• Por Srini Pillay

La habilidad de enfocarse es un importante impulsor de la excelencia. Las técnicas de enfoque, como las listas de pendientes, horarios y recordatorios de calendario, ayudan a las personas a mantenerse encaminadas. Hay evidencia para respaldar la idea de que resistirse a la distracción y mantenerse atentos tiene beneficios: practicar la plenitud de conciencia durante 10 minutos al día, por ejemplo, puede mejorar la efectividad de liderazgo, al ayudarlo a regular mejor sus emociones y darle sentido a experiencias pasadas. Sin embargo, a pesar de lo útil que puede ser, el enfoque también tiene desventajas.

El problema es que un enfoque excesivo agota los circuitos de concentración en su cerebro. Puede agotar su energía y hacerlo perder el control de sí mismo. Esta fuga de energía lo vuelve más impulsivo y menos colaborativo.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Enfocarnos o desenfocarnos?

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De acuerdo con las investigaciones recientes, tanto el enfoque como el desenfoque son vitales. El cerebro opera óptimamente cuando alterna entre ambos, permitiéndole desarrollar su resiliencia y creatividad y tomar mejores decisiones.

Cuando se desenfoca, activa un circuito del cerebro conocido como "red neuronal por defecto". Abreviado, por sus siglas en inglés como DMN, solíamos pensar en este circuito como el "Do Mostly Nothing" (que no hace casi nada) porque sólo se enciende cuando usted dejar de hacer un esfuerzo para enfocarse.

El DMN activa viejas memorias, permitiéndole moverse entre el pasado y el presente, y lo ayuda a recombinar diferentes ideas. Con esta información nueva y previamente inaccesible, puede desarrollar una autoconciencia mejorada y una idea de relevancia personal. El DMN también lo ayuda a sintonizar el pensamiento de las otras personas, mejorando en consecuencia el entendimiento y cohesión del equipo.

Hay muchas formas simples y efectivas de activar este circuito a lo largo del día.

Sueñe despierto de forma positiva y constructiva: se trata de una forma de divagación diferente a caer en la fantasía o retomar preocupaciones. Para empezar, elija una actividad sencilla, como bordar, cuidar el jardín o leer casualmente, y a continuación avance hacia los espacios de su mente. Mueva su atención, desde el mundo externo hacia el espacio interno hacia su mente, mientras sigue haciendo la actividad.

Tome una siesta: cuando su cerebro está en un bache, su claridad y creatividad quedan comprometidas. Después de una siesta de 10 minutos, los estudios muestran que se vuelve mucho más claro y alerta. Sin embargo, si tiene una tarea creativa por realizar, seguramente necesitará una siesta de 90 minutos para un refresco más completo del cerebro.

Pretenda ser alguien más: en 2016, los psicólogos educativos Denis Dumas y Kkevin Ddunbar descubrieron que las personas que tratan de resolver problemas creativos tienen más éxito si se comportan como un poeta excéntrico que como un rígido bibliotecario. Cuando esté creativamente en un punto muerto, trate de asumir una identidad distinta, como la de un poeta. Esto lo sacará de su propia cabeza y le permitirá pensar desde la perspectiva de otra persona.

Si integramos esta forma de desenfocarnos en nuestras vidas cotidianas, podemos preservar el enfoque para cuando verdaderamente lo necesitemos y usarlo con mucha más eficiencia.

(Srini Pillay es instructora ejecutiva y CEO del Neuro Business Group.)