El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, procedió este lunes a una reforma ministerial, con el cambio de titulares de seis carteras de Estado, incluyendo las de Relaciones Exteriores, Defensa y Justicia, anunció el Ministerio de Comunicaciones.
Los cambios se iniciaron por la mañana, con la renuncia del canciller, Ernesto Araújo, bajo el fuego de críticas por el fracaso de la política de Brasil para contener la pandemia de coronavirus, y se amplió por la tarde con cambios imprevistos.
Asimismo, el ministro de Defensa de Brasil, el general de reserva Fernando Azevedo e Silva, también anunció este lunes sorpresivamente su salida del gobierno, horas después de que el canciller Araújo lo hiciera.
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Sumada a la del general Eduardo Pazuello al frente del Ministerio de Salud hace dos semanas, se trata de la tercera baja de un miembro clave del gobierno ultraderechista en la fase más aguda de la pandemia de coronavirus.
“Agradezco al Presidente de la República, a quien dediqué mi total lealtad a lo largo de estos más de dos años, por la oportunidad de haber servido al país como ministro de Estado de la Defensa”, escribió Azevedo e Silva en una nota divulgada a la prensa.
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Fuente: AFP.
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El “viejito” gobierna, el poder se le escurre
- Por Juan Carlos Dos Santos G.
- Juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
El regreso de Luiz Inácio “Lula” da Silva al poder tras derrotar a Jair Bolsonaro en octubre de 2022, fue celebrado como el retorno de la estabilidad. Sin embargo, la realidad actual muestra un escenario más complejo: el actual Lula, con 80 años, gobierna, pero no logra consolidar autoridad ni control político pleno.
El desgaste de su administración no responde a un único factor, sino a una suma de tensiones que, en conjunto, comienzan a erosionar su capital político. En el frente económico, el Gobierno intenta sostener un modelo basado en el gasto social mientras enfrenta crecientes cuestionamientos sobre la disciplina fiscal. El déficit, las señales contradictorias al mercado y la incertidumbre económica han debilitado la confianza, incluso en sectores que inicialmente acompañaron su regreso.
Pero el problema va más allá de los números. El “viejito”, como no le gusta que lo llamen, lidera una coalición fragmentada, dependiente de acuerdos permanentes con un Congreso adverso. Cada votación se transforma en una negociación, cada iniciativa en una pulseada. Esta dinámica proyecta una imagen de debilidad estructural: un presidente condicionado, sin margen para imponer agenda.A esto se suma un elemento clave en política: la percepción. Una parte significativa de la sociedad no percibe mejoras concretas en su vida cotidiana. La expectativa de un rápido alivio económico, especialmente en los sectores más vulnerables, no se ha materializado con la velocidad esperada. Y cuando el lulismo pierde conexión emocional con su base histórica, el impacto trasciende lo económico y se vuelve electoral.
En política exterior, Lula también enfrenta críticas por sus ambigüedades. Su intento de posicionarse como líder global y mediador en conflictos internacionales ha generado incomodidad, especialmente por su cercanía o indulgencia frente a regímenes cuestionados. Esta postura, lejos de fortalecer su liderazgo, abre flancos tanto dentro como fuera de Brasil.
Ni siquiera en áreas donde el Gobierno muestra avances, como la agenda ambiental, logra evitar contradicciones. La reducción de la deforestación convive con presiones por expandir proyectos extractivos, mientras sectores indígenas y sociales comienzan a expresar frustración por promesas incumplidas o demoradas.Sin embargo, el dato más relevante no está únicamente en los problemas del oficialismo, sino en la reorganización de la oposición. Allí emerge con fuerza Flávio Bolsonaro, quien ha comenzado a capitalizar el malestar social y a canalizar las críticas al Gobierno. Con un discurso más ordenado y menos confrontativo que el de su padre, logra interpelar tanto al núcleo duro del bolsonarismo como a sectores desencantados con Lula.
El crecimiento de Flávio Bolsonaro en encuestas recientes –incluso con escenarios donde aparece competitivo o por encima de Lula en una eventual segunda vuelta– refleja un cambio de clima político. Ya no se trata solo de rechazo al pasado, sino de dudas sobre el presente.Brasil, además, sigue atrapado en una polarización persistente, donde el margen para consensos es mínimo y el desgaste del gobierno se amplifica. Lula enfrenta un desafío mayor al que tuvo en 2022: ya no compite únicamente contra su antecesor, sino contra sus propias limitaciones.
