La jornada de ayer fue un día muy importante; millones de paraguayos fueron a cumplir con su derecho a votar y elegir al nuevo mandatario que gobernará nuestro país por los próximos cinco años. Muchos famosos compartieron sus “índices azules” en redes sociales e incentivaron a los internautas compatriotas a que vayan a votar.
Desde tempranas horas del día varios influencers aprovecharon las redes sociales para reflexionar sobre la importancia de participar en el acto democrático y cómo influiría en el futuro de nuestro país y los ciudadanos. “Qué linda manera de que se escuche tu voz con tu voto. Andá y cumplí con tu deber ciudadano, salí a votar”, expresó Jessica Servín a través de sus historias temporales de Instagram.
“¡Salgan a votar! Tenemos que involucrarnos y ser parte. Cada voto importa”, exclamó Renato Prono junto a una foto de él y Alba Riquelme, su pareja, chocando índices. Por otro lado, a primeras horas de la mañana. Malala dejó un mensaje en Twitter contando que ya votó y consultándole a sus seguidores si ya lo habían hecho.
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Muy lejos -en Barcelona, España- Pati Ginzo dio el presente y contó que 1.800 paraguayos estaban habilitados para votar en Barcelona, a pesar de que son más de 15 mil paraguayos los que viven en esa ciudad, a través de un video compartido por la 1080. La influencer Kathy Di Quinto subió un reel mostrando la iniciativa “Educar para elegir” y contó que su pequeña hija, Giuli estaba muy feliz por participar. “Me encantó esta iniciativa que busca educar a los niños, que desde chicos sepan lo importante que es votar”, agregó.
Al final de la jornada, cuando se supo que Santi Peña había sido electo por el pueblo como mandatario, varios famosos compartieron fotos con el nuevo presidente y le dejaron un mensaje de apoyo. “Santi Peña, presidente de mi AMADO PAÍS!! Mis 2 votos de fe y de confianza, como la primera vez”, escribió Larissa Riquelme en una publicación en Twitter. “Vamos a estar mejor”, compartieron desde la cuenta de Angel y Oscar Romero.
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Un momento de reflexión
- Arturo Peña Villaalta
- arturo.pena@nacionmedia.com
La Semana Santa conmemora uno de los momentos centrales en la historia del cristianismo: la muerte y resurrección de Jesús. En estos días, desde la Iglesia se llama a la reflexión sobre el actuar como cristianos ante los ojos de Dios. Es un tiempo que invita a la renovación de la fe y también a la reflexión.
Se define el acto de reflexionar como “pensar con profunda atención” (RAE), como un “proceso consciente de pensar detenida y profundamente sobre un asunto, experiencia o emoción para comprenderlo mejor, evaluar acciones y tomar decisiones informadas”. Ciertamente, el ritmo de la Semana Santa cambió bastante desde aquellos días de nuestra niñez en que en un Viernes Santo no se movía ni una hoja en el barrio. Hoy uno encuentra comercios abiertos las 24 horas y la idea de los feriados santos se ha volcado con mucha fuerza al turismo.
Pero, entre lo religioso o lo turístico, es también un tiempo interesante para pensar en lo que está pasando en el país; aprovechar la calma de unos días libres, esa salida al campo o el descanso en el hogar para tratar de ver la película un poco más clara. Para evaluar, entender y tomar decisiones informadas.
La vorágine del día a día nos engulle. Cada vez hay menos tiempo para más cosas y a ese fenómeno se adaptaron los medios de comunicación en la actualidad, ofreciendo información más escueta, más rápidamente digerible, de más impacto, dejando menos espacio quizás para el elemento de contexto, del dato que haga comprender el fondo y no solo la superficie de lo que estamos consumiendo.
Tenemos a un sector de la prensa diciendo esto y a otro sector diciendo lo opuesto. ¿Con cuál versión nos quedamos? La respuesta debería ser: con la información que se sustenta en datos reales, contrastables, documentados. Pero eso exige también un ejercicio: antes que nada, tener fuentes confiables, y también ir un poco más allá, contrastar, interesarnos.
