Los pequeños hijos de Maga Páez y Patricio Escobar lograron conquistar a los internautas luego de protagonizar un video juntos. Balta, el segundo hijo de la pareja quien tiene apenas 10 días de nacido, cautivó a todos con su nuevo look “peladito”, mientras que Bauti, el mayor de los hermanos, no paró de dar besitos a su hermanito.
La influencer colgó en su cuenta oficial de Instagram una grabación donde se ve a los niños interactuando, y especialmente a Bauti, quien se robó la admiración de toda la platea virtual tras demostrar de forma tan tierna todo el amor que siente hacia su hermanito. La publicación rápidamente logró más de 160.000 likes y cientos de mensajes.
Por su parte, desde la cuenta de Bauti Escobar Páez, también hizo lo propio al compartir con sus más de 68.000 seguidores una serie de fotografías que fueron capturadas en ese mismo momento. La publicación logró más de 13.000 reacciones.
Horas previas a dicho posteo, la familia reunida ya había realizado una divertida producción fotográfica con todos sus integrantes, a excepción de Patrick, por lo que la misma Maga escribió: “En éstas fotos no hay expectativa, solo realidad. Calor, Bauti se quería bajar y Balta despertándose con ganas de titi y falta Patrick Jr. #domingo #familia #lomejorquetenemos”.
De esta manera, una vez más este equipo familiar maravilloso logró ganarse la admiración y el cariño de un multitudinario público que aprovechó para expresarles su afecto a todos y cada unos de sus miembros gracias a las emotivas imágenes compartidas.
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Hermanos involucrados en un crimen: habrían asesinado a un hombre de una puñalada en el pecho
Un hombre de 30 años fue asesinado de una puñalada en el pecho en un violento episodio ocurrido el fin de semana en el barrio Santa María de Asunción. El ataque quedó registrado en cámaras de circuito cerrado de un vecino. La grabación fue clave para detener al presunto autor del homicidio.
La víctima fue identificada como Carlos Miguel Domínguez Duré (30), quien fue trasladado rápidamente hasta el Hospital Universitario tras ser herido gravemente, pero no resistió la lesión.
En el servicio de urgencias constataron su deceso por shock hipovolémico causado por la herida en el pecho lado izquierdo, según los intervinientes.
Como presuntos autores del crimen fueron sindicados dos hermanos. Se trata de Enzo Emanuel Barreto Acosta (22), quien fue detenido por la policía. El mismo habría infringido la puñalada a la víctima. En cambio su hermano Tadeo Javier Barreto Acosta (25) actuó en calidad de cómplice, según informe de la Comisaría 11° Metropolitana.
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El hecho se produjo en la mañana del sábado, alrededor de las 06:15, sobre la calle Silvano Mosqueira casi Virgen de Caacupé del barrio Santa María de Asunción.
El reporte policial señala que la víctima llegó a pie a la zona, cuando divisó a los dos hermanos tomando y fue atacado sin mediar palabras. Se presume que acarreaban un conflicto anterior, días antes se habrían amenazado mutuamente, por lo que el presunto autor se levantó, extrajo un cuchillo tipo carnicero y le apuñaló en el pecho.
El enfrentamiento tendría origen en el supuesto hurto de un teléfono celular meses atrás, habiendo sido responsabilizado del hecho, la víctima fatal. Tras la denuncia del caso, los agentes policiales detuvieron a los hermanos. Tras una intensa investigación lograron hallar el arma homicida e incautarla, indicaron.
El Ministerio Público tomó intervención en el caso prosiguiendo con las diligencias para esclarecer las circunstancias del homicidio horas después de haber ocurrido el hecho.
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Educar es más ejemplo que discurso
Por: Adelaida Alcaraz
En un ecosistema empresarial que suele medir el éxito en términos de crecimiento, rentabilidad y expansión, Pedro Ayala propone una lectura más profunda: la del legado. Miembro de la comisión directiva de la Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina y líder de CPA Ferrere en Paraguay, nuestro protagonista pertenece a esa generación de ejecutivos que ya no separa con nitidez la vida corporativa de la personal. En su caso, la paternidad no es un capítulo paralelo a su carrera, es el eje que reordena su forma de entender el liderazgo, el riesgo y el éxito.
“Construir una empresa tiene mucho que ver con la autorrealización”, afirma Pedro Ayala, pero rápidamente amplía la idea hacia un territorio más íntimo: la familia. Allí, sostiene, el legado deja de ser una marca o una estructura organizacional para convertirse en algo más difícil de cuantificar y que se define en personas, valores y vínculos.
