El actor y conductor de radio y televisión, Julio “Pope” Spinzi reflexionó acerca del rol que cumplen los hombres como padres en respuesta al tuit del vocalista del grupo Villagrán Bolaños, Miky González, quien habló como vivía los primeros meses de ser padre y preguntó si debía preocuparse o no.
“Desde que nació mi hijo siento que nunca más pude tener un día en el que hice todo lo que tenía que hacer, es un constante surfear desde que me levanto hasta que me acuesto y que sea lo que sea ¿Me confirman si debo preocuparme o está todo ok?”, escribió.
Al respecto, Pope manifestó desde su Tik Tok: “Este es un tuit que hace mucho tiempo quiero contestar, sobre el vocalista de Villagrán Bolaños, padre, arquitecto y otras cosas geniales”, inició. “Esta todo ok Miky, esto nos re pasa como hombres, de repente sentimos que se nos va la vida, que dejamos de entrenar, estudiar, leer, escuchar música. Cada vez el tiempo es pequeño, tenemos pocas horas de sueño y el foco está en otro lado, en lo importante: en nuestro hijo, esa persona que nos cambió la vida por completo”, resaltó.
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Luego, explicó que hay un rango de edad en el que los hijos son totalmente dependiente de sus padres y que si uno se pone a pensar, es el único periodo de tiempo que se puede disfrutar de otra manera con ellos. “De 0 a 3 años esa criatura depende de vos, después ya empieza a independizarse, no quiere dormir contigo, ya sos pelada, se queda a dormir con los abuelos. No hay otro momento como ese”, aseguró.
Por último, envió un mensaje de aliento a todos los padres y madres que podrían estar atravesando esta situación. “Lo loco es la memoria te juega una mala pasada cuando crecen, entonces regalate ese momento. Vas a volver a entrenar, los amigos van a estar para chupar contigo no reclamándote nada. Queridos padres y madres se siente a veces un bajón, pero después uno solo entiende”, finalizó.
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Un momento de reflexión
- Arturo Peña Villaalta
- arturo.pena@nacionmedia.com
La Semana Santa conmemora uno de los momentos centrales en la historia del cristianismo: la muerte y resurrección de Jesús. En estos días, desde la Iglesia se llama a la reflexión sobre el actuar como cristianos ante los ojos de Dios. Es un tiempo que invita a la renovación de la fe y también a la reflexión.
Se define el acto de reflexionar como “pensar con profunda atención” (RAE), como un “proceso consciente de pensar detenida y profundamente sobre un asunto, experiencia o emoción para comprenderlo mejor, evaluar acciones y tomar decisiones informadas”. Ciertamente, el ritmo de la Semana Santa cambió bastante desde aquellos días de nuestra niñez en que en un Viernes Santo no se movía ni una hoja en el barrio. Hoy uno encuentra comercios abiertos las 24 horas y la idea de los feriados santos se ha volcado con mucha fuerza al turismo.
Pero, entre lo religioso o lo turístico, es también un tiempo interesante para pensar en lo que está pasando en el país; aprovechar la calma de unos días libres, esa salida al campo o el descanso en el hogar para tratar de ver la película un poco más clara. Para evaluar, entender y tomar decisiones informadas.
La vorágine del día a día nos engulle. Cada vez hay menos tiempo para más cosas y a ese fenómeno se adaptaron los medios de comunicación en la actualidad, ofreciendo información más escueta, más rápidamente digerible, de más impacto, dejando menos espacio quizás para el elemento de contexto, del dato que haga comprender el fondo y no solo la superficie de lo que estamos consumiendo.
Tenemos a un sector de la prensa diciendo esto y a otro sector diciendo lo opuesto. ¿Con cuál versión nos quedamos? La respuesta debería ser: con la información que se sustenta en datos reales, contrastables, documentados. Pero eso exige también un ejercicio: antes que nada, tener fuentes confiables, y también ir un poco más allá, contrastar, interesarnos.
