• Jorge Zárate
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  • Fotos: Gentileza / Cristóbal Núñez

En estos días se desarrolló en esta capital la Semana de las Mujeres Indígenas, bajo el lema “Partería indígena: Sabiduría comunitaria para el nacimiento y la vida”, en la que lideresas de los distintos pueblos originarios compartieron experiencias y dialogaron con autoridades para avanzar en un reconocimiento de la tarea de traer niños al mundo en sus comunidades.

“Espero que se visibilice nuestra situación, que se escuchen las voces de las mujeres indígenas y, por sobre todo, que reciban nuestras propuestas”, dice Tina Alvarenga, dirigente de la Articulación de Mujeres Indígenas (Mipy), una de las organizadoras del encuentro.

El diálogo concluyó con la entrega de un petitorio formal a la Dirección de Salud de los Pueblos Indígenas (Dinasapi), en el que reclamaron el reconocimiento formal de las parteras indígenas “como agentes clave de salud comunitaria y aliadas estratégicas para la reducción de la morbimortalidad materna y neonatal en áreas rurales y de difícil acceso”. También solicitaron que se respeten “los conocimientos tradicionales (el jepichy, el uso de plantas medicinales, sobre todo cuando se trata de uso externo, y la contención espiritual) como saberes complementarios”.

ACOMPAÑAMIENTO Y CERTIFICADOS

Alvarenga recuerda que “hay una gran discriminación, está muy presente la violencia obstétrica y es por eso que las compañeras prefieren tener sus hijos en su comunidad con su partera tradicional porque irse al servicio es, generalmente, ir a recibir maltrato”.

Por ello, fundadas en el “derecho al acompañamiento intercultural durante el parto y posparto” reclaman un “protocolo vinculante” que permita a toda mujer indígena ser asistida por una lideresa o partera tradicional para dar contención, traducir la lengua y evitar la “violencia obstétrica”, un elemento muy presente en la experiencia hospitalaria.

También reclamaron un “protocolo ágil y respetuoso para la emisión del certificado de nacido vivo en partos domiciliarios y comunitarios asistidos por parteras indígenas reconocidas por sus organizaciones y comunidades” mediante un procedimiento directo, simplificado y sin costo para la validación.

La capacitación de las parteras y la dotación de kits y recursos para partos seguros: Equipos básicos de higiene y monitoreo (tensiómetros, termómetros, guantes estériles, apósitos, tijeras estériles y antisépticos) para la atención en territorios donde no existen servicios de salud, completan la lista de reclamos.

Semana de las Mujeres Indígenas, bajo el lema “Partería indígena: Sabiduría comunitaria para el nacimiento y la vida”. Foto: Cristóbal Núñez/LN

REALIDADES

Tina Alvarenga entiende que para poder acceder a lo reclamado se necesitan recursos: “Hay un Consejo de Salud Indígena que no puede operativizar prácticamente nada porque no tiene presupuesto. Lo mismo con la Dinasapi, entonces hay un desabastecimiento, falta de personal de salud, etc. Queremos exhortar al Estado porque si no hay presupuesto es pura poesía o sea pueden decir que somos la garra guaraní, las gloriosas mujeres paraguayas, las mejores, etc., pero si no hay plata es pura poesía”.

Las actividades fueron organizadas por Articulación de Mujeres Indígenas (MIPY), Conamuri Kuñanguera y la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas, que concluyeron con un manifiesto en el que apuntaron: “Las mujeres indígenas defendemos nuestros territorios, nuestras culturas, nuestras lenguas, nuestras semillas y nuestros saberes. Enfrentamos el despojo, el racismo, la violencia y las desigualdades que atraviesan nuestras comunidades. Pero también proponemos, organizamos y construimos. Desde nuestros territorios sostenemos la vida y seguimos luchando por autonomía, dignidad, derechos y justicia”, dando cierre al evento que las convocó.

AYUDANDO A NACER

Petrona Pereira, partera de la comunidad Mbyá del distrito de Yhu, Caaguazú, destacó entre las experimentadas mujeres: “En toda mi vida, han nacido conmigo 2.701 bebés. Y es grande la responsabilidad, porque tenemos que salvar la vida de la mujer y la vida del bebé. En los últimos tiempos, además, cuando no nacen en los hospitales tenemos que perder días en la gestión del certificado de nacido vivo y yo voy a dar mi cara y mis documentos”, comentó.

“Aunque ya estoy grande, porque es un trabajo que requiere fuerza y a veces hay que estar muchas horas sin dormir, es algo que me da mucha alegría, porque creo que es un don que Dios me dio, cuando después esos bebés son profesionales o buenas personas”, consideró.

A su turno, Bernardina Pesoa, de la comunidad Santa Rosa del pueblo Qom, Benjamín Aceval, Presidente Hayes, recordó: “Los pueblos indígenas siempre sufrimos dentro de los hospitales y por eso queremos que reconozcan el trabajo de las parteras porque salvan vidas de las mujeres y de los niños”, pidió.

Fátima Escobar, de la comunidad Tarumandymi de Luque, dio su parecer: “Las mujeres indígenas no quieren ir a los hospitales porque nuestros manejos culturales son diferentes. La mujer tiene que estar tranquila y la partera tiene que sentir la panza y hacer masaje (jepichy ore ro’e chupe/ jepichy nosotros le decimos) para que todo salga bien en el parto. Pero en los hospitales le hacen caminar a la mujer y cuando es indígena, no le hacen mucho caso o le retan si es que ella en ese momento no entiende lo que le piden”, explicó.

Chise Etacore, partera de la comunidad Jobasui del pueblo Ayoreo, de Montanía, Boquerón, apuntó: “Tengo experiencia de acompañar en el nacimiento de niños en el monte. Y para nosotros es importante el canto, que es nuestro rezo”.

Marta Portillo, partera de la comunidad Fortuna del pueblo avá-guaraní de Canindeyú contó a su turno: “Si es un nacimiento primerizo, las parteras se convierten en la madrina del niño o niña que nace. Se compromete a cuidarlo y la madre se convierte en comadre, así es en nuestra cultura”.

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