El actor y productor estadounidense Evan Peters trabajó en películas como “Never back down” o “Kick-ass”, pero saltó a la fama después de sumarse al elenco de la serie “American horror story”, años después fue furor al interpretar al “Monstruo de Milwaukee” en “Dahmer” y recientemente reveló que quiere alejarse de las historias oscuras.
La serie documental sobre Jeffrey Dahmer, un siniestro asesino en serie de Estados Unidos, llenó de elogios a Evan Peters y le valió un Globo de Oro al mejor actor de miniserie o telefilme, pero a pesar de ello el actor decidió alejarse de este tipo de roles perturbadores para proteger su salud mental; no es que se esté retirando de las pantallas, simplemente prefiere papeles más relajados y simples.
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Durante años, Evan estuvo sumergido en historias de terror porque actuó en varias temporadas de “American horror story”, incluso –en la sétima temporada de la serie antológica– le dio vida a Kai, un personaje oscuro que lo afectó al punto de necesitar hacer terapia. “Él realmente sufrió mientras la hacía. Le tomó, no lo sé, como dos años el poder recuperarse”, confirmó el creador de la serie, Ryan Murphy. Casualmente, Murphy y Peters se reencontraron para “Dahmer”.
El rol que le valió un Globo de Oro también le generó un gran desgaste emocional y lo llevó a terapia, según reveló Evan para Deadline. “Fue una especie de despedida de ese momento de trabajar duro en cosas como esa, y ahora voy a tratar de cambiar. Cualquier cosa en la luz, solo trato de mantenerme fuera de la oscuridad por un tiempo”, contó y aseguró que quiere trabajar en proyectos diferentes, alejados de este género.
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“Chuck Norris no se unió a los Marines. Los Marines aplicaron para unirse a él”
Chuck Norris, figura de acción del cine estadounidense y leyenda de las artes marciales, falleció a los 86 años, el viernes pasado “Es con el corazón embargado que nuestra familia comparte el repentino fallecimiento de nuestro amado Chuck Norris la mañana de ayer”, informó su familia en un comunicado en las redes sociales del protagonista de “Walker, Texas Ranger”.
La familia dijo que quería mantener las circunstancias de su fallecimiento en privado, pero que el actor estuvo acompañado por ellos “y en paz”. “Para el mundo, él era un artista marcial, un actor, y un símbolo de fuerza. Para nosotros, él era un esposo devoto, un querido padre y abuelo, un hermano increíble, y el corazón de nuestra familia”, señala el texto que acompaña una foto de perfil en blanco y negro del actor.
Estrellas de la acción como Sylvester Stallone, Dolph Lundgren y Jean-Claude Van Damme lo homenajearon de inmediato. “Siempre lo vi como un modelo a seguir”, dijo Lundgren en Instagram. “Alguien con el respeto, la humildad y la fuerza que requiere ser un hombre”. Stallone recordó sus “buenos momentos trabajando junto” a él, mientras que Van Damme dijo que será “muy extrañado”.
El cuerpo de Marines de Estados Unidos, que le otorgó un título honorario en 2007, se unió al luto. “Chuck Norris no se unió a los Marines. Los Marines aplicaron para unirse a él”, dijo el despacho en una publicación en X. El portal de noticias TMZ reportó el jueves que Norris habría sufrido una emergencia médica.
Norris cumplió 86 años la semana pasada y marcó la celebración con una publicación en las redes sociales. “Yo no envejezco. Yo subo de nivel”, señaló en un video en el que se le ve entrenando con un hombre. “Nada como algo de acción durante un día soleado para hacerte sentir joven”, agregó.
Actor por accidente
Carlos Ray “Chuck” Norris nació en Ryan, Oklahoma, el 10 de marzo de 1940. Descubrió su pasión por las artes marciales cuando prestaba servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Corea del Sur. Su interés por el tang soo do, un arte marcial coreano basado en el karate, llevaría a Norris a derribar a muchos oponentes sobre el tatami y a convertirse en un ídolo de la gran pantalla.
