Los medios argentinos se hacen eco este domingo de una auspiciosa noticia para la lucha contra el COVID-19. Es que científicos de la Universidad Nacional de San Martín, el Conicet (organismo dedicado a la promoción de la ciencia y la tecnología en la Argentina) y la Universidad Nacional de Quilmes desarrollaron un nuevo test para detectar casos de coronavirus.
El investigador del Conicet Juan Ugalde contó a los canales de televisión del vecino país que este nuevo kit viene a sumarse a los test existentes y tiene la peculiaridad de detectar el virus de manera más rápida que el test de PCR estándar.
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“Este kit viene a sumarse al método de PCR, es decir lo que viene a ser es un test que muy rápidamente, muy simplemente permite detectar el virus. ¿Cómo lo hace? Imaginemos una fotocopiadora genética, tomamos el hisopo del paciente, ese hisopo entra en este kit que desarrollamos nosotros y fotocopia ese virus millones de veces. Y luego esas copias son detectadas en una tira reactiva como si fuera un test de embarazo. Es decir, permite detectar el virus de una manera más simple y más rápida que el test de PCR estándar”, explicó.
Ugalde destacó que el nuevo test contribuirá además a ampliar la capacidad diagnóstica y particularmente en poder colocar capacidad de testeo en lugares donde hoy no lo están, porque requieren de un aparato más sofisticado, que es lo que se precisa para una PCR, según comentó.
“De esta manera, nosotros proponemos que utilizando más masivamente este tipo de diagnósticos, podríamos ampliar la capacidad de testeo, ir a lugares focalmente y ampliar la capacidad de testeo para controlar la explosión de esos focos, más localmente”, puntualizó.
El científico reveló que el descubrimiento es el resultado de un arduo trabajo de tres meses y arrancó en coincidencia con el inicio de la cuarentena en Argentina. “Trabajamos contra reloj, siete días de la semana, diez a once horas por día. Esto ha permitido desarrollar desde cero el test y además la aprobación regulatoria. Y ya está en fase productiva para ser entregado a quien necesite el test”, concluyó.
Según los últimos reportes, Argentina tiene un total de 30.295 contagiados que han sido detectados desde el 3 de marzo, en tanto el número de muertos asciende a 819.
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Molinos de Argentina buscan trigo paraguayo
El trigo paraguayo comienza a posicionarse como una alternativa competitiva para la industria molinera argentina, en un escenario marcado por problemas de oferta y calidad del cereal en el país vecino. Un artículo de La Nación Argentina expresa que tras haber alcanzado una cosecha récord de 29,5 millones de toneladas, Molinos Argentinos ya inició gestiones para importar trigo desde Paraguay, abriendo una oportunidad comercial relevante para la producción nacional.
La información fue dada a conocer por la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), cuyo presidente, Diego Cifarelli, explicó que actualmente existen dificultades para conseguir trigo con determinadas condiciones de calidad panadera en el mercado argentino.
AUTORIZACIÓN
Según detalló el dirigente, algunas industrias ya obtuvieron la Autorización Fitosanitaria de Importación (Afidi) otorgada por el Senasa argentino, lo que habilita formalmente las negociaciones para el ingreso de trigo paraguayo.
Señaló que el cereal de Paraguay tendría mejores condiciones de calidad y podría ingresar al mercado argentino a valores competitivos, incluso por debajo de algunos precios registrados actualmente en Rosario.
Para Paraguay, el movimiento representa una señal positiva dentro del mercado regional de granos, considerando que Argentina históricamente fue uno de los grandes exportadores mundiales de trigo y rara vez recurrió a importaciones para abastecer a su industria molinera.
La situación también refleja el avance gradual del cereal paraguayo en términos de calidad y competitividad logística.
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Rutas gastronómicas: relato, identidad y vínculo
Por: Alba Delvalle
Más que experiencias para el visitante, las rutas gastronómicas son herramientas de desarrollo que integran producción, cultura y comunidad, generando impacto más allá del turismo.
Las rutas gastronómicas suelen pensarse como una estrategia para atraer turistas. Pero en realidad, su impacto va mucho más allá de lo culinario. No nacen como un producto aislado, sino como el resultado de procesos más profundos dentro de un territorio.
Para Andrés Ugaz, referente de la cocina peruana y creador de la Ruta del Callao, la diferencia es clave: una ruta no se “crea”, se construye. “Lo que se puede crear es un itinerario. La ruta es otra cosa, es una construcción social, casi siempre público-privada, que funciona como una plataforma donde se comunican muchos aspectos del territorio”, explica.
El caso de la Ruta del Callao en Perú es un ejemplo de cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta para cambiar percepciones. En un territorio históricamente asociado a una imagen negativa, el proceso comenzó en 2016 con un grupo de empresarios que buscaban contar una historia distinta.
Para Andrés, la cocina fue el punto de entrada para esta ruta. “Es algo cotidiano, confiable. La gente entiende y presta atención cuando se le habla desde la cocina”, comenta, al tiempo de aclarar, que lo importante no fue solo mostrar platos, sino reconstruir la narrativa de un lugar a partir de su gente, su cultura y sus dinámicas actuales.