El presidente aún conserva estructura, liderazgo y capacidad de reacción. Pero la política no perdona la inercia. Si no logra recuperar iniciativa, ordenar su coalición y ofrecer resultados tangibles, el escenario electoral podría volverse mucho más adverso de lo previsto.Porque en Brasil hoy no está en discusión quién gobierna, sino quién logra convencer de que puede hacerlo mejor. Y en esa disputa, el poder –silenciosamente– empieza a cambiar de manos.
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Bolsonaro sale de terapia intensiva sin previsión de alta hospitalaria
El expresidente brasileño Jair Bolsonaro, hospitalizado por una bronconeumonía, salió ayer lunes de terapia intensiva, informó uno de sus médicos, mientras espera que la corte suprema decida si le concede prisión domiciliaria. Tras más de una semana ingresado en un hospital de Brasilia, el líder de extrema derecha pasó de cuidados intensivos a un cuarto del centro médico, aunque por ahora "sin previsión de alta hospitalaria“, dijo a la AFP el doctor Brasil Caiado.
Bolsonaro recibió además un parecer favorable de la fiscalía para que sea trasladado a su casa y no regrese a la cárcel de Papuda en Brasilia, donde está preso desde enero. El exmandatario, de 71 años, fue condenado en septiembre a 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado en 2022.
Sus abogados presentaron varios pedidos de prisión domiciliaria “humanitaria” debido a sus recurrentes problemas de salud. Tras el parecer positivo de la fiscalía, la decisión corresponde ahora al juez supremo Alexandre de Moraes, relator del juicio que condenó a Bolsonaro.
El expresidente (2019-2022) ingresó a terapia intensiva en la clínica privada DF Star de Brasilia el 13 de marzo, con un cuadro de fiebre alta, sudores y escalofríos. Sus doctores informaron este lunes que su condición es “estable”. Según el equipo médico, la infección que lo llevó al hospital es fruto de un episodio de broncoaspiración, vinculado a las secuelas de una puñalada en el abdomen que recibió durante un acto de campaña en 2018.
Desde entonces, Bolsonaro se ha sometido a varias cirugías y sufre crisis de hipo, a veces acompañadas de vómitos. Encarcelado, ungió a su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, como candidato para las elecciones presidenciales de octubre. A menos de siete meses de los comicios, algunas encuestas muestran un empate técnico entre Flávio Bolsonaro y el presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a un cuarto mandato.
Fuente: AFP.
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Flávio Bolsonaro exalta el modelo de Bukele en su precampaña presidencial en Brasil
Flávio Bolsonaro, precandidato de la derecha en las presidenciales de octubre en Brasil, abogó el jueves por construir más prisiones y rebajar la edad de responsabilidad penal, en un discurso en que ensalzó la política de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador. Aunque todavía no empezó la campaña para las elecciones que probablemente disputará contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el hijo del exmandatario Jair Bolsonaro adelantó sus ideas para endurecer la lucha contra el crimen en un evento sobre seguridad pública en Rio de Janeiro.
“Debemos construir muchos, muchos presidios”, dijo el senador de 44 años, al estimar que el país tiene un déficit de 500.000 plazas para presidiarios. En Brasil operan poderosos grupos criminales como el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital (PCC), que controlan territorios como favelas de Rio de Janeiro y se lucran con el narcotráfico y otros crímenes.
La inseguridad es una de las preocupaciones centrales de los brasileños y uno de los reproches más habituales contra el izquierdista Lula, tachado de laxo. Flávio Bolsonaro exaltó el modelo del presidente Bukele, que constató de primera mano durante una visita el año pasado a El Salvador. “Tuve la oportunidad de conocer cómo fue el cambio radical en El Salvador”, dijo. “En cinco años la tasa de homicidios cayó de 128 a 0,8 por 100.000 habitantes”.
