Por Aldo Benítez – Fotos: Jorge Jara.

Un tribunal de sentencia condenó a Hugo Andrés González Sosa a 24 años de cárcel por el doble crimen de los guardaparques Artemio Villalba y Rumildo Toledo, ocurrido en agosto del 2018 en el interior de la Reserva Tapyta, en Caazapá. Los tres hermanos Alcaráz González (Robert, Braulio y Arnaldo), investigados en la causa, fueron sobreseídos en la acusación de homicidio, pero fueron condenados a dos años de cárcel por cargos menores, por lo que tendrán medidas sustitutivas a la prisión.

Hugo Andrés González Sosa se acomodó la corbata azul. Por detrás del cuello de su impecable camisa blanca se dejó ver un tatuaje. Eran las 18:45 del 12 de octubre del 2021, y él escuchaba, con la mirada fija, cuando el Tribunal de Justicia de Caazapá le dictaba su condena: 24 años de cárcel como responsable de los disparos que mataron a los guardaparques Rumildo Toledo y Artemio Villalba.

Después de tres años de un caso que tuvo aristas muy llamativas en todo el proceso, finalmente la Justicia determinó los responsables de los asesinatos de ambos guardaparques con sentencias diferentes. Como único ejecutor de los disparos que acabaron con la vida de ambos guardaparques aparece González Sosa. Un funcionario público que apenas el 14 de setiembre pasado cumplió sus 37 años de edad.

“Siento que mi corazón tiene un poco de aire, un poco al menos” dijo Esmelda Britez, la viuda de Artemio Villalba en un guaraní cerrado pero potente. La mujer estuvo esta mañana firme en el juicio, así como lo hizo desde que arrancó este proceso, hace más de un mes. Sin embargo, su lucha lleva ya tres años. “Para mí es justicia, porque se decía que fue González Sosa el que les disparó. Claro que nunca nadie nos va a devolver la vida de Artemio, pero saber que hubo algo de justicia, es bueno sentir eso” agregó doña Esmelda.

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Quien quedó con un sabor agridulce fue Marciana González, mamá de Rumildo Toledo. Todavía con la voz quebrada, dijo que acabar con la vida de dos personas que eran el sostén de sus familias no se arregla con enviar a un sólo miembro de un grupo de 5 o más personas que atacaron a su hijo y demás compañeros. “Es como una justicia a medias”, dijo Marciana, también en un guaraní bien pulcro.

El último día del juicio se inició a las ocho de la mañana con los alegatos finales del Ministerio Público, cuya investigación estuvo a cargo del fiscal César Martínez. Luego prosiguió con la exposición de los abogados defensores de todos los acusados. Este proceso terminó al mediodía.

La sentencia

Cerca de las 18:45 y luego de varias horas de deliberación, el Tribunal integrado por Enrique Furler (presidente), Carlos Antonio López y Mario Cesar Miranda, como miembros, se presentó en la sala 2 de juicios orales de Caazapá donde dio a conocer la sentencia. El lugar destinado a los familiares estaba con las 26 sillas habilitadas utilizadas. Los familiares de los hermanos Alcaráz González se santiguaban. Y mientras se dio lectura de la sentencia, mucha de esta gente empezó a llorar.

Los hermanos Robert, Braulio y Arnaldo Alcaráz González terminaron a los abrazos con su gente, en medio de llantos emocionados. Dijeron que pasaron un año y siete meses en la cárcel, donde ya vivieron todo tipo de experiencias en ese lapso. La fiscalía solicitó el sobreseimiento de los tres en la causa por homicidio doloso, pero solicitó la pena de 5 años por la producción de riesgos comunes, ya que habían confesado dentro del juicio que tenían armas cuando no tienen autorización y que ingresaron a la reserva de manera ilegal. El tribunal, sin embargo, decidió que dos años de cárcel era lo correcto, por lo que se aplicará con ellos la suspensión de ejecución de penas. Es decir, podrán estar libres, cumpliendo algunas normativas exigidas por el Tribunal.

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Las familias de las víctimas y trabajadores de la fundación Moisés Bertoni, que estaban en el lugar dando el respaldo, también se mostraron con una sensación extraña. Fueron tres años de una larga lucha donde se habló de muchas cosas dentro de esta causa. “La idea siempre fue que no quedara impune como la historia de Chevugi”, se escuchó decir a uno de ellos cuando terminó el juicio.

A Bruno Chevugi, un guardaparques indígena de la Reserva Mbaracayú lo habían matado en febrero del 2013 custodiando esa área protegida. Su muerte quedó en la impunidad.

Al menos con Artemio y de Rumildo, esta vez, la historia no se repitió.

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