En este escenario, las redes sociales han aparecido para contribuir con la masificación de la información, pero también con la confusión, con las fakenews y con la exasperación del debate, lo que lleva muchas veces a una difícil comprensión del fondo de la cuestión. La guerra de los posteos nos arrastra, nos lleva y nos separa.
El escritor, semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco fue muy crítico en su mirada hacia las redes sociales. Eco decía en una entrevista allá por el 2015: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Quizás la Semana Santa es buen momento para darles un descanso a muchos de ellos.
Tenemos en frente momentos importantes en cuanto al futuro próximo del país. Primeramente, las elecciones municipales de este año, donde se definirán las autoridades locales en 262 distritos, más Asunción. Las internas simultáneas de los partidos se realizarán el 7 de junio, mientras que las municipales tendrán lugar el 4 de octubre.
En Asunción, por ejemplo, venimos de dos pésimas experiencias en los dos últimos gobiernos comunales, el de Mario Ferreiro (electo en 2015) y el de Óscar “Nenecho” Rodríguez (electo en 2021).
Ambos intendentes no terminaron sus mandatos, envueltos en acusaciones de corrupción. ¿Soportaremos otro bluf en Asunción? Un hecho que da para reflexionar, y profundamente.
Más adelante, las elecciones generales de abril de 2028, en las que se elige al presidente de la República del Paraguay para el periodo 2028-2033, además de vicepresidente, senadores, diputados, y los gobernadores y concejales departamentales de los 17 departamentos. Cada cargo tendrá una influencia en lo que sucederá a partir de esa fecha en nuestras comunidades y en el país. ¿Iremos como borregos a poner nuestros votos por uno u otro discurso? ¿Y si reflexionamos un poco antes de ejercer nuestro derecho democrático?
Evaluar, entender y tomar decisiones informadas a partir de la reflexión. Qué importante ejercicio para trasladar desde los feriados de Semana Santa hasta nuestro cotidiano. Difícil pero no imposible tarea, que puede significar mucho para el presente y futuro del país.
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¿Influencers sin futuro? Tiktoker paraguayo alerta sobre vivir de las redes
El tiktoker y arquitecto paraguayo Fer Gronda, quien actualmente vive en Irlanda, lanzó una advertencia para los jóvenes que sueñan con vivir como influencers. Desde su mirada al mundo digital, aseguró que ser influencer no debería ser una “aspiración”, especialmente al observar casos de creadores brasileños que tuvieron que volver a trabajar, ya que las redes sociales no les otorgan estabilidad.
Gronda explicó que en países como Brasil, muchos creadores de contenido volvieron a trabajar fuera de las redes. El paraguayo comentó que existen numerosos casos de influencers que alcanzaron millones de seguidores y luego perdieron interacción con su público, lo que los dejó sin “dinero”.
“Caso de los creadores de contenido que llegaron a tener millones de seguidores y que ahora ya no tienen interacción con sus seguidores (...) Y es muy loco porque armaron una carrera, dejaron sus trabajos y qué sé yo y ahora ya no tienen trabajo”, detalló. Según Gronda, esto es algo que los jóvenes deben tener muy en cuenta antes de considerar ser influencers como un objetivo de vida.
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“Estudien, tengan su trabajo”
El tiktoker aconsejó compartir contenido por hobbie, no como un objetivo o como una carrera aspiracional. “Estudien, tengan su trabajo, tengan su carrera y si quieren hagan contenido, pero no vivan solo de eso porque es algo que no es estable. Eso”, afirmó.
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La verdadera democracia se construye con una participación activa y atención al pueblo
- Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
Nuestro país necesita una democracia con gente que reúna los atributos que reclama la ciudadanía, que supere los meros formalismos electorales, necesarios, pero no suficientes. Implica, inexcusablemente, la consolidación de enunciados éticos que engloben una educación de calidad en la formación de una conciencia cívica permanente, activa y responsable.
Una educación que permita el descubrimiento, la adquisición y la asimilación de los valores que promuevan el pluralismo, el respeto al disenso, la convivencia civilizada, el debate tolerante y la participación eficiente.
