W. BRAD JOHNSON AND DAVID G. SMITH
Quedamos sorprendidos y desmoralizados por las noticias de que un sustancial grupo de hombres dentro de los Marines de los Estados Unidos habían publicado imágenes no autorizadas y comprometedoras de colegas femeninas, probablemente sus compañeras de armas, en una página de Facebook donde otros hombres, incluyendo miles de actuales y antiguos marines, realizaron comentarios despectivos y acosadores. Algunos de ellos hicieron alusiones al acoso sexual y la violación.
Como profesores de la US Naval Academy, que pasamos nuestros días educando y promoviendo a las mujeres para carreras de servicio como oficiales en los cuerpos de la armada y los Marines, nos sentimos apesadumbrados y enojados por esto. Sin embargo, más allá de lo alarmante que resulta, es incluso peor el constante arribo de noticias similares provenientes de organizaciones de todo tipo, desde la armada hasta el equipo de soccer varonil de Harvard, desde Fox News a Uber.
Hay dos rasgos comunes en estas situaciones. Primero, algunos hombres están cosificando, faltándole al respeto y acosando a sus colegas mujeres. Segundo, y mucho más preocupante, muchos hombres son testigos, silenciosos e impotentes ante un lugar de trabajo tóxico.
Es simplemente insuficiente que los mentores hagan su mayor esfuerzo por evitar estereotipos de género y prejuicios implícitos o explícitos en contra de las mujeres. Perdón caballeros, pero esa es la parte fácil. Las colegas, en particular aquellas mujeres a quienes los hombres aconsejan, también necesitan que ellos sean guardianes en cuanto a las disparidades de género, denunciando y actuando audazmente cuando surjan comportamientos discriminatorios, irrespetuosos o acosadores. Y es igualmente importante que los hombres jóvenes vean a sus mentores dando un paso al frente para confrontar y denunciar esta clase de comportamiento.
En nuestra opinión, hay una profunda diferencia entre la inclusión pasiva de género (asistir a talleres de diversidad y género, trabajar para evitar el acoso y los prejuicios en las propias relaciones) y la inclusión activa de género (demandar respeto e igualdad para las mujeres, tanto en obras como en hechos, especialmente cuando ninguna mujer está observando). Las encuestas confirman que muchos hombres están abismalmente equivocados al evaluar hasta qué punto son aliados activos para las mujeres y los grupos minoritarios en el trabajo.
La inclusión pasiva de género es barata. Le cuesta muy poco a un hombre cumplir con el requisito de asentir respecto a los derechos de las mujeres a sentirse seguras y respetadas en el trabajo. Cuando los hombres se estancan en la etapa pasiva de la inclusión de género, sin atreverse nunca a ser guardianes activos del respeto y la inclusión, observamos tanto una falla de imaginación moral –el cómo podría verse un lugar de trabajo digno y respetuoso para las mujeres– como de valor moral. Podría sorprender que cuestionemos el valor de los Marines norteamericanos que no hicieron nada mientras hombres a los que conocían hablaban mal de sus compañeras mujeres. Sin embargo, ese es el punto: la valentía física tiene poca conexión con el valor moral. El valor moral es más difícil.
(W. Brad Johnson es profesor de psicología en el departamento de liderazgo, ética y leyes en la United States Naval Academy y asociado en la facultad de la Johns Hopkins University. David G. Smith es capitán en activo de la US Navy y profesor asociado de sociología en el departamento de liderazgo, ética y leyes en la United States Naval Academy).