerdo con Moscú.
Rusia ha rechazado las propuestas ucranianas de enviar fuerzas europeas a Ucrania después de un eventual acuerdo de alto el fuego. El presidente ruso ha advertido incluso que alcanzará sus objetivos por la fuerza si fracasa la diplomacia.
Reconstrucción
La guerra de cuatro años ha devastado a Ucrania, que ya era uno de los países más pobres de Europa. Según un informe conjunto del Banco Mundial, la UE y la ONU, publicado el lunes, el costo de la reconstrucción en la posguerra será de 558.000 millones de dólares en la próxima década.
Rusia justificó el envío de tropas a Ucrania para impedir su ambición de unirse a la OTAN. Estima que el ingreso de Kiev en la Alianza Atlántica amenaza su propia seguridad.
El lunes, durante una ceremonia conmemorativa del Día del Defensor de la Patria, Putin insistió en que sus soldados defienden las “fronteras” de Rusia en Ucrania para asegurar la “paridad estratégica” entre las potencias y combatir por el “futuro” del país.
Ucrania, una exrepública soviética, considera que la guerra es el resurgimiento del imperialismo ruso dirigido a subyugar al pueblo ucraniano.
“Rusia quiere imponer al mundo un modo de vida diferente y cambiar las vidas que los pueblos han elegido para sí mismos”, declaró Zelenski en una entrevista el domingo con la BBC.
Fuente: AFP.
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Ucrania prevé reuniones para reactivar negociaciones con Rusia
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, afirmó este sábado que cuenta con reuniones diplomáticas “la próxima semana” para hacer avanzar las negociaciones con Moscú, con lo que parecía descartar el encuentro previsto en Abu Dabi el domingo entre las delegaciones rusa y ucraniana.
“Contamos con las reuniones de la próxima semana y nos estamos preparando para ello”, declaró Zelenski durante su discurso diario. “Estamos en contacto permanente con la parte estadounidense y esperamos que nos dé precisiones sobre las próximas reuniones. Ucrania está dispuesta a trabajar en todos los formatos de trabajo. Es importante que estas reuniones tengan lugar y que desemboquen en resultados concretos”, añadió.
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El 23 y 24 de enero se celebró un primer ciclo de negociaciones en Abu Dabi en presencia de representantes de Ucrania, de Rusia y de Estados Unidos. Fueron las primeras negociaciones directas conocidas entre Kiev, Moscú y Washington sobre el plan estadounidense para poner fin a la guerra, desencadenada por la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero de 2022.
En los días siguientes, las partes habían acordado continuar con esas discusiones el 1º de febrero. Pero, el jueves, Zelenski indicó que “la fecha y el lugar” de esa reunión podrían cambiar habida cuenta de las tensiones entre Irán y Estados Unidos.
En paralelo, el emisario del Kremlin para cuestiones económicas, Kirill Dmitriev, se reunió este sábado en Florida con el enviado especial estadounidense Steve Witkoff, el secretario estadounidense del Tesoro, Scott Bessent y con el yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner.
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Un encuentro organizado en el marco de la mediación de Estados Unidos para intentar poner fin a la guerra que fue “constructivo”, según ambas partes. No dieron detalles sobre los temas tratados.
Fuente: AFP
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Cancilleres del G7 piden “cese de fuego inmediato” en Ucrania
Los ministros de Relaciones Exteriores del G7 pidieron ayer miércoles un alto el fuego inmediato en Ucrania y alertaron sobre la creciente crisis en Sudán, al concluir una reunión en Canadá. En una declaración conjunta, los principales diplomáticos de Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Estados Unidos expresaron su “apoyo inquebrantable” a la integridad territorial de Ucrania.
“Es urgentemente necesario un cese del fuego inmediato”, declararon los cancilleres. En las conversaciones cerca de las famosas Cataratas del Niágara, los ministros del G7 discutieron diversas opciones para reforzar la financiación de los esfuerzos de Ucrania contra la invasión rusa.
El comunicado indicó que los escenarios analizados incluían “aprovechar más los activos soberanos rusos inmovilizados” en distintas jurisdicciones del G7, una estrategia compleja que ha sido debatida intensamente dentro de la Unión Europea.
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El ministro de Exteriores de Ucrania, Andriy Sybiha, invitado a las conversaciones, declaró previamente que el G7 debía aumentar la presión sobre el presidente ruso, Vladimir Putin, y reforzar la capacidad bélica de Ucrania. “Putin aún tiene la ilusión de que puede ganar”, dijo Sybiha.
“En realidad, ha perdido más de un millón de soldados y no ha logrado un solo objetivo estratégico(...). Debemos hacer que el costo de continuar esta guerra sea insoportable y peligroso para Putin personalmente y para su régimen”, añadió.
Más temprano el miércoles, la ministra de Exteriores de Canadá, Anita Anand, anunció nuevas sanciones contra entidades que, según Canadá, se utilizan para lanzar ciberataques contra Ucrania. También fueron sancionados buques que forman parte de la llamada flota en la sombra de Rusia, presuntamente utilizados para transportar petróleo ruso desafiando las sanciones globales.
Anand explicó que estas sanciones son las primeras contra la “infraestructura informática utilizada en las estrategias híbridas de Rusia contra Ucrania”. Asimismo, se incluyeron empresas vinculadas a la industria rusa de gas natural licuado.
Violencia
Los cancilleres del G7 también condenaron el aumento de la violencia en Sudán y consideraron que el conflicto entre el ejército del país y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) ha causado “la mayor crisis humanitaria del mundo”. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, instó a la acción internacional para cortar el suministro de armas a las RSF, culpando a esta fuerza paramilitar del incremento del derramamiento de sangre.
“Creo que se debe hacer algo para detener el flujo de armas y el apoyo que las RSF están recibiendo mientras continúan sus avances”, dijo Rubio al salir de las conversaciones del G7. Desde abril de 2023, la guerra entre el ejército sudanés y las RSF ha dejado decenas de miles de muertos y casi 12 millones de desplazados.
La reunión del G7 se produjo dos semanas después de que las RSF capturaran El-Fasher, el último bastión del ejército en Darfur occidental. Desde entonces han surgido informes de masacres. El G7 instó a ambas partes a “desescalar, comprometerse con un alto el fuego inmediato y permanente, y garantizar el paso rápido y sin trabas de la asistencia humanitaria”.
Venezuela y fricciones entre EE.UU. y Canadá
Al inicio de las conversaciones el martes, el canciller de Francia, Jean-Noel Barrot, lanzó una advertencia contundente sobre las posibles consecuencias del despliegue militar estadounidense en el Caribe, que según la administración del presidente Donald Trump busca contrarrestar el tráfico de drogas.
“Hemos observado con preocupación las operaciones militares en el Caribe porque ignoran el derecho internacional”, dijo Barrot a periodistas horas después de que un portaaviones estadounidense ingresara a un área bajo control del Comando Sur de las Fuerzas Navales de Estados Unidos, que abarca América Latina y el Caribe.
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Rubio afirmó el miércoles que los aliados del G7 no le plantearon inquietudes sobre Venezuela y negó un informe de CNN que señalaba que el Reino Unido había limitado el intercambio de inteligencia con Washington.
“Nadie en la reunión lo mencionó”, aseguró. Rubio sostuvo conversaciones bilaterales con su par canadiense, aunque no abordaron la guerra comercial de Trump, que ha provocado pérdida de empleos en Canadá y frenado el crecimiento económico. “Los asuntos relacionados con el comercio corresponden a otros ministros del gabinete”, explicó la ministra canadiense.
Fuente: AFP