Ella sí que es un verdadero ejemplo de vida. Se trata de Kate Orchard, quien con 99 años volvió a pilotar una aeronave luego de la Segunda Guerra Mundial, ya que en aquel entonces, entre 1941 y 1945, prestó servicio en la Fuerza Aérea Auxiliar Femenina en la India.
Pero en esta ocasión vuela en los cielos despegando desde el Seahawk Gliding Club, un aeródromo cerca de Helston. La veterana es reconocida como eminencia debido a su gran labor desempeñada como aviadora con apenas 20 años; además de haber realizado trabajos de identificación de los aviones enemigos, con el objetivo de eliminarlos.
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El caso es que ahora Orchard volvió a tomar el mando de un planeador, pero con fines benéficos; es decir, con el objetivo de recaudar fondos para una entidad que cuida y apoya a veteranos de guerra llamada “Help for Héroes”, lo que finalmente resultó siendo todo un éxito.
De acuerdo a diversos medios internacionales, Orchard manifestó respecto al acontecimiento: “Creo apasionadamente que es muy importante que todos los exmilitares sean atendidos. Especialmente aquellos lo suficientemente desafortunados como para tener lesiones físicas o psicológicas”.
Mientras que el gerente de recaudación de fondos de la mencionada organización, John Carpenter, expresó: “Kate es una dama verdaderamente increíble, llena de espíritu, pero supongo que no debemos esperar menos de la generación que nos sirvió tan bien durante nuestros días más oscuros. Solo podemos agradecerle desde el fondo de nuestros corazones”.
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Ucrania y Rusia declaran treguas unilaterales por aniversario de la Segunda Guerra Mundial
Ucrania decretó un alto el fuego a partir del miércoles, dos días antes de otra tregua anunciada unilateralmente por Rusia con motivo de las conmemoraciones del fin de la Segunda Guerra Mundial, y advirtió que respondería a cualquier ataque de Moscú durante ese período.
Mientras que el ejército ruso amenazó con lanzar “un ataque masivo con misiles” contra Kiev en caso de violación de su cese de hostilidades declarado para los días 8 y 9 de mayo, el presidente ucraniano respondió el lunes por la noche anunciando “un régimen de alto el fuego a partir de las 0:00 (21:00 GMT) de la noche del 5 al 6 de mayo”.
“Actuaremos de manera recíproca a partir de ese momento”, advirtió Volodimir Zelenski. “Es hora de que los dirigentes rusos tomen medidas concretas para poner fin a su guerra, sobre todo porque el Ministerio de Defensa ruso estima que no puede organizar un desfile en Moscú sin la buena voluntad de Ucrania”, añadió el mandatario, quien aterrizó luego en Baréin para una visita dedicada a la cooperación en materia de seguridad.
Rusia conmemora cada año el Día de la Victoria soviética contra la Alemania nazi en 1945 con un gran desfile militar en la Plaza Roja de Moscú. Sin embargo, Ucrania, en respuesta a la intensificación de los bombardeos en las últimas semanas, ha multiplicado sus envíos de drones hacia territorio ruso, y uno de estos aparatos incluso destrozó la fachada de un edificio residencial de lujo en el oeste de Moscú.
“La paz o desfiles militares”
“Si el régimen de Kiev intenta llevar a cabo sus planes criminales destinados a perturbar las celebraciones del 81º aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria, las fuerzas armadas rusas lanzarán un ataque masivo de misiles en represalia contra el centro de Kiev”, advirtió el Ministerio de Defensa ruso.
Ucrania pide desde hace tiempo una tregua prolongada en el frente para facilitar las negociaciones y llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra desencadenada por la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022, el conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Moscú se niega, al argumentar que un cese de hostilidades más amplio permitiría a Kiev reforzar sus defensas. “La paz no puede esperar a los ‘desfiles’ y las ‘celebraciones’. Si Moscú está dispuesta a poner fin a las hostilidades, puede hacerlo mañana (martes) por la noche”, reaccionó el jefe de la diplomacia ucraniana, Andrii Sibiga. “El 6 de mayo se verá si Moscú habla en serio y qué es lo que realmente quiere: la paz o desfiles militares”. Estos anuncios se producen en un momento en que Estados Unidos ha desviado su atención a la guerra en Oriente Medio, tras sus esfuerzos por poner fin al conflicto en Ucrania.