Su épica pelea con la superestrella de las artes marciales Bruce Lee en la clásica película de kung-fu de 1972 “El dragón”, que recaudó mil veces su presupuesto de 130.000 dólares, contribuyó a convertir a Norris en una figura del cine y la televisión. Pero Norris, que de niño idolatraba a John Wayne, se hizo actor casi por casualidad.
Tras dejar la Fuerza Aérea en 1962, se instaló en Los Ángeles, donde, mientras esperaba una oportunidad para formarse como policía, montó un estudio de artes marciales y encontró su vocación. En 1967, con un título de campeón de karate de Estados Unidos, entrenó a celebridades como Steve McQueen, Priscilla Presley y Donny Osmond. Se hizo amigo de Bruce Lee, y debutó como actor con un cameo en “Las demoledoras”, de Dean Martin, en 1968.
Contra Superman
Le siguieron numerosos papeles protagonistas en películas de karate, y en 1983, se metió en la piel de un taciturno ranger de Texas que libraba una guerra contra un traficante de armas en “McQuade, el lobo solitario”, que sirvió de modelo para la serie de culto “Walker, Texas Ranger”. La serie se emitió durante ocho temporadas y dio lugar a innumerables chistes y memes, uno de los cuales era una pelea en la que Chuck Norris derrotaba a Superman.
El éxito del ranger barbudo y rudo, quien en la vida real se recuperó de dos paradas cardíacas en 2017, supuso un impresionante cambio de suerte para el actor. Cristiano evangélico, Norris nació en una familia de tres hermanos criados principalmente por su madre irlandesa tras el divorcio de su padre alcohólico y creció como un niño tímido y poco atlético.
Militaba en el bando republicano, y la década pasada se vio envuelto en una polémica al convertirse en la imagen pública de la empresa armamentística Glock, a pesar de la epidemia de violencia armada en Estados Unidos.
Tuvo cinco hijos: dos de su primer matrimonio con Dianne Holechek, dos con su segunda esposa, Gena O’Kelley, y una hija fruto de una aventura durante su primer matrimonio. “Fuiste el mejor padre que Dios podría haberme dado, y el mejor hombre que he conocido. No importa lo que pasara, siempre estuviste allí”, escribió uno de sus hijos, Dakota Norris, en Instagram. “Te extrañaré por siempre”.
Fuente: AFP.
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Juliette Binoche reflexiona en Tesalónica sobre su debut como directora
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
La actriz francesa Juliette Binoche participó en una conversación abierta con el público el 12 de marzo de 2026 en el marco del 28.º Thessaloniki International Documentary Festival (TiDF), celebrado en la ciudad de Thessaloniki. El encuentro tuvo lugar en el John Cassavetes Theater, con motivo del estreno griego de su primer trabajo como directora, “In‑I in Motion”.
La charla, titulada “In front of and behind the camera. My directorial debut in documentary filmmaking”, fue moderada por el responsable de programación del festival, Yorgos Krassakopoulos. Ante una sala llena, Krassakopoulos dio la bienvenida a la actriz destacando la sinceridad que atraviesa su primera incursión en el documental: una obra que, según señaló, transmite “una verdad y una autenticidad que reflejan plenamente su temperamento artístico”.
El arte como camino hacia el autoconocimiento
Durante la conversación, Binoche habló del proceso interior que acompaña a la actuación y de cómo el arte se convierte para ella en una forma de exploración personal.
“Como actor estás llamado cada día a ser honesto, no solo contigo mismo sino con toda la humanidad”, explicó. Para la intérprete, el trabajo actoral implica enfrentarse a los propios miedos y a las zonas más oscuras del subconsciente, un proceso que considera profundamente transformador.
La actriz también reflexionó sobre la dimensión emocional del trabajo creativo. Según afirmó, conectar con las emociones es el origen de toda forma de arte, aunque eso implique renunciar al control. “En un mundo que a menudo parece aterrador, lo que necesitamos es creatividad”, subrayó.