La prisión se convirtió en ese país en símbolo de la lucha contra el crimen, en medio de denuncias de abusos contra los derechos humanos. Flávio Bolsonaro, que se dice más moderado que su padre ultraderechista, se mostró partidario de replicar la mano dura. “Nadie aguanta más ver a marginal de 16 años cometiendo atrocidades. Y voy más allá: la mayoría de edad penal para crímenes aberrantes o para violadores, por ejemplo, debe ser a partir de los 14 años”.
Dijo además defender la “castración química” para los violadores. El precandidato, empatado en las encuestas con Lula cuando faltan siete meses para las elecciones, cargó además contra el izquierdista por ser contrario a designar como terroristas al PCC y el CV, como defiende su campo. Lula “tiene miedo de enfrentarse a las facciones criminales”, sostuvo. “Es una gran vergüenza que cuando se van a tratar acuerdos de cooperación para combatir organizaciones criminales internacionales, Brasil no participe en la formación de ese gran conjunto de países”.
Bolsonaro parecía aludir a la alianza de 17 países para luchar contra los cárteles de narcotraficantes en el continente americano anunciada por el presidente estadounidense Donald Trump, tras una reunión este mes con mandatarios afines, en la que Brasil no participó.
Fuente: AFP.
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Bolsonaro sigue con soporte intensivo tras leve mejora de su neumonía
El expresidente brasileño Jair Bolsonaro mejoró en las últimas horas de la neumonía que lo llevó al hospital, aunque sigue sin alta prevista, informaron ayer miércoles sus médicos. Bolsonaro fue trasladado de urgencia el 13 de marzo desde la cárcel de Papuda en Brasilia, donde está preso por golpismo, a un hospital con un cuadro de fiebre alta, baja saturación de oxígeno, sudoración y escalofríos.
Los médicos le diagnosticaron una neumonía bacteriana bilateral e ingresó en terapia intensiva. Su esposa Michelle Bolsonaro publicó el lunes en redes que el líder de extrema derecha, de 70 años, había pasado a una “unidad semi-intensiva”. El hospital DF Star difundió ayer martes un boletín médico que detalla que fue transferido a “una nueva sala en terapia intensiva, más adecuada para el cuadro clínico actual”. Bolsonaro ha sufrido recurrentes problemas de salud derivados de una puñalada en el abdomen que recibió durante un acto de campaña en 2018.
El exmandatario cumple desde septiembre una condena de 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado en 2022, tras perder las elecciones contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Su defensa insistió ayer martes con un nuevo pedido de prisión domiciliaria “humanitaria”, negado por la corte suprema en ocasiones previas. El juez a cargo del caso, Alexandre de Moraes, autorizó ayer martes a sus abogados a visitarlo en el hospital.
Unidad “semi-intensiva”
El encarcelado expresidente brasileño Jair Bolsonaro continuó mostrando mejorías en el hospital donde está internado por una neumonía, y pasó de cuidados intensivos a una unidad “semi-intensiva”, informó el lunes pasado su esposa. Bolsonaro, de 70 años, fue trasladado el viernes de urgencia desde la cárcel de Papuda en Brasilia a un hospital por presentar fiebre alta, baja saturación de oxígeno, sudoración y escalofríos.
El líder ultraderechista, que gobernó Brasil de 2019 a 2022, cumple desde septiembre una condena de prisión de 27 años por intento de golpe. Permaneció tres días en cuidados intensivos, y el domingo mostró una mejoría renal, tras sufrir un deterioro el sábado, según el hospital DF Star de la capital brasileña.
“Con la mejoría de los marcadores de la infección, mi amor fue transferido a una unidad semi-intensiva”, escribió el lunes su esposa Michelle Bolsonaro en su cuenta en Instagram. “Seguimos confiados en que va a superar este momento”, añadió la ex primera dama. Los médicos diagnosticaron al expresidente con una neumonía bacteriana bilateral.
El cuadro está asociado a las secuelas de un atentado con arma blanca que Bolsonaro sufrió durante la campaña electoral en 2018, y que lo llevó numerosas veces al quirófano. Entre las secuelas, sufre de episodios recurrentes de hipo y vómitos.
La corte suprema condenó al exmandatario por haber intentado mantenerse en el poder luego de su derrota electoral de 2022 frente al actual presidente, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. Ese tribunal ha negado las repetidas solicitudes de sus abogados para cumplir la pena bajo arresto domiciliario.
Fuente: AFP.