Moscú en el punto de mira
También llegan en un contexto de dificultades para el ejército ruso en el frente. La zona controlada por los rusos en Ucrania se redujo en unos 120 km2 en abril, algo que no ocurría desde la contraofensiva ucraniana del verano de 2023, según un análisis de la AFP de los datos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW).
Estas treguas rivales fueron precedidas por intensos bombardeos y ataques respectivos. En la madrugada del martes, las autoridades ucranianas informaron de ataques rusos en Járkov (noreste), Zaporiyia (sur) y en las afueras de Kiev, y se pidió a los habitantes de la capital que se dirigieran a los refugios debido a una nueva alerta aérea.
Por parte de Rusia, varias regiones sufrieron ataques de drones ucranianos, incluida Moscú, según sus dirigentes. El lunes, un ataque con misiles rusos cobró la vida de siete civiles en la ciudad de Merefa, situada cerca de Járkov, en el este de Ucrania, y un ataque con drones provocó la muerte de una pareja en una localidad del sur, según las autoridades ucranianas.
Fuente: AFP.
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Hallazgo de una bomba de la Segunda Guerra Mundial paraliza ciudad francesa
Cientos de policías fueron desplegados este domingo cerca de París para desactivar una bomba de la Segunda Guerra Mundial, lo que obligó a evacuar a cientos de residentes, informaron las autoridades. La operación tiene lugar en la localidad de Colombes, al noroeste de la capital francesa, donde el artefacto fue descubierto el 10 de abril durante unas obras.
Los especialistas en desactivación de explosivos trabajan actualmente para neutralizar la bomba. Primero intentaron retirar el detonador, pero la maniobra no fue posible, por lo que deberán destruir el artefacto bajo tierra, lo que extenderá la operación hasta ocho horas. Para garantizar la seguridad, se estableció un perímetro de evacuación de 450 metros.
Los residentes fueron alertados y tuvieron que abandonar sus casas a pie. Cinco centros de acogida fueron habilitados en Colombes y ciudades vecinas para recibir a los evacuados, mientras que unas 220 personas vulnerables fueron asistidas directamente por los servicios de emergencia. La zona quedó completamente vacía y bajo vigilancia policial para evitar robos.
Fuente: AFP.
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La tragedia de las enfermeras niñas de las cuevas de Okinawa
- Juan Carlos dos Santos G.
- X: @Juancads
- Fotos: Juan Carlos dos Santos G.
Entre la oscuridad de las cuevas y el eco de los bombardeos, las jovencitas de Himeyuri curaban heridas ajenas mientras perdían la mejor parte de sus vidas. Hoy, su memoria sigue iluminando el camino de la paz.
Pese a que el programa de mi visita al Japón tenía un perfil orientado a la geopolítica, fue imposible dejar pasar la experiencia profundamente emotiva que viví al recorrer el Museo de la Paz Himeyuri, en la isla de Okinawa.
Este lugar está dedicado a preservar la memoria de aquellas niñas y adolescentes okinawenses que abandonaron sus aulas para tomar parte activa en la guerra, especialmente en la defensa de Okinawa.
Mientras Fumiko, guía y sombra durante mi estadía de una semana en Japón, visiblemente emocionada me relataba lo que sabía sobre estos hechos ocurridos casi al final de la Segunda Guerra Mundial, mi mente no dejaba de comparar lo vivido por estas niñas con la tragedia de aquellos infantes paraguayos que se inmolaron el 16 de agosto de 1869 en Acosta Ñu, durante la guerra contra la Triple Alianza.
Aunque existan muchas diferencias entre ambos episodios, los dos grupos de menores dejaron atrás su infancia y adolescencia para sumirse en sangrientos enfrentamientos que les arrebataron la vida. Y a quienes lograron sobrevivir, les negaron el futuro.
EL LLAMADO
Cerca de la medianoche del 23 de marzo de 1945, 222 estudiantes y 18 profesores de la Escuela Normal Femenina de Okinawa y de la Primera Escuela Secundaria de Niñas recibieron el anuncio de que habían sido incorporados a las unidades del Hospital de Campo del Ejército.
Este hospital se encontraba en un complejo de cuevas, bajo la colina ligeramente inclinada de Haebaru, un pueblo distante a 5 km de Naha, la principal ciudad de Okinawa.
La cueva principal estaba conectada a través de túneles con otras 40 cuevas más pequeñas. Las salas del hospital tenían las paredes de barro expuestas y estaban inundadas de olores indescriptibles de sangre, pus y desechos corporales, junto con los gemidos y gritos de dolor de los soldados heridos.