Un paso natural hacia la dirección
Binoche reveló que llevaba años imaginando la posibilidad de dirigir. El proyecto se concretó cuando productores la animaron a llevar a cabo la idea.
“Siempre soñé con dirigir algún día, impulsada por la necesidad de seguir creciendo”, afirmó. Aunque reconoció que el proceso era en gran parte desconocido para ella, decidió aceptar el reto y explorar nuevas formas de creación.
In-I in Motion documenta precisamente ese viaje creativo, en el que la actriz se enfrenta a la incertidumbre, al miedo y a sus propias limitaciones. Para Binoche, aceptar esas emociones forma parte esencial del proceso: “Nunca puedes librarte completamente del miedo, pero puedes aceptarlo, y cuando lo haces, te transforma”.
El reto del montaje y la búsqueda de autenticidad
Uno de los aspectos más complejos de la realización del documental fue el montaje. La actriz explicó que el proceso implicó tomar decisiones difíciles, incluso eliminar escenas que le gustaban, para mantener la coherencia narrativa de la película.
En el documental, Binoche aparece tanto delante como detrás de la cámara. Gran parte del material fue filmado por su hermana, cuya experiencia permitió capturar momentos íntimos del proceso creativo. Sin embargo, fue en la sala de montaje donde la directora tomó las decisiones finales para preservar la autenticidad del relato.
“Hubo una escena que mi montador había construido de forma muy hermosa, pero no reflejaba la realidad. Por eso insistí en no incluirla”, explicó, subrayando que la búsqueda de la verdad es central en su forma de entender el arte.
La fuerza del cine europeo
Durante el encuentro también participó el director artístico del festival, Orestis Andreadakis, junto con la directora general del certamen, Elise Jalladeau.
En su intervención final, Binoche —actual presidenta de la European Film Academy— destacó la riqueza del cine europeo y la importancia de su diversidad cultural.
“Nuestras diferencias son nuestra fuerza. Son lo que nos une”, afirmó.
La actriz aprovechó además la ocasión para rendir homenaje al recientemente fallecido documentalista Frederick Wiseman, a quien describió como uno de los grandes referentes del género. “Los documentalistas son verdaderos guerreros. Luchan por sobrevivir y por mostrar la verdad del mundo”, concluyó.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Crítica: “Escarcha sin nieve ni hielo” en festival de Tesalónica
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la programación del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica (TiDF) se ha colado este año una de esas películas que recuerdan por qué el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de mirar el mundo. “Frost uten snø og is” (2026), dirigida por el fotógrafo y cineasta noruego Asgeir Helgestad, es un trabajo que habla de maternidad, naturaleza y pérdida sin caer en el sentimentalismo fácil. Y lo hace con algo cada vez más raro en el cine contemporáneo: paciencia.
Una década esperando el plano
Durante más de una década, Helgestad filmó en el archipiélago ártico de Svalbard, uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza con mayor velocidad. Allí conoció a Frost, una osa polar que intenta sacar adelante a sus crías en un ecosistema cada vez más frágil. Lo que en otros documentales sería una narración didáctica sobre el deshielo se convierte aquí en algo más íntimo: la historia de una madre que lucha contra un mundo que cambia demasiado rápido.
La película abre con una decisión narrativa sorprendente. Desde el principio sabemos que los hijos de Frost murieron. No hay suspense artificial ni manipulación emocional. Esa revelación temprana elimina cualquier tentación de convertir la historia en un melodrama animalista. Lo que queda es otra cosa: un retrato sereno, casi elegíaco, de la maternidad en un paisaje que se desmorona.
La maternidad sin sentimentalismo
Helgestad no intenta humanizar en exceso a su protagonista. Frost no habla, no tiene voz en off imaginaria, no se convierte en un personaje de ficción. Y, sin embargo, pocas veces el cine ha transmitido con tanta claridad la idea de cuidado, esfuerzo y vulnerabilidad.