Padre de cuatro hijos -Arami, Mauri, Agus y Ale, de apenas cuatro meses- Pedro reconoce que la experiencia no inmuniza frente a la paternidad. Cada hijo, dice, vuelve a inaugurar el proceso. “Cada llegada trae nuevas emociones… la paternidad no se domina, se aprende todos los días”, enfatiza dejando entrever la idea de que la experiencia no elimina la incertidumbre, pero sí afina la sensibilidad.
En su recorrido, Pedro retoma una idea filosófica para describir la paternidad y la resumen en la idea de que nadie entra dos veces al mismo río. Así como las personas cambian, también lo hacen los padres. En ese marco, cada hijo encuentra una versión distinta de su padre, moldeada por la experiencia, pero también por las propias transformaciones internas.
Ese mismo principio, sostiene, se traslada al mundo corporativo. La estabilidad es más una ilusión que una condición. Equipos, contextos y decisiones están en permanente movimiento. En ese flujo, el liderazgo no puede ser rígido.
La paternidad, en ese sentido, opera como un entrenamiento emocional involuntario. Desarrolla paciencia, empatía, escucha y coherencia. “Las personas observan mucho más lo que uno hace que lo que uno dice”, resume.
El éxito más allá de los indicadores. Quizás uno de los desplazamientos más significativos en la mirada de Pedro tiene que ver con la noción de éxito. En el mundo empresarial, admite, suele medirse en resultados. Pero la paternidad introduce una métrica alternativa, menos visible y más persistente: la calidad de los vínculos.
“El éxito empieza a tener más que ver con la tranquilidad de conciencia”, asegura. No se trata de abandonar los resultados, sino de integrarlos en una visión más amplia, donde también importan las personas que se forman dentro de una organización y el impacto que esta genera en sus entornos familiares.
En esa línea, introduce una idea que tensiona la separación clásica entre lo profesional y lo personal, no existen compartimentos estancos. “Somos una sola persona durante todo el día”, afirma. Lo que ocurre en la casa influye en la empresa, y viceversa. El liderazgo, entonces, también se construye desde el equilibrio interno.
Riesgo, protección y responsabilidad. Si algo modifica la paternidad, según nuestro protagonista, es la relación con el riesgo. No lo elimina, pero lo reconfigura. La ambición sigue presente, pero aparece filtrada por una capa adicional de responsabilidad.
“No desde el miedo, sino desde la responsabilidad”, aclara. La diferencia está en que no se trata de volverse conservador, sino de entender que cada decisión tiene efectos que trascienden lo individual.
Esa conciencia introduce una nueva pregunta en la toma de decisiones. No solo qué es posible hacer, sino para qué y con qué impacto. El riesgo deja de ser un gesto individual para convertirse en una decisión con consecuencias extendidas.
Liderar personas, no solo equipos. En su rol profesional, Pedro reconoce una enseñanza directa de la vida familiar. Y es que detrás de cada persona hay una historia completa. Padres, hijos, preocupaciones, aspiraciones.
Esa mirada, lejos de suavizar el liderazgo, lo complejiza. Obliga a pensar en la empresa no solo como una estructura de objetivos, sino como un espacio de desarrollo humano. “Liderar no es solamente resolver problemas, sino formar y acompañar procesos”, señala.
En ese punto, la paternidad y el liderazgo convergen, pues ambos implican educar desde el ejemplo, no desde el discurso.
El legado. Cuando piensa en el futuro de sus hijos, él no habla de herencias materiales ni de trayectorias predeterminadas. Su idea de legado es más abierta. Consiste en dar herramientas, no caminos.
“Quiero que sean mejores que yo”, dice sin matices. La frase, que podría parecer simple, encierra una lógica potente. Y es que el éxito del padre se mide, en parte, por la capacidad de los hijos de superarlo.
Ese mismo criterio lo traslada a su rol profesional. El verdadero impacto de una organización no está solo en su desempeño presente, sino en lo que deja instalado para el futuro: cultura, talento y oportunidades.
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“El mayor legado que quiero dejarle es mi ejemplo”
Por: Adelaida Alcaraz
Acostumbrado a asumir riesgos y construir proyectos, Paulo Duarte enfrenta hoy el desafío más importante de su vida: formar a un hijo. En esta entrevista, el CEO de Broterra reflexiona sobre el legado, la familia y el Paraguay que espera ver florecer junto a una nueva generación.
Hace apenas una semana nació Octavio. Todavía es demasiado pequeño para entender el mundo que lo rodea. No sabe qué es una empresa, qué significa emprender o por qué su padre pasa horas pensando en proyectos, fábricas y futuros posibles, pero sin saberlo, ya cambió la vida de un hombre acostumbrado a convivir con los desafíos.