En este escenario, las redes sociales han aparecido para contribuir con la masificación de la información, pero también con la confusión, con las fakenews y con la exasperación del debate, lo que lleva muchas veces a una difícil comprensión del fondo de la cuestión. La guerra de los posteos nos arrastra, nos lleva y nos separa.
El escritor, semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco fue muy crítico en su mirada hacia las redes sociales. Eco decía en una entrevista allá por el 2015: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Quizás la Semana Santa es buen momento para darles un descanso a muchos de ellos.
Tenemos en frente momentos importantes en cuanto al futuro próximo del país. Primeramente, las elecciones municipales de este año, donde se definirán las autoridades locales en 262 distritos, más Asunción. Las internas simultáneas de los partidos se realizarán el 7 de junio, mientras que las municipales tendrán lugar el 4 de octubre.
En Asunción, por ejemplo, venimos de dos pésimas experiencias en los dos últimos gobiernos comunales, el de Mario Ferreiro (electo en 2015) y el de Óscar “Nenecho” Rodríguez (electo en 2021).
Ambos intendentes no terminaron sus mandatos, envueltos en acusaciones de corrupción. ¿Soportaremos otro bluf en Asunción? Un hecho que da para reflexionar, y profundamente.
Más adelante, las elecciones generales de abril de 2028, en las que se elige al presidente de la República del Paraguay para el periodo 2028-2033, además de vicepresidente, senadores, diputados, y los gobernadores y concejales departamentales de los 17 departamentos. Cada cargo tendrá una influencia en lo que sucederá a partir de esa fecha en nuestras comunidades y en el país. ¿Iremos como borregos a poner nuestros votos por uno u otro discurso? ¿Y si reflexionamos un poco antes de ejercer nuestro derecho democrático?
Evaluar, entender y tomar decisiones informadas a partir de la reflexión. Qué importante ejercicio para trasladar desde los feriados de Semana Santa hasta nuestro cotidiano. Difícil pero no imposible tarea, que puede significar mucho para el presente y futuro del país.
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Llega “Cocina en familia”, un programa que celebra los vínculos reales
Pope Spinzi, su hija Pipeta y su madre, la Chanchu, conducirán desde el próximo jueves 2 de abril un programa de encuentros en la cocina.
“Y la verdad es que hace dos años que Pipeta me pide ir a cocinar a lo de la abuela entre semana. Y presenciar eso es una de las escenas más hermosas que uno puede vivir”, expresa Pope Spinzi al comentar uno de los episodios hogareños que marcaron como inspiración para conducir, a partir del próximo jueves 2 de abril, el programa “Cocina en familia”. Será emitida desde las 21:00, por el canal GEN/ Nación Media. Se trata de un nuevo formato de entretenimiento que combina cocina, humor y vínculos reales en una propuesta cercana, dinámica y auténtica.
El programa presenta a tres generaciones de una familia en un mismo espacio: Pope, su hija Pipeta (Guillermina Spinzi) y su madre, la Chanchu (Susana Spinzi). Ju tos, se enfrentarán a distintos desafíos culinarios que van desde recetas tradicionales hasta preparaciones más improvisadas, donde el resultado muchas veces queda en segundo plano frente a lo que realmente importa: el proceso.
DIVERTIDA Y ENTRAÑABLE
“Yo soy un pésimo cocinero. Creo que el programa no es un programa de cocina sino de cómo interactúan tres generaciones distintas”, explica el conductor. Lejos de la perfección, ‘Cocina en Familia’ pone en escena el caos cotidiano de cualquier hogar: errores, discusiones, complicidades y momentos espontáneos que construyen una narrativa tan divertida como entrañable. El programa se destaca por su tono descontracturado y su identidad visual lúdica, que acompaña esta dinámica familiar sin caer en lo infantil, manteniendo un equilibrio entre humor, ternura y autenticidad. “El guiso de arroz es mi comida favorita. La comida favorita de la Chanchu es el asado, y a Pipeta, bueno, a ella le gusta todo”, confiesa el conductor.