Las estudiantes no solo debían atender a los pacientes, sino también trasladar agua y alimentos fuera de la cueva, entregar mensajes y enterrar a los muertos. Estas tareas eran extremadamente peligrosas, pues quedaban expuestos al fuego cruzado entre soldados japoneses y estadounidenses. Las niñas y sus maestros creyeron que, al incorporarse como enfermeras, vestirían el uniforme o el escudo de la Cruz Roja, pero la realidad fue muy distinta: fueron lanzadas a un frente de guerra infernal, entre proyectiles y balas.
ENTRE LA OSCURIDAD Y LA HUMEDAD
Dentro de las cuevas reinaba la oscuridad total, el aire era húmedo y viciado. Se alimentaban con pequeñas bolas de arroz, del tamaño de una pelota de ping pong. Dormían de pie y sufrían las condiciones más inhumanas, sumando a ello su menstruación y la falta de higiene, que convertían aquel entorno en un auténtico infierno.
La forma en que permanecían hacinadas e insalubres dio lugar a la aparición de la llamada fiebre de la cueva que, junto con la pérdida de peso, las debilitó aún más. No tardó en aparecer también el tétano, agravando la tragedia.
La museografía reproduce el testimonio de una de las sobrevivientes, Haru Furugen, que entonces tenía 19 años, asignada a la primera unidad quirúrgica:
“Nos turnábamos y me tocó ir más profundo para extraer un cuerpo. Tuve dificultades para sacarlo porque estuvo mucho tiempo tirado y se había hinchado. Me ayudaron a ponerlo en una camilla y, cuando el bombardeo se detuvo por un corto tiempo, lo llevamos afuera, lo arrojamos en un cráter de bomba y lo cubrimos hasta que no se lo vio más. Estaba lloviendo; como no comíamos, tambaleábamos cargando la camilla, pero de alguna manera nos mantuvimos en pie mientras las bombas de los barcos volvían a llegar. Simplemente no podía creer que estuviéramos vivas. Al día siguiente tuvimos que sacar otro cuerpo y las piernas del hombre que habíamos enterrado sobresalían del barro”.
DE LA ENFERMERÍA A LA CIRUGÍA
A medida que los combates se intensificaban, la Unidad de Medicina Interna fue abolida y convertida en la Segunda Unidad de Cirugía.
“Nuestro trabajo era sujetar los brazos y las piernas que iban a ser amputados. El analgésico era, generalmente, una inhalación de éter”, recordó Haru.
ELLA CONTINUÓ RELATANDO:
“Presioné el brazo de un paciente al que el médico iba a cortar. Fue aterrador. La mano fue amputada y aún sostenía la mía. Esas manos y piernas estaban calientes; las envolvíamos con trapos y las arrojábamos a un contenedor de residuos”.
En la noche del 18 de junio de 1945, las alumnas convertidas en enfermeras recibieron la orden de desactivar el hospital. Se les dijo que, desde ese momento, podían cuidarse por sí mismas. Los maestros que las acompañaban les dieron un consejo:
“No tengan prisa por suicidarse; encuentren un lugar seguro y permanezcan allí”.
Nadie quería abandonar las cuevas, porque no sabían adónde ir, pero el caos las obligó a huir.
RECUPERANDO LA NORMALIDAD
Las historias narradas por las sobrevivientes tienen un carácter espeluznante. De las 222 alumnas, 136 murieron durante la batalla o poco después, ya fuera por bombardeos, suicidios forzados, falta de alimentos y medicinas, o por órdenes del Ejército japonés, que las instaban a no rendirse.
Las estudiantes que sobrevivieron al último bombardeo de Okinawa continuaron sus vidas en campos de prisioneros de guerra. Lentamente, sus existencias fueron recuperando cierta normalidad, pero cargaron siempre con una culpa insoportable por haber sobrevivido a sus compañeras.
La mayoría permaneció en silencio durante décadas. Sin embargo, la historia de Himeyuri fue llevada a novelas y películas. Con el tiempo, algunas de ellas fueron convencidas de compartir sus testimonios y ayudaron a establecer el Museo de la Paz Himeyuri, como legado y advertencia a las nuevas generaciones.
Hoy, Himeyuri es un sitio de visita obligada para los estudiantes secundarios de todo Japón.