Paulo Duarte, CEO de Broterra, lleva años tomando decisiones difíciles. Como emprendedor aprendió a caminar sobre terrenos inciertos, a apostar cuando otros dudaban y a convertir ideas en realidades. Sin embargo, reconoce que ninguna experiencia se compara con la que vive hoy.
“Siento que toda la vida tuve que aprender a disfrutar de lo que me genera incertidumbre y emociones al mismo tiempo”, reflexionó. “Probablemente no tenga todas las respuestas para las preguntas que se me van a presentar como padre, pero el entusiasmo, la emoción y el amor que me generan son muy superiores a cualquier duda”, afirmó el CEO.
Y cuánta verdad hay en todo esto. Detrás del empresario que proyecta triplicar la capacidad industrial de Broterra para 2027, hay un hombre que acaba de descubrir que el desafío más importante de su vida no se mide en facturación, metros cuadrados ni balances; se mide en ejemplo.
La llegada de Octavio cambió su forma de entender el éxito. “Hace mucho tiempo aprendí que el éxito no es sinónimo de cosas materiales ni de cuentas bancarias llenas de dinero. El éxito es libertad, bienestar emocional, bienestar físico y poder compartir la vida con las personas que queremos”, aseguró.
Pero hay una enseñanza que desea transmitirle por encima de todas. “El éxito está en no abandonar, en continuar a pesar de que muchas veces no queremos o sentimos que ya no damos más”, sostuvo enseñando su filosofía de vida.
En un tiempo donde el mundo premia los resultados rápidos, Paulo apuesta por valores menos visibles, pero mucho más duraderos: disciplina, resiliencia, coherencia y humildad. “El mayor legado que quiero dejarle a Octavio es mi ejemplo. Que vea a una persona honesta, íntegra, coherente, que se juega por lo que sueña y por lo que cree”, confesó.
Con esto, Paulo no habla de herencias materiales sino más bien de carácter, valores y enseñanzas con valor real, aquellas que sobreviven a cualquier éxito empresarial.
Como padre reciente, también reconoce que la paternidad modifica la manera de liderar. “Nos obliga a convertirnos en mejores personas y mejores líderes. Me genera más hambre, más ganas de crecer y de ofrecerle todo lo mejor. Y no me refiero solamente a lo material, sino al tiempo, la reputación y el legado”, reflexionó.
Quizás por eso la llegada de un hijo también amplía la mirada sobre el país, ya que cuando Paulo habla de Paraguay, tras haber sido presidente de UIP Joven y de liderar proyectos de gran envergadura, imagina que el Paraguay que recibirá Octavio, no mostrará únicamente crecimiento económico. Significará orgullo, identidad y futuro.
“Espero que él encuentre un Paraguay integrado a la economía mundial, competitivo, prestigioso y del que pueda sentirse orgulloso. Un país que le genere autoestima por ser paraguayo y donde sienta la necesidad de ser protagonista de su construcción”, afirmó.
Su optimismo forma parte de una generación de empresarios que ve al Paraguay atravesando uno de los momentos más prometedores de su historia. Un país que atrae inversiones, desarrolla industrias, genera empleo y comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en los mercados internacionales.
Y mientras Octavio da sus primeros días de vida, Broterra también se prepara para una nueva etapa. La empresa acaba de regresar de un viaje por Asia y avanza en un ambicioso plan de expansión que contempla casi triplicar su capacidad industrial para 2027.
Pero incluso frente a semejante desafío, Paulo tiene claro cuál es el proyecto más importante. No está en una fábrica ni en una inversión, está en su casa, durmiendo en una cuna.
Para Paulo Duarte, la mayor obra que comienza hoy no es la próxima expansión de Broterra, es ayudar a formar a un niño que algún día pueda sentirse orgulloso del país que heredó y del ejemplo que recibió.
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Un nuevo líder nació entre juguetes, risas y abrazos
Por: Adelaida Alcaraz
El director de RH Rodríguez Hnos SAECA, Claudio Rodríguez, descubre que la paternidad sigue teniendo la capacidad de sorprenderlo. Mientras se prepara para recibir a Olivia, la primera niña de una familia rodeada de varones, hoy confiesa que los logros más importantes no se encuentran en una obra ni en un balance, sino en el abrazo que lo espera cada tarde al volver a casa.
¿Cuántas veces puede agrandarse el corazón de un padre? La ciencia probablemente no tenga una respuesta, pero Claudio Rodríguez está convencido de que sucede cada vez que llega un hijo. De hecho, él lo sintió cuando nació Gusti, volvió a experimentarlo con Luka, y, ahora, mientras cuenta los días para conocer a Olivia, descubre que la emoción sigue siendo tan intensa como la primera vez. Quizás incluso más, porque la vida tiene una curiosa forma de sorprendernos cuando creemos que ya conocemos el camino.
