La escritora paraguaya presentó su último trabajo que contiene una selección de seis cuentos relacionados con hechos históricos, políticos y sociales.

La reconocida escri­tora paraguaya Gloria Muñoz Yegros presentó en las últimas semanas su última producción literaria, se trata de “Esquinas negras”, un libro que contiene seis cuentos que fue edi­tado a través de Ediciones Aran­durã. La escritora, que cuenta con una amplia trayectoria con más de veinte libros e similar canti­dad de textos para teatro, vuelve a presentar a la historia paraguaya como continente donde sus per­sonajes se muestran y exponen una realidad social que forma parte de la identidad nacional.

Muñoz habló con La Nación sobre “Esquinas negras”, su temática y su relación con el oficio creativo.

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–¿Qué intención, línea temá­tica o estética unen a las narraciones que se juntan “Esquinas negras”?

–Los cuentos que integran “Esquinas negras” guardan elementos comunes, aunque diferentes entre sí, y son aque­llos aspectos negros del destino, imprevistos, inevitables e incontrolables, sean estos de índole personal, social o histó­rica, como las esquinas oscuras que en la vida tenemos que cru­zar o doblar, sin dimensionar los peligros que se encubren en sus sombras.

–¿Cuántas historias se pre­sentan en este libro y qué ori­gen tienen?

–Son seis cuentos, la mayoría cuentos largos que fueron escri­tos en diferentes momentos, pero siempre con la misma intención, en realidad, el proyecto no es nuevo, la idea llevaba tiempo fra­guando, finalmente cristalizaron en “Esquinas negras”.

–¿Cómo “Esquinas negras” da continuidad a tu catálogo de publicaciones?

–Las historias o sucesos se desa­rrollan desde la posguerra de la guerra de la Triple Alianza hasta el golpe del 3 de febrero, con la caída de la dictadura. En gene­ral están enmarcadas o relacio­nadas con hechos históricos, políticos o sociales y el modo en que inciden en la vida personal de los personajes. Esta caracte­rística es la línea que también se expresa en las publicaciones anteriores.

Gloria Muñoz Yegros explica que los protagonistas de su nueva obra surgen de la confrontación permanente de sus anhelos y el inevitable acontecer del tiempo compartido

DOBLE REFLEXIÓN

–¿En qué sentido la inspira­ción histórica de tus relatos intenta una doble reflexión en el pasado y el presente del Paraguay?

–Creo, tanto en lo personal como en lo colectivo, que la historia fue nuestro destino, y será nuestro futuro, definido por la habilidad que pongamos en esquivar las esquinas negras del camino, los recodos del error de cada tiempo. Los protagonistas surgen de la confrontación permanente de sus anhelos y el inevitable acon­tecer del tiempo compartido.

–¿Cuál fue tu primer libro, y cuál el anterior a “Esquinas negras”?

–El primer libro publicado fue “La prohibición de la niña Francia”, una versión teatral inspirada en un cuento de Concepción Leyes de Chaves, y la última antes de “Esquinas negras” fue “Monólo­gos de medianoche”, obras de tea­tro, específicamente monólogos.

–¿Cuáles son los aprendizajes más importantes que te dio el oficio, desde la técnica, la temática, la devolución, etc.?

–Soy autodidacta, no tuve ni tengo maestros ni escuela, no adhiero a ninguna tendencia, simplemente escribo, disfruto escribiendo, compartiendo con los amigos, y no me preocupa demasiado la trascendencia de mi escritura en una sociedad en que “nadie gana ni pierde reputación”.

UNIVERSO FEMENINO

–¿Sentís que existe aún un desconocimiento del universo profundo de lo femenino, o de lo femenino por fuera de los mandatos? ¿Qué buscás mostrar en tus historias?

–En realidad no tengo ningún enfoque intencional o específico sobre el tema mujer, surge de manera natural, espontánea. Sen­cillamente fluye con más intensidad y colorido en nuestra his­toria porque escasearon los hombres de tal manera por más de un siglo, desde la posguerra del setenta.

Las guerras, las revo­luciones civiles, los golpes, asonadas, guerrillas, persecuciones y exilio político y económico generaron una asimetría demo­gráfica entre los hombres y las mujeres, que dio por resultado un mayor peso de lo “femenino” en la cotidianidad de nuestro desarrollo social, cubiertas de olvido, fuera de registro, debili­tadas por la rutina, heroínas sin estridencias que pasaron por la existencia sin lágrimas ni lamentos.

Los hombres iban, venían y morían, a veces con causa y otras sin ella, pero la mujer perma­necía invariable en el sitio cumpliendo cada día con su tiempo y contratiempos. Recuerdo, más de cincuenta años atrás, consi­derando que ese momento la relación era de siete mujeres por cada hombre, un compañero de facultad solía reclamar donde se encontraban las siete mujeres que le correspondían, porque hasta el momento no había logrado encontrar a ninguna. Los hombres no solo escaseaban sino también se despistaban.

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