Conocido como el “zar de la influenza”, el infectólogo mexicano Alejandro Macías aclaró que la forma de mayor transmisión del coronavirus es por aerosoles y que es válida la reutilización de cualquier tipo de tapabocas para reducir la probabilidad de contagio o al menos atenuar la enfermedad.

El médico infectólogo Alejandro Macías, reconocido especialista que integró el equipo que atendió la pandemia de influenza A (H1N1) en México en el 2009, dio cátedra a través de las redes sociales respecto a los cuatros mecanismos de transmisión del coronavirus.

El primero es por contacto directo, por ejemplo, puede ser mediante un beso. Esta inoculación directa –cuando se introduce en el organismo por medios artificiales el virus o la bacteria de una enfermedad contagiosa- ocurre con poca frecuencia, según resaltó.

El segundo es el indirecto, cuando una persona infectada se toca la cara y luego una superficie dejando allí el virus, y después otra persona también toca esa superficie y se inocula. Sobre este punto, el especialista recordó que al inicio de la pandemia, se consideraba que era la principal vía de transmisión, por lo que muchos utilizaban los trajes de bioseguridad para evitar contagiarse, sin embargo, aclaró que por lo que ahora se sabe, el virus se transmite de manera muy ineficaz de manera indirecta.

“Si comprás algo del supermercado y porque alguien ya lo tocó, es muy poco común que te inocules. Hay que tenerle menos miedo a los objetos. No hay que usar esos tapetes con cloro para que dejes el virus al entrar a la casa. Eso no funciona, el virus no se transmite de esa manera”, indicó.

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Como tercer punto señaló que en realidad el mecanismo de transmisión tiene que ver mayormente con las gotas grandes y las pequeñas que se expulsan, pero que luego vuelven a caer al suelo por la gravedad. Las primeras se transmiten a menos de 1 metro y medio, y las segundas pueden un poco más.

El cuarto es el principal y se trata de los aerosoles que se generan cuando se habla, se toce y se canta. Generalmente se dan en espacios públicos cerrados donde se junta mucha gente. Son las gotas que quedan suspendidas en el aire, según el especialista.

Macías citó que se minimiza el riesgo de contagiarse al utilizar el tapabocas, porque así se reduce la cantidad de virus que se respira, también al ventilar las áreas comunes y al evitar los lugares muy concurridos.

“La mascarilla no solo reduce la cantidad de gente infectada, sino que aumenta la posibilidad de que si te infectás, tendrás la forma más leve y podés ser asintomático”, destacó.

El médico aclaró que los cubrebocas quirúrgicos sí se pueden volver a utilizar sin la necesidad siquiera de lavarlos, pero al dejarlos en algún sitio por varios días. “Si se deja el virus por más de dos o cinco días, el virus está muerto e inactivo por más que haya dejado sus genes en la superficie. Podemos reutilizarlos si los mantenemos en forma y en buenas condiciones”, indicó.

Por último, instó a seguir apostando por el lavado de manos de manera constante y el distanciamiento físico.

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