REDES SOCIALES
Pope se convirtió en los últimos años en una de las figuras más importantes de la escena televisiva y radial, con un gran desarrollo de su imagen e interacción con la gente a través de las redes sociales, donde crea contenidos sistemáticamente desde su vida cotidiana, por lo que, para sus seguidores, los miembros de su familia se convirtieron también en compañía y personas cercanas.
Desde esa complicidad que incluye también a los televidentes y seguidores de redes, “Cocina en familia” se plantea invitar a la audiencia a verse reflejada en esas pequeñas situaciones que hacen a la vida en familia: aprender del otro, equivocarse sin culpa y encontrar en el caos una forma distinta de disfrutar.
Este proyecto llega para ofrecer un espacio distinto dentro de la pantalla, donde la cocina no es una competencia, sino un punto de encuentro.
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¡El problema de Pope Spinzi con el asado de los domingos!
El comunicador y actor paraguayo Pope Spinzi (43) compartió este domingo en TikTok una reflexión acerca de los asados de los fines de semana. El conductor de “Noche de furia” de canal GEN/Nación Media lamentó que las dinámicas familiares hayan cambiado, al punto que en las reuniones para compartir un asado nadie acompaña ni comparte.
En su video, Spinzi mencionó: “Los asados de los domingos cuando te toca a vos cocinar, ¿verdad? Uno se va temprano al supermercado a comprar las cosas (...) Vengo acá y eh, no hay nadie. Llegan todos a la una apurados (…) Pero no, nadie viene, nadie te acompaña”.
El también actor recordó cómo antes todo era distinto: “Antes era a las de 9 a 10 nos íbamos a la misa, a las 10:15 ya estábamos en la casa de la persona donde se iba a hacer el asado, se tomaba tereré hasta las 11:40… ya daba gusto, era menos, se compartía, los primos que no se veían, jugaban, se aburrían, pero se peleaban y después se arreglaban. Era una dinámica interesante”.
Spinzi destacó que actualmente, la dinámica familiar ha cambiado y consultó a sus seguidores si perciben el cambio: “Les pregunto a ustedes, señores y señoras que preparan los sábados y los domingos en la familia, ¿les pasa esto o es solamente mi familia la que me hace esto?”
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“Spoiler van a extrañar tanto esos domingos”
El descargo generó respuestas variadas en TikTok: “Pope es como mi papá hablando“, ”Tanto me arrepiento ahora de no valorar eso con mí papá, en vida le pedí perdón porque ya eso no pasa, spoiler van a extrañar tanto esos domingos cuando ya no pase, valoren gente, valoren”, “No tengo 43 años ni tampoco hago asado, pero entiendo a qué te referís, es real” o “Mi hermano haciendo el asado solo quiere que alguien esté a su lado cebándole tereré o si no se enoja”.
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Por qué investigar sigue siendo la clave: una reflexión necesaria para nuestro tiempo
Vivimos en una época donde la información abunda, pero el conocimiento profundo escasea. Opiniones sobran, datos faltan. Decisiones urgentes se toman muchas veces desde la intuición —o peor aún, desde la repetición— sin detenernos un momento a hacer la pregunta más importante que puede hacerse una sociedad, una institución o una persona: ¿Qué no sabemos?
Aceptar la ignorancia parece, a primera vista, un signo de debilidad. Sin embargo, es exactamente lo contrario: es el punto de partida del aprendizaje, del descubrimiento y del desarrollo. Las sociedades que más progresan no son las que presumen de saberlo todo, sino las que se animan a cuestionar, probar, medir, dudar… y volver a empezar. En tiempos donde la velocidad manda, detenerse a investigar se vuelve casi un acto contracultural. Pero es, por eso mismo, un acto transformador.
En Sapiens: De animales a dioses (2011), el historiador israelí Yuval Noah Harari dedica los capítulos 14 y 15 a una idea tan simple como revolucionaria: Las sociedades que más avanzaron fueron aquellas que aceptaron que no tenían todas las respuestas. Harari explica que la Revolución Científica no surgió de una acumulación de certezas, sino del reconocimiento explícito de la ignorancia. Europa —y en especial Inglaterra— adoptó una postura completamente nueva para la época: ver la ignorancia no como un obstáculo, sino como una oportunidad. Esta mentalidad llevó a investigar, observar y medir el mundo con una combinación de humildad radical y audacia extraordinaria.