FOCO conversó con el director de RH Rodríguez Hnos SAECA en una etapa especial. En la casa se habla de una llegada e inmediatamente el rostro de sus habitantes se transforma en sonrisas y en una felicidad difícil de disimular. Después de dos varones, la familia espera a la primera niña, la primera nieta, la primera sobrina y la primera prima entre una generación poblada de hombres.
Pero más allá de la novedad que representa Olivia, lo que conmueve es la manera en que esta espera parece haber despertado recuerdos, preguntas y reflexiones profundas sobre el paso del tiempo, pues mientras una nueva vida está por comenzar, Claudio vuelve a pensar en quienes estuvieron antes.
“Vuelven a aparecer la ilusión, la gratitud y esa mezcla tan particular de alegría y responsabilidad que trae cada hijo. Uno cree que ya conoce el camino, pero la paternidad siempre encuentra la manera de sorprenderte de nuevo, compartiendo y agrandando el corazón”, comentó el directivo y agregó que cada nacimiento inaugura una historia distinta. Y cada hijo conoce una versión diferente de sus padres.
La empresa que hoy lidera fue fundada por su padre y por su tío. Este último no tuvo hijos, pero fue una figura fundamental en su vida. Padrino, guía y compañero de innumerables momentos. Hoy ninguno de los dos está físicamente. Y quizás, por eso, cada nacimiento tiene algo de reencuentro.
“No habiendo conocido a mis hijos es siempre una forma de recordarlos y esta es una emoción presente, sobre todo al ver cómo cada hijo viene con su temperamento y hasta con particularidades de su abuelo, sobre todo el primero”, dijo entre risas.
Mientras Claudio habla, resulta evidente que hay recuerdos que nunca abandonan una familia. “Es emocionante ver eso y genera también mucha esperanza en la vida y alegría”, indicó. Y es que para él hay personas que siguen viviendo en las nuevas generaciones.
A sus cuarenta años, Claudio siente que Olivia conocerá una versión distinta del hombre que conocieron sus hermanos mayores. Más madura, consciente y, sobre todo, agradecida.
“Creo que conocerá una versión más asentada, más consciente y más agradecida. Una versión que sigue teniendo sueños, proyectos y responsabilidades, pero que entiende mejor que la vida no se mide solo por lo que uno logra afuera, sino también por lo que construye adentro: en la casa, en la familia, en los vínculos y en la fe”, afirmó.
Cuando recuerda los años de noviazgo con Laura y los comienzos de su matrimonio, aparecen las risas, los proyectos, las ideas sobre cómo serían como padres. “Cuando éramos novios y mismo luego cuando nos casamos hace ya casi 10 años y empezamos a programar los hijos con Laura pensábamos en un modelo de crianza muy distinto al que finalmente implementamos”, reveló dejando entrever una confesión tan sincera como humana: “Los hijos también nos van formando”. Esta quizás es una de las definiciones más precisas que existen sobre la paternidad.
Durante años, Claudio aprendió a medir resultados, evaluar riesgos, a proyectar crecimiento, a construir, pero la llegada de los hijos cambió para siempre la forma en que él entiende el éxito.
“La paternidad me ayudó a ordenar las prioridades”, indicó. Dijo que, en los negocios, uno puede medir el éxito por crecimiento, resultados, expansión, obras, clientes o reconocimiento. “Todo eso es importante, pero cuando sos padre entendés que el éxito verdadero tiene que ser más integral”, enfatizó.
Y es que para el de nada sirve construir una empresa sólida si uno descuida lo más importante. “Verlos correr a la puerta de entrada gritando ‘papi llegó’ creo que es mi momento favorito del día”, reveló. De hecho, no hay premio empresarial que compita con eso, ni reconocimiento que genere una emoción semejante, reflexionó.
Ante la pregunta de si ¿la paternidad lo convirtió en mejor líder? Claudio no duda en decir que sí y sumó que también le mostró muchas áreas en las que todavía debe seguir creciendo.
“La paternidad desarrolla paciencia, escucha, empatía, firmeza y capacidad de acompañar procesos”, sostuvo y quizás la mayor enseñanza sea esta: “Liderar no es imponer, sino guiar”.
Por eso cree que los mejores líderes son aquellos que forman personas, los que acompañan, dan ejemplo y ayudan a crecer. “Ser padre me recordó que el liderazgo más fuerte no es el que se declara, sino el que se demuestra todos los días”, concluyó.