La actriz y comediante María Margarita Olitte más conocida como “Maricha Olitte” utilizó su cuenta de Twitter para dar a conocer que se encuentra cursando la carrera de Relaciones Públicas en la universidad, logrando causar gran revuelo entre los internautas, quienes la hicieron llegar todo su apoyo y cariño. Foto: Gentileza.
“Maricha” Olitte alborotó las redes sociales al anunciar una estupenda noticia
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El día de ayer, la actriz y comediante María Margarita Olitte, más conocida como “Maricha” Olitte, compartió en su cuenta de Twitter una fabulosa noticia que alborotó las redes sociales, logrando alcanzar gran repercusión: “Hoy empecé mi 2do. año en la universidad. Sigo la carrera de Relaciones Públicas, si ya se que ‘a nadie’ y a la vejez viruela, pero nunca es tarde. Cuando ‘Maricha’ es buena, y ahí le voy, con todo”, escribió la mediática.
La publicación logró miles de reacciones y decenas de mensajes de parte de los internautas, quienes aprovecharon para hacerle llegar todo su apoyo y cariño, y al mismo tiempo contar sus respectivas experiencias de vida.
“¿Vieja?, ¿qué vieja, ‘Maricha’?. Si estás de rebuena, jovencita. Además, nunca es tarde para estudiar y la universidad no es carrera de velocidad, sino de resistencia, perseverancia. Así es que, a seguir con tu carrera y espero no te olvides de invitarme a tu colación”, escribió un usuario.
Mientras que una mujer resaltó: “Tengo 50 años y hoy rindo mi última materia de mi especialización. Nunca es tarde”. “Fuerza y adelante. Mi mamá se recibió de docente a los 55 años. Un ejemplo para todos nosotros”. “Éxitos. Yo empecé Derecho y estoy feliz. Nunca es tarde”, fueron algunos de los mensajes enviados.
En una conversación exclusiva con La Nación, “Maricha” relató que tomó la iniciativa de estudiar una carrera ya que era una materia pendiente, debido a que al terminar el colegio no tuvo otra opción que ponerse a trabajar inmediatamente: “Éramos ocho hermanos, mi papá vivía solamente del arte y no soñábamos siquiera estudiar en la universidad, y también me casé muy joven”, reveló la capo cómica.
Respecto a por qué eligió la carrera de Relaciones Públicas, manifestó que aunque al principio consideró estudiar Psicología, finalmente optó por RRPP debido al trabajo que realiza actualmente, ya que por segundo período consecutivo, desde hace seis años se desempeña como directora de Arte y Cultura de la Municipalidad de Fernando de la Mora, además de ampliar sus conocimientos.
A la vez expresó que le gusta bastante y está muy contenta de haber escogido dicha profesión; asimismo, resaltó que el primer año culminó con excelentes calificaciones. En el mes de agosto pasado, María Margarita Olitte cumplió 50 años, está casada con Gaspar Maidana y es mamá de Thalía, de 25, y Tobías, de 18 años de edad.
Al igual que sus actividades habituales, Olitte se encuentra ensayando para la obra de teatro titulada “Enredados”, una comedia que se estrenará en abril próximo, bajo la dirección de Hugo Robles, y donde compartirá escenario junto a José Ayala, Gustavo Cabañas, Walter Evers, Clara Franco y Leticia Sosa.
Al final de la entrevista invitó a todos a disfrutar de “Caraduras”, una obra de una hora y quince minutos, que subirá a las tablas del Teatro Municipal de Fernando de la Mora, con una función exclusiva, el próximo 10 de marzo, a las 20:30. Las entradas tienen un costo de G. 20.000 y están a la venta en la oficina de Arte y Cultura de la municipalidad. Todo lo recaudado será a beneficio de Luis D’Oliveira.
Bajo máxima tensión, millones de estudiantes chinos rinden el temido examen de ingreso a la universidad
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Unos 12,9 millones de jóvenes chinos, según el Ministerio de Educación, comenzaron este domingo el “gaokao”, el temido examen nacional de acceso a la universidad.
La prueba, extremadamente selectiva y central en la sociedad china, determina el acceso a las mejores universidades y, en consecuencia, las oportunidades laborales futuras.
Se desarrolla a lo largo de varios días e incluye pruebas de chino, matemáticas, inglés, ciencias y humanidades. Los resultados se anunciarán a finales de junio.
Frente a un centro de exámenes en Pekín, decenas de policías y agentes de seguridad mantenían el orden estel domingo ante los padres, que, con sus teléfonos móviles en mano, esperaban grabar a sus hijos mientras entraban a la sala de exámenes.
Algunos vestían de rojo, un color de buena suerte en la cultura china.