De ninguna manera conlleva anular o amordazar la defensa de nuestros ideales, de nuestras convicciones ideológicas y opciones político-partidarias.
Es una invitación para abonar el territorio de las disputas discursivas con altura, contenido y aportes sustantivos para la construcción de una sociedad madura y con criterios independientes. Ya es tiempo de que pongamos fin al palabrerío intrascendente, agresivo y chabacano.
Tenemos a muchos políticos sin estatura moral y sin habilidades dialécticas, que solo sirven para transmitir a la ciudadanía sus incompetencias, frustraciones y rencores.
Es ese paisaje folclórico de fracasos el que debemos desterrar si pretendemos un régimen republicano, donde la soberanía popular constituya la piedra fundamental que nos permitan alcanzar una mejor calidad de vida.
El Poder Ejecutivo no tiene el patrimonio de la democracia. La Constitución Nacional, promulgada en junio de 1992, concede importantes atribuciones al Congreso de la Nación, en tanto que el Poder Judicial había incorporado dos figuras que aspiraban a garantizar la independencia y el perfeccionamiento de la administración de Justicia en el país: el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
Sin embargo, hasta ahora ninguno de ellos logró compatibilizar sus visiones institucionales dejándose muchas veces manejar por intereses sectarios, lo que hizo que nuestra democracia se haya ido desdibujando aceleradamente, salpicada por atisbos de autoritarismo, cobro de facturas y manifestaciones explícitas de prepotencia.
Las víctimas recurrentes son siempre los sectores cada vez más empobrecidos de nuestro país.
Los integrantes de ambas cámaras del Congreso Nacional, salvo honrosas excepciones, dejan mucho que desear por su limitada formación académica, debiendo haber sido ejemplos de transparencia pues fue el pueblo el que los ubicó a cada uno en sus curules para representarlos dignamente.
El gran desafío de elegir a los más aptos, a los más competentes, los que saben qué tienen que hacer y cómo hacerlo, a los más pulcros éticamente hablando, tiene dos paradas.
No es una decisión complicada. Solo hay que pensarla serenamente y sopesar muy bien acerca de los antecedentes y contribuciones al país de políticos que “mueren” por abulonarse a sus sillas, pues son conscientes que muy difícilmente podrían recibir salarios multimillonarios en el sector privado con la limitadísima formación que poseen.
Sería muy bueno que nos dispongamos a elegir bien y no simplemente limitarnos a votar.
Me gustó lo dicho por Horacio Cartes hace algunos días: el presidente de la República debe destacarse por capacidad de gestión y servicio al pueblo y no porque ya ha sido electo tiene que olvidarse de los que los votaron, eligiendo más bien el camino del individualismo y la arrogancia, que antes que construir destruye a los partidos políticos y a su dirigencia, debilitando posibilidades potenciales de que otra persona pueda entrar “a la cancha” a competir de igual a igual con otros contendores para el 2028.
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Por qué investigar sigue siendo la clave: una reflexión necesaria para nuestro tiempo
Vivimos en una época donde la información abunda, pero el conocimiento profundo escasea. Opiniones sobran, datos faltan. Decisiones urgentes se toman muchas veces desde la intuición —o peor aún, desde la repetición— sin detenernos un momento a hacer la pregunta más importante que puede hacerse una sociedad, una institución o una persona: ¿Qué no sabemos?
Aceptar la ignorancia parece, a primera vista, un signo de debilidad. Sin embargo, es exactamente lo contrario: es el punto de partida del aprendizaje, del descubrimiento y del desarrollo. Las sociedades que más progresan no son las que presumen de saberlo todo, sino las que se animan a cuestionar, probar, medir, dudar… y volver a empezar. En tiempos donde la velocidad manda, detenerse a investigar se vuelve casi un acto contracultural. Pero es, por eso mismo, un acto transformador.
En Sapiens: De animales a dioses (2011), el historiador israelí Yuval Noah Harari dedica los capítulos 14 y 15 a una idea tan simple como revolucionaria: Las sociedades que más avanzaron fueron aquellas que aceptaron que no tenían todas las respuestas. Harari explica que la Revolución Científica no surgió de una acumulación de certezas, sino del reconocimiento explícito de la ignorancia. Europa —y en especial Inglaterra— adoptó una postura completamente nueva para la época: ver la ignorancia no como un obstáculo, sino como una oportunidad. Esta mentalidad llevó a investigar, observar y medir el mundo con una combinación de humildad radical y audacia extraordinaria.