La maternidad aparece aquí como un acto físico: caminar kilómetros sobre hielo cada vez más inestable, proteger a las crías de otros osos, buscar alimento en un entorno que ya no funciona como antes.
El tiempo como herramienta cinematográfica
Uno de los mayores logros del documental es el tiempo que hay detrás de cada plano. En una época dominada por la inmediatez y por la estética del algoritmo, Helgestad trabaja con la lógica contraria: esperar.
Esperar horas para que un oso levante la cabeza. Esperar días para un encuentro improbable. Esperar semanas para unos segundos de comportamiento que nadie había filmado antes.
Ese tiempo acumulado se percibe en cada imagen. No hay sensación de artificio, truco visual o naturaleza convertida en espectáculo digital. De hecho, uno de los pequeños milagros de la película es recordar algo obvio: ni siquiera la inteligencia artificial podría fabricar la belleza que aparece aquí.
La belleza del Ártico
Hay un momento especialmente revelador. Los osos polares caminan al amanecer y el aire helado se vuelve visible en su respiración. El vapor sale de sus bocas mientras el sol bajo del Ártico ilumina sus cuerpos blancos. La luz parece atravesarlos.
No es una imagen espectacular en el sentido grandilocuente; es algo más simple y, por eso mismo, más poderoso. Durante unos segundos el cine vuelve a ser lo que siempre fue: mirar.
Una carta a Frost
El film también se permite momentos inesperados de intimidad. En un gesto que podría haber resultado cursi, Helgestad escribe una carta a Frost. En otro contexto sería un recurso demasiado sentimental, pero aquí funciona porque el propio director establece límites desde el principio.
Él sabe que está proyectando emociones humanas sobre un animal. Y lo reconoce.
Ese equilibrio entre cercanía y distancia es lo que mantiene la película lejos del “cheesy” que suele contaminar el cine ambiental. Helgestad ama a su protagonista, pero no intenta convertirla en símbolo perfecto ni metáfora universal. Frost sigue siendo una osa polar, un animal salvaje que vive en un entorno brutal.
Humanos y osos: un choque inevitable
La película tampoco evita mostrar el conflicto entre humanos y osos polares. Hay encuentros tensos, momentos en los que la presencia humana altera el comportamiento de los animales. El Ártico aparece así como un espacio donde dos mundos chocan constantemente: el de la vida salvaje y el de la expansión humana.
Ese choque está, inevitablemente, ligado al cambio climático. Pero el documental es inteligente al no convertir el mensaje en un discurso didáctico permanente. El calentamiento global no aparece como una lección de geografía, sino como una transformación visible en el paisaje: hielo que desaparece, rutas de caza que ya no funcionan, estaciones que cambian.
En lugar de subrayar cada dato, Helgestad deja que el espectador vea las consecuencias. El resultado es mucho más efectivo que cualquier gráfico o narración explicativa.
Un documental que recuerda qué es el cine
Si hay algo que distingue a Frost uten snø og is de muchos documentales contemporáneos es su confianza en la imagen. En los últimos años los festivales se han llenado de películas que dependen excesivamente de archivos personales, recuerdos familiares o material doméstico para sostener narrativas de noventa minutos.
A menudo son trabajos que funcionan mejor como ensayo íntimo que como experiencia cinematográfica. Aquí sucede lo contrario. Este es un documental que entiende que el cine de naturaleza puede —y debe— ser espectacular. No en el sentido superficial de lo espectacular, sino en el sentido literal: algo que merece ser visto.
Una película que hay que ver en cine
Por eso mismo, ver esta película en una pantalla grande no es una opción secundaria. Es prácticamente obligatorio. La escala del paisaje, la textura del hielo, la luz ártica sobre los cuerpos de los osos… todo adquiere otra dimensión en una sala de cine.