“Estoy un poco ansioso”, dijo Zhang Xinnan, un joven de 18 años con uniforme escolar, momentos antes del inicio de las pruebas. “Pero lo que tenía que dominar, ya lo domino”, aseguró.
En las últimas décadas, la educación superior en China se ha desarrollado rápidamente, impulsada por el crecimiento económico, que ha mejorado el nivel de vida y, con ello, las expectativas de los padres sobre los estudios y las carreras de sus hijos.
Sin embargo, el mercado laboral al que acceden los jóvenes graduados ya no es tan prometedor como antes y hay altos índices de desempleo juvenil.
Según datos oficiales, aproximadamente uno de cada seis chinos de entre 16 y 24 años (excluyendo estudiantes) está sin empleo.
Paula Roa, estudiante paraguaya, se recibe con honores en prestigiosa universidad de Taiwán
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La estudiante paraguaya Paula Roa (23) se recibió con honores en Taiwán como ingeniera electrónica de la National Taipei University of Technology. Viajó en el año 2020, a los 18 años, asumiendo el gran desafío de mudarse sola en medio de una pandemia.
“Mis expectativas principales eran recibir una educación de primer nivel en un entorno de alta competitividad y formarme en la frontera del conocimiento, ya que Taiwán es el referente mundial en tecnología y electrónica”, relató en diálogo con La Nación/Nación Media.
Igualmente, esperaba crecer profesionalmente a la par de “asegurar un futuro prometedor y expandir mi visión del mundo al sumergirme en una cultura totalmente diferente”, aclaró.
La compatriota, oriunda de Lambaré, recordó que al llegar, el primer gran impacto fue la barrera del idioma, adaptarse a una cultura totalmente distinta y gestionar la profunda nostalgia por la distancia.
La compatriota busca seguir formándose en el exterior, pero quiere volver a Paraguay a aplicar sus conocimientos y alentar a jóvenes paraguayos a salir adelante, expresó a La Nación. Foto: Gentileza
“Sin embargo, el desafío mayor vino un año después, cuando arranqué la carrera y me tocó enfrentar la exigencia académica pura: cursar ingeniería en chino, siendo la única extranjera en un departamento sumamente competitivo. Fue una prueba de resistencia constante”, mencionó.
Añadió que no contaba con la misma base ni preparación académica de los taiwaneses, quienes prácticamente se preparan durante años para este tipo de carreras técnicas tan exigentes.
“En mi caso, fue como empezar todo desde cero, y gran parte del desafío fue el esfuerzo constante por ponerme al día y alcanzar el ritmo avanzado que ellos ya traían. A pesar de todo esto, me considero una persona muy decidida y resiliente”, sentenció.
Aunque muchas veces el camino no le fue fácil, se mantuvo firme con un fuerte enfoque personal y no descansó hasta lograr mis objetivos. “El apoyo incondicional de mi familia desde la distancia, junto con mi determinación diaria, fueron la clave para no rendirme nunca y demostrar que la perseverancia es el idioma universal del éxito”, resaltó.
Conocimientos técnicos de vanguardia
Estudió un año de idioma seguido por los cuatro años de la carrera de grado. En todo este tiempo, la universidad le proporcionó conocimientos técnicos avanzados y de vanguardia en áreas clave de la ingeniería electrónica, recalcó.
“Pude involucrarme en campos sumamente innovadores como la “salud inteligente” y el monitoreo remoto, desarrollando mi tesis en la detección de frecuencias cardíacas y respiratorias a través de radares. Más allá de lo académico, este tiempo me dio herramientas invaluables para la investigación, el manejo de tecnologías emergentes y la capacidad de adaptarse y resolver problemas complejos en entornos multiculturales y de alta presión”, puntualizó.
Además de su título de ingeniera, recibió un reconocimiento por su desempeño académico sobresaliente. Foto: Gentileza
Se graduó en el año 2025 recibiendo el título de Ingeniera Electrónica por la Universidad de Taipei Tech. Además del título, obtuvo el certificado de ‘Outstanding Academic Performance’ (Desempeño Académico Sobresaliente).
“Este reconocimiento es invaluable para mí porque premia la dedicación, la resiliencia y el inmenso esfuerzo invertidos para culminar estos méritos en tiempo y forma, habiendo afrontado el desafío de ser la única extranjera de la clase y cursar un programa en chino en una carrera sumamente competitiva”, subrayó.
A su criterio, la clave para sobresalir en un ambiente tan competitivo siendo extranjera, tuvo que ver con muchísima disciplina y dedicación, porque el ritmo de allá te exige dar el máximo todos los días.
“En mi caso, los valores de constancia y esfuerzo que me inculcaron mis padres desde chica fueron mi mayor motor, pero, primero que nada, está la valentía de confiar en uno mismo y en el potencial que tenemos. Es un proceso durísimo, pero estoy convencida de que todo lo que hoy cuesta y exige tanto, el día de mañana se convierte en tu mayor orgullo, porque el verdadero sacrificio siempre da sus frutos”, apuntó.