Impacto económico y cultural. Una ruta gastronómica, bien estructurada, puede convertirse en un articulador económico, pues no solo visibiliza restaurantes, sino que integra toda una cadena productiva: pesca artesanal, agricultura, transformación de alimentos y pequeños emprendimientos.
En ese sentido, su impacto no se limita al consumo. “Puede ser un medio transformador si logra integrarse a los primeros eslabones de producción”, afirma. Aunque insiste en que el valor no es únicamente económico. Existen dos dimensiones que deben avanzar en paralelo: la redistribución de oportunidades y la revalorización cultural.
Por un lado, la ruta permite que actores que normalmente no tienen visibilidad accedan a mercado. Por otro, fortalece el reconocimiento de prácticas, saberes y tradiciones que forman parte del patrimonio alimentario, amplía el maestro panadero y finalista de los Gourmand Awards 2025.
Uno de los errores más comunes es pensar que una ruta gastronómica se trata solo de comer bien. Ya que, en realidad, su objetivo es mucho más ambicioso: representar un territorio en poco tiempo. “La ruta tiene que mostrar historias de vida, tensiones, necesidades, sueños. Lo que comés también cuenta una historia”, expresa.
Ese enfoque cambia completamente la experiencia. Ya no se trata solo de degustar, sino de generar conexión. “La ruta tiene que dejar algo en quien la recorre. Si solo te quedás con el sabor, es una experiencia gastronómica. Pero si entendés el territorio, generás un vínculo”, remarca.
Ese vínculo puede traducirse en impactos concretos: desde proyectos productivos hasta alianzas internacionales impulsadas por visitantes que se involucran con lo que descubren, agrega el referente culinario peruano.
Respecto a lo que puede hacer Paraguay, aunque Andrés aún no conoce en profundidad, justamente este mayo estará como invitado mediante una alianza entre la Cámara de Comercio Paraguayo Peruana (CAPAPE) y la firma organizadora del Gastronomik, plantea un camino claro para desarrollar rutas gastronómicas con impacto sostenido.
El primer paso no es lanzar un circuito turístico, sino investigar el territorio, cuenta. “Se necesita una investigación-acción: registrar el patrimonio alimentario de una zona, pero no de forma contemplativa, sino generando productos que ya puedan usarse, como publicaciones, documentales o espacios de difusión”.
Ese proceso debe ser participativo, involucrar a productores, cocineros y actores locales no es opcional, es la base de la construcción. “La ruta tiene que ser hecha con los locales. Es un registro permanente, un observatorio de lo que pasa en el territorio”, detalla.
A partir de ahí, se construye una hoja de ruta que articula al sector privado, el Estado y otros actores, hasta convertirse en un producto turístico. Pero incluso en ese punto, el objetivo no es el turismo en sí mismo, insiste Andrés. Y sucede que las rutas gastronómicas, entendidas de esta manera, son mucho más que una experiencia para visitantes, son una herramienta de desarrollo territorial.
Implica decisiones, coordinación y, en muchos casos, una apuesta política punto en el que expone, que no hay que tener miedo a eso, ya que la ruta pone a la cocina en el centro y permite abordar el territorio desde ahí, generando oportunidades para quienes han sido invisibilizados.
En un contexto donde Paraguay busca diversificar su oferta turística y fortalecer sus economías locales, el desafío no es solo crear rutas, sino construirlas con sentido. Porque cuando la gastronomía deja de ser solo consumo y se convierte en relato, identidad y vínculo, puede hacer algo más importante: transformar un territorio desde adentro.
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Hantavirus Andes: qué saben los científicos argentinos
El hantavirus Andes circula desde hace décadas en la Patagonia argentina y chilena, transmitido por roedores silvestres. Pero el brote vinculado al crucero “Hondius” puso el foco en una característica excepcional de esa variante: su capacidad de transmitirse entre personas. ¿Cómo se comporta el roedor que lo transmite? ¿Hay factores ambientales que expliquen su propagación? ¿Por qué es tan difícil de estudiar?
El reservorio del virus Andes en la Patagonia es el ratón “colilargo”, Oligoryzomys longicaudatus. El contagio inicial ocurre por exposición a saliva, orina o heces de roedores infectados, en general en ambientes cerrados. Para el biólogo Raúl González Ittig, profesor asociado de genética de poblaciones de la Universidad Nacional de Córdoba, los casos que registra Argentina pueden vincularse a una secuencia ambiental: lluvias intensas asociadas a El Niño, más vegetación y mayor disponibilidad de alimento para los roedores.
Más roedores no significa necesariamente un brote, pero sí más oportunidades de contacto. “Hay más individuos y hay mayor probabilidad de que algún trabajador rural se infecte”, dijo a la AFP González Ittig. En cambio, la sequía y los incendios, que suelen ocurrir en verano en la región, “hacen disminuir las poblaciones de roedores”, explicó el especialista.