Inglaterra: cuando investigar se volvió estrategia de Estado
Harari muestra cómo los ingleses integraron la investigación a su proyecto político y económico. Sus barcos no eran solo naves militares: eran laboratorios flotantes, repletos de botánicos, astrónomos, médicos, artistas y cartógrafos.
Un caso emblemático es el de James Cook, quien aplicó los estudios del médico James Lind sobre los cítricos y logró que en su tripulación no muriera ni un solo hombre por escorbuto, una hazaña inédita para la época. Era ciencia aplicada a la vida real, transformando expediciones potencialmente mortales en misiones exitosas.
Esa combinación —curiosidad, método, evidencia— convirtió a Inglaterra en una potencia. No solo conquistaban territorios: conquistaban conocimiento.
Harari también recuerda que el joven Charles Darwin se embarcó en el HMS Beagle como naturalista, siguiendo esa tradición inglesa de incluir científicos en cada expedición. Allí, observando y recolectando con rigor, nació la teoría de la evolución: una de las ideas más importantes de la historia humana. Sin investigación, Darwin no habría sido Darwin.
¿Qué significa esto para nosotros hoy?
Significa que investigar no es un lujo ni un privilegio académico; no es un posgrado ni un trámite para cumplir requisitos. Investigar es una cultura: es preguntar mejor, no aceptar la primera respuesta, contrastar fuentes, poner a prueba lo que creemos cierto y construir decisiones basadas en evidencia, no en suposiciones.
Así como los ingleses llevaron científicos a bordo de cada barco para comprender el mundo antes de transformarlo, nosotros necesitamos “científicos” —espíritus curiosos, críticos y rigurosos— en cada institución, cada empresa, cada escuela y cada proyecto público.
La investigación también exige paciencia histórica. Muchos avances que hoy damos por inevitables comenzaron como experimentos inciertos cuyos resultados finales tardaron años —o incluso décadas— en llegar a la gente. Un ejemplo reciente lo demuestra con claridad: en 2026, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España logró eliminar por completo tumores de cáncer de páncreas en ratones mediante una triple terapia. El resultado fue sorprendente: remisiones duraderas, sin resistencia y con efectos mínimos. ¿Llegará esto a curar personas? Probablemente, pero no mañana. Traducir un avance así a tratamientos humanos puede requerir una década de estudios y ensayos clínicos. Lo importante, sin embargo, es que ese futuro solo es posible porque alguien se animó a hacer la primera pregunta, diseñar el primer experimento y comenzar el camino. Investigar es sembrar futuro, incluso cuando la cosecha aún está lejos.
Paraguay necesita investigación cotidiana
Paraguay necesita dar un salto de escala: pasar de ver la investigación como un ejercicio académico aislado a entenderla como una práctica diaria, transversal y estratégica para el desarrollo.
Esto implica que las universidades, y de manera especial la Universidad Nacional de Asunción (UNA), deben asumir un rol mucho más protagónico:instalar la cultura de la investigación como columna vertebral del proceso de enseñanza-aprendizaje.La investigación no puede ser un apéndice, un módulo optativo o un ejercicio al final de la carrera.Debe ser material de trabajo, práctica constante, método, hábito y disciplina intelectual desde el primer semestre hasta el egreso.
Investigar es enseñar a pensar, a formular preguntas, a verificar datos, a dudar con fundamento y a buscar respuestas con metodología.Y un país que quiere avanzar necesita universidades que produzcan conocimiento, no solo que transmitan contenidos.
Necesitamos investigar más en educación, salud, turismo, comunicación, gestión pública, tecnología, economía creativa y todas las áreas donde Paraguay tiene potencial para crecer. Necesitamos equipos que midan, comparen, prueben y aprendan. Porque sin investigación, navegamos a ciegas. Con investigación, navegamos con brújula.