En cuanto a sus metas, señaló que busca seguir formándome en el extranjero, obtener experiencia profesional y capacitarse en los países más desarrollados tecnológicamente.
“Mi plan a largo plazo es regresar para aplicar todos esos conocimientos avanzados en Paraguay y contribuir activamente al desarrollo tecnológico de mi país. Además, me interesa mucho motivar a otros jóvenes paraguayos a que se animen a salir de su zona de confort”, manifestó.
Al respecto, dijo que en el país sobra talento y ganas de salir adelante. “Lo único que necesitamos son más herramientas para demostrar lo lejos que podemos llegar y, el día de mañana, usar todo ese conocimiento para hacer crecer a Paraguay”, acotó.
El hecho de súper curiosa desde chica y de gustarle siempre los desafíos, le llevaron a aplicar para la beca. Además, la influencia de sus padres que le enseñaron a soñar en grande y a confiar en sí misma.
“Siempre me llamó la atención la idea de salir, conocer el mundo y expandir mis horizontes, buscando una educación de primer nivel y la experiencia de sumergirme en una cultura totalmente diferente. Saber que Taiwán es líder a nivel mundial en tecnología y electrónica era el lugar perfecto para formarme en lo que me apasiona y asegurar un futuro prometedor”, detalló.
Superando un mar de emociones
En otro momento comentó que el peso de la distancia y gestionar la nostalgia sola al otro lado del mundo fue una de las pruebas emocionales más grandes que le tocó vivir.
“Extrañé muchísimo la calidez de nuestra gente, nuestras costumbres y esa tranquilidad paraguaya que contrasta tanto con el ritmo de vida tan acelerado de Asia. Extrañaba demasiado los asados de los domingos, el sabor de nuestras comidas caseras y el simple hecho de compartir en familia”, reveló.
Pero como tejedora de ñandutí y bailarina de danza paraguaya, mantener vivas esas tradiciones a la distancia le ayudó a paliar la nostalgia. “Fue mi manera de sentirme cerca de casa y recordar siempre de dónde vengo”, afirmó.
Por otro lado, se refirió a las satisfacciones que le proporcionó esta gran oportunidad. “Mi mayor satisfacción es mirar hacia atrás y ver que todo el sacrificio valió la pena al 100%. Me demostré a mí misma que con disciplina y resiliencia fui capaz de sobresalir en una carrera complejísima, en un idioma y cultura totalmente distintos”, aseguró.
Asimismo, se refirió a la emoción de regresar al país. “Sin dudas, el sentimiento más hermoso fue regresar a mi tierra y ver ese orgullo reflejado en mis padres; saber que todo lo que ellos me inculcaron dio sus frutos es mi mayor recompensa”, enfatizó.
En ese sentido, dijo que volver a casa con ese mérito le dio la seguridad de que no hay desafío que no pueda superar. “Regreso lista para todo lo que viene, con el corazón lleno de gratitud y feliz de poder dejar en alto el nombre de mi país”, expresó.
Finalmente, agradeció las muestras de cariño recibidas a su regreso y los reconocimientos a su trayectoria académica y los logros obtenidos en el extranjero.
La Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción realizó el acto de inauguración del Aula 8 “Prof. Dr. Justo Pucheta Ortega. Foto: Gentileza
Derecho UNA inaugura aula en homenaje al exdecano Justo Pucheta Ortega
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La Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción realizó el acto de inauguración del Aula 8 “Prof. Dr. Justo Pucheta Ortega”, en homenaje a quien fuera exdecano de la institución y referente de la vida jurídica nacional.
Durante la ceremonia, el decano de la FDCS-UNA, profesor doctor Carlos González Morel, destacó la trayectoria académica y pública del homenajeado, así como su legado en la formación jurídica y en la vida universitaria.
Participaron familiares del profesor doctor Justo Pucheta Ortega, entre ellos la profesora doctora Alicia Pucheta, actual presidenta del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, quien agradeció el reconocimiento realizado por la FDCS-UNA en memoria de su padre.
Con este homenaje, la Facultad reafirma su compromiso con la preservación de su memoria histórica y el reconocimiento a quienes dejaron huellas en la formación académica y jurídica del país. Igualmente, participaron del acto los profesores de la citada casa de estudios y otros invitados.
La vigencia del pensamiento de Ortega y Gasset sobre la Universidad
Dr. José Duarte Penayo
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Dr. José Duarte Penayo
Filósofo
Presidente de la ANEAES
En estos días volví a leer Misión de la Universidad, la célebre conferencia que José Ortega y Gasset pronunció en octubre de 1930 en el Paraninfo de la Universidad Central de Madrid.