Inglaterra: cuando investigar se volvió estrategia de Estado
Harari muestra cómo los ingleses integraron la investigación a su proyecto político y económico. Sus barcos no eran solo naves militares: eran laboratorios flotantes, repletos de botánicos, astrónomos, médicos, artistas y cartógrafos.
Un caso emblemático es el de James Cook, quien aplicó los estudios del médico James Lind sobre los cítricos y logró que en su tripulación no muriera ni un solo hombre por escorbuto, una hazaña inédita para la época. Era ciencia aplicada a la vida real, transformando expediciones potencialmente mortales en misiones exitosas.
Esa combinación —curiosidad, método, evidencia— convirtió a Inglaterra en una potencia. No solo conquistaban territorios: conquistaban conocimiento.
Harari también recuerda que el joven Charles Darwin se embarcó en el HMS Beagle como naturalista, siguiendo esa tradición inglesa de incluir científicos en cada expedición. Allí, observando y recolectando con rigor, nació la teoría de la evolución: una de las ideas más importantes de la historia humana. Sin investigación, Darwin no habría sido Darwin.
¿Qué significa esto para nosotros hoy?
Significa que investigar no es un lujo ni un privilegio académico; no es un posgrado ni un trámite para cumplir requisitos. Investigar es una cultura: es preguntar mejor, no aceptar la primera respuesta, contrastar fuentes, poner a prueba lo que creemos cierto y construir decisiones basadas en evidencia, no en suposiciones.
Así como los ingleses llevaron científicos a bordo de cada barco para comprender el mundo antes de transformarlo, nosotros necesitamos “científicos” —espíritus curiosos, críticos y rigurosos— en cada institución, cada empresa, cada escuela y cada proyecto público.
La investigación también exige paciencia histórica. Muchos avances que hoy damos por inevitables comenzaron como experimentos inciertos cuyos resultados finales tardaron años —o incluso décadas— en llegar a la gente. Un ejemplo reciente lo demuestra con claridad: en 2026, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España logró eliminar por completo tumores de cáncer de páncreas en ratones mediante una triple terapia. El resultado fue sorprendente: remisiones duraderas, sin resistencia y con efectos mínimos. ¿Llegará esto a curar personas? Probablemente, pero no mañana. Traducir un avance así a tratamientos humanos puede requerir una década de estudios y ensayos clínicos. Lo importante, sin embargo, es que ese futuro solo es posible porque alguien se animó a hacer la primera pregunta, diseñar el primer experimento y comenzar el camino. Investigar es sembrar futuro, incluso cuando la cosecha aún está lejos.
Paraguay necesita investigación cotidiana
Paraguay necesita dar un salto de escala: pasar de ver la investigación como un ejercicio académico aislado a entenderla como una práctica diaria, transversal y estratégica para el desarrollo.
Esto implica que las universidades, y de manera especial la Universidad Nacional de Asunción (UNA), deben asumir un rol mucho más protagónico:instalar la cultura de la investigación como columna vertebral del proceso de enseñanza-aprendizaje.La investigación no puede ser un apéndice, un módulo optativo o un ejercicio al final de la carrera.Debe ser material de trabajo, práctica constante, método, hábito y disciplina intelectual desde el primer semestre hasta el egreso.
Investigar es enseñar a pensar, a formular preguntas, a verificar datos, a dudar con fundamento y a buscar respuestas con metodología.Y un país que quiere avanzar necesita universidades que produzcan conocimiento, no solo que transmitan contenidos.
Necesitamos investigar más en educación, salud, turismo, comunicación, gestión pública, tecnología, economía creativa y todas las áreas donde Paraguay tiene potencial para crecer. Necesitamos equipos que midan, comparen, prueben y aprendan. Porque sin investigación, navegamos a ciegas. Con investigación, navegamos con brújula.