Mientras recorría el museo y observaba a decenas de adolescentes, de no más de 15 años, conmoverse y llorar al leer las historias proyectadas en las pantallas, me pregunté:
¿Cuándo será el día en que en Paraguay honremos, con un museo semejante, a nuestros niños héroes de Acosta Ñu?
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Nagasaki recuerda 80 años de la bomba atómica con el repicar de campana y mensaje de paz
Nagasaki guardó este sábado un minuto de silencio en el momento en el que hace 80 años una bomba atómica cayó sobre esa ciudad japonesa, en una ceremonia en la que la campana restaurada de una iglesia repicó por primera vez desde aquel ataque.
El 9 de agosto de 1945, a las 11:02 locales y tres días después del ataque en Hiroshima, Nagasaki sufrió el horror del arma nuclear lanzada por Estados Unidos. Unas 74.000 personas perdieron la vida en ese puerto del suroeste del país asiático, sumándose a las 140.000 víctimas de Hiroshima.
“Han pasado 80 años, ¿quién hubiera imaginado que el mundo se convertiría en esto? ¡Detengan inmediatamente los conflictos armados!”, exhortó el alcalde de la ciudad, Shiro Suzuki, durante la ceremonia ante los representantes de más de 100 países.
“Los enfrentamientos se intensifican en diversos lugares debido a un círculo vicioso de confrontación y división. Una crisis que puede amenazar la supervivencia de la humanidad, como una guerra nuclear, se cierne sobre todos los que vivimos en este planeta", añadió bajo una lluvia torrencial que cesó para el minuto de silencio.
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Esta nutrida participación internacional, que batió todos los récords, se vio marcada por la presencia de Rusia, que no había sido invitada desde su invasión de Ucrania en 2022. Israel, cuyo embajador tampoco fue invitado el año pasado en protesta por el conflicto en Gaza, lo que provocó el boicot de la ceremonia por parte de los representantes de los demás países del G7, también estuvo presente.
Hiroshi Nishioka, un superviviente de 93 años que se encontraba a solo 3 kilómetros del epicentro, testificó ante todos los participantes sobre el horror que vivió cuando era adolescente. “Incluso los más afortunados (que no sufrieron heridas graves) empezaron poco a poco a sangrar por las encías y a perder el pelo, y murieron uno tras otro”, recordó. "Aunque la guerra había terminado, la bomba atómica trajo consigo un terror invisible“.
“Acontecimientos reales”
Símbolo de esta conmemoración, la campana de la imponente catedral de la Inmaculada Concepción, edificio que fue destruido por el estallido, sonó por primera vez en 80 años. La iglesia de ladrillo rojo, flanqueada por dos campanarios, se alza en lo alto de una colina de la ciudad. Fue reconstruida en 1959 después de que la original hubiera quedado destrozada a unos cientos de metros de allí.
Solo una de sus dos campanas fue encontrada entre los escombros. Para su sacerdote principal, Kenichi Yamamura, esta restauración “muestra la grandeza del ser humano, la prueba de que las personas que pertenecen al bando que ha herido a otro pueden algún día querer redimirse”.
“No se trata de olvidar las heridas del pasado, sino de reconocerlas y actuar para repararlas, reconstruir y, así, trabajar juntos por la paz”, añadió a la AFP. Akio Watanabe, un habitante sexagenario de Nagasaki, se emocionó hasta quedarse sin voz al escuchar las dos campanas al unísono en medio de la misa a la que entre 200 o 300 personas acudieron este sábado como parte del memorial.
“Se puede decir que es un símbolo de reconciliación”, consideró. “La abolición de las armas nucleares parece algo muy lejano. Pero con este tipo de esperanza, avanzando paso a paso, podemos creer que los seres humanos podrán, algún día, abolirlas por completo”.
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El proyecto de restauración fue llevado a cabo por un profesor universitario estadounidense cuyo abuelo participó como médico en el Proyecto Manhattan, que dio lugar a las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial. James Nolan, maestro de sociología en Massachusetts, recaudó 125.000 dólares en Estados Unidos.
Los dos bombardeos atómicos dieron el golpe de gracia a Japón, que se rindió el 15 de agosto de 1945, poniendo fin a la segunda gran guerra. Sin embargo, los historiadores siguen debatiendo si esos ataques realmente permitieron salvar más vidas al acelerar el fin del conflicto, frente al calvario de los “hibakusha”, como se conoce a los supervivientes de la bomba víctimas de discriminación y expuestos a un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer.
Fuente: AFP