El camino de Asgeir Helgestad
El propio recorrido de Asgeir Helgestad ayuda a entender esta aproximación visual. Antes de dedicarse al largometraje documental, trabajó durante años como fotógrafo de naturaleza y realizador de series para televisión, incluyendo proyectos vinculados a la radiotelevisión noruega.
En trabajos anteriores ya exploraba la relación entre animales salvajes y cambios ambientales, pero nunca con la intimidad ni la duración temporal que alcanza aquí.
Su experiencia como fotógrafo se nota en la composición de cada plano. Hay una atención obsesiva a la luz, la textura de la nieve y la distancia entre cámara y animal. Pero lo realmente impresionante no es la estética, sino la perseverancia que la hace posible.
Diez años filmando a un mismo animal no es una decisión técnica; es casi una forma de vida.
Empatía antes de que sea tarde
Esa dedicación se siente en la película como una acumulación silenciosa de tiempo, frío y espera. Y quizá por eso el documental termina funcionando también como un retrato indirecto del propio director: alguien que decidió quedarse lo suficiente para mirar de verdad.
Al final, Frost uten snø og is no intenta ofrecer soluciones ni discursos tranquilizadores. Lo que propone es algo más simple y, en cierto modo, más incómodo: empatía.
Empatía con un animal que vive en un mundo que se derrite. Empatía con un ecosistema que cambia demasiado rápido. Y, sobre todo, empatía con la idea de que la naturaleza no es un decorado remoto, sino un sistema del que seguimos formando parte.
Entre la belleza de sus imágenes, la honestidad de su mirada y la paciencia que sostiene cada plano, la película consigue algo que muchos documentales olvidan: recordarnos que el cine de naturaleza puede ser, cuando se hace con verdadera dedicación, una experiencia casi física. Una de esas que justifican sentarse en una sala oscura y mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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“Buffy, la cazavampiros” no tendrá secuela, confirma exprotagonista
La nueva versión de la popular serie de los años 1990 “Buffy, la cazavampiros”, bajo la dirección de la oscarizada Chloé Zhao, fue cancelada, dijo la estrella y productora del proyecto, Sarah Michelle Gellar. “Lamentablemente (la plataforma de streaming) Hulu decidió no avanzar con ‘Buffy: New Sunnydale’”, dijo Gellar en un post en su Instagram el sábado.
“Estoy realmente triste”, agregó la actriz de 48 años, y quien fuera la protagonista de la serie original que rodó siete temporadas. El proyecto de “Buffy, la cazavampiros: New Sunnydale” fue anunciado el año pasado bajo las riendas del estudio de Disney 20th Television and Searchlight Television.
La nueva edición de la serie traería a Gellar reviviendo a su personaje Buffy Summers, y a la actriz emergente Ryan Kiera Armstrong, asumiendo el papel de la nueva cazavampiros. “Quiero agradecer a Chloé Zhao porque nunca pensé que me volvería a meter en las botas económicas pero estilosas de Buffy”, dijo Gellar en su publicación.
La directora, cuya cinta de época “Hamnet” disputó este domingo el Óscar a mejor película, le dijo en la alfombra roja a la publicación Variety no estar sorprendida con el abandono del proyecto. “Las cosas pasan por algo”, dijo Zhao. La plataforma Hulu no respondió de inmediato al pedido de comentario de AFP.
“Pasé un tiempo increíble con Sarah, con todo el elenco y el equipo haciendo esto, y primero que nada nos vemos como los guardianes de la serie original”, agregó la directora. Zhao sostuvo que la prioridad del equipo que trabajó en la producción era ser “fiel” a los fans. Ryan Kiera Armstrong, de 16 años, también fue a las redes el fin de semana para agradecer a Zhao y Gellar.
“Estoy orgullosa de lo que hicimos. Lamento que no lo podrán ver”, dijo a sus seguidores. “Buffy, la cazavampiros” nació en la gran pantalla. La película de 1992 estuvo protagonizada por Kristy Swanson, y escrita por Joss Whedon, creador de la serie que le siguió años más tarde.
Fuente: AFP.