Escrita en el mismo clima intelectual de La rebelión de las masas, aquella intervención contiene una advertencia que debería ordenar nuestro debate actual sobre la educación superior: no existe reforma universitaria posible sin definir primero su misión.
La simple existencia de modelos universitarios fuertes en el primer mundo y su posibilidad de importarlos es una opción que el filósofo español rechaza. Como bien advierte, mucho antes que los chamanes de la denuncia de dependencia cultural, la experiencia extranjera puede servir como información, nunca como molde a importar.
Mientras que la información ilustra y sugiere posibilidades, un modelo obliga a reproducir lo que surgió en un entorno cultural completamente diferente.
La universidad existe en un contexto histórico específico y su vitalidad depende más del entorno social que la rodea que del mero ambiente pedagógico creado en sus aulas. Por ello, incluso una institución extranjera perfecta sería intransferible, ya que su realidad es inseparable de la tradición nacional que le dio vida y la sustenta.
Así, lo que Ortega cuestiona es la ilusión de una aplicación lineal, no el aprendizaje internacional, dimensión que el propio filósofo defendió con particular convicción.
Por otra parte, la integración europea posterior, desde el Tratado de Roma hasta el Proceso de Bolonia iniciado en 1999, materializó parcialmente esa intuición en el plano universitario, aunque agudizó la pérdida de sentido cultural que el filósofo español critica duramente.
El Espacio Europeo de Educación Superior estableció créditos académicos transferibles, programas de movilidad como Erasmus, marcos comunes de cualificaciones y mecanismos de aseguramiento externo de la calidad articulados a través de la ENQA.
Europa construyó su propio modelo desde una elaboración interna compartida, y precisamente por eso ofrece a nuestro país un repertorio enorme de información valiosa, criterios técnicos depurados y experiencias institucionales aprovechables.
Hay más advertencias en la mencionada conferencia que, noventa y seis años después, nos siguen interpelando. Ortega y Gasset habla del “pecado original” de las instituciones, esa tendencia a simular y falsificar su razón de ser al entregar y exigir aquello que rebasa sus posibilidades reales. En nuestro país siguen existiendo núcleos que se corresponden con esta descripción; es decir, programas que entregan títulos vacíos de formación, redes que trafican con diplomas y un crecimiento descontrolado de la oferta académica desvinculado de los intereses generales de la nación.
Además, en sus mejores páginas se lee sobre el fenómeno de un mundo que comenzaba a perder su esencia al formar profesionales especializados sin un marco cultural amplio, individuos sumamente competentes en su área técnica, pero más desarraigados y desconocedores que sus predecesores en el amplio saber acumulado de la historia occidental, y con una baja conciencia de pertenencia a la sociedad que hace posibles sus actividades.
¿Cómo pensar estas cuestiones en el marco de la irrupción contemporánea de la inteligencia artificial, un fenómeno ajeno al horizonte intelectual de 1930? Sin una reflexión profunda y un marco definido de uso, la IA corre el riesgo de monopolizar el dominio operativo de cualquier campo técnico, mientras la comprensión vital permanece ajena al algoritmo.
El profesional que delega cognición en la herramienta se convierte en un agente de segundo grado, un dominador puramente operativo y desligado del juicio que orienta la vida.
Aquí aparece, precisamente, la revalorización urgente de las humanidades en el nuevo tiempo. Las humanidades, esas disciplinas desplazadas durante décadas al margen del sistema universitario por modas tecnocráticas que ahora muestran sus límites, recuperan en la era de la IA un protagonismo decisivo.
Aportan todo aquello que escapa a la lógica computacional para lograr orientar, establecer pautas y dotar de criterio a la razón artificial.
Volvamos entonces a la pregunta central: ¿universidades para qué? Al plantear esta interrogante en el contexto paraguayo resulta ineludible definir las prioridades nacionales con honestidad intelectual. ¿Apostamos a la formación de capital humano con criterios efectivos de pertinencia para el desarrollo del país? ¿Toleramos el simple lucro de propietarios de universidades disfrazado de oferta académica? ¿Promovemos la producción de conocimiento científico aplicable a las cadenas productivas y al desarrollo nacional? ¿Impulsamos niveles más altos de creatividad, pensamiento crítico y formación humanística en la era de la inteligencia artificial?
Estas preguntas, hasta hoy postergadas, exigen formularse con rigor sobre cada carrera, cada oferta académica, cada programa de posgrado existente. Debemos aprender con rigor de los modelos internacionales, sin caer en el burdo aplicacionismo alejado de nuestra particularidad nacional.
Solo con estos elementos depurados podremos reconstruir el sistema educativo y erradicar de raíz la mediocridad y la informalidad que frenan el verdadero potencial de nuestra nación.