De todos modos, en los casos de transmisión interhumana, el único roedor culpable es el que causó el primer contagio.
En esos casos “no es aplicable lo que se sabe o sospecha respecto a la asociación o influencia de factores medioambientales”, dijo a la AFP la infectóloga María Ester Lázaro, médica jubilada del Hospital Zonal de Bariloche cuya tesis doctoral se basó en hantavirus Andes.
Más allá de los brotes conocidos -en la Patagonia argentina en 1996 y 2018, y ahora en el crucero- la transmisión entre personas es reportada muy ocasionalmente en la región.
Contagio interhumano: no es mutación
El epidemiólogo Rodrigo Bustamante, del hospital de Bariloche, precisa que la transmisión interhumana de la cepa Andes “no es una regla sino un evento excepcional que requiere contacto estrecho de menos de un metro durante treinta minutos”.
Tampoco se comporta como el covid-19 o la gripe. “Es mucho menos transmisible”, dijo Bustamante a la AFP. “Acá necesitan un contacto mucho más cercano, generalmente son convivientes”.
Los científicos rechazan la idea de que una mutación reciente haya convertido al virus Andes en transmisible entre humanos.
“Es un virus muy estable, a diferencia del del covid-19 o la gripe. Cada hantavirus ha evolucionado desde tiempos ancestrales con su roedor hospedero sin sufrir mutaciones relevantes”, dijo Lázaro.
“Lo que no sabemos -prosigue- es por qué el virus Andes, en vez de generar un caso aislado al infectar a una persona, es luego capaz de transmitirse a otra en algunas ocasiones, e incluso generar cadenas de transmisión de varios eslabones” como se observó en 1996 y 2018.
Al respecto, González Ittig responde: “Yo pienso que el virus siempre tuvo esa propiedad”.
Probablemente “los humanos empezaron a ocupar los ambientes en donde vivían los ratones. No fue una mutación puntual”, considera.
Difícil de estudiar
“El problema del hantavirus es que son tan pocos los casos, sobre todo en nuestra zona (...) que necesitas mucho tiempo para tener un número mínimamente decente (significativo, ndlr) para sacar conclusiones”, dijo Lázaro.
Bustamante plantea el mismo obstáculo desde la experiencia hospitalaria en Bariloche. En su hospital, cuenta, “normalmente tenemos de 2 a 4 casos de hantavirus al año”.
También pesa la evolución clínica. Al comienzo, el paciente puede parecer sano o tener una gripe con diarrea o vómitos. “Al cuarto día, en cuestión de horas, el paciente pasa de un estado que parece una gripe a estar ya en un respirador”, explica Lázaro.
Esa dínámica produce obstáculos “para hacer el interrogatorio del itinerario de los pacientes, de dónde estuvieron, y también para ensayos clínicos”, dice.
Entretanto, en Tierra del Fuego, de cuya capital Ushuaia salió el barco “Hondius”, los científicos discuten si el roedor local es el mismo colilargo o una subespecie, sobre la que existe un debate respecto de su potencial rol como reservorio de hantavirus.
Especialistas del Malbrán, el instituto nacional que estudia enfermedades epidemiológicas, viajarán el lunes a Ushuaia para realizar esta investigación.
En lo que va de la campaña epidemiológica, que se extiende por 12 meses desde junio cada año, se han registrado 102 casos de distintas cepas de hantavirus en Argentina, casi el doble de los 57 de los que existe registro en igual período anterior.
Fuente: AFP.
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Empresa argentina de calzados y artículos textiles traslada parte de su producción a Paraguay
La empresa de calzado y artículos textiles Dass trasladó una parte de la maquinaria que operaba en su planta de Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, hacia Paraguay para la fabricación de productos destinados a marcas internacionales como Nike, Adidas, Fila, Asics y Champion.
Las operaciones en territorio paraguayo comenzaron formalmente el pasado mes de marzo tras concretarse una inversión estimada en 40 millones de dólares, un proyecto desarrollado en alianza con la firma brasileña Texcin. Actualmente, la unidad fabril local ya genera empleo para unas 600 personas en el país.
El movimiento estratégico se produce en un contexto de retracción económica en el vecino país. De acuerdo con reportes de medios de prensa argentinos, la planta bonaerense de Coronel Suárez atraviesa un proceso de vaciamiento vinculado directamente con la fuerte caída del consumo interno en el mercado argentino.
El desmantelamiento de las instalaciones y la salida física de los bienes de capital sugieren que la operatividad de dicha fábrica ha quedado descartada para los próximos ciclos económicos, según los análisis del sector industrial.
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La planta de Coronel Suárez posee un alto valor histórico para la región rioplatense, habiendo sido construida en 1976 por la familia Bachellian, propietaria de Gatic y entonces licenciataria oficial de Adidas en Argentina.
Con el correr de los años, el sitio se había consolidado como el polo de empleo industrial más importante de su localidad, llegando a ocupar a miles de trabajadores durante sus décadas de mayor actividad productiva, un rol que ahora se desvanece ante la migración de sus operaciones hacia el mercado